Drake Maye, el niño prodigio que convierte en oro lo que toca, vs Sam Darnold, el trotamundos descartado que resurgió de sus cenizas

Drake Maye, el niño prodigio que convierte en oro lo que toca, vs Sam Darnold, el trotamundos descartado que resurgió de sus cenizas

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Dicen los expertos que el resultado de la Super Bowl número 60, que se disputa este domingo en Santa Clara (California) dependerá tanto del ataque como de la defensa. Que será, sobre todo, una cuestión de carácter, ambición y concentración. Que debería ser un partido muy igualado y físico en el que los errores se paguen muy caros. Que los New England Patriots acostumbran a llegar siempre por delante al descanso, pero que los Seattle Seahawks saben remontar en la segunda parte. Que el resultado se decidirá según la inspiración y conexión de Jaxon Smith-Njigba, el explosivo receptor de los Seahawks votado esta semana mejor jugador ofensivo de la liga, y de la capacidad de New England de contenerlo, más que de anularlo. Dicen los expertos muchas cosas, pero al final, claudican, esto es fútbol, y el duelo entre Drake Maye y Sam Darnold, los quarterbacks de los dos equipos, será lo que determine todo.

Para saber más

Ambos jugadores tienen una complexión física muy similar, ambos fueron elegidos en el número 3 del draft y ambos buscan su primera Super Bowl. Pero sus historias son completamente diferentes. Maye, de sólo 23 años, llega como la promesa precoz que rompe todos los récords en busca de la gloria absoluta. El niño prodigio (de una familia de atletas prodigiosos) que convierte en oro todo lo que toca, y que en su segundo año en la liga, cuando la mayoría apenas está acostumbrándose a la velocidad, la fuerza y la presión de los profesionales, no sólo ha liderado a su plantilla, sino que se ha quedado a apenas un voto de ser escogido como MVP.

Darnold, de 28, es en cambio la cenicienta. Un jugador que llegó a la NFL con enormes expectativas en 2018, una generación brillante con nombres hoy tan importantes en su mismo puesto como Baker Mayfield, Josh Allen o Lamar Jackson, más reputados, pero que todavía no han podido siquiera aspirar a un anillo. Sin embargo, en sus ocho años ha acumulado más decepciones que éxitos. Desahuciado por los Jets, cortado por los Panthers, sin minutos en San Francisco y casi humillado por Minnesota, que no mostró el suficiente interés por retenerlo a pesar de unos números más que buenos el año pasado. Un trotamundos que brilla por fin en su quinta franquicia. Un talento que pareció una y otra vez acabado, pero nunca se rindió y que en las dos últimas temporadas ha resucitado para convertirse en uno de los jugadores más sólidos. Especialmente en estos últimos playoffs, superando en estadísticas al resto de la liga.

A por el séptimo

El partido de esta noche, uno que nadie imaginó al comenzar la temporada, necesita héroes y villanos, a falta de grandísimas estrellas. Los de Nueva Inglaterra, el equipo más galardonado de la historia, con un entrenador (que fue jugador de la plantilla en su época dorada) debutante en su casa, sueñan con recuperar el trono en su primera final desde 2018. La mayoría de los equipos sueñan con llegar una vez a la Super Bowl, y los Patriots confía en que una victoria hoy apuntale los cimientos de una nueva era gloriosa. Nueva Inglaterra busca hacer historia al convertirse en el primer equipo de la NFL con siete victorias en el Super Bowl y busca su primer anillo desde la era de Tom Brady y Bill Belichick. La última vez que los Seahawks llegaron aquí, en 2015, fue precisamente contra los mismos rivales de hoy, y perdieron, por lo que buscan venganza.

Los de Seattle, considerados en general favoritos tras haber sido probablemente el mejor equipo desde el verano, quieren imponer su estilo, más apasionado, desbordante y caótico. Los Patriots, a veces quirúrgicos, a veces mecánicos, han demostrado que saben adaptarse a lo que tienen en frente y a los recursos disponibles. Menos efectivos en ataque en los playoffs, han sabido compensar con la defensa. Pero contra sus rivales hoy, los mejores en ese aspecto en la fase regular, tendrán que romper moldes.

El trofeo Vince Lombardi, entre los cascos de Seahawks y Patriots.AFP

Las plantillas son amplias, y en las finales de conferencia se vio que pequeños errores (en patadas, coberturas, pérdidas) pueden resultar fatales. Pero la presión está en los dos ‘mariscales de campo’. De su sobriedad, su madurez y su valor en los momentos clave dependerá la gloria o el llanto. La historia muestra que los entrenadores tienden a proteger en estos partidos a sus estrellas, apostando más por el juego de carrera que de pase. Evitando intercepciones, nervios y derrumbes.

Maye recibió nada menos que 15 sacks en los playoffs, tres por partido, un dato inquietante antes de una cita tan importante. Darnold, muchos menos, pero más de los que el equipo técnicos puede soportar sin un infarto. Si Brian Dawkins, uno de los grandes safetys de todos los tiempos, tenía razón y el football “es un juego de ira controlada, de venganza y de voluntad”, este domingo no se impondrá quien más ganas de ganar tenga, sino quien odie más perder ante 200 millones de espectadores en todo el mundo.

kpd