Gil Manzano concede el primer gol conseguido por el Barça.Javier ZorrillaEFE
El gol de Raphinha se lo dio el VAR. El gol de Williams se lo quitó el VAR de una manera esperpéntica, que sólo promueve a pensar que hay una serie de árbitros, estrictamente elegidos, que se convierten en benefactores generosos del Barcelona. No se
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Hay jerarquías en la Champions aún inaccesibles para este Athletic, goleado ayer en Dortmund, víctima de su endeblez competitiva. Hay estadios como el Signal Iduna Park que penalizan a un equipo tan falto de rigor defensivo, tan descuidado en las áreas. Otra derrota más que obliga a una reflexión seria a Ernesto Valverde. No sólo para seguir con opciones de disputar los octavos, sino a largo plazo. El Athletic no puede ofrecer tantas facilidades. [Narración y estadísticas (4-1)]
Tras un empate como todo balance en los últimos cinco partidos, Valverde precisaba de asideros. El más llamativo fue la inclusión de Alejandro Rego en la medular. Un chico de 22 años con sólo 41 minutos repartidos en cinco partidos, que no tardó en sentirse desbordado en un escenario tan solemne. No terminaba de ajustarse a la hora de saltar a la presión y de ello se aprovechaba Carney Chukwuemeka.
Cerrar esa vía de agua ya suponía un desafío para un Athletic con siete bajas. Aun sin jugar bien, al menos debía competir, chocar, ofrecer motivos de orgullo para su afición, que había paseado la zamarra rojiblanca por las calles de Dortmund. Dejando en el banco a Oihan Sancet, con su facilidad para acercarse al gol, el faro ofensivo debía encenderlo Sannadi.
De lateral a lateral
El ariete de origen marroquí se vio obligado a medirse ante un veterano como Niklas Süle, con un corpachón a prueba de tanques, repescado a última hora pese a sus molestias físicas para cubrir la ausencia de Nico Schlotterbeck. De esa baja sí debía aprovecharse el Athletic. No sólo por lo que el central representa sobre la pradera, sino por todo lo que su ausencia significa a nivel emocional para su afición. En las últimas horas, el internacional alemán viene mostrando reticencias para su renovación, alimentando los rumores que le acercan al odiado Bayern.
Se presentía ese clima de tensión en el Signal Iduna Park, aunque nada hicieron los Leones para sacar rédito. Más bien al contrario. En cuanto Julian Ryerson y Daniel Svensson pudieron alzar el vuelo, Iñigo Lekue y Andoni Gorosabel se vieron perdidos. Al generar superioridad con sus carrileros, el Dortmund se acercó al área. Y con la creatividad de Karim Adeyemi, su delantero más incisivo, generó el gol. Una cabalgada por la derecha, el centro raso de Adeyemi que atraviesa el área de punta a punta para el remate Svensson, el carrilero zurdo.
Sin noticias de Robert Navarro en la izquierda, ni de las largas conducciones de Unai Gómez como recurso para acercarse al área, el Athletic no ofreció nada reseñable en la primera parte. Ni un solo disparo a palos. Ni un par de largas posesiones con las que hacer pensar al Borussia. Un triste bagaje que obligaba a Valverde a replantearse la situación. Tras el descanso, aparecieron Gorka Guruzeta, Aymeric Laporte y Ruiz de Galarreta.
Iñaki Williams, tras el 1-0 en el Signal Iduna Park.AFP
En cinco minutos, ese triple cambio se diluyó como una mera declaración de buenas intenciones. En una oleada amarilla, iniciada de nuevo desde la derecha y culminada otra vez por el otro perfil, cortesía de Chukwuemeka. El canterano del Aston Villa, internacional inglés sub-21, contó también con la involuntaria colaboración de Gorosabel y Unai Simón. Demasiado blando el Athletic para un torneo como la Champions League.
Seguía alentando, pese a todo, la hinchada bilbaína, que vislumbró una salida con el primer remate de Sannadi, repelido abajo por Gregor Kobel. No había mucho aún donde rascar, aunque para prender la llama bastó con convocar a los centrales del Dortmund. Fue cómico el malentendido entre Süle y Waldemar Anton, regalando un balón en los pies de Guruzeta. Se intuía un hálito de vida debajo de ese 2-1, empujado por una nueva inercia.
Festejaron el empate, con una picadita de Robert Navarro, antes de que el juez de línea alzase el banderín por fuera de juego. Desperdició otra muy clara el canterano del Barça, buscando la escuadra, cuando la situación reclamaba algo más prosaico. Aún dispuso de otra más clara el Athletic, barrida en el área chica por Anton en las barbas mismas de Guruzeta. Se erguía el Athletic como en las noches grandes, aun exponiéndose a los riesgos de rigor. Unai Simón tapó una muy clara de Maximilian Beier, aunque ya nada opuso al inevitable arreón final, coronado con los goles de Serhou Guirassy y Julian Brandt.
El Athletic volvió a rugir en Europa seis años después de la última vez, celebrando un gol salvador de Aitor Paredes en los compases finales de un partido ante la Roma donde supo sufrir, para empujar con convencimiento en los minutos finales y llevarse un punto en la primera jornada de la Europa League. [Narración y estadísticas (0-1)]
Volvió el Athletic a competir en Europa 2387 días después la última vez. Y volvió puntuar en un partido que parecía perdido. Fueron seis años largos en los que peleó por volver a vivir noches grandes. Su reestreno fue sin Nico Williams en el once titular, en una de las grandes plazas de la competición y ante una Roma acostumbrado a rendir en la Europa League, semifinalista de la pasada edición y finalista en la anterior.
