La fuga de Cristiano, junto a la de Zidane, después de levantar la Champions en Kiev, en 2018, activó las urgencias en el Madrid, que entró en una deriva durante la etapa de Lopetegui, el breve. No fueron las únicas pérdidas, ya que a la crisis interna generada se añadió la decisión del padre de Kylian Mbappé de llevar su hijo a París en lugar de a Madrid tras su paso por el Mónaco. El músculo económico del PSG era imbatible, como había demostrad
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Del calvario a la Cartuja, del padecimiento al altar, transita este Madrid, como si lo hiciera a caballo de un presente que es su propia historia. Gana y gana, convenza o no convenza, se sobrepone a sus malos días y a los peores días de algunos de sus jugadores. Como Alaba, al que todo lo que le tocaba, acababa en la red de Lunin. Rüdiger, su sustituto, lo redimió con el tanto de la clasificación. Como Vinicius, negado para el gol, pero alumbrado para asistencias que son goles envueltos en papel de Papá Noel. La Real Sociedad asistió a ese destino que no se comprende, sólo se padece, y ahora aguardan Atlético o Barça, que hoy encienden el Metropolitano, para un duelo que sumará un título para el vencedor y una tragedia para el perdedor, sea quien sea.
Lo que empezó como un serial de sobremesa, en el que no pasaba nada salvo por el gol de Barrenetxea y la pequeña revolución de Endrick, acabó a ritmo de thriller gracias al inconformismo de la Real Sociedad. Imanol nunca perdió el pulso al partido, ni en ventaja ni en desventaja, para llevar a su equipo muy por encima de su nivel este curso. Para muestra, el gol. Ha sido su problema durante toda la temporada y en el Bernabéu marcó cuatro, dos de ellos de Oyarzabal, aunque uno en colaboración con Alaba. No fue el día del austríaco, al que Ancelotti sustituyó ya en la prórroga, después de tanta calamidad. El italiano no quería más penaltis, no más tentar a la suerte, y echó el resto, todo lo que tenía, con Modric, Brahim y Güler.
Cinco goles en 20 minutos
Al tiempo añadido, otro más para el Madrid tras el que afrontó ante el Atlético en la Champions, se llegó después de que, en el segundo tiempo, la Real se pusiera en ventaja, Bellingham y Tchouameni volvieran a dar la iniciativa a los locales y Oyarzabal, en el tiempo añadido, hiciera posible la prórroga. Cinco goles en 20 minutos.
En el mismo tiempo tras iniciarse el choque, únicamente Barrenetxea encontró la red. Un balón peinado de Oyarzabal cayó a la espalda de Lucas Vázquez, mal posicionado, como Asencio. El realista encontró el campo abierto, avanzó y batió a Lunin. Nada que reprochar al ucraniano, aunque esas acciones de uno contra uno constituyen una de las especialidades de Courtois. La titularidad en la portería en Sevilla es otra de las decisiones que deberá tomar Ancelotti.
La ventaja de un gol en la ida hizo que el italiano administrara esfuerzos en el equipo en un curso largo y cargado. La vuelta de las semifinales era el partido número 50 del Madrid, con la final de Copa, la Liga, la Champions y el Mundialito por delante. Una barbaridad. La suplencia inicial de Mbappé y Rüdiger tenía que ver con ello, pero la eliminatoria exigió otro ejercicio de estajanovismo. Hasta que el cuerpo aguante.
Endrick, en el Bernabéu.Bernat ArmangueAP
Las competiciones tienen sus propios idilios. Como los amores. El de esta Copa es un joven de 18 años que habitualmente viaja en el vagón del equipaje del todopoderoso Madrid. Lástima que el desenlace lo encontrara fuera. Ancelotti, que lleva toda la vida en esto, sabe que el fútbol tiene cosas que es mejor no analizar, sólo dejarse llevar. Como los amores. Le faltó hacerlo hasta el final. Veremos cómo acaba el torneo en la Cartuja, pero de momento ha elegido a su Míster Copa. Es Endrick, con cinco goles.
Pronto sabremos si en la final, el 26 de abril, Ancelotti se deja llevar. Difícil. Endrick apareció por Mbappé en el Bernabéu, pero Mbappé está aquí para jugar finales, para la gloria y para los apuros, aunque, ayer, no le señalara el destino. Atlético o Barça le esperan en la misma medida en la que le temen.
