Qué más dará Xabi Alonso que Arbeloa. Qué más daba Xabi Alonso que Ancelotti. Si ahora el asunto es el rol de Pintus, ¿quién se lo dio? ¿quién se lo quitó y se lo quiere devolver? ¿Cuál es la estructura profesional que toma las decisiones trascendentales en el Real Madrid? ¿Cuáles son los engranajes de la institución futbolística más relevante de la historia? No es la opacidad el problema, sino la transparencia: este club es exactamente lo que parece y funciona parecido a como nos imaginamos. La sensación es que en la época de la ultraprofesionalización y en el momento decisivo en el que España se queda atrás, el plan deportivo del Real Madrid es no tenerlo muy claro.
Sobre la era gloriosa de Florentino Pérez siempre ha planeado el mismo riesgo: creer que si acompañaban los números y el plan empresarial, en lo demás bastaba la historia, el escudo, la camiseta, el estadio, el impulso, el tópico. No basta. El fútbol no son once contra once y siempre gana Alemania. Italia jugó su último Mundial en 2014. 90 minutos en el Bernabéu no siempre son molto longos.
De fondo late el problema: pese a juntar las mejores plantillas de su historia, nadie sabía muy bien por qué se ganaba cuando se ganaba. Así es imposible entender ahora por qué se pierde. Hace sólo 18 meses desde que se ganó la última Champions League, pero aquella ya fue otoñal y si había un plan para el día después de la gloria es obvio que ha fracasado. Y que la responsabilidad no es del crupier que se ponga en el banquillo para tirar la bola a la ruleta mientras el público espera a ver si sale negro, rojo o verde. El madridismo esperaba muchas cosas de Xabi Alonso y apenas ha encontrado ninguna. Suponemos que el club tampoco, aunque nunca remó a su favor. Nadie se cree que Arbeloa sea una apuesta de futuro, aunque después resulte serlo. El Madrid se va acomodando poco a poco en el azar, tirando fichas al tapete, mientras los paganinis fantasean con centrocampistas y celebran los goles de Gonzalo.
Hubo que esperar a la séptima jornada para disfrutar del primer gol de Vinicius en la presente Champions. Sus dos asistencias frente al Mónaco le allanaron el camino para el MVP de una noche donde redondeó sus números en el gran torneo continental: 30 goles y 30 asistencias en 72 partidos. Tras el caluroso abrazo con Álvaro Arbeloa, la amplia sonrisa frente a los micrófonos, donde admitió haber pasado "unos días muy complicados por los pitos".
"No quiero que me abucheen en mi casa, donde me siento muy cómodo. En los últimos partidos no me sentí cómodo porque cada vez que hacía algo mal me abucheaban", reveló Vinicius ante las cámaras de Movistar. "No siempre estaré en mi mejor nivel técnico, pero siempre lo he dado todo. Si a otros les falta gol, intento asistir; si tengo que defender, intento defender", agregó, en referencia tanto a sus pases a Kylian Mbappé y Franco Mastantuono para el 2-0 y el 3-0 como a sus cinco recuperaciones.
No obstante, para calibrar la influencia del brasileño resulta siempre más pertinente revisar otra estadística. La que Arbeloa ya había mencionado en la previa. Y esta vez fueron cinco regates, cuatro de ellos resueltos con éxito. "Siempre estoy en el centro de todo y no quiero estarlo por cosas fuera del campo. Quiero estarlo por lo que he hecho por este club", zanjó el '7' blanco.
"a todo el madridismo"
"Cuando está feliz es el más desequilibrante", reiteró, por su parte, Arbeloa, desbordante de felicidad en la sala de prensa. "Ese abrazo que me ha dado, no era tanto al entrenador, sino a todo el madridismo", refrendó el ex técnico del Castilla. Cuando le mencionaron que hace ahora una década, Zinedine Zidane tomó las riendas para terminar alzando tres Champions consecutivas, extremó la prudencia. Primero recordando el complicado compromiso del sábado en Villarreal y después la visita de la última jornada a Da Luz, donde debería cerrarse el pase al top-8.
Tras el ridículo en Copa del Rey ante el Albacete y la mala primera parte contra el Levante, el Madrid recuperó algunas de esas señas de identidad que tanto había buscado Xabi Alonso. De hecho, Mbappé cautivó al Bernabéu con una carrera de 60 metros hacia atrás que evitó el gol del rival. Aunque ni siquiera así Arbeloa parece dispuesto a cambiar sus prioridades. Ninguna tan decisiva como tener felices a sus estrellas. "Kylian y Vini están haciendo un gran esfuerzo, aunque tampoco te voy a engañar. Quiero que hagan un buen trabajo, ver un equipo que corra junto, pero que luego puedan estar frescos para marcar las diferencias", subrayó.
