Un Real Madrid que utilizó por enésima vez el poder del Bernabéu por las remontadas, salvó un fracaso, gracias a un increíble gol al estilo Pelé de Rodrygo. Otra torpeza de Savic sentenció la ilusión de un Atlético que trataba desesperadamente de li
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Resultó una insospechada noche de regalos, pasión y sufrimiento en el Metropolitano. Ni rastro de la supuesta fiabilidad alemana, como flanes desde el mismísimo amanecer los jugadores del Borussia. Casi tanto como el Atlético en el desenlace, el gol encajado, los balones al larguero y "la sensación de estar defendiendo" que dijo Griezmann. Aunque para prestaciones, las del Atlético de Simeone, no tan lejos de regresar a unas semifinales de Champions siete años después. Porque, pese a los traumas de las finales perdidas, de lo que pudo ser y no fue, pocos compiten como ellos cuando se juega sin red. Y menos en casa.
Fiel a su tradición, el Cholo volvió a salir triunfante de un duelo de eliminatorias Champions jugando en el Calderón o el Metropolitano, aunque el gol de Haller y los apuros estropearan un poco la cosa. Números de escándalo, de campeón sin trofeo: 17 noches, 11 triunfos y seis empates. Sólo encajó cinco goles en ese trayecto (en 12 de esos partidos dejó la portería a cero). Y no jugó contra cualquier en esta era en la que pisó dos finales: City, United, Liverpool, Bayern, Inter, Milan, Juventus, Real Madrid, Barça.... Ni uno solo pudo vencer en Madrid.
Hasta el minuto 80, el Atlético fue seriedad, fue contundencia, fue colmillo y fue, también, experiencia. Rascó y ganó cada duelo desde el amanecer, desde que tembló Maatsen para dejarle en bandeja un gol a De Paul que ni el argentino se creía: apenas tuvo que empujarla. También sonrojante fue el error de un veteranazo como Hummels un rato después, en el despeje de un saque de banda: esta vez Griezmann se la cedió a Samu Lino para el 2-0 que era un tesoro. Se movían los locales a dos velocidades más que el Dortmund y ni el temido Jadon Sancho suponía una amenaza. Entre otras cosas porque el encargado de cercarle era César Azpilicueta. Y el único jugador de la plantilla rojiblanca que sabe lo que es ganar una Champions (junto a Morata) -y también en levantar el trofeo que el Chelsea ganó al City en 2021-, fue el porqué de casi todas las buenas cosas que le sucedieron al Atlético.
Lino, en la ocasión fallada que pudo ser el 3-0 en el Metropolitano.Daniel GonzalezEFE
El defensa navarro es un capitán sin brazalete. Lo que más se repite de él en las tribunas es «ha caído de pie» o «debió de llegar antes». Como un director de orquesta desde el costado izquierdo de la zaga, brazeaba, gritaba y dirigía a sus compañeros, ni un resquicio para el Borussia. Simeone ha apostado por él en el momento clave de la temporada, desplazando nada menos que al eterno Savic. De más a menos, lastrado por los problemas físicos, Azpilicueta -que acude de brillar y dar el pase de gol a Saúl en Villarreal-, se desempeñó con el sosiego del que lleva toda la vida ahí. Ya lo dijo Mourinho: «Un equipo con 11 Azpilicuetas podría ganar la Champions». Y hasta un guiño del destino para él. Porque el Atlético de Simeone sí que tiene un borró como local en las eliminatorias Champions. Perdió un partido, aunque no fue en Madrid. Ocurrió en 2021, en Bucarest (por la pandemia), contra el Chelsea... de César.
La noche de pasión en el Metropolitano tuvo de todo, aunque le sobraran los 10 últimos minutos trémulos al Atlético. Simeone, imparable como siempre, se llegó a encarar, empujones y cabeza con cabeza, con Sebastian Kehl, director deportivo de los alemanes. Y Lino, el otro gran nombre propio, tuvo el tercero en un remate al segundo palo en el 75. Muchos aciertos y dos errores el brasileño, ese y la amarilla que le impedirá jugar en la vuelta. "Siento un poco de frustración, porque es un partido muy importante. Voy a dejar mis energías positivas a los compañeros", dejó dicho en zona mixta.
"Hemos hecho 70 minutos con un control de partido importante. Y con ocasiones. La de Lino... el portero hace una parada increíble. Aunque pudimos haber empatado también, con esa de Brandt al larguero. Allí vamos a sufrir", reflexionó Simeone en sala de prensa.
La noche de pasión en el Metropolitano tuvo de todo, aunque le sobraran los 10 últimos minutos trémulos al Atlético. Simeone, imparable como siempre, se llegó a encarar, cabeza con cabeza, con Sebastian Kehl, director deportivo de los alemanes. Y Lino, el otro gran nombre propio, tuvo el tercero en un remate al segundo palo en el 75. Muchos aciertos y dos errores el brasileño, ese y la amarilla que le impedirá jugar en la vuelta.
