Guy Roux es una de las leyendas de los banquillos en Francia tras pasar 44 años al frente del Auxerre, con quien conquistó una liga y cuatro Copas de Francia. Sin embargo, estos días se ha convertido en el centro de la polémica por unas declaraciones en las que menosprecia el fútbol femenino.
“La mujer está hecha para dar a luz, con una pelvis más ancha. Y el fútbol no está hecho para pelvis anchas […] Las mejores futbolistas tienen la misma complexión que los chicos”, ha afirmado el ex entrenador, de 87 años en una entrevista en L’Est Eclair.
Roux intentaba poner en valor a las jugadoras al asegurar “siento un gran respeto por estas jóvenes que practican su deporte favorito”, pero sus buenas palabras se torcieron a continuación. “Si me preguntas si los partidos femeninos son espectaculares, te remito a los de la División 1, disputados ante 800 espectadores”, añade el veterano técnico.
En la entrevista continúa con su tesis que devalúa el deporte femenino frente al masculino. “Una vez conocí a una campeona europea de atletismo de 100 metros. Admitió que, a pesar de todo su entrenamiento, Bolt siempre le ganaba por 12 o 14 metros en esa distancia. Hombres y mujeres no están hechos de la misma manera, no están hechos del mismo tejido”, explicó.
El rey del caos siente, cíclicamente, la necesidad de llamar al orden, como si el Bernabéu fuera una clase alborotada. Nada, sin embargo, le ha ido tan bien al Madrid como al alboroto, el desorden que, por el precio de ser vulnerable, acaba por desordenar, mortalmente, al contrario. Pero como si no pudiera resistirse a la Ley del Péndulo, que es la ley de la gravedad de la civilización, llega un momento en que procede llamar a un entrenador más táctico y disciplinado para poner orden en un lugar donde manda uno y mandan todos, como en una compañía de mosqueteros: uno para todos y todos para uno.
Xabi Alonso fue mosquetero junto a los mejores, Casillas, Sergio Ramos y Modric, los Athos, Porthos y Aramis de una era, además del D'Artagnan Cristiano, y ahora quiere ser un entrenador de autor, por lo que se trataba de un personaje ideal para encajar necesidad e idiosincrasia. Todavía en el inicio del camino, se encuentra ya en el disparadero por los mismos males que sufrieron algunos de los que llegaron con la misma misión: falta de conexión con algunos futbolistas y dificultad para hacer llegar su mensaje. Es el síndrome de Rafa Benítez, arquetipo de entrenador preparado, meticuloso y táctico. Curiosamente, el técnico con el que Xabi Alonso empezó su gran carrera como jugador, en el Liverpool, aunque su relación no acabó como empezó.
Rafa Benítez era, asimismo, un hombre con pasado madridista, aunque sin el brillo de gran estrella de Xabi Alonso. No puede decirse, pues, que no conociera la casa. En el vestuario algunos de los ilustres ponían cara de póker cuando les decía cómo debían perfilarse para optimizar mejor sus disparos. Ahora otros sin ese rango, como es el caso de Bellingham, tampoco aceptan demasiado bien que se le pida correr menos y posicionarse mejor. Con Vinicius o Valverde los desencuentros han sido más evidentes. Entre esos críticos no está Mbappé.
También de la casa era Camacho, que tiró un pulso por elevación y lo perdió, y otras experiencias más exóticas tampoco dieron resultado, como la de Carlos Queiroz, sustituto de Vicente del Bosque, o el 'cuadrado mágico' de Vanderlei Luxemburgo.
José Mourinho fue una excepción, aunque a costa de un desgaste importante en la imagen del club, y no lo fue únicamente por su valía como entrenador y líder, incuestionable, sino por el apoyo incondicional de Florentino Pérez. El portugués es posiblemente el único técnico con el que el presidente ha conectado de verdad. Eso cala en el vestuario como la lluvia fina. Ahí está la clave para saber hasta dónde llegará o no el ciclo de Xabi Alonso, un excelente entrenador, como ha contrastado el mercado, pero el Madrid no responde a las variables del mercado. En su construcción profesional, su futuro parece estar hoy, en manos del mayor creador de equipos de autor que existe, Pep Guardiola. Nadie ha padecido y ha combatido tanto el caos del Madrid.
