La madrileña, ex jugadora internacional, sucede a Jorge Garbajosa en el cargo. Sólo hay dos mujeres al frente de Federaciones deportivas en España
Elisa Aguilar, durante la Asamblea de la FEB.FEB
Elisa Aguilar es la nueva presidenta de la Federación Española de Baloncesto (FEB) tras ser elegida la mañana de este lunes en la Asamblea celebrada en Madrid. La ex jugadora, que sucede a Jorge Garbajosa, presidente desde agosto de FIBA Europa, recibió 77 votos a favor y dos en blanco. Era la única candidata al cargo.
A punto de cumplir 47 años, Aguilar se convierte en la primera presidenta de la entidad en su historia y en toda una pionera, pues sólo hay otras dos mujeres en cargos similares en el deporte español: Asunción Lorente al frente de la Federación Española de Remo e Isabel García Sanz, en la de Salvamento y Socorrismo.
Elisa, la sexta jugadora con más partidos con la selección española (222) y que hasta ahora desempeñaba el cargo de directora de competiciones en la FEB, posee una amplia formación, licenciada en Económicas por la Universidad George Washington. Ejercerá hasta 2024, año en el que, según la reglamentación de las federaciones deportivas, se celebrarán elecciones para el ciclo olímpico 2024-2028.
La base, que ganó seis medallas con la selección durante su etapa como jugadora, se ha convertido en la primera mujer en ocupar la presidencia de la FEB en sus 100 años de historia. Es la segunda federación en España por número de licencias (377.108), tras el fútbol, y la primera en cantidad de licencias femeninas, más de 130.000 en 2022.
“Experimento sentimientos de honor, responsabilidad, compromiso, gratitud y orgullo. Orgullo porque, una vez más, la FEB ha dado una lección de modernidad y de valentía, y se ha situado a la cabeza de las entidades deportivas de este país, eligiendo a una mujer para su Presidencia. Un hito histórico que reconoce el papel de las mujeres en nuestro deporte y que marca el paso de la sociedad española, que a mí me concede una responsabilidad para la que estoy dispuesta y concienciada”, destacó la nueva presidenta de la FEB en su discurso ante la Asamblea.
Entre los retos inmediatos que se marca, está el de «alcanzar el medio millón de federados en el año 2030». Y en lo deportivo, lograr que tanto la selección femenina como la masculina estén presentes en los próximos Juegos de París en 2024. La FEB y la Generalitat Valenciana han pedido ser ser de unos de los cuatro Preolímpicos masculinos, en el que los chicos de Sergio Scariolo deberán obtener su billete olímpico del 2 al 7 de julio tras no alcanzar los cuartos de final en el pasado Mundial. Las jugadoras de Miguel Méndez, actuales subcampeonas de Europa, lo buscarán en febrero en «un Preolímpico del que esta misma semana conoceremos tanto la sede como los rivales».
La Final Four en Atenas luce medidas de seguridad como no se recordaba. En previsión de un evento con los dos equipos griegos en el OAKA (finalmente el Valencia eliminó al local Panathinaikos en cuartos de final), se redobló la presencia de agentes, 1.000 por toda la ciudad. Los aficionados empezaron a llegar ayer a la capital griega. Se estima que unos 10.000 serán de Olympiacos, 3.000 llegados desde Estambul para animar al campeón Fenerbahçe, 1.000 desde Valencia y, aproximadamente, 500 con el Real Madrid.
Todos, a unas horas de que arranque el evento (a las 18.00, hora local, es la primera semifinal entre Olympiacos y Fenebahçe), sin sus abonos en los bolsillos (o móviles) todavía. Un problema de gestión de Euroliga que ha desatado el nerviosismo entre las aficiones.
Según ha podido saber este periódico, la raíz del problema está precisamente en la estrictas medidas de seguridad. Todos los aficionados debían proporcionar sus datos personales, por orden de la Policía. De hecho, para entrar en el recinto del OAKA hay que acudir con "un documento de identidad o pasaporte original y Una entrada con el mismo nombre que el documento". "La falta de coincidencia entre la identificación y la entrada conllevará la denegación de la entrada", avisa la propia Euroliga. Muchos fans no dieron de forma correcta esos datos.
Mientras la organización se afana por solucionarlo, ya se barajan algunos escenarios alternativos, como que la primera semifinal retrase su horario.
