A veces apelar a la historia y a la nostalgia funciona. Kompany, con poco de eso como entrenador, pero mucho como jugador, llamó a filas a Müller, el goleador en la ida, el perro viejo, para obrar el milagro en la vuelta. Pero el Inter es viejo por decreto. Sabe jugar cientos de partidos, porque los ha jugado todos. No siempre los gana, pero nunca los regala y, si le espolean, te mata. Como hizo ayer al ex rodillo alemán.
Los primeros minutos fueron de tanteo, aunque se jugó a lo que quiso el Inter, con ventaja en la eliminatoria. Aparecieron sus estrellas de manera esporádica, casi siempre a la contra y con un Lautaro Martínez que es un jugador diferente y que organiza el ataque como nadie y, en muchas ocasiones, también lo finaliza. Aunque fue una falta la primera gran ocasión del encuentro que marró Thuram tras una prolongación de Darmian. Respondió el Bayern con una doble ocasión que terminó desbaratando Sommer. Poco más reseñable en una primera mitad soñada y planteada por los italianos.
Y cuando nada había pasado y cuando el Bayern menos lo había merecido, Kane se inventó un gol para pelear contra su maldición y contra el tiempo. Los alemanes metían la historia en la balanza y el británico, en sus hombros. Pero ese tanto despertó la voracidad italiana. Así, Lautaro comenzó el arreón y Pavard lo continuó para poner patas arriba el Giuseppe Meazza. Ambos tantos de córner, la supuesta fortaleza alemana. Ambos errores defensivos alemanes.
En otro error, este italiano, llegó el empate del Bayern. Lo hizo Dyer al segundo palo para poner algo de picante en la eliminatoria. Hubo otro intento de Olise y varios córners en los que el público local contuvo la respiración, pero el oficio de los transalpinos en estos menesteres es complicado de igualar tengas la historia que tengas.
Su ídolo es Pep Guardiola y su mentor y amigo es Quique Setién. Quizá todo el mundo sepa de qué pie cojea Eder Sarabia (Bilbao, 1980), pero a él no le importa porque con su personalidad, valiente, honesta, y sus ideas ha conseguido construir equipos a su imagen y semejanza. Dijo Julián Calero, técnico del Levante, que "nadie tiene tanta influencia en su equipo en las grandes ligas europeas".
Están ambos, su Elche y el Atlético, en racha.
El Atlético es, seguramente, el equipo más en forma de Europa. Aunque son favoritos, nos creemos capaces de poder eliminarles. Pondremos la ilusión, el alma y el fútbol para que así sea.
¿Usted y Simeone son antagonistas en el banquillo?
Simeone construye su equipo desde otras bases, como fortalecerse desde situaciones de mayor repliegue y de cubrir su portería. Nosotros miramos más la contraria, defendemos más lejos y con el balón. Sí, tenemos ideas diferentes, pero es lo maravilloso de este deporte, que hay muchas maneras de jugar y hacerlo bien para sacar resultados.
El Cholo le dijo a Guardiola que a él no le gustaba su estilo.
Hay importancia en sentirlo, en entenderlo, y en que te mueva, que te genere algo. Si no lo sientes y no lo entiendes, no vas a poder ser capaz de transmitirlo. En ese sentido, el Cholo ha sido un maestro en transmitir aquello en lo que él sí cree al cien por cien.
¿Es más fácil ser valiente en equipos grandes?
Creo que no. Hay cada vez más equipos que han aprendido cosas de Guardiola y luego las desarrollan como creen, y esa es la riqueza de este deporte. ¿No nos acordamos también del Milán de Sacchi? Son referencias, como lo es también Simeone. El que no aprenda cosas de su Atlético es un torpe. No obstante, seguramente armar un equipo hacia atrás sea un poquito más simple, porque creo que destruir es más fácil que construir, y lo digo con máximo respeto para cualquier modelo.
Eder Sarabia junto a Quique Setién, en el banquillo del Barça.Quique GarcíaEFE
¿Por qué no funcionó en el Barça?
Creo que jugamos bastantes partidos buenos. Fuimos fieles a nuestra idea y a lo que se nos pidió cuando se nos contrató. Pero hubo diferentes circunstancias que nos condicionaron. No llegamos en el mejor momento institucional, había mucha inestabilidad y eso condicionaba mucho el bienestar del futbolista e hizo que muchos no estuvieran en su mejor nivel. Luego, en aquella época post Covid, el Madrid estuvo especialmente acertado con Courtois y Benzema, nos ganó la Liga y eso nos dejó un poco tocados. Llegamos a la Champions con pinzas y fue el resultado del Bayern, que seguramente fue uno de los mejores Bayern de la historia.
Entonces, no les hicieron mobbing.
Ni mucho menos. Quizás de parte de la directiva sí que podíamos haber tenido un apoyo mayor, pero Eric Vidal y Ramón Planes sí que nos respaldaron. Es que se suelta un bulo y a partir de ahí se empiezan a generar cosas que no son. Me gané el respeto de ese vestuario y por eso el que me lleva a Andorra es Piqué. Tengo muy buena relación con muchos de aquellos jugadores y estoy muy orgulloso de haber pertenecido a ese club descomunal.
