Jack Nicklaus, una de las figuras más emblemáticas en la historia del golf, tiene que ser indemnizado con 50 millones de dólares tras ganar una demanda por difamación en Florida contra Nicklaus Companies, empresa con la que mantuvo una larga relación comercial.
Un jurado de seis miembros en el condado de Palm Beach concluyó este lunes que la empresa Nicklaus Companies dañó la reputación del 18 veces campeón de torneos majors, exponiéndolo al desprecio público, la burla y la desconfianza. Y, aunque el propietario de la firma, Howard Milstein y el ejecutivo Andrew O’Brien estaban directamente acusados en el proceso, el jurado no los consideró personalmente responsables.
El abogado de Nicklaus, Eugene Stearns, celebró el veredicto, señalando que su cliente “ha dedicado su vida a ayudar a otros” y ha sido admirado tanto por su desempeño deportivo como por su integridad personal. “Merecía un trato mejor, y estamos satisfechos de que el jurado haya reconocido lo injusto de la situación”, declaró.
La demanda alegaba que Milstein, O’Brien y otros altos cargos de Nicklaus Companies difundieron falsedades, incluyendo rumores de que el golfista estaba considerando una oferta de 750 millones de dólares para unirse a la controvertida LIV Golf —respaldada por Arabia Saudí— y que padecía demencia, lo que lo incapacitaba para manejar sus propios asuntos.
La defensa negó cualquier intención de difamar a Nicklaus y argumentó que el conflicto era, en esencia, una disputa comercial. Añadieron que la reputación del golfista nunca estuvo realmente en riesgo y que no tenía sentido que una empresa que lleva su nombre tratara de perjudicarlo.
Este caso se suma a una batalla legal previa, cuando a principios de año un juez de Nueva York desestimó una demanda de Nicklaus Companies que intentaba impedir que el golfista utilizara su nombre e imagen para promover su propio negocio de diseño de campos de golf.
Nicklaus había firmado un acuerdo con la empresa en 2007 por 145 millones de dólares, pero posteriormente se desvinculó para continuar su carrera como diseñador de campos por cuenta propia. Actualmente, conserva el derecho de usar su nombre para esos fines, aunque Nicklaus Companies mantiene los derechos comerciales sobre el uso de su imagen en productos como ropa y equipamiento de golf.
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado Especial
@javisanchez
Silverstone
Actualizado Domingo,
9
julio
2023
-
19:20Ver 3 comentariosEl francés de Alpine recrimina al español que le empujara...
«Nunca pensé que llegaría al fútbol francés». Sincero y directo. Así se presentó Luis Enrique en París en julio de 2023. Si alguien torció el gesto al escucharlo, hoy pensará por qué el PSG no le llamó antes. El asturiano ha conquistado París y ha hecho creer al club, a sus aficionados y a sus propios jugadores que, ahora sí, pueden ganar la primera Champions esta noche en Múnich ante el Inter.
«Desde el primer día la intención era hacer historia y estamos en condición de lograrlo», explicaba hace unos días el técnico, que sí sabe lo que es ganarla porque lo hizo con el Barça de Messi, Suárez y Neymar en 2015 ante la Juventus. Sin embargo, este proyecto es diferente a aquel en Barcelona y al que han impulsado durante una década los dueños del PSG, Qatar Sport Investiment (QSI), con Nasser Al-Khelaifi a la cabeza. Hoy, han aprendido que no se trata de acumular estrellas, sino de construir un equipo.
«Hemos tenido que ir gestionando perfiles de jugadores, que construir. Tenemos futbolistas de mucha calidad, de alto nivel, pero con mentalidad de equipo», confiesa el entrenador, que no duda en lanzar órdagos propios de su arrolladora personalidad, que puede generar tanta afinidad como rechazo: «Estamos preparados para todo».