Aquella mañana en la playa de Fuentebravía, en el Puerto de Santa María, la carrera con Jaime, el pequeño de sus tres hijos, no había sido como las demás. "Joder, me ganaba con seis años. Estaba reventado", revisita Tomás Bellas (Madrid, 1987) en voz alta al instante preciso en el que todo cambia para siempre, en el que uno se da cuenta de que algo, de verdad, no va bien. Las vacaciones familiares en Cádiz el pasado mes de julio tornaron en pesadilla, en una sucesión precipitada de acontecimientos. Noches de sudoración descontrolada, "como un animal", inflamación de ganglios, tos, una visita de urgencia al hospital y un ingreso sin tiempo que perder. "A los pocos días nos confirmaron todos los presagios. Tenía un linfoma", recuerda el base, 14 temporadas en la ACB, el salto inicial del otro partido de su vida.
El 10 de mayo de 2024 Tomás, sin saberlo, se había vestido de corto por última vez. "Ganamos al Valladolid. A un entrenador que me echó de Fuenlabrada, que le tenía ganas... Bueno, no es mal colofón", saca pecho con media sonrisa melancólica. Repartió ocho asistencias, disfrutó y se despidió del Fernando Martín dándose el gusto de un baile más: la siguiente temporada seguiría en el Fuenla, uno de los clubes de su vida, al que ayudaba en su retorno a esa Liga Endesa en la que él disputó 466 partidos. "Nada mal para un tipo normal que no levanta el 1,80", reivindica una carrera que "ha sido la hostia". Ya en pasado, confirmada su retirada, pese a "estar ya sin enfermedad en el cuerpo". "Eso no quiere decir que este curado. El alta no te lo dan hasta que pasan 10 años", explica.
Tomás repasa con EL MUNDO su batalla de los últimos meses sentado en la mesa de reuniones de su empresa familiar, en Las Rozas. La que fundó su padre hace 32 años y en la que ahora le acompañan sus cuatro hermanos. A la que volvía cada verano unas semanas para echar una mano, para hacer gala de sus estudios universitarios. Un jugador profesional. Ya le ha crecido el pelo, aunque aún le acompaña una boina, nueva seña de identidad. Llegó a perder nueve kilos. Está volviendo al deporte, al crossfit, y va tachando de su lista las cosas que apuntó que no podía dejar de hacer. Esquiar, tirarse en paracaídas, viajar con sus hijos, ver en directo un Partizán-Estrella Roja (lo hizo este mismo viernes, en Belgrado)... Porque el final era una posibilidad. "Te pones en el peor escenario, claro. Y piensas: 'Mi vida ha sido fantástica, no tengo un solo pero a los 37 años", pronuncia con crudeza.
Tomás Bellas, en su empresa familiar en Las Rozas.ANTONIO HEREDIA
El sopapo fue inesperado. "Cuando me dicen, 'tienes un linfoma', yo estaba con mi padre en la habitación del hospital. Así, de frente. Es difícil describir las sensaciones. Intentas no llorar [se emociona, "ahora me cuesta"]. Intentas hacer ver a todos que estás bien. Porque creo que yo he sufrido, pero mucho más los que están alrededor", cuenta. El 19 de agosto recibió la primera sesión de quimioterapia en el Puerta de Hierro. "Hay cuatro estadios y yo estaba en el cuarto. Fue un tratamiento súper fuerte. Una bomba para mi organismo. Mi médula no estaba preparada, tuve un problema en el pericardio porque tenía el corazón encharcado, la quimio te inmunodeprime: cogí fiebre, varias semanas ingresado...", relata un infierno físico y mental del que escapó también con velocidad, como siempre deambuló por la cancha. "Antes del segundo ciclo, a finales de septiembre, me hicieron una prueba de Pet Tac y vieron que no tenía enfermedad. Había sido efectivo. Me dieron dos más, de refuerzo. El último, a mediados de noviembre", celebra.
"Estoy convencido de que el deporte me ha ayudado muchísimo. Para coger el toro por los cuernos. Era como un partido, había un objetivo y sabía que iba a tener que esquivar balas. Gran parte es actitud. El baloncesto me ha enseñado a saber sufrir, a que no siempre hay una recompensa inmediata, a gestionar las emociones...", relata un tipo al que no le cuesta admitir que nunca tuvo "pedigrí", pese a que con 12 años ya estaba en la cantera del Real Madrid.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
El hándicap de la altura siempre le acompañó. Fue a la vez su acicate. Como las miradas de sospecha: "Ser infravalorado forja tu carácter". "Nunca fui a una selección. Es mi espina clavada, lo reconozco. Me podían haber llamado, sin lugar a dudas. Hay gente que ha estado con mucho menos nivel que yo", se queja, consciente también de que no ayudó su forma de ser -"mi carácter. Yo no soy una ovejita a la que dirijas"-, para bien y para mal, es su otra gran seña de identidad. Ha habido pocos guerreros con más ardor en la cancha que Tomás Bellas, pesadilla para los rivales, pretoriano de los entrenadores en sus cuatro equipos ACB (Gran Canaria, Zaragoza, Fuenlabrada y Murcia), desde Pedro Martínez hasta Sito Alonso, pasando por Aíto García Reneses, Jota Cuspinera, Luis Guil... "Era una mosca cojonera. 'Joder, hoy me toca contra Bellas', decían los rivales. He tenido peleas con todos. Yo siempre fui a muerte. Hacía en la cancha lo que nadie quería hacer", admite de unas batallas que ahora son anécdotas de amistad con sus ex rivales, los que le han abrumado con mensajes de apoyo e interés.
