El 9 de noviembre de 2013, el actual número uno mundial publicó una foto con el mensaje que le salió en una galleta de la suerte y la frase: “Voy a ganar el masters!”.
Jon Rahm, con la chaqueta verde del Masters de Augusta.EFE
Casi 10 años antes de ganar el Masters de Augusta, Jon Rahm vaticino que algún día vestiría la chaqueta verde, gracias al mensaje de un papelito que venía con una galleta de la suerte.
“Tu talento será reconocido y recompensado adecuadamente“, fue el mensaje que recibió en el papelito que envolvía el dulce. En aquel momento, en noviembre de 2013, el día antes de cumplir 19 años -ahora tiene 28-, el actual número uno mundial publicó una foto con el mensaje en sus redes sociales y la frase: “Voy a ganar el masters!”.
Dicho y hecho, una década después el jugador de Barrika conquistaba el Masters de Augusta, su segundo major, se convertía en el cuarto español que gana el mítico trofeo tras tras Severiano Ballesteros, José María Olazábal y Sergio García.
Además, la victoria llegó el día en el que Severiano Ballesteros, el gran referente del golf español, hubiera cumplido 66 años, justo seis después del triunfo de Sergio García.
Hansi Flick lo tiene muy claro: en cuanto acabe su etapa en el Barcelona concluirá también su etapa como entrenador. "Este será mi último club y mi último trabajo", aseguró el técnico, de 61 años, en la previa de un duelo tan importante como la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones ante el Newcastle. Tras el empate a uno registrado en St James' Park, los azulgrana están obligados a apuntarse un triunfo en el Spotify Camp Nou para asegurar su pase a los cuartos de final. Quizás, por eso mismo, Joan Laporta, vencedor de las elecciones del pasado domingo, se pasó por el entrenamiento para desearles la mejor de las suertes.
"Creo que es importante tener una estructura, porque eso es lo que te da estabilidad. Todo el mundo está contento de que haya venido y nos ha deseado suerte para el partido", apuntó el alemán sobre la visita de Laporta antes de dejar caer su particular bombazo. "No pienso en irme a otro lugar. Y eso es algo que me hace muy feliz", aseguró un Flick que, pese a que el presidente electo dio por hecha la ampliación de su contrato en un particular tour por las dos emisoras principales de Cataluña, RAC1 y Catalunya Ràdio, no quiere por ahora adelantar acontecimientos.
"Está claro que me gusta trabajar aquí, pero también me gusta ser independiente, tengo una gran familia con la que quiero hablar primero y mucho apoyo. Esto es fútbol, intento dar lo mejor al equipo, pero ya veremos. Aún hay tiempo para ir hablando de ello», aseveró.
En cuanto al encuentro con el Newcastle, sabe muy bien que no será precisamente sencillo eliminar a los ingleses. Sus futbolistas, desde luego, están más que avisados de ello. "Espero un partido distinto, pueden presionar arriba y defienden bien. Será duro, ya se lo he dicho a los jugadores. Físicamente son fuertes y en transición son rápidos, así que habrá que hacer un partido perfecto, y eso es precisamente lo que intentaremos", recalcó el técnico barcelonista, quien confía también plenamente en las opciones que tienen los suyos de alzarse con un trofeo que se le resiste al club desde 2015.
Necesidad de progresión
"En el fútbol pueden pasar muchas cosas. Hay que ser positivos, porque tenemos calidad y somos capaces de ganar esta Champions, pero hay que mejorar, recuperar a jugadores que ahora no están por lesión y lograr que todos jueguen a su mejor nivel", arengó el entrenador alemán, que incidió en la necesidad de recuperar las mejores versiones de Ferran Torres y Robert Lewandowski para poder competir por todo.
En cuanto al polaco, que termina contrato el 30 de junio, Laporta aseguró en RAC1 que la intención es ofrecerle también la renovación. "Nos gustaría que siguiera, pero dependerá de lo que él quiera. Vino en un momento difícil, nos ha ayudado mucho y queremos que siga", aseveró el presidente electo, que no tomará posesión de su cargo precisamente hasta el arranque de la temporada que viene, el 1 de julio.
La continuidad del ex delantero del Bayern, no implicaría que el club cerrara las puertas a incorporar a un posible refuerzo para la punta de ataque, si bien Laporta aseguró que, entre Lewandowski y Ferran Torres, la posición estaría en principio más que bien cubierta. Además, dejó caer que se intentará incorporar definitivamente a Rashford, quien llegó en calidad de cedido por el Manchester United el verano pasado, y que se trabajará en ampliar el aforo del Estadi Johan Cruyff hasta unos 16.000 espectadores, en previsión de que pueda acoger partidos del primer equipo con vistas al arranque de la temporada 2027-28, cuando se estará trabajando en la instalación de la cubierta del Spotify Camp Nou.