Quien sí sufrió mobbing fue su padre por parte de Clemente. ¿Cómo puede ocurrir algo así?
El fútbol tiene infinitamente mayor repercusión que cualquier empresa. En aquel caso, pues era un entrenador joven, inexperto, al que se le suponen muchas habilidades, pero que no tiene ni esa madurez ni esa preparación. El fútbol es tan complejo que muchas veces no estamos preparados para esa repercusión. Por eso, cuando los actores no tenemos la preparación y la capacidad necesaria, pues las cosas no se hacen bien y por eso tritura tantos entrenadores y deja por el camino a tantos futbolistas.
Usted, además, es una persona que nunca se calla.
A veces lo que interesa es meter mierda y defenderse sin argumentos. La esencia del fútbol es ser naturales y dar ejemplo, es una de las cosas que aprendí con Quique.
Había brujas que exorcizar en Bélgica. El Jan Breydel Stadium es una pesadilla para el Atlético y eso que este conjunto arquitectónico de cemento con capacidad para 30.000 ruidosos aficionados no es uno de los fortines europeos. Cero victorias en la historia rojiblanca. Había que apelar a la magia. Y los hechiceros del Atlético aparecieron, pero luego se dejaron engatusar hasta perder una triple ventaja. El Atlético se deja deberes para la vuelta y la maldición continúa vigente. Hay que sudar los octavos. [Narración y estadísticas, 3-3]
El partido comenzó frío, como no podía ser de otra manera. Una lluvia helada te calaba los huesos y complicaba la precisión rojiblanca. No obstante, los colchoneros querían apabullar a un Brujas que no terminaba de encontrarse cómodo. En el minuto tres, una jugada al primer toque estuvo a punto de cazarla Griezmann al costado izquierdo de Mignolet. El balón terminó en córner y a raíz de ese saque de esquina Seys decidió cometer la imprudencia que ya no permite el VAR ni el nuevo reglamento. Dos minutos de suspense... penalti.
Fue Julián no sólo el que lo marcó sino el que fue a por la pelota decidido a ejecutar su lanzamiento. Su falta de confianza ya es historia. Descorchó la botella ante el Barça y ahora no hay corcho que le sujete. Se adelantó el Atlético en un campo maldito. E iba a costar la maldición, porque el tanto del argentino espoleó a los belgas que se echaron encima de la portería de Oblak con Tresoldi.
El Atlético empata contra el Brujas en Champions: "Faltó contundencia defensiva"
El ataque belga era tan violento que cualquiera diría que en frente estaban los tercios españoles. Jugaban sin red y buscaban el fallo en salida del Atlético y lo encontraban. Molina y Llorente tuvieron algunos capitales que el Brujas no aprovechó y eso que se encontró con una jugada calcada a su penalti, pero la mano de Hancko estaba más abajo.
Pese al acoso belga, las oportunidades más claras antes de que Nyberg pitara el descanso fueron para Lookman. El nigeriano a punto estuvo de doblar la ventaja tras una gran jugada de Giuliano, pero tapó de manera milagrosa Sabbe. Sin embargo, lo consiguió tres minutos más tarde tras un saque de esquina maravillosamente sacado por Griezmann. Había mucho ganado con ese otro tanto antes del descanso, pero no todo.
De hecho, los belgas recortaron nada más volver de vestuarios. De nuevo, un córner. Un barullo en el área encontró la testa de Tresoldi pero su remate fue bien respondido por Oblak, que no pudo atajar la respuesta de Onyedika. El VAR dio algo de suspense al tanto por la posición del italiano, pero finalmente le dio validez. Nada es fácil en esta Champions. Tampoco Brujas, un equipo que cuenta con una grada caliente pese la temperatura que gastan en invierno.
Onyedika y Tresoldi, los goleadores del Brujas.NICOLAS TUCATAFP
Los belgas se agarraban al buen hacer del espigado Vannaken, capitán y general del conjunto azul y negro, y al menudo Stankovic, que lanzaba a placer a Diakhon a falta de Forbes. De hecho, el francés encontró en una de sus internadas a Tresoldi que batió a Oblak casi en área pequeña. Todo lo remado y conseguido se esfumaba en 10 minutos fatídicos. Había que ver la manera de recuperarse del golpe. Simeone lo quiso hacer a través del balón y para ello sustituyó a Lookman por Baena. Mucho que exigir al almeriense según el argentino.
Sorloth no pudo
Pero el que ya no tiene nada que demostrar, a juzgar por su rendimiento en el último mes, es Sorloth. El noruego sustituyó a Griezmann y la primera que tuvo la mandó a la cruceta. Con él se ganaba la profundidad que estaba faltando desde la ventaja en el marcador. La volvió a tener tras un pase de Baena que detuvo Mignolet y luego despistó a Ordóñez para que el central se la metiera en su portería.
Se las prometían felices los rojiblancos, pero las brujas tienen muchas vidas como demostraron en el 90. Tzolis definió la última oleada belga y apagó las ilusiones de romper la maldición, pese a la última opción de Sorloth. Malditas Brujas.
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LUIS NÚÑEZ-VILLAVEIRÁN
@LNvillaveiran
Actualizado Jueves,
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