Xavi da instrucciones, en Riad.Juan Carlos CárdenasEFE
El proyecto de Xavi pone su primera pica, 431 días después de su llegada al Camp Nou. Ha tardado más de una temporada, más de lo esperado para un club con el pulso de quien visita urgencias, como el Madrid. Es una forma de vivir. La ruina económica y
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Guardiola sabe que por mucho que quieras encajar el fútbol en el racionalismo, hay variables incontrolables, momentos en que la única explicación a lo que sucede en el campo es la teoría del caos. El aleteo de una mariposa en un hemisferio puede provocar un cataclismo en el contrario. Cuando eso sucede, hay que sobrevivir cómo sea para volver al campo, con el racionalismo o con la artillería, porque todo es juego, todo es fútbol. El lugar más difícil para conseguirlo es el Bernabéu, ya que nadie como el Madrid saca tanto partido al caos, incluso a su propio caos. Guardiola supo cómo regresar al terreno de juego para recomponerse y ponerse por delante a cañonazos, a lo Madrid, del mismo modo que contestó Valverde. Los dos últimos campeones se equivocan, se amenazan y se fusilan, en el Bernabéu como en el Etihad, donde se resolverá un duelo trepidante. Esto es la Champions y esto son, hoy, los mejores. [3-3: Narración y estadísticas]
El entrenador del City discutía con Lillo como si buscara explicaciones en su oráculo. Quería que alguien le dijera qué había pasado para que Rodrygo pudiera escaparse de esa forma camino del segundo gol del Madrid, perseguido por un Akanji que no era abeja ni mariposa. No activaba su vuelo ni su aguijón. El rebote volvió a beneficiar al brasileño como dos minutos antes lo había hecho con Camavinga para empatar. A eso no hay explicaciones posibles. Es el destino, y el destino no quiere a nadie como al Madrid. A la salida de Rodrygo, sí. Como en el inicio a los errores en cadena que permitieron adelantarse al City por medio de Bernardo Silva. Desde la falta de Thouaméni, a la barrera de un hombre mal puesto y la medición infantil de Lunin. El caos, de hecho, se había repartido, pero el Madrid había conseguido ponerse por delante. Le faltó creerse de qué forma realmente lo estaba.
En ninguno de los duelos que han convertido este enfrentamiento ya en un clásico de la Champions pudo verse a un City con tantas dudas. Se tienen cuando no se puede explicar lo que pasa. Adelantaba su defensa con miedo, porque el Madrid corre a la espalda como ninguno. Avanzaba el conjunto inglés sin riesgo, únicamente con Bernardo Silva como agitador, Grealish enfrentado a Carvajal como si escalara un muro y Haaland vencido en todos los duelos por Rüdiger. El cuerpo a cuerpo fue suyo, y vaya dos cuerpos. Es un futbolista inyectado. El alemán asumió, además, los mayores riesgos, después de que Tchouaméni viera una tarjeta amarilla en la primera jugada que dio origen al tanto del City.
Los jugadores del City celebran un gol en el Bernabéu.BallesterosEFE
El temor ajeno era una oportunidad para este Madrid impío cuando huele la sangre. Rodrygo las tuvo en las contras, por dos veces, y también Vinicius, de nuevo en el centro. Vini pierde amenaza si no está en movimiento en la banda, pero realiza un esfuerzo de adaptación que puede ser clave en el futuro, especialmente si llega Mbappé. La asistencia a Rodrygo en el segundo gol del Madrid es un ejemplo de las cosas que añade a su repertorio. Ambos alternaron espacios y roles en las acciones ofensivas, punzantes, frente a un Bellingham voluntarioso pero impotente. Es una evidencia que el inglés no es el del arranque de temporada.
La charla de Guardiola
Guardiola necesitaba el descanso para discutir en grupo, no sólo con su ayudante. Después de lo superado que había estado su equipo, llegó más vivo de lo que habría imaginado al vestuario. La coyuntura no iba a cambiar, con un Madrid en su salsa, agresivo en el centro del campo, donde ninguno de los dos conjuntos había conseguido imponerse, con Rodri sin lograr dar toda la claridad que los suyos necesitaban, y Kroos y Camavinga entregados a la presión.