Venían los corazones rojiblancos aquejados ya de estrés postraumático de la batalla del miércoles. Faltaba saber la respuesta al miedo generado de estar hace cinco días aspirando a tres competiciones y poder estar fuera de dos en un suspiro. La respuesta del organismo es lucha o huida. Tocó lucha. La batalla en el Metropolitano comenzó en un duelo de trincheras para luego convertirse en una guerra a campo abierto. Una oda a la liga. El empate era el resultado más justo, pero Lamine no lo quiso. Pese a su discreto partido, el extremo culé y la suerte quisieron dar un golpe a la liga y quitarse a un rival. Queda mucho, pero anímicamente fue un mazazo redondeado por Ferran. [Narración y estadísticas, 2-4]
Los primeros cinco minutos de encuentro fueron un monólogo barcelonista. Se jugaron en los 30 metros más cercanos a Oblak. Los ataques eran tan fulgurantes que al público ni siquiera le dio tiempo a acusar una clarísima ocasión de Lamine que se fue tocando el poste. La velocidad de la pared con Olmo cogió a los asistentes despistados, como si la grada percibiera la realidad en 24 fotogramas y el ataque culé fuera a 50.
De director estaba Pedri, y más tras la ausencia repentina de De Jong por un problema estomacal. Lo del canario este año está siendo de Óscar. El juego del Barça ofensivo, pero también defensivo, pasaba por sus botas. Ordenaba la presión de su equipo cuando no tenían el balón y todos le buscaban cuando estaban en fase ofensiva. Mejoraba cada pase en cualquier región del campo y cortaba las líneas de salida del Atlético las veces que los rojiblancos conseguían superar la presión blaugrana.
Su espejo en la parte rojiblanca debía ser De Paul. Decimos debía porque el argentino estaba pesado en el campo. Fallando pases que no acostumbra y causando pérdidas peligrosas. Tenía excusa el argentino y no sólo por el descanso, poco, que ha tenido tras el duelo de Champions. Venía de un golpe en el duelo ante el Getafe del que no ha podido recuperarse del todo por el calendario exigente de la escuadra del Cholo.
Más allá de la dureza física, se vivía también algo de cansancio mental por la semana de polémica en torno al penalti de Julián. Y hablando de penas máximas, estuvo permisivo De Burgos con un agarrón de Íñigo a Llorente en una gran arrancada del lateral rojiblanco. Está el arbitraje en un estado de nervios insoportable con el tema de las manos, pero los agarrones pasan sin pena ni gloria en cada partido. Como mutis se hizo también el colegiado con un golpe de Koundé a Giuliano en una falta que podría haber sido la segunda amarilla.
Julián y Giulano celebran el primer gol del equipo rojiblanco.J.J.GuillenEFE
De hecho, fue el defensa galo el que se comió el saque de Oblak en el que se originó el gol del Atlético de Madrid. Reinildo le ganó el salto para prolongar a Griezmann y éste puso una banana a Giuliano que dejó el balón para que la Araña picase otra vez. Todo ocurrió en el 45, en el que más duele recibir un gol. Algo impensable tal y como comenzó el duelo, pero nadie sabe como el Cholo que un partido tiene dientes de sierra. Y en los bajos hay que intentar no cortarse.
Si echaba de menos el respetable a Griezmann, el francés apareció para dar esa comba que valió el primer tanto. Hizo una primera parte bastante discreta. Pero Simeone sigue confiando en sus destellos, cada vez más esporádicos, aunque siempre igual de efectivos.
Estrellas postreras
Para el que no pasan los años es para Lewandowski, que apareció en un momento clave para el Barça. Lo hizo medio minuto después del segundo del Atlético, una nueva contra rojiblanca bien conducida por Gallagher y bien definida por Sorloth. Parecía que el partido terminaba ahí, pero el polaco se revolvió con el balón y contra la suerte para perforar la portería de Oblak. Un parpadeo le duró la alegría al Atlético. Comenzaron los minutos locos tras 70 de control. Malo para el Atlético, bueno para el Barça. Así lo demostró Ferran, que tiene algo con el gol. Se adelantó a la defensa dormida del Atlético para poner la testa e igualar el marcador. Estos Atlético- Barça últimamente son un espectáculo.
Llegaban los dos equipos en estados de ánimo diferentes a este duelo. Los rojiblancos de una derrota inesperada en Liga y la polémica y dolorosa eliminación de Champions. El Barça afrontaba este encuentro tras 17 partidos sin perder y en cuartos de la máxima competición europea. El último rival que había conseguido vencerles, por cierto, fue un tal Atlético de Madrid en Montjuic. En el Metropolitano murió en la orilla. Lo acarició, pero Lamine dijo no con algo de suerte ya que su disparo pegó en Reinildo y despistó a Oblak. 17 años tiene la criatura. Ferran redondeó el marcador, pero el golpe fue de Yamal. Y la liga pudo perder un contendiente.