Gianni Infantino: un año de cortejo a Donald Trump, entre el éxito del Mundial de clubes y el desafío del gran Mundial

Gianni Infantino: un año de cortejo a Donald Trump, entre el éxito del Mundial de clubes y el desafío del gran Mundial

Después de lidiar con la herencia de dos Mundiales envenenados, Rusia 2018 y Qatar 2022, era el momento de observar la verdadera obra de Gianni Infantino en la FIFA. Empezaba, ya en 2018, con la concesión de un Mundial a Estados Unidos, con México y Canadá como acompañantes, y posteriormente con la creación de un Mundial de clubes que se disputaría, un año antes, en el mismo territorio, hoy territorio Trump. Una apuesta sugerente en lo logístico y económico, pero arriesgada, dadas las múltiples aristas del presidente de Estados Unidos.

El primer envite, en el concluido 2025, lo saldó Infantino con buena nota, dado que el Mundial de clubes ha sido un éxito que apunta a la consolidación del evento, pese a estrecheces del calendario y las quejas de los sindicatos de futbolistas y los entrenadores por las altas temperaturas. Pero el dirigente de la FIFA sabe que el plato gordo es el próximo año, por lo que, además de haber puesto el pie en la tierra de Donald Trump, ha utilizado todas sus dotes para engrasar en lo posible la relación con el actual inquilino de la Casa Blanca.

La mejor prueba es la concesión al presidente estadounidense del Premio de la Paz de la FIFA. Creado justo en 2025, parecía hecho ad hoc para el personaje, que lo recibió de manos del suizo en la gala que acompañó al sorteo del Mundial del próximo verano, el pasado mes de noviembre en Washington. Fue justo unos días antes de que Carolina Machado, la opositora venezolana, recibiera el Nobel de la Paz, por el que suspiraba el propio Trump. Para el estadounidense fue como recibir un Nobel de la Paz de chocolate.

Inmigración y aranceles

Desde que a principios de 2025, Infantino presentará al dirigente republicano el Mundial de clubes en el salón oval de la Casa Blanca, el presidente de la FIFA no ha perdido oportunidad de agasajar al hombre más poderoso del mundo, al que necesita de su lado para que el próximo Mundial sea un éxito. Compartido con México y Canadá, dos países con los que Estados Unidos continúa en tensión a raíz de la guerra arancelaria, es clave lograr una tregua en las tensiones de cara al movimiento de aficionados en las fronteras durante el verano.

La controvertida política de Trump, en particular en asuntos de inmigración, es compleja para las grandes organizaciones deportivas como la FIFA, en cuyos estatutos se es tajantes en cuanto a la no discriminación. La labor diplomática resulta, pues, clave. Es la especialidad del dúctil Infantino, de 55 años. El suizo, hijo de inmigrantes italianos, ya enfrentó críticas mayores antes y durante el Mundial de Qatar 2022, por la vulneración de los derechos humanos en el país del Golfo.

El políglota Infantino se mueve, asimismo, con una equidistante habilidad entre los poderes del fútbol, no únicamente en la arena de la política internacional. Un ejemplo es, en el centenario del Mundial, la concesión de tres partidos en Argentina, Uruguay y Paraguay.

La relación con Florentino

Con un pasado como ‘aparatchik’ de la UEFA, en la que fue secretario general, conoce perfectamente a los personajes y sabe dónde están los límites. Lanzar el Mundial de clubes en paralelo a la construcción de la Superliga parecía un desafío destinado al naufragio, pero el hecho de que Florentino Pérez se quedara prácticamente solo en el pulso contra la UEFA y el nuevo ECC, antigua ECA, permitió a Infantino tener al Madrid como a un aliado indirecto y un ferviente impulsor de su competición. Nadie fue tan elocuente de los beneficios del Mundial de clubes desde Estados Unidos como Florentino.

Infantino, el pasado 6 de diciembre en Washington.AFP

Al dirigente madridista había tenido de su lado, asimismo, justo antes de iniciarse 2025, al entregar a Vinicius el premio ‘The Best’, réplica del Balón de Oro. Lo hizo a la vez que daba el Mundial 2034 a Arabia de forma personalísima.

El Madrid, en pleno desembarque de Xabi Alonso, se quedó en semifinales del Mundial de clubes, masacrado por el PSG de Luis Enrique, pero dio empaque al torneo, ganado finalmente por el Chelsea, un triunfador inesperado. Eso bastaba para Infantino, que ahora puede retocar el modelo para que no se registren ausencias inesperadas, como la del Barcelona de Lamine Yamal.

El torneo, con 32 equipos, tuvo 2,4 millones de asistentes a los estadios (con llenos de hasta 80.000 espectadores), hecho que supuso un test muy positivo de cara al Mundial que debe celebrarse este año. La competición no se jugará obligatoriamente todos los años en el país o países donde vaya a disputarse después el Mundial absoluto, como sí ocurría con la Copa Confederaciones. Sería lo ideal desde la logística, pero la prioridad de la FIFA es su crecimiento como competición independiente.

kpd