El City partió con intenciones más punzantes, y eso se reflejó en un primer disparo de Grealish, que ya no se limitaba a merodear el área en horizontal. Había que cargar la pierna ante las dificultades que el equipo inglés había encontrado para penetrar el área, enjaulado Haaland, sin capacidad de filtrar balones en un área local bien cerrada. Rodri se incorporó en el balón parado, pero la vía tenía que ser otra. Foden lo demostró con un disparo seco y colocado, un imposible para Lunin como también lo hubiera sido para Courtois. Gvardiol lo imitó apenas cuatro minutos después para llevar al Madrid a la lona verde, ya con escasas fuerzas debido a su esfuerzo y expuesto a un rival al que había dejado vivir. El Madrid jamás deja de hacerlo, aunque esté muerto, y la prueba de vida es la tremenda volea de Valverde que cerró el primer acto de un thriller que tuvo de todo, errores y juego, caos y cañonazos. En el Etihad continuará un duelo que no debería acabar jamás.
Hay sitios donde no se debe jugar al corro de la patata. El ataque del Madrid es uno de esos lugares. Altimira hizo algo peor. Giró sobre sí mismo, invirtió el sentido de la salida del balón y dirigió la pelota hacia Dmitrovic, su portero. En la maniobra tenía el peor acompañante posible: la duda. Los depredadores la sienten, la huelen. Los depredadores son Belligham, Vinicius o Mbappé. La muralla de Butarque había caído y ya no volvería a levantarse. Todo lo contrario.
A Bellingham correspondió el robo, a Vinicius el pase y a Mbappé el gol. Nadie en el Madrid lo necesita tanto, porque ya son siete goles en 14 jornadas, uno cada dos partidos, pero pocos para el francés. Lo sabe. La ansiedad ha atrapado a su juego, algo apresurado en el regate y en la definición, por lo que este gol le puede permitir serenarse en un contexto distinto, con el Barça más cerca tras su empate en Balaídos. Sin embargo, se fue con mala cara, después de perder un mano a mano, otro más. La diferencia en la clasificación, de cuatro puntos, es engañosa por el partido aplazado en Mestalla debido a la DANA. El Madrid no puede pensar que es uno, pero uno significaría la práctica igualdad en la cabeza de una Liga que vuelve a empezar.
El Madrid lo hace con carencias por su parte de bajas, hecho que derivó en un once de circunstancias en Butarque. Asencio apareció en defensa, solvente, para proclamar que hay vida en la cantera, Valverde se situó como lateral en la izquierda y Fran García fue titular en la derecha. El único titular de verdad en la línea era Rüdiger. Ancelotti no cerró la opción de ir al mercado de invierno, pese a la resistencia del club. Los resultados lo decidirán, en la Liga como en la Champions. El choque de Anfield, el miércoles, llevará al extremo esos déficits. Algunos de los titulares en Butarque pueden no serlo ante el Liverpool. Veremos.
Ceballos, junto a Camavinga
Ceballos podría ser uno de ellos. Ancelotti lo situó junto a Camavinga, pero con un rol secundario para el español. Necesita su manejo de balón en una línea que lo pide a gritos, pero el manejo de verdad es para Camavinga, que ya se asienta como vértice principal. Tchouaméni, lesionado, no ha ofrecido en esa posición lo esperado y, dadas las circunstancias, podemos volver a verlo en muchos partidos como central, una vez regrese recuperado. Camavinga estuvo dinámico y solidario en el repliegue, pese a las escasas amenazas del Leganés, pero asentarse en ese lugar requiere tiempo y aprendizaje. No es el primero en adaptarse. Ni Kroos ni Modric llegaron como mediocentros puros al Bernabéu.