Esa capacidad para el desequilibrio resulta aterradora en el caso de Mbappé, quien con sus 11 goles en seis partidos igualó un récord de Cristiano Ronaldo. El portugués ya había anotado esa cifra en la primera fase de la temporada 2015-16. Su sucesor aún puede desbancarle el próximo miércoles si marca al Benfica de José Mourinho. De momento, el Mónaco se ha confirmado como una de sus víctimas favoritas, ya que acumula 16 intervenciones de gol ante su ex equipo, sólo por detrás de sus datos contra el Lille (17) y el Montpellier (21).
La celebración de Bellingham, tras el 6-1.AP
En cualquier caso, el Madrid aún cuenta con mucho margen para confirmar su mejoría. De hecho, en una noche tan plácida recibió 20 disparos y Thibaut Courtois tuvo que realizar seis paradas, las mismas que hace un par de meses frente al Manchester City. Por no mencionar que los locales, pese a su mayor intensidad, cubrieron menos campo: 111,2 km frente a 113,5 del equipo dirigido por Sébastien Pocognoli.
Quien no suele economizar esfuerzos es Jude Bellingham, protagonista por su extraña celebración del 6-1. "Mucha gente dice muchas cosas. Puedes llorar o disfrutarlo. Les devolví la broma a los aficionados. Yo sé la verdad", explicó el internacional inglés, a propósito de su gesto, a modo de brindis. Apenas 72 horas después de ser obsequiado con varias broncas, el ex centrocampista del Dortmund pudo redimirse con el Bernabéu. "Siempre he dicho que los aficionados trabajan toda la semana, pagan para venir aquí y tienen derecho a hacer lo que quieran", finalizó.
Jesús Fortea (Albal, 2007) solo tiene 18 años, pero ya asume galones de titular en la selección española sub'20 que pelea estos días por el Mundial de la categoría, que se está disputando en Chile. El canterano del Real Madrid, moldeado por Álvaro Arbeloa en el juvenil madridista y en el Castilla, charla con EL MUNDO antes de los octavos de final ante Ucrania y reconoce su devoción por Cristiano Ronaldo.
Después de la derrota contra Marruecos y del empate ante México, ganar a Brasil y pasar a octavos habrá sido como quitarse un peso de encima.
Sí. Hemos sufrido un poco, pero al final lo conseguimos y estamos más tranquilos. Después de perder contra Marruecos pensamos mucho en lo que teníamos que cambiar. Creo que eso ha sido clave, cambiar y jugar mejor. Hemos ido creciendo y se ha notado.
¿Han tenido miedo?
Creo que nunca hemos tenido miedo. Teníamos claro que estábamos en un Mundial y que las cosas son como son. Nos conocemos casi todos de otras concentraciones y hay muy buen grupo. Nos llevamos todos muy bien y eso se nota. Hemos estado muy unidos.
¿Quién hace de líder del equipo?
Iker Bravo es un referente aquí. Un buen líder, la verdad. Yo ya había estado con él antes en otras concentraciones y siempre intenta ayudarnos en todo. Está muy pendiente, la verdad.
Usted tiene 18 años, pero ya acumula varios torneos con las inferiores y estuvo en el Mundial de clubes con el Madrid. ¿Cómo de importante es este Mundial?
No me lo esperaba mucho, honestamente. Pero luego cuando me enteré pues muy ilusionado. Es un Mundial sub'20, una categoría que es dos años más que mi edad, y estoy muy contento y con ilusión.
¿Se notan esos dos años?
Sí, pero ya llevo jugando con mayores mucho tiempo, desde cadetes. Me acuerdo que cuando llegué al Madrid sí lo notaba un poco más, pero desde ahí en el club sí que nos metían caña en el tema del gimnasio, y ahí he mejorado mucho, a nivel de fuerza y piernas. Llegué siendo delgado, que sigo siéndolo, pero lo he notado mucho. También porque me gusta el gimnasio y esforzarme para estar al nivel físico. Sé que es importante y que tengo que estar bien preparado físicamente para aguantar.
Con Arbeloa coincidió en el juvenil y ahora en el Castilla. ¿Cuánto le ha ayudado?
Mucho. Me ha ayudado en todos los aspectos a nivel futbolístico. Siempre está muy encima y noto que tiene confianza en mí. Creo que es el que más me ha influido.
Arbeloa tiene buena conexión con Xabi, ¿eso es bueno para usted?
Seguro, pero bueno, el Castilla primero, luego ya veremos.
Le han puesto en muchos titulares como la gran promesa de la cantera en el lateral. ¿Cómo lo lleva?
Obviamente gusta, pero tengo claro dónde estoy. El Castilla, el Mundial... Paso a paso y sin centrarme en el futuro. Sé lo que hay y tengo los pies en el suelo.
¿Su familia qué le dice?
Mis padres me dicen que por mucho que diga la gente, yo tenga la cabeza en el sitio. Somos de Valencia y cuando fiché por el Atlético vine solo y estuve en la residencia, pero luego al estar en el Madrid se mudaron. Están muy encima, mi padre en la parte del fútbol y mi madre con los estudios.
¿Le cuesta?