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Caminan chavales muy concentrados y muy cargados de raquetas por el recinto de Roland Garros y podría ser fans de Carlos Alcaraz o Jannik Sinner, de hecho, es posible que lo sean, pero no están aquí para pedir selfies o autógrafos: están aquí para ganar. Con los españoles eliminados de entrada y el japonés Rei Sakamoto y la eslovaca Renata Jamrichova como favoritos, ya ha empezado el torneo junior, para menores de 18 años. Y al campeón se le abrirá el horizonte. Contratos con sponsors, atención mediática, en definitiva, una carrera profesional asegurada. O... no.
En el pasado ganaron Andrés Gimeno, John Newcombe, John McEnroe, Ivan Lendl, Mats Wilander o, más recientemente, Guillermo Coria, Richard Gasquet, Stan Wawrinka, Andrey Rublev o Holger Rune, pero también tenistas desconocidos para el público. El último campeón español, por ejemplo, fue Carlos Cuadrado, en 2001. Muchos de esos chavales que caminan muy concentrados y muy cargados de raquetas no lo saben, pero Cuadrado los observa desde las gradas de las pistas pequeñas del recinto francés y piensa en las promesas que finalmente no se cumplen.
¿Qué pasó?
Cuando gané, creía que iba a ser tenista profesional, seguro, no tenía ninguna duda. Con esa inercia de ganar Roland Garros, a los 18 años me puse el 240 del mundo, tenía una confianza brutal, pero me lesioné de la rodilla y, después de la cadera. Cada vez que volvía a la pista me sentía bien, rápido, potente, pero después de la cuarta operación ya no me recuperé. Sentía mucho dolor, me costaba entrenar. Tenía 25 años y tuve que dejarlo. Estaba enfadado, triste, decepcionado y me fui a Australia para intentar hacer las paces conmigo mismo, para estar solo, para reflexionar.
Lo que hizo después, en Australia y otros lugares, muchos otros lugares, merece ser narrado, pero antes apunten unos números de su carrera. Como profesional jugó ocho partidos, cuatro victorias y cuatro derrotas, y sumó 83.000 dólares en premios. Ganó a David Ferrer o al argentino Juan Mónaco, pudo haber sido otro especialista en tierra batida, pero no lo fue. "Me alejé del tenis y de todos los de mi generación. Me dolía verles jugar. Soy de la generación de Ferrer, Verdasco, Robledo... El único que no siguió el camino fui yo. Todos teníamos talento, trabajábamos duro, teníamos distintas habilidades y el que me quedé fui yo", explica a EL MUNDO en París.
A Australia y al mar
Pese a querer alejarse del tenis, para seguir subsistiendo se puso a entrenar, primero a Daniela Hantuchova, Svetlana Kuznetsova y Anastasia Pavlyuchenkova, y luego a los jóvenes de la Federación Australiana de Tenis (Tennis Australia), pero en 2017 se dio cuenta de que necesitaba espacio y se marchó a navegar. ¿Un rato a navegar? ¿Un día a navegar? ¿Un mes a navegar? No, cinco años navegando. Toda una vuelta al mundo.
¿Qué le empujó a echarse al mar?
Creo que el vacío que me dejó el tenis. Nunca supe cuáles eran mis límites. ¿A dónde habría sido capaz de llegar sin lesiones? Así que necesitaba ponerme a prueba. Quería retarme a mí mismo y, después, con el paso de los meses me calmé. No encontré un desafío, encontré paz. Hice las paces con todo, con mi carrera deportiva, con mi vida
"Me persiguieron unos piratas"
Antes de la pandemia, Cuadrado compaginaba los viajes con su trabajo como coordinador de los torneos del Rafa Nadal Tour en Australia, pero cuando se suspendió todo el tenis tuvo que ingeniárselas para seguir financiando su aventura. En Tailandia trabajó de capitán de barcos, en Sudáfrica practicaba pesca submarina y vivía del intercambio, en el Caribe estuvo en un astillero e incluso en la Polinesia francesa el tenis volvió a buscarle: al descubrir su carrera le contrataron como director técnico. "Pasé la pandemia en la isla de Santa Elena, en medio del Atlántico, me persiguieron unos piratas y casi consiguen abordar el barco, sufrí tormentas en alta mar... Tengo muchas anécdotas, estoy escribiendo un libro", desvela quien dos años atrás ya decidió volver a asentarse en tierra firme.
Ahora, como parte de Tennis Australia, trabaja como representante de tenistas como Thanasi Kokkinakis o Alexei Popyrin y ayuda a los jóvenes 'aussies' del torneo junior que él mismo ganó. "Tengo 40 años, he madurado. Tengo aquel Roland Garros como un recuerdo bonito, vengo aquí y me siento bien", proclama mientras observa a los chavales desde las gradas de las pistas pequeñas del recinto francés y piensa en las promesas que finalmente no se cumplen.