Con Camavinga hay dinamismo, pero Ancelotti necesita que también haya orden. El Madrid empezó eléctrico, especialmente cuando alcanzaba los tres cuartos, donde Mbappé progresó por la izquierda con Vinicius más centrado. Son dos futbolistas de un patrón similar, que alternan la banda y el área, aunque al francés no se le ha visto cómodo en el centro durante partidos anteriores. Si eso ha contribuido a su ansiedad, es difícil saberlo. La mejor terapia en esas situaciones, sin embargo, es volver al origen. Ancelotti no es terapeuta. Le basta con ser entrenador.
El cañón de Valverde
Mbappé pudo marcar en una acción al espacio, pero el fuera de juego volvió a devolverle a la casilla de salida. El gol fue mucho más sencillo, un regalo del Leganés puesto en la cajita por Vinicius. Cuando el Leganés suspiraba por su primera victoria con la igualada en el descanso, el error de Alti lo condenó. Los hombres de Borja ya no encontrarían argumentos para cambiar el decorado. El cañón de Valverde, tan duro como preciso, aumentó la ventaja y Bellingham se aprovechó del desgaste defensivo en el desenlace para cerrar una victoria plácida, sin sobresaltos antes de la batalla de Anfield.
Lo intentó Mbappé hasta el final, pero sin capacidad de desborde ni demasiada claridad, a pesar de estar más activo. En el mano a mano que le permitió un gran pase de Vinicius, el ganador fue Dmitrovic. Acto seguido dejó el campo, sustituido por Modric. Suma el francés, pero todavía se le espera.
Otro de los más esperados es Güler, no por su juego, sino por la decisión del técnico. Ancelotti le dio la banda derecha y el turco respondió con una acción de estrella en el área. Dmitrovic, por dos veces, le impidió marcar, pero el turco tiene cosas que este Madrid no debe despreciar, como las que aporta Brahim, mientras espera todavía al gran Mbappé. Anfield, un lugar ideal.
Donald Trump no es de la misma opinión que Carl von Clausewitz. No cree, como el militar prusiano, que la política sea la continuación de la guerra por otros medios. Al contrario, mucho antes de agotar la vía política, manda a un portaviones o a los militarizados agentes del ICE, el servicio de inmigración y control de aduanas de Estados Unidos. Minneapolis e Irán son, hoy, los puntos calientes de Trump, sin olvidar el pulso por Groenlandia con la Unión Europea, la intervenida Venezuela, las amenazas a México y Colombia por el narcotráfico o la múltiple guerra arancelaria. Mañana nadie lo sabe.
Un contexto que ha convertido a Trump en enemigo de países y regímenes dispares, democracias o dictaduras, meses antes de recibirlos con buena cara en la fiesta del Mundial. El problema puede ser que el resto entienda que el fútbol también puede ser la continuación de la guerra o la política por otros medios.
Las situaciones de tensión internacional siempre generan inquietud en las grandes organizaciones deportivas, principalmente el COI y la FIFA, que recuerdan con temor la era de los boicots. La amenaza ha afectado mucho más al olimpismo, porque el fútbol es el alimento de las masas, y a las masas se las teme. No obstante, hay precedentes.
Los mimos de Infantino
La FIFA mima a Trump todo lo que puede, y la prueba es el Premio de la Paz, un Nobel de chocolate, que le regaló Gianni Infantino como si fuera una mona de Pascua. La inquietud, sin embargo, permanece, tanto por el Mundial como por los Juegos de Los Ángeles'28, al tratarse de un personaje fuera de catálogo y de control hasta para sus propios halcones.
Infantino se hace un selfie con Trump.AP
Las peticiones de boicot al Mundial han aparecido ya en todo el mundo, especialmente entre asociaciones en defensa de los derechos humanos, debido a la persecución y expulsión de inmigrantes, pero no por parte de ningún gobierno. Ni siquiera de los que mantienen mayores tensiones con la política del presidente de Estados Unidos, como Colombia, o han sido atacados, como Irán. Ambos están clasificados para el Mundial.