Muchos condicionantes en contra que, sin embargo, no pesaron a los 'leones' en los primeros 15 minutos, en los que presentaron una versión muy positiva. Agresivo y ofensivo. Con personalidad y presencia. El Athletic dispuso de dos ocasiones claras, pero las desaprovechó con definiciones erráticas de Iñaki Williams y Paredes.
El plan de Juric
A partir de entonces, el equipo de Ivan Juric se hizo claramente con el control. Coincidió su despertar con el del Olímpico, mudo los primeros 15 minutos a modo de protesta por sus enfrentamientos con la directiva y el despido de Daniele De Rossi, al que recordaron con una pancarta. Con un plan claro, con mecanismos ofensivos y una presión al hombre a todo campo, llegó la primera de la Roma. De un pase largo de Celik a Artem Dovbyk, que superó a Vivian y que tuvo que salvar Agirrezabala con una salida in extremis.
El gol llegó en otra jugada preciosa giallorossi, con Paulo Dybala como ejecutor de un caño, una apertura a banda para la subida de Angeliño y un centro medido del español a la cabeza de Dovbyk, que sumó el tercer gol en los últimos tres partidos.
Mejoró notablemente el Athletic tras el descanso, aunque sin hacer trabajar demasiado a Svilar. Ni siquiera con la entrada de Nico por Djalo pudo marcar la diferencia. Sólo un disparo de Iñaki Williams asustó al meta serbio antes del gol. Tenía la posesión ante un rival que se dejaba hacer, pero que era sólido.
Del 2-0, al 1-1
De hecho, la más clara la tuvo La Loba en pies de Soulé, que había sustituido a Dybala. El argentino se encontró con un regalo de Paredes, que le dejó solo ante Agirrezabala tras un inoportuno tropezón que el meta vasco se encargó de desbaratar tras una gran intervención.
Pero el Athletic no se iba a rendir tan fácil en su vuelta y en cuanto encontró una grieta la exploró hasta sacar petróleo, encarnada en Abdulhamid por el perfil diestro romano, desde el que Nico botó una falta salvadora que Núñez remató en un primer momento, ganado por arriba a Hermoso, y que Paredes se encargó de remachar desde el corazón del área, resarciéndose de sus dos errores previos.
El duelo fratricida entre Lamine Yamal y Nico Williams acabó con una trabajada victoria del Barça sobre el Athletic por 2-1. El joven crack azulgrana, quien tiene ya sobre el césped gestos de auténtico veterano, se encargó de abrir el marcador con la involuntaria colaboración de Lekue. Y Robert Lewandowski, un veterano que se empeña en vivir una suerte de juventud eterna, se encargó ya en la segunda parte de remontar la momentánea igualada sellada por Sancet, de penalti, con su tercer gol en la Liga esta temporada. Un tanto al que, además, sumó dos remates al poste rival y un remate acrobático muy bien desbaratado por Alex Padilla. La escuela de porteros de Lezama sigue proporcionando al mundo del fútbol guardametas de excelentes cualidades y rendimiento.
Cómo no, vistos los antecedentes, el partido se presentaba como un duelo entre Lamine y Nico, dos excelentes amigos, hermanos de otra madre en la Roja y fuera de los terrenos de juego. Y, a decir verdad, lo cierto es que los dos pusieron mucho de su parte para hacer honor a esa premisa. Cuando uno de los dos buscaba alguna incursión por su zona de ataque, el otro acudía sin dudarlo para colaborar en tareas defensivas. La grada de Montjuïc se mostró inicialmente tremendamente hostil con el menor de los Williams, si bien esa hostilidad fue bajando decibelios a medida que avanzó el choque hasta que los seguidores barcelonistas optaron por la más total indiferencia.
Por mucho que Nico Williams buscara con ahínco ser protagonista en los primeros compases, fue su hermano Lamine el primero en dejar su impronta. El joven crack azulgrana, tras aprovechar un despeje no muy atinado de Padilla a la salida de un córner y tras marcharse del propio Nico, culminó su acción con un zapatazo que, tras ser desviado levemente por Lekue, acabó por convertirse en el primer tanto del encuentro. La respuesta del 10 del Athletic, casi acto seguido, fue un centro envenenado que puso el miedo en el cuerpo a los barcelonistas. Lewandowski, cuando se encaraba la recta final de la primera parte, tuvo una oportunidad inmejorable para el 2-0 tras una buena combinación entre el propio Lamine y Raphinha, pero su disparo acabó por estrellarse en el palo de la portería rojiblanca.
El Athletic, pese al susto, lograría marcharse al descanso con 1-1 en el marcador. Sancet, al transformar un penalti inicialmente no sancionado por Gil Manzano, quien corrigió su decisión a instancias del VAR, devolvió la igualada al marcador después de que Lewandowski se quejara también de una posible pena máxima que se perdería en el limbo una vez castigada la acción de Cubarsí sobre Berenguer.
En la reanudación, el conjunto de Valverde pareció apostar por dar un paso atrás, conservar la igualada en lugar de buscar el 1-2 y le dejó toda la iniciativa a un Barça que, poco a poco, fue cercando el área rival en busca del gol del triunfo. Avisó Lewandowski, con un remate muy plástico perfectamente respondido por Padilla y un remate de cabeza al travesaño.
A la tercera, en cambio, el polaco no perdonó. Aprovechando un rechace a la desesperada del meta rival tras una internada de Pedri, acabó por mandar al fondo de la red el 2-1 que le serviría al Barça para sellar su segunda victoria en la Liga, por mucho que su rival acelerara un poco las cosas tras el tanto.
Los leones, abandonando el trantrán con el que se plantaron en el césped, trataron de arañar ese mismo punto con el que parecieron conformarse durante muchos minutos. Incluso mostrándose excesivamente contundentes en algunos lances. Su empuje se quedó sin premio.