En ningún otro deporte que no sea el fútbol, una selección clasificada en el puesto 67 del ránking mundial (Cabo Verde) puede empatar con la segunda (España).
No puede suceder en el waterpolo, pongamos, lo que equivaldría a que Camboya no se ahogara en una piscina ante Italia.
No puede suceder en el rugby, imaginemos, donde es imposible que Taiwán no sea literalmente aplastada sobre la hierba por los tractores de Nueva Zelanda.
Sí puede suceder en el fútbol.
Vaya que si puede suceder en el fútbol, eh.
Vaya mierda y vaya maravilla que suceda en el fútbol. Sucede lo mismo que, un buen día, puede suceder que el portero de una exótica y olvidada selección se levante de la cama siendo una persona no reconocida en su trayectoria vital y, al día siguiente, se despierte siendo una celebridad mundial. Por eso te queremos tanto, baloncete redondo y consentido.
Todos podemos ser Josimar José Évora Dias, alias Vozinha. No eres nada del otro mundo (solo tienes un valor de 50.000 euros en el mercado), trabajas en una oficina gris (el Grupo Desportivo Chaves, de la segunda portuguesa), nadie sabe de tu existencia, el futuro pinta regular (no tienes equipo para la próxima temporada), nunca tuviste un éxito y te duele la espalda porque ya te estás haciendo mayor (40 años). Pero un día ocurre lo inesperado (dejas tu portería a cero con siete meritorias paradas ante la segunda mejor selección del mundo), la gente se da cuenta de que existes y –alehop– multiplicas por 120 tu popularidad amaneciendo con 6,3 millones de seguidores en Instagram.
Lo que te dice el suceso es que mañana esa persona puedes ser tú. Que esta misma noche -después de mucho tiempo- puede haber llegado nuestro momento.
Entonces, ya saben.
Hoy, a las 21.00 horas, todos delante del televisor para ver el partido clave. En mi casa, seremos 10 hinchas que montaremos la mundial. Habrá camisetas de nuestro equipo y cerveza fría. ¿Estados Unidos-Australia? Pero qué dice usted, hombre. Qué es lo que no ha entendido.
Le hablo de algo mucho más importante.
Le hablo de que nos vale con empatar en Sabadell para subir a Segunda. De que -después de 90 minutos- Vozinha podemos ser todos.
Vamos, mi Zamora CF.