¿Cuánto puede la ilusión? ¿Hasta dónde puede llegar el deseo? ¿Hasta una final de Champions? ¿Ganarla?. Nunca ha querido Simeone mencionar Budapest. Ya saben, partido a partido. Pero el Atlético de Madrid llegó a Londres en algo más que una misión, era una cruzada. Una revancha. Un anhelo. Eran tantas cosas en una que con sólo un suspiro se podía desvanecer, como pasa con los sueños. La lluvia pedía épica, pero terminó borrando la esperanza del Atlético y un ordenador hizo el resto.
El Arsenal es un equipo prosaico, cuyas decepciones y hasta alegrías parecen más fruto de un trámite administrativo que de una emoción. Así lo ha construido Arteta, como una máquina perfecta, casi inhumana, una inteligencia artificial. Hasta el tifo inicial, "Por tierra y mar", como referencia a las batallas entre Inglaterra y España, parecía impostado. Los jugadores se han plegado a la táctica rígida del vasco y no les ha ido mal. La Premier la tienen a tiro tras el empate reciente del City y la Champions, a un paso tras convertir Saka el tanto de la victoria. Sin corazón, sin coraje. Pura burocracia. [Narración y estadísticas, 1-0]
La vida es que comiences el duelo con un 25% de posesión en el Emirates y las primeras ocasiones las tengas tú en las botas de Julián y Giuliano. También que te plantes con un 5-4-1 en fase defensiva y que en un parpadeo estés con un 4-3-3 provocando fallos de Raya que, con balón en los pies, era una bomba de relojería.
Entonces cae el primer córner británico en el minuto 15 y el público lo celebra como el primer tanto. Pero el saque pasado de Rice, pese a que encontró a Saka solo, no resultó efectivo. La estrategia que ha fraguado el récord de goles de saque de esquina en la Premier, con 17, había funcionado, pero no había concretado. El peligro lo generó el extremo británico en la siguiente jugada tras un buen pase de White. Saka la puso al punto de penalti pero el balón no encontró ningún gunner.
El partido y el juego buscaban un fallo. Era una línea contínua de unos y ceros en el que ambos esperaban el hueco en la serie. Unos, a través de un saque de esquina, los otros, a la espalda de los laterales británicos. Pero, mientras Giuliano parecía haber vuelto a su versión del inicio de temporada, Lookman no terminaba de conectarse el juego. Y hacía falta el concurso del nigeriano en su ciudad natal. Si ustedes buscan un partido de goles, era en la otra ventanilla.
La pasión estaba más en el banquillo rojiblanco, con un Simeone quemando la banda, que en el campo, donde había más miedo que emoción. Y pese el pavor que generaba la vuelta del mejor Saka, que había marcado el fin de semana ante el Fulham, el mayor peligro venía de un Gyokeres que parece haber recuperado la versión del Sporting. El sueco, con su último doblete en Premier, es el segundo jugador gunner con más de 20 goles en su temporada de debut (21).
Saka celebra el primer gol en el Emirates.Alastair GrantAP
Precisamente, ambos jugadores encontraron el fallo en Matrix. Un balón en profundidad para el sueco terminó con un centro que Trossard remató provocando una gran intervención de Oblak. La defensa rojiblanca se durmió en el rechace y Saka apareció para batir al esloveno. Un tanto que llegaba en el minuto 44 para pesar del ánimo rojiblanco.
La obligación rojiblanca era acelerar el ritmo del partido. Tenían capacidad para ello y la exigencia competitiva y física del Arsenal probablemente le impediría mantener el ritmo de un equipo que lleva un mes jugando con el filial en liga. Por lo pronto, las líneas se adelantaron varios metros y el juego se acercó más a la portería de Raya. El primer susto lo dio Giuliano con un balón largo de Pubill que gana en primera instancia a Gabriel y al portero español y, sin oposición, ve como el central brasileño le recupera el terreno perdido y la desvía a córner.
Penalti no pitado
El duelo pudo cambiar si Siebert, árbitro con el que nunca ha ganado el Atlético, hubiera apreciado el penalti que le hicieron a Griezmann y no pitado una inexistente falta a Gabriel de Pubill. No obstante, fue Gyokeres el que poco después perdonó a los rojiblancos tras fallar un remate a un centro cruzado de Hincapié. Las contras del Arsenal hacían daño a un Atlético ya volcado.
Faltaba la épica. Una locura de Molina o una aparición de Baena, con Julián fuera por lesión. Y apareció, pero Sorloth desperdició la dejada del andaluz. Entonces Arteta metió el programa de contención en el ordenador y, con viento a favor, la IA se encargó de apagar poco a poco el corazón rojiblanco. El Deep Blue ha llegado al fútbol y estará en Budapest. El rojiblanco llora, sufre y siente y en Londres dice adiós a la temporada.
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