No mucho, pero bueno, estoy en segundo de Bachillerato y no tengo mucho tiempo porque viajamos mucho. No voy, lo hacemos en la residencia, cuatro horas al día, dos clases y repasos.
Dani Carvajal es una leyenda del Madrid y de la selección. ¿Qué consejos le ha dado?
No hemos podido hablar mucho, pero cuando subo con ellos a entrenar sí que te ayuda e intenta que estés bien. No sólo él, todos los jugadores. Hay buen trato de todos.
¿Quién ha sido su ídolo?
Cristiano. Siempre.
¿Y de laterales?
Carvajal y Achraf Hakimi. Son en los que me fijo siempre junto a Cristiano. Siempre he sido lateral o como mucho extremo, pero aún así siempre me ha gustado Cristiano. Veía muchos vídeos de él y de hecho aún me los pongo antes de los partidos para motivarme. Me gustaba su manera de jugar y sobre todo su mentalidad. Y algún peinado, que seguro que de pequeño me he hecho alguno (risas).
Un rescatador inesperado y el héroe de siempre. El Real Madrid no necesitó mucho más para seguir firme en el mano a mano con el Barça por la Liga. Le bastó acelerarse un poco mediada la segunda parte y soltar a Carreras por la única grieta que dejó un Valencia tan serio y voluntarioso como plano. Si el fútbol tiene memoria, en Mestalla solo vive en la grada. Con el marcador en contra y la parroquia encendida contra su entrenador, solo era cuestión de tiempo que Mbappé se encontrara con un buen asistente como Brahim para cerrar un duelo que fue gris pero provechoso. [Narración y estadísticas: 0-2]
Le costó mucho al Real Madrid hallar cómo hincarle el diente a un rival cuya principal preocupación era que la noche se le viniera encima. Corberán no quería una humillación y amuralló a su equipo tras una presión alta y líneas muy ordenadas que nadie en las filas blancas salvo Mbappé tenía claro cómo agrietar. Se movió el francés por todo el frente de ataque buscando las cosquillas en una misión compleja. Unai Núñez, Cömert y Copete le vigilaron y, sin veneno desde los costados y con Güler asfixiado, no era fácil generar peligro.
El Valencia intentaba estirarse buscando a Courtois pero, sobre todo, se esforzó en hacerse espeso y en morder los tobillos, aprovechando cada duda de Camavinga cuando cogía el mando. Aun así, el Madrid soltó dos zarpazos en dos minutos. Güler con un disparo ajustado al palo y otro de Mbappé que salvó Dimitrievski a bocajarro. Al francés lo había encontrado en boca de gol por primera vez Valverde y se asomaba otro partido en el que se presentaba como salvador. Antes tenía que derribar el muro o facilitar, como así hizo, que probara a hacerlo el joven canterano David Jiménez en su única incorporación al ataque.
No era fácil con Danjuma y Gayà amenazando, Beltrán multiplicado castigando cada error y Hugo Duro en perpetuo duelo con Asencio y Huijsen. Mestalla, volcado en empujar las piernas de sus jugadores, sabe lo que les cuesta marcar goles, porque se asoman al área, pero sin letalidad. Por eso sobrevivió el equipo de Arbeloa durante toda la primera parte, sin mostrar chispa, anclado en ataques tan estáticos como estériles. Sin verticalidad, quizá echando de menos a Vinicius.
Si alguien pensaba en sepultar a este Valencia sin que opusiera resistencia, se equivocó. Regresó del vestuario en la segunda parte dispuesto a asustar. Seguía sin juego, pero sí intensidad para que el Madrid no se sintiera cómodo. Encaró dos veces Danjuma, una para que Lucas Beltrán probara con un tímido disparo de espuela, y otra para encadenar dos quiebros más vistosos que efectivos. Fueron diez minutos que obligaron al Real Madrid a espabilar, al menos en la intensidad con que atacaba el castillo construido por Corberán si no querían dejarse media Liga en Mestalla. Lo entendió Carreras, que se escapó por el carril izquierdo que vigilaba Rioja buscando el área. Un quiebro, dos y un tercero a trompicones ante el mar de piernas para armar un disparo que sorprendió a Dimitrievski. Un destello que ponía en ventaja al equipo de Arbeloa. Un goleador inesperado que le tiene tomada la medida a este rival, al que ya golpeó en el Bernabéu.
Lejos de bajar los brazos, el Valencia siguió con su plan y Beltrán mandó un centro de Ugrinic a lamer el poste de la meta de Courtois. Había intención, pero faltaban fuerzas. Arbeloa buscó más colmillo con Brahim, Trent y Mastantuono, mientras Corberán deshizo su defensa y trató de insuflar aire a su equipo cuando toda la grada le pedía la dimisión por mandar a Beltrán y a Ugrinic, la sala de máquinas, al banquillo. El único que la parroquia veía necesario era Sadiq.
Con el partido roto, Mbappé puso la sentencia y al Valencia, plano, ya no le quedaron ni carreras alocadas que encendieran a una afición hastiada que fue perdiendo la fe en la remontada.