Casi dos años después de encerrarse durante los primeros meses en la Poissy y sin saber ni una palabra de francés, el PSG refleja lo que buscaba Luis Enrique. «Tenía un plan clarísimo», cuentan quienes le rodean. Ha amoldado un entorno con muchas posibilidades económicas a su idea. Ha conseguido desde lo más sencillo, una grúa elevadora desde donde controlar los entrenamientos desde las alturas sin necesidad de andamio, al fichaje de futbolistas que, sin ser ya megaestrellas, apuntan a ello. Pero al ex seleccionador nacional no le vale sólo ganar, quiere sembrar. «Que se sientan atraídos por cómo jugamos no sólo los aficionados del PSG, sino cualquiera», advierte.
Sin el peso de Mbappé
En ese reconstrucción, el aparejador que se ha convertido en pieza clave es el director deportivo con el que llegó de la mano: Luis Campos. Cogieron las riendas no sólo para llevar al equipo a ganar dos ligas y la Copa de Francia, sino para reestructurar un vestuario que andaba descompensado. El peso de Mbappé lastraba, como reconoció sin tapujos en un documental el propio Luis Enrique: «El hecho de tener un jugador que se movía por dónde él quería, implica que hay situaciones del juego que no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas, sin excepción», aseguraba sin medir sus palabras.
La salida del delantero al Real Madrid ha permitido la transición de un grupo en el que ha integrado el fichaje de jugadores convertidos en esenciales en su once y que han arrastrado a los demás a la fe de Lucho. «Nos dijo que sin Kylian meteríamos más goles y creo que no se ha equivocado», reconocía Zaïre-Emery. Han sido 138 en todas las competiciones frente a los 120 de la pasada campaña, cuando Mbappé marcó 44. La estrella goleadora ha sido Dembélé, con 33 goles, despertado en el arranque de 2025, justo cuando lo hizo todo el grupo, porque el inicio de campaña no fue fácil.
El asturiano observa a sus jugadores en el Allianz.L. BRUNOAP
El equipo se bloqueó en efectividad y marcó uno de los peores datos de Europa, lejos de lo que se esperaba una plantilla como la del PSG. Derrotas en Champions que dolieron como ante el Atlético y el Liverpool, y un trabajo que consistió en «recuperar la confianza generando hábitos de juego».
A eso se sumó el factor generosidad de un grupo que se destapó como solidario. Luis Enrique había buscado en el mercado el talento en jugadores de menos de 25 años con tanta calidad como hambre. El portugués Joao Neves, la perla francesa Douré o el ecuatoriano William Pacho, por el que se arqueó la ceja en las gradas cuando se pagaron 40 millones por su llegada. Sin protagonismos excesivos, ensamblaron, y a ellos se sumó en enero la guinda: el georgiano Kvaratskhelia. En total una inversión de 220 millones pero con mucho crecimiento. «He visto esta temporada todo lo que quería mejorar. Me he maravillado», confesaba Luis Enrique hace unos días, con la mirada ya puesta en la final de esta noche.
La bandera de Xana
Quizá por eso a mitad de enero el asturiano se atrevió a verbalizar un sueño que va incluso un poco más allá de hacer historia en el fútbol francés. «Recuerdo una foto que tengo increíble con mi hija en la final de la Champions en Berlín, después de ganar, clavando una bandera del FC Barcelona al campo. Tengo el deseo de poder hacer lo mismo con el PSG. No estará mi hija, no estará físicamente, pero estará espiritualmente, y eso para mí es muy importante», contó el entrenador sobre Xana, de donde nace parte de su fuerza.
Contará con la ayuda de estos jugadores jóvenes a los que Luis Enrique ha inoculado o estimulado el gen ganador. Estarán sobre el césped cuando arranque el partido en el Allianz Arena y muchos lo harán por primera vez en sus carreras. En una final de Champions sólo tienen experiencia Lucas Hernández y Marquinhos. Los dos en la misma: en Lisboa en 2020. El francés la ganó con el Bayern y el brasileño, único superviviente que sigue en el PSG, la perdió abriendo una herida que no cicatrizado. Han sido semifinales en las que se ha tropezado una temporada tras otra pese a la inversión de más 2.000 millones en fichajes. La Champions es la desea y si Luis Enrique la consigue, conquistará París.