Endrick marcó en Anoeta y lo volvió a hacer en el Bernabéu en el primer momento crítico del choque, después de que Barrenetxea adelantara a la Real Sociedad y hurgara en un problema sistémico ya del Madrid, en un día, además, de defensa experimental. Asencio era el líder, junto a un Alaba en tiempo de regreso, más Lucas Vázquez y Camavinga en las bandas. El francés regresaba al lateral izquierdo, el lugar por donde debía progresar Kubo, muy activo hasta que acabó fundido. El francés logró frenarlo en muchas fases, pero no pudo con Pablo Marín en la llegada que propició su centro y el gol en propia puerta de Alaba que volvía a igualar la eliminatoria y abría el fuego del segundo tiempo.
Un inicio de cálculo
El Madrid partió el duelo con sentido del cálculo, no con voluntad de vértigo, pero eso casi nunca se cumple en la Copa, que brinda las mejores emociones. El conjunto de Imanol lo aprovechó para tomar la iniciativa, con presión adelantada, posesión de sus centrocampistas, muy cómodos, y repliegue rápido para no dejar espacios al Madrid. Cuando pudo hacerlo el equipo blanco, llegó el empate. Vinicius lanzó un pase al espacio y Endrick tomó la ventaja sobre Elustondo, que había sustituido al lesionado Aguerd, para elevar sobre Remiro con una vaselina. Un gol de categoría, como el pase.
Nunca sabremos que habría pasado si hubiera seguido en el campo, en unas áreas agitadas y muy vulnerables a balón parado, como probaron los goles de Tchouameni, Rüdiger o el segundo de Oyarzabal. Cualquiera quiere estar en esa fiesta. Ahora aguarda la fiesta de verdad.
La Isla del tesoro, escrita por Robert Stevenson, empezó como una obra coral. La ideó su autor como un juego, un pasatiempo durante el lluvioso verano de 1881 en Escocia. Cada miembro de la familia debía escribir una parte, en bloques de 15 minutos. Cuando llegó el turno a su hijastro Lloyd Osbourne, que era aficionado a la pintura, dibujó un barco hundido y continuó con el mapa del tesoro. El padre de Stevenson, por su parte, escribió el contenido del cofre, que su hijo trasladó, palabra por palabra, a la obra, publicada por capítulos, uno por semana, en la revista Young Folks. El éxito, sin embargo, llegaría mucho después. El tesoro del Atlético de Madrid, comprado en gran parte por un fondo de inversión estadounidense, es también el fruto de una controvertida obra familiar, la de los Gil. Una obra contaminada en su origen, ya que la apropiación del club comandada por Jesús Gil fue una «apropiación indebida», aunque el delito estuviera prescrito, como dejó claro el Tribunal Supremo. A continuación, sin embargo, fue desarrollada con eficacia por su hijo Miguel Ángel Gil, al que lateralmente afectaban las sentencias, además de la discreción necesaria de quien debía ponerse a cubierto de su apellido. Como el hijastro de Stevenson, se encontró con la isla, pero dibujó e interpretó con acierto el mapa del tesoro.
Para lo demás estaba Enrique Cerezo, la cara amable de la corte madrileña, el «conseguidor» perfecto en un tiempo en el que había que llegar a acuerdos importantes con las instituciones, a pesar de ser señalado también en los primeros fallos judiciales como mano derecha del patriarca. El imponente Metropolitano es obra de su saber estar donde se debe estar, del mismo modo que la futura Ciudad del Deporte, para la que puso la primera piedra junto a José Luis Martínez-Almeida, un alcalde atlético, incluso demasiado atlético. El círculo lo cierra Diego Simeone, un personaje irreverente, hecho a la medida del ecosistema rojiblanco y convertido en el mesías a través del que todo puede perdonarse.
Jesús Gil.
