Wilguens Paugain, sueños y ruina en la selección de Haití: “No podemos volver a nuestro país, es muy peligroso”

Actualizado

Las bandas armadas han tomado la mayoría de ciudades de Haití, incluida su capital, Puerto Príncipe, y las principales rutas de comunicación y acceso a los puertos. Esto ha provocado un aislamiento del país, considerado desde hace tiempo el más pobre de América, y que muchos de los ciudadanos que viven fuera no puedan volver. Es el caso de Wilguens Paugain (Thomazeau, 2001), defensa de la selección haitiana que estas semanas está haciendo historia con sus compañeros en el Mundial. El fútbol no es la principal preocupación del pueblo caribeño, pero es una salida «para enseñar la otra cara de nuestro país», admite el jugador del Zulte Waregem belga en una charla con EL MUNDO. Sorprendido por la conversación, lanza él mismo la primera pregunta: «¿Por qué me has elegido para la entrevista?»

Juegan contra Brasil. ¿Cómo se siente?
Muy orgulloso de representar a mi país, porque nací allí, aunque después fui adoptado y me crie en Francia. A pesar de eso, sentía algo distinto por mi país de origen y para mí estar aquí representando a Haití es un sueño. Acudir al mayor escenario del mundo es algo que pasa una vez en la vida y todo jugador lo quiere vivir. Me ha pasado y no puedo sentirme más orgulloso.
¿Cuántos años tenía cuando fue adoptado?
Cinco años. Una familia francesa nos adoptó a mi hermano pequeño y a mí. Tuvimos suerte, porque a veces cuando se adopta a dos hermanos los separan, pero gracias a Dios pudimos seguir juntos. Nos fuimos con una familia a Nancy.
¿Mantiene contacto con su familia biológica?
Sí, sigo hablando con mi madre y con mi hermano mayor. Intento ayudarles enviando dinero cuando puedo, pero no siempre es fácil.
Hábleme de la situación de Haití. ¿Usted visita alguna vez el país?
No, no. Después de que me adoptaran, no he vuelto ni una sola vez porque hay muchos problemas. No podemos. El país no es seguro, mi familia biológica se ha movido a República Dominicana y no pueden volver porque es peligroso. No tienen la oportunidad, ni ellos ni nadie, de tener una vida allí.
La selección no juega en Haití, ¿no?
No, no podemos por la situación del país. Y eso lo hace todo más difícil. Nos enfrentamos contra selecciones que cuando juegan de local tienen sus estadios llenos y a nosotros no nos pasa eso. Cuando jugamos como locales en Miami, por ejemplo, nos acompañan algunos compatriotas, pero no como si jugásemos en casa.
Se habla mucho de lo bueno y lo malo de que el Mundial se haya ampliado a 48 selecciones, pero está claro que permite que países pequeños como el suyo cumplan un sueño.
Totalmente. Para jugadores como yo es increíble a todos los niveles. Tuve una lesión muy complicada en el tendón y me pasé casi un año sin jugar al fútbol. Tuve que volver a empezar desde abajo. He jugado en la Segunda División de Chipre, en Letonia, en la Segunda de Austria, en la Segunda de Bélgica y luego ascendimos a Primera… He tenido que ir paso a paso y sé que ahora estoy en un evento gigante y que es una oportunidad para todos de mostrarnos a equipos mejores.
¿Cómo de importante cree que puede ser el Mundial para el pueblo de Haití?
El fútbol puede ayudar muchísimo, porque hay mucha gente que cuando escucha el nombre de Haití no sabe nada del país, o sólo sabe por los problemas que hay. Entonces esto puede cambiar la cara del país, pueden pensar en otras cosas buenas, como el fútbol, no sólo en la mala situación que tenemos.
¿Y jugaba al fútbol desde pequeño?
No, al principio jugaba al tenis porque mis padres adoptivos veían que tenía mucha energía y era una forma de que me calmara. Pero en el colegio todos mis amigos jugaban al fútbol, les insistí y al final me metieron en un equipo. Jugaba por diversión, y luego a partir de los 13 años o así ya se convirtió en algo más serio. Algún equipo preguntó por mí y apareció el Nancy, que me invitó a un torneo, lo ganamos, jugué muy bien y me quedé con ellos.
¿Y cuando llega su oportunidad con la selección?
Cuando estaba jugando el Letonia me llamó el nuevo seleccionador, pero en ese momento dije no porque había muchos problemas en el país y yo viviendo en Letonia no era fácil. Muchos jugadores le estaban diciendo que no al seleccionador porque la situación en el país era complicada. En mi caso no era mi prioridad, yo quería jugar en un club mejor, cerca de Francia, y a partir de ahí pues ya valoraría lo de la selección. Luego fiché por un club de Bélgica, el Zulte, la cosa mejoró y dije que sí.
Lleva una cruz al cuello.
Sí, soy una persona muy religiosa. Al principio no lo era tanto, pero después de todo lo que me ha pasado creo que tiene que haber alguien que me ha ayudado mucho. Fui adoptado y no me quedé en Haití… Y mi hermano mayor, que sí se quedó allí, tuvo muchos problemas, intentó irse a República Dominicana y la policía le capturó. Así que la situación es muy difícil y yo he tenido suerte.

kpd