Kylian Mbappé no jugará el derbi madrileño contra el Atlético. El delantero francés sufre una lesión muscular y, según ha podido saber este periódico, estará de baja unas tres semanas. Se perderá, por tanto, el encuentro ante los rojiblancos, la segunda jornada de Champions contra el Lille, en Francia, y el partido del Bernabéu ante el Villarreal.
El galo sufrió ayer ante el Alavés una lesión en el bíceps femoral de su pierna izquierda, pidió el cambio y se retiró con un gesto contrariado. En la sala de prensa, Carlo Ancelotti advirtió que hoy pasaría pruebas para ver el alcance de las molestias, y las mismas no han podido ser más contundentes.
Mbappé volverá después del parón de selecciones de octubre, un parón que le hace perderse menos partidos con el Madrid. Regresará en Vigo, el 19 de octubre ante el Celta, y estará listo, salvo sorpresa, para el clásico contra el Barça, el próximo 26 de octubre.
La baja del francés obligará al técnico a cambiar el sistema contra el Atlético. Durante el inicio de curso, Ancelotti siempre había apostado por el 4-3-3, con Vinicius, Rodrygo y Mbappé en el ataque. En el Metropolitano, sin embargo, volverá al sistema de cuatro centrocampistas, con Tchouaméni, Valverde, Modric y Bellingham en la medular y los dos brasileños en la delantera. En la recámara, Arda Güler y Endrick.
La buena noticia para el entrenador transalpino es el regreso de Eduardo Camavinga, que estos días empezaba a tocar de nuevo balón y podría estar disponible para el derbi, aunque habrá que esperar al entrenamiento de este jueves para confirmarlo.
Internet es traicionero, pero se ha convertido en nuestra propia memoria. Si uno busca en Google «Campeones del Mundial de Francia 1998» las primeras imágenes son de Zinedine Zidane levantando la Copa del Mundo rodeado de todos sus compañeros. Icono y leyenda de esa generación y de la historia del fútbol galo, Zizou marcó dos goles aquella tarde contra Brasil, pero no fue el primero en levantar la copa. El capitán era otro: Didier Deschamps, cuyo nombre hay que incluir en la búsqueda para encontrar su imagen elevando el trofeo.
El mismo Deschamps que ahora, 26 años después, tras haber conquistado otro Mundial como entrenador y acumular más de una década como seleccionador, sigue sin tener todo el cariño del pueblo francés, del vestuario del 98, de los periodistas y de los jugadores actuales. Estos últimos, revueltos ante las elecciones mientras él capea el temporal como soldado de la Federación Francesa. Para muchos, incluidos aquellos de la plantilla del 98, es un traidor.
«Me dan igual las críticas. No leo, no escucho. Puedes decir que soy un mamón, no es un problema. Si se va de las manos tomo acciones legales y ya está», explicó esta misma semana. La realidad, preguntando en la concentración de Francia en Paderborn, es que «Didier sólo quiere ganar. El resto le da igual». Y Didier, criticado e insultado, ha ganado, aunque no todo lo que gustaría en Francia y no todo lo que promete la mejor lista de jugadores del mundo.
Cuartos de final en 2014, finalista en la Euro de su país en 2016, campeón del Mundial 2018, octavos de la Eurocopa 2021 y de nuevo finalista del Mundial en Qatar. Quizás a raíz de esa frase que tantos firmarían han llegado la mayoría de sus problemas. El estilo de juego, la defensa, la ausencia de Benzema durante años, su vuelta cuando se convirtió en el mejor jugador del mundo, su fría relación con la prensa, sus discusiones con antiguos compañeros, su forma de llevar el vestuario... Una serie de situaciones que han derivado en algunos insultos demasiado exagerados, como «racista» o «dictador». «Nada de eso», admiten los periodistas galos en Alemania. «El caso Benzema dividió a la sociedad. Le llamaron 'racista', le hicieron pintadas... Le afectó mucho. Pero mira, cuando Karim se convirtió en el mejor del mundo, le volvió a llamar. Fue pragmático», resume Jeremy Jeanningros, de L'Equipe.
«Deschamps nunca será Zidane, eso está claro. Pero es una leyenda», explica Denis Menetrier, de Le Monde. «Zidane representa algo más. Es único, pero aún no ha sido seleccionador de Francia. Didier es una leyenda. Sólo le falta una Eurocopa para tener todo el traje, pero la gente quiere ganar y ganar con estilo». Claro, la Eurocopa.
Una Eurocopa salpicada por las elecciones y el enfrentamiento del vestuario contra la ultraderecha. Igual que en 1998. Y de nuevo, como en 1998, con Deschamps en el medio. De capitán a técnico. Del lado de una Federación que en palabras de su presidente, Noel Le Graet, criticó a Zidane. «No le cogería el teléfono a Zidane», dijo el directivo, que defendió a Deschamps y provocó un cisma en el vestuario del 98. «Deschamps no siempre viene a las comidas para celebrar el Mundial. Ha elegido su bando, la Federación», dijo Dugarry. «Tenemos un grupo de WhatsApp y hablamos. Le Graet tocó a nuestro Zizou... Pero él no está en el chat», añadió, refiriéndose al seleccionador.
En el césped, las críticas son feroces e incluso se ha creado una expresión malsonante para definir su «suerte» comparándola con el órgano sexual femenino: «La chatté à Dédé». «No me molesta en absoluto. Nunca me ha molestado. Puede ser peyorativo o se puede resumir como simple suerte. Una vez puede pasar con suerte y azar, pero cuando se repite, hay menos probabilidad. Me lo tomo con sorna y humor, también soy un charlatán. Espero que me acompañe durante mucho tiempo», bromea él.