Alemania es una de las potencias donde las voces contra el torneo han llegado más alto, hasta obligar a decir a la ministra de Estado ante la Cancillería Federal, Christiane Schelderlein, que las decisiones sobre participar o no en eventos deportivos «recaen exclusivamente en las federaciones correspondientes». Las competencias del derecho deportivo son un refugio a la medida para lo que conviene, aunque las decisiones de que España no acudiera a final de la Eurocopa de 1960, en la URSS, o de que Estados Unidos impulsara el boicot a los Juegos de Moscú'80, no fueron de sus federaciones ni de sus comités olímpicos. Las tomaron Franco y Jimmy Carter, un dictador y presidente legítimamente elegido.
«Si Trump cumple sus amenazas y lanza una guerra comercial contra la Unión Europea, difícilmente puedo imaginar que los países europeos participen en el Mundial», advirtió Roderich Kiesewetter, un referente en política exterior de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), partido que lidera la coalición de Gobierno. Boris Mijatovic, también diputado en el Bundestag, por los Verdes, fue incluso más contundente: «No es seguro para los aficionados viajar a este Mundial».
El Mundial no es Eurovisión
Mijatovic citó como ejemplo los recientes disparos letales de agentes del ICE en Minnesota, incluso antes de que resultara muerto Alex Pretti, y advirtió: «Solo puedo aconsejar a cada hincha que boicotee los partidos en Estados Unidos». Resulta paradigmático el silencio del Gobierno de Pedro Sánchez, uno de los más beligerantes con Trump, aunque con la selección más favorita del torneo. El Mundial no es Eurovisión.
Si un boicot global o por bloques parece complejo, menos lo es el que puedan realizar los aficionados en una cita compartida por tres países, Estados Unidos, México y Canadá, con tensiones continuas por la inmigración, el narcotráfico o los aranceles. Las fronteras que deben ser esponjosas en un Mundial a tres, son más sensibles que nunca.
Trump, en la celebración del Chelsea en el Mundial de clubes.AP
El pacto por Groenlandia en el seno de la OTAN ha dejado en 'stand by' el problema que más unidad había generado entre los líderes europeos contra las políticas de Trump. De proseguir en la intención de anexionarse un territorio de soberanía danesa, habría elevado las voces de boicot en el continente. Con Trump nada puede considerarse del todo cerrado y no parece que el soccer, algo entre desconocido y grotesco para el inquilino de la Casa Blanca, vaya a frenarle.
La invasión de Afganistán por parte de la URSS provocó el boicot de Estados Unidos y la mayoría de países occidentales a los Juegos Olímpicos de Moscú'80, y una cuestión racial, la violación del embargo al apartheid de Sudáfrica por parte de los All Blacks de Nueva Zelanda, propició el veto de la mayoría del bloque africano a Montreal'76. Estados Unidos no ha invadido Venezuela, pero la mantiene intervenida de facto, mientras amenaza a Irán o Cuba, y es innegable que bajo las severas leyes de inmigración subyace una cuestión racial.
El 'sí' a la Argentina de los coroneles
Los boicots al fútbol nunca han tenido un impacto tan global. Ni siquiera cuando las denuncias de las torturas del régimen de los coroneles, en Argentina, eran evidentes, ya antes de 1978. Buena parte de ellas se producían en la Escuela Mecánica de la Armada, a escasa distancia del Monumental de River, donde la albiceleste se proclamó campeona. Dos meses después del golpe de Estado del general Pinochet en Chile, en 1973, la URSS se negó a jugar un partido en el Estadio Nacional, convertido en un centro de detención, tortura y muerte los días siguientes al golpe del 11 de septiembre. La selección chilena salió sin rival a la cancha y sus jugadores marcaron a una portería vacía.
Matt Freese estará bajo los palos de la principal selección anfitriona el próximo verano en Estados Unidos, pero para buena parte de los participantes y aficionados, bajo la gran portería del Mundial estará Trump. Será como jugar contra el enemigo.