¿Cómo llega un niño bajito de Las Rozas a la elite? "Todo es más o menos positivo en función de las expectativas que tengas. Las mías ni de lejos eran estar 14 años en la ACB, casi 500 partidos, más competición europea, haber jugado la Summer League de Las Vegas... y un denominador común: he jugado muchísimos minutos", se enorgullece de una trayectoria que empezó por su padre, entrenador en equipos femeninos, guardián de sus primeros entrenamientos en el patio de su casa. En infantil ya estaba en el Madrid, pero a los 18 jugaba en Primera Nacional en el Torrelodones, "entrenando a las nueve de la noche con abogados, dentistas, pintores...". Quería centrarse en sus estudios universitarios y en su novia. Y por eso rechazó, ahora ríe, hasta a Pablo Laso. "Me quería en Cantabria tras una pretemporada, se quedó alucinado", recuerda.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
Pero le llamó el Cáceres de Piti Hurtado, destacó en LEB Oro, y después le surgió la oportunidad "de una vida". Saltar a la ACB con el Gran Canaria. Se acogió a aquel decreto 1006 que hizo famoso Alberto Herreros. "Con Pedro Martínez fue un máster de cinco años, diario. Con una exigencia bárbara. Pero es lo que me permitió estar tantos años en la liga". Tras seis temporadas en Las Palmas, sale a Zaragoza, la otra cara del baloncesto, "peleando por no bajar, impagos... No fue muy agradable. Remar y remar". "De ahí a Fuenlabrada. Decido acercarme a casa por el tema de la empresa, la familia...". Y después Murcia, "una segunda juventud". Tras tres cursos, repliega, otra vez el negocio familiar como prioridad, y Tomás, Paola y Jaime, claro. Pero mantiene el gusanillo del deporte de elite en su vuelta a Fuenlabrada. "Ha sido la hostia. Mi carrera ha sido la hostia", repite.
Cuando le sobrevino la enfermedad, Bellas, siempre celoso de su intimidad, no quiso hablar públicamente demasiado. Se centró en la recuperación, se fue despidiendo del baloncesto al que no sabe si volverá como entrenador o director deportivo quizá y del que, por ahora, sólo echa de menos lo bueno, "competir, el vestuario...". "Si me llega a pasar más joven, probablemente hubiera intentado volver. Pero ya no está en mis planes", dice. Ahora cuenta el proceso por primera vez. En unos días, en Gran Canaria, recibirá un homenaje durante la Copa del Rey, en el "club de su vida", en el que fue capitán. "Todo esto ha sido una lección de vida. Me ha retirado del baloncesto, pero no de la vida. Te hace cambiar las prioridades. Antes te preocupabas porque no metías dos canastas y ahora porque estás vivo".
De aquella España campeona del mundo de 2006 sólo Álex Mumbrú (Barcelona, 1979) dio el salto a los banquillos, aunque en su caso no extrañe a nadie: aún conserva y actualiza una libreta en la que tomaba apuntes de sus entrenadores, entre ellos Manel Comas, Javier Imbroda, Joan Plaza, Pepu Hernández, Sergio Scariolo y, especialmente, su admirado Aíto García Reneses. Más sorprendió cuando, hace unos meses, la Alemania, también oro mundial (2023), le anunció como relevo de Gordon Herbert. Tras su debut como técnico en su Bilbao Basket y su paso por el Valencia, un salto para reivindicar todavía más el prestigio de los entrenadores españoles. La era Mumbrú comenzó ayer con una derrota en Suecia (73-72) en el partido de clasificación para el Eurobasket, a pesar de las 23 bajas (jugadores repartidos por equipos NBA y Euroliga) con las que contaba.
Hubo alguna oferta, pero he tenido la suerte de que siempre tuve buenos equipos y buenos contratos en España. Pero no tenía ningún miedo a irme, me apetecía conocer otras ligas y otros baloncestos. Estoy a caballo entre España, donde está la familia, y Hagen, sede de la Federación Alemana.
¿Cómo se fraguó su fichaje?
Fui a la primera reunión, como cuando te reúnes con un equipo, a ver qué tal. Y el simple hecho de que el campeón del mundo te este llamando te enorgullece. Supe que habían estado preguntando por mí. Después de varias reuniones se fueron acercando las posturas.