Deschamps ha ido relajando su relación con el vestuario durante esta década. «Antes era más estricto. Ahora habla más con ellos, les hace bromas... Pero siempre con respeto», explica Menetrier, que admite que el técnico no tiene problema en «enfrentarse a la prensa». «Es que quiere controlar todo. No quiere frases que puedan desestabilizar al equipo durante el torneo», añade Jeanningros. Mientras, Deschamps lo de siempre: ganar su primera Eurocopa. Sin más. El cómo no importa.
ABRAHAM P. ROMERO
@AbrahamRomero_
Madrid
Actualizado Martes,
5
diciembre
2023
-
13:27Ver 2 comentariosSegún pudo confirmar EL MUNDO, la pareja española romperá a...
El hambre de Endrick ha puesto el primer pie del Madrid hacia la final de la Copa del Rey, que se celebrará en La Cartuja el 26 de abril. El tanto del brasileño empujo a los blancos en rotación ante una Real Sociedad intensa, que asedió por momentos a Lunin y deberá buscar la heroica el 1 de abril en Chamartín. [Narración y estadísticas (0-1)]
Después de varios partidos en el fondo del armario, Ancelotti le puso el traje de titular a Güler y Endrick, olvidados durante las últimas semanas por la importancia del playoff de Champions contra el City y el buen estado de forma del ataque. Y el Madrid, que tiene la Copa en la tercera posición de prioridades de la temporada, respiró con ellos. Especialmente gracias al brasileño, con ganas de comerse el mundo.
La Real Sociedad arrancó pasional, empujada por las bengalas de la previa, que tiñeron de rojo el antiguo Anoeta. El cuadro de Imanol, irregular durante el curso, buscó al Madrid desde el minuto 1, planteó una presión alta para buscar el error inicial y casi lo consigue en el minuto tres. Kubo se plantó ante Lunin tras un error de Camavinga y una pared con Oyarzabal, pero el ucraniano despejó a córner.
Los gritos contra Asencio
El paso de los minutos despertó a los blancos y asentó su plan. Camavinga y Ceballos en el doble pivote, Bellingham liberado, Arda en derecha y Vinicius en izquierda. El Madrid no quiso balones largos, como en otras ocasiones, sino que llamó a la Real a presionarle para salir del agobio en varios toques buscando el espacio libre en el centro del campo. Así llegó el 0-1.
Endrick bajó a recibir y cedió para Vinicius antes de dibujar un desmarque directo a portería. Potente, vertical. El balón se detuvo en los pies de Bellingham, que esperó la carrera del delantero para ponerle un milimétrico balón a la espalda de los centrales. Endrick controló, aprovechó las dudas de Remiro en la salida y definió con el exterior de forma sensacional.
Su hambre de minutos, de goles y de gloria ponía al Madrid camino de la final de La Cartuja, pero la Real, y menos en San Sebastián, no se iba a rendir. Los txuri-urdin enfocaron sus opciones en el lado derecho de la defensa madridista, con Asencio en lugar de Lucas, sufriendo el canterano ante Barrenetxea, que le superó en varias ocasiones para amenazar a Lunin y le sacó una amarilla que provocó el cambio de Asencio en el descanso. Justo después de que la grada le cantara «Asencio, muérete» y obligara a Sánchez Martínez a parar el duelo y aplicar el protocolo contra el racismo, la intolerancia y la xenofobia.
Ceballos, sobre la hierba, tras su lesión en el tramo final.EFE
Antes, Lunin había sacado varios disparos de Brais, Barrenetxea y Oyarzabal y Remiro había evitado el 0-2 de Vinicius tras un contragolpe de Bellingham antes de que el partido entrara en el terreno de las interrupciones y la tensión.
Tras el descanso, Ancelotti retiró a Asencio, lastrado por la amarilla, y dio entrada a Lucas. No cambió demasiado el Madrid, pero el partido creció en tensión y ocasiones. Se rompió. La Real dio un paso adelante en ataque y cambió de banda, insistiendo ahora en el lado de Fran García, con Kubo y Brais buscándole una y otra vez. Ahí tuvo sus mejores opciones, pero Lunin se hizo gigante.
En el 49, el ucraniano salvó un remate a bocajarro de Oyarzabal y se estiró en el rechace para evitar el gol de Kubo. En el otro lado del campo, Endrick envió un misil al larguero cuando en el banquillo del Madrid ya cantaba el gol.
Vinicius, sin acierto
El brasileño volvió a ganar espacio con un desmarque que sorprendió a la defensa de la Real y Vinicius le encontró en largo, pero el palo desvió el disparo. Fue la gran carta de presentación del joven atacante, un gol y un travesaño, para convencer a un Ancelotti al que le ha costado darle minutos.
El Madrid tuvo 10 minutos de espacios a la contra en los que Vinicius pudo sentenciar, pero no estuvo asentado el día en el que estrenaba brazalete de capitán. Tampoco Lucas, que envió el balón alto tras un zigzagueo en el área.
El perdón de los blancos pellizcó a la Real a partir del minuto 60. Los de Imanol se volcaron contra Lunin, pero les faltó punch, como a Oyarzabal, que tardó en definir tras un error de Fran García y permitió la llegada de Tchouaméni, sacando una nota alta como central. Bellingham perdonó en el otro área y Ceballos, clave este año, se rompió, dejando la gran mala noticia del Madrid en la ida de San Sebastián.