El resultado es un tesoro inmensamente mayor del que adquirió Jesús Gil con un puñado de monedas falsas, hoy en el fondo del cofre. Justo es reconocerlo como justa es la reclamación de los socios que entienden que se les arrebató lo que les pertenecía. Agotadas las vías para revertir aquella oscura operación, con una parte de responsabilidad de la administración en los tiempos de la chapucera conversión de los clubes en sociedades anónimas deportivas, la única reparación posible para los fieles aficionados rojiblancos es el crecimiento y el cuidado del Atlético, y eso todavía está en manos de un Gil, porque la realidad es que el capital únicamente cuida del capital.
El desarrollo de la Ciudad del Deporte
Un fondo de inversión busca la rentabilidad, que no siempre depende de la dialéctica compra-venta. La rentabilidad pasa por el crecimiento y el crecimiento necesita inversión, algo muy positivo para el Atlético. El riesgo es entrar en una deriva de cambios de propiedad, aunque esa no parece ser la estrategia de Apollo, un gigante de la inversión interesado en todo el negocio circundante que crecerá con el desarrollo de la Ciudad del Deporte, a partir de 2026, en terrenos cedidos por el Ayuntamiento durante 75 años. Golf, escalada, tirolina y hasta una playa artificial para hacer surf serán algunos de los servicios. «El Atlético pasará a ser una empresa de entretenimiento con un club de fútbol», dice un especialista que ha asesorado a fondos en el sector deportivo. Quizás si el club hubiera esperado a su desarrollo, la valoración habría sido aún mayor, pero el Atlético necesita de Apollo para su financiación.
Miguel Ángel Gil, Enrique Cerezo y Robert Givone, socio de Apollo.ATM / EFE
La operación es diferente a la que realiza un inversor, un propietario que quiere desarrollar un proyecto, algo que no implica necesariamente el éxito, y la prueba son las desastrosas adquisiciones del Valencia por parte de Peter Lim o del Málaga por el jeque qatarí Al-Thani. La permanencia de MAG y Cerezo en sus puestos debería ser, pues, una garantía de continuidad en la gestión a corto plazo. De una participación accionarial por encima del 50% a quedarse con el 10%, según el acuerdo, MAG pasa de ser dueño y CEO a CEO y accionista. Cerezo pasa del 15% al 3%. Apollo adquiere el 57% de un club valorado en 2.500 millones de euros, lo que supone una inversión de 1.425 millones por parte del fondo.
Un 'adviser' para Apollo
La mayoría accionarial le permitirá plena autonomía en la toma de decisiones y es ahí donde el tiempo demostrará cuál es el grado de influencia de MAG, principalmente, y Cerezo en la dirección futura del club. Algunas personas cercanas a Apollo sugieren que Miguel Ángel Gil podría no ser únicamente el CEO del Atlético, sino una pieza clave para las inversiones en deporte que el fondo norteamericano planea realizar en el futuro en el sector del deporte. Apollo Global Management, creado en 1990 y que en la actualidad gestiona más de 800.000 millones de dólares en activos, creó la vertical Apollo Sports Capital hace menos de dos meses. El Atlético es su primera gran operación, pero espera realizar otras en el futuro próximo, y para eso el excelentemente relacionado MAG, de 62 años, puede ser un buen adviser.
Desde la discreción que evita el desgaste de la primera línea, el CEO del Atlético es capaz de estar en buenas relaciones con personajes enfrentados, como Javier Tebas, presidente de LaLiga, y Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG y de la European Football Clubes (EFC), antigua ECA. De LaLiga es vicepresidente y en la EFC forma parte del bureau. Durante la reunión fundacional del nuevo organismo, en Roma, estaba a la derecha del qatarí. Después de bajarse de la Superliga junto a los equipos ingleses, es, hoy, uno de sus más firmes opositores, lo que le sitúa, asimismo, en buena sintonía con Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA.
La gran parte de las acciones vendidas a la vertical deportiva de Apollo proceden de Holdco, el holding en el que se integraba el paquete de Miguel Ángel Gil y Cerezo. Si de los 2.500 millones en los que ha sido valorado el Atlético, se descuentan los 500, aproximadamente, de deuda, para MAG la venta de sus acciones, un 40% del valor del club, al retener el 10%, podría reportarle en torno a los 800 millones, con independencia de los plazos y formas de pago. Cuando Jesús Gil se apropió del club, hace 33 años, su valor era de 12,5 millones de euros. El mapa de su hijo lo ha multiplicado por 200.