¿Qué buscaban en ti?
Es una pregunta más para ellos. Pero creo que buscaban a alguien que conociera el funcionamiento de la selecciones desde dentro. No es igual que un equipo, donde tienes que consolidar unas relaciones con los jugadores durante el tiempo. En una selección tienes que lidiar con el que venga, que todo fluya rápido porque luego regresan con sus clubes. Y, sobre todo, crear el ambiente para que quieran venir. El compromiso de los jugadores tiene que ser muy alto. Eso lo hace más fácil.
Dennis Schroder, con el que se ya reunió, recordó las semifinales del último Eurobasket, en las que España derrotó a Alemania en Berlín y te relacionó con esa «mentalidad defensiva».
Aquello fue un poco de todo, también competitividad. En ese partido pasaron cosas tácticas que al final provocaron que perdieran. Schroder no es un jugador más, es el base, tiene una mentalidad muy de entrenador, analiza los partidos y se los ve. Cuando un jugador cree que pudo ganar algo y que no lo hizo por culpa de lo táctico, puede pensar que quizá yo les pueda ayudar en eso. Entiendo que pasaron un momento complicado.
¿Cómo fue su encuentro con él en Estados Unidos?
Es un líder. Una gran persona, que es algo importante, y un ganador. Hablas con él y te das cuenta de que sabe mucho de baloncesto y que le gusta. Está muy pendiente de todo y le importa mucho la selección. Hablamos de baloncesto y de los objetivos. Y nos conocimos. En la selección pasas poco tiempo juntos y hay que crear vínculos rápidos para que luego sea más fácil que se extienda en la pista.
Mumbrú, durante los entrenamientos de esta semana con Alemania.Federación Alemana
Él, los hermanos Wagner, Daniel Theis... va a tener mucho talento en sus manos.
Me dicen: 'Qué valiente'. Por haber ido a un equipo que ya es campeón, que casi sólo lo puedes hacer peor. Veremos. Si hay compromiso, por qué no seguir ganando. Es un reto importante, bonito e ilusionante. Pero también tengo la presión de tener que hacer las cosas bien. Intentaremos hacerlo.
¿Esta Alemania le recuerda al exitoso grupo del que formó parte con la selección española?
Sí, la verdad es que sí me recuerda bastante a esa época, a la España que fuimos campeones del mundo, de Europa. Por el compromiso, por la gente, por los veranos en que creamos ese vínculo de amistad entre todos. Y de comportamiento en la pista. Me recuerdan en la manera de jugar, en cómo lo celebran. Ese feeling.
¿Quién fue el entrenador del que más aprendió?
He tenido la suerte de tener muy buenos entrenadores. Fue como un aprendizaje, un clínic continuo con todos ellos. Seguramente, en mi carrera, Aíto ha sido el que más me ha marcado. También Sergio, Pepu... Recuerdo muchas cosas, vas cogiendo las que te marcaron de cada uno de ellos. En mis últimos años lo tenía claro. Iba mirando, preguntando, por qué esto es así... Tenía mucha curiosidad.
¿Cómo te definirías en los banquillos?
Me gusta ser un entrenador exigente, que las cosas se trabajen en equipo. A la parte del vestuario también le doy mucha importancia, el tipo de personas que forman el equipo. Me gustan los equipos aguerridos, que defienden, que luchan, que no vaguean...
El entrenador español está de moda.
El entrenador español está muy bien considerado a nivel mundial. No sólo a nivel Euroliga o selecciones. También hay otros en pequeñas ligas, Venezuela, Polonia... Valoran nuestro trabajo, el nivel táctico, lo que desprendemos... Y los resultados. Va todo un poco relacionado. Es bonito. Que haya un español llevando un equipo NBA habla muy bien, primero de Jordi [Fernández], y después del baloncesto español en general.
Sin embargo, parece que hay una crisis del jugador nacional, sólo ya Aldama en la NBA.
Sigue habiendo un nivel muy alto en el jugador español. Van saliendo camadas y camadas. En las categorías inferiores siempre ganan. Es verdad que aquí en Alemania decidieron en su día hacer una apuesta por su jugador nacional y poco a poco ha ido dando sus frutos.
En la cancha tuvieron grandes batallas con Nowitzki, ¿ya habló con él?
Aún no he podido. Pero es una parte súper importante del baloncesto alemán. Fue uno de los primeros que empezó a abrir el camino del compromiso con la selección. Le conozco, he compartido con él muchos campeonatos. Cuando le vea, seguro que nos echamos unas risas. A ver si le puedo devolver todas esas derrotas con España. En aquella época nuestra selección marcó una época.