Acabado el penúltimo entrenamiento del Real Madrid antes de partir a Atenas, Luis Guil detiene a Scariolo, se posiciona en la zona, abre los brazos defensivamente y le explica un detalle táctico. Los últimos días en Valdebebas han sido frenéticos. «Semanas bastante especiales, algo convulsas. Un cambio radical en todo y estamos todavía en ello, en entender cómo podemos ser competitivos de una manera diferente», explica el entrenador blanco lo que para Hezonja, siempre sin filtro, es «una putada». Porque, en un pestañeo, todo el bagaje de la temporada saltó por los aires: no sólo se lesionó Edy Tavares, el tipo que todo lo marca en la forma de jugar del equipo (y del rival), también su sustituto, Alex Len.
Para saber más
No es la primera vez que el Madrid se planta en una Final Four huérfano de alguno de sus pilares. Y no siempre le fue mal. Sin ir más lejos, a la undécima en Kaunas, el equipo de Chus Mateo acudió sin el sancionado Yabusele (la pelea en cuartos contra el Partizan) y sin los lesionados Deck y Poirier. «¿Resignación? Eso está fuera de lugar, es justo lo contrario», se rebeló Scariolo cuando le insinuaron lo que no es. Porque el trabajo del staff no sólo va en la dirección de «disimular» (palabra utilizada por Campazzo) en la pizarra, con su famoso cilindro táctico, las ausencias de sus gigantes, también en que mentalmente el colectivo utilice el hándicap como gasolina. Experiencia en el plantel sobra. Sólo Llull ha disputado 11 Final Four: en su rival en semifinales este viernes (20.00 h., Movistar), todos debutan. Hasta su entrenador, el elogiado y veteranísimo Pedro Martínez, se estrena.
Será el sexto duelo contra el asombroso Valencia Basket y el primero sin Tavares. El Madrid perdió el inicial de la Supercopa y el primero de Euroliga, allá por noviembre. Sufrió muchísimo en la semifinal copera del Roig Arena, con aquellos 34 puntos encajados en el primer acto y el doble milagro de Hezonja al final. Después fue como si los blancos hubieran tomado la medida a los taronjas: triunfos en Europa y ACB.
Todas las miradas, claro, se centran en Usman Garuba. Y en su mano izquierda vendada. «Tengo que asumir un rol más protagonista, dar un paso más. Con más minutos tienes más confianza y eso quita presión», pronuncia el canterano, brillante como nunca en la serie de cuartos contra el Hapoel de Tel Aviv, ya sin Tavares. Posiblemente, ningún entrenador conoce mejor al de Azuqueca que Scariolo, con quien fue campeón de Europa en 2022, y olímpico en 2021 y 2024. Sabe sus virtudes y sus defectos. «Honestamente, hay pocos jugadores con la capacidad de competir de Usman cuando está en el modo de máxima concentración y energía. Mentalmente le veo bien. Con mucha atención. Ha crecido este año, en muchas áreas», elogió su técnico y explicó el panorama: «Era un elemento de ruptura desde el banquillo, que cambiaba partidos desde la energía. Ahora la responsabilidad es superior. No de hacer cosas diferentes, sino de hacer lo que él sabe durante más minutos. Y sabiendo que no hay plan B detrás. Él era el plan B. Esta vez es el A y sin red. Es un buen test, le espero. Esperanzado y curioso a la vez».
Garuba, durante el partido de Liga Endesa contra el Joventut.EFE
El juego de Garuba poco tiene que ver con el de Tavares y Len, casi 20 centímetros más ambos. E Izan Almansa, que podría dar algún relevo puntual, apenas ha contado y parece demasiado verde para la cita (incluso para los playoffs ACB, para los que el Madrid se reforzó con Yurtseven). Sí hay plan B y se llama Trey Lyles, quien ya se desempeñó en su carrera NBA como cinco. Ofensivamente puede ser un plus, otra cosa es el aspecto defensivo. El rebote. «Tendremos que jugar más rápido, abrirnos más. Estamos muy focalizados en defensa y rebote. Nos tiene que obsesionar», explicaba Abalde.
Eso sí, excusas, esta vez, ninguna: «Si vivimos en el lamento de que no los tenemos, ya arrancamos mal», avisa Campazzo.






