Sadiq y Ramazani dan oxígeno al Valencia a costa de hundir más al Levante en un derbi con más tensión que fútbol

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No era un derbi libre de amarras, de esos donde la valentía de aplastar al rival da alas a los jugadores. En el Ciutat de València, a los 22 les lastraba el miedo. En zona de descenso, cualquier error tiene una penalización en la tabla y en el ánimo. Por eso Levante y Valencia se tantearon con más tensión que amenaza... hasta que en la segunda parte aparecieron dos futbolista descarados, a quienes no le pesan estos lastres. Ramazani y Sadiq quebraron la defensa del Levante y dieron con sus goles oxígeno al Valencia que se sigue agarrando a Primera mientras los granotas se hunden. [Narración y estadísticas: 0-2]

Arrancaron los dos equipos verticales, buscando a Ryan y a Dimitrievski sin lograrlo de otra forma que no fuera a trompicones y sin verdadero peligro. Los incesantes pitos e insultos a Pepelu, por cómo rompió su amor por el Levante para cruzar al estadio del otro lado del Turia, y la factura que la grada le tenía guardada a Hugo Duro por su chilena en Mestalla y su pique con Matías Moreno, fueron lo más destacable de una primera parte insulsa. Los valencianistas, chotos en este estadio, manejaban hasta los tres cuartos de campo, con una sala de máquinas alimentada por un engrandecido Pepelu y el incombustible Ugrinic, pero ahí se abría un abismo cuando había que encarar área. Por los costados, ni Rioja se soltaba de Manu Sánchez ni Ramazani ponía en problemas al jovencísimo debutante Nacho Pérez. Y así era imposible asustar. Cuando se cumplía el primer cuarto de hora, con el Valencia más estirado, se escapó Gayà por la orilla pero Lucas Beltrán no acertó a rematar su asistencia.

Hacia la otra portería lo intentaba también Tunde, porque a Iker Losada lo tenía bien vigilado Unai Núñez, de improvisado y excelso lateral derecho. La mejor ocasión granota fue un testarazo de Iván Romero a un balón que, con su zurda enguantada, le puso Carlos Álvarez en un saque de falta. El remate lo salvó Dimitrievski y el rechazo lo mandó a la grada de Orriols Matías Moreno. Tuvo el delantero sevillano otra clara oportunidad con una contra mano a mano con Gayà y el portero macedonio fuera de la portería, pero optó por una vaselina imprecisa.

Ya no se asomaron más en toda la primera parte, donde reinó el centrocampismo, sobre todo por la incapacidad del equipo de Corberán de encontrarse en ataque. Se sostenía sin sufrir y se estrellaba contra un muro a la hora de dañar.

En la segunda mitad, quiso el Levante crecer y pudo tener premio con un cabezazo de Dela a un falta servida por Carlos Álvarez. También armó la zurda Tunde en la frontal, pero su remate de perdió. Creía Pablo Martínez en el centro del campo y, con él, los granotas. Eso lo detectó Corberán y echó carbón a la caldera con Sadiq, Javi Guerra y Guido Rodríguez en el minuto 60. Cuatro minutos después, el Valencia hilvanó la mejor jugada del partido comandada por el nigeriano, que se la puso de tacón a Rioja para colocara un centro medido que Ramazani recibió para fusilar a Ryan. Primer tiro a puerta y ventaja en un derbi que ya nunca dejó de tener cara. Incluso pudo repetirse asistente y goleador un instante después, pero esta vez Rioja no estuvo preciso.

Luis Castro también inyectó energía a su once, con Etta Eyong, buscando juego más directo, pero todo se truncó cuando Guido cazó a Pablo Martínez en la frontal y el capitán levantinista se dañó la rodilla. Ese varapalo en el minuto 78 dejó frío al Levante, aunque Manu Sánchez desperdició solo ante Dimitrievski la ocasión más clara para el empate. De ahí nació un despeje a la carrera de Sadiq mano a mano con Matías Moreno que ganó el nigeriano para poner el segundo tanto en el marcador mientras todo el Ciutat reclamaba una falta que Ortiz Arias, ni el VAR, apreció.

Los jugadores del Levante, hundidos tras la derrota.

Los jugadores del Levante, hundidos tras la derrota.ANA ESCOBAREFE

No acabó la grada contenta con el árbitro, y aún se encendió más cuando mostró una amarilla a Arriaga y, al aplaudirle en la cara, le mandó al vestuario. Antes ya le había mostrado una roja directa a Vicente Iborra, ayudante de Luis Castro, por protestar dos disputas de Tárrega con Etta Eyong.

Con dos disparos a puerta, el Valencia se llevó el derbi y, por primera vez en la historia, venció al Levante dos veces en una misma temporada. Pero fue un duelo tenso hasta después del pitido final. El central suizo Cömert fue a celebrar la victoria al córner donde se concentraba la afición valencianista y cogió el banderín para ponerle la camiseta. Para impedirlo, se lanzaron empleados y jugadores granotas, hubo lanzamiento de decenas de botellas desde la grada y mientras el jugador se marchaba al túnel de vestuarios. Gesto feo del defensa que, desde el Levante se interpretó como una falta de respeto, y mala respuesta de una grada que se enfrentará a una multa.

El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid sigue la estela del Barcelona. Lo malo es que su juego no progresa. Al nuevo genio de Valdebebas se le ocurrió una alucinación. Jugar con un solo delantero, porque Gonzalo nunca existió. Ante un semi colista sólo un delantero y tres medios, más un medio defensivo. Más los cuatro defensas. La alineación de Arbeloa fue como una luz negra de pesimismo.

El enemigo no era el Arsenal. Ni siquiera el Benfica. Era un equipo enfermo que ha cogido la carrera hacia el precipicio de la Segunda División. Peter Lim se ha cargado ya un equipo histórico de la Liga.

Pero es un laberinto mental, dado que Tchouaméni, Camavinga e incluso Valverde en teoría eran tres defensas. Ese era el ficticio centro del campo. Un galimatías tratar de descubrir la ecuación estratégica de la alineación.

Creo que Arbeloa estaba muerto de miedo. Pánico a perder. Esa fue la razón visceral de salir como un equipo acomplejado, sin fútbol y a la espera de algún milagro de Mbappé.

Naturalmente, el Valencia no tenía ni juego, ni moral, ni sistema. Era como un barquito a la deriva en el puerto. Así que la primera parte fue insufrible. Horrible. Entre dos equipos con miedo a perder.

Nada cambió en la segunda parte. Arbeloa creyó que algún gol se pescaría como un fallero mayor por el área che. Y ocurrió el extraño prodigio. Apareció Carreras, que es zurdo, penetró en el área como un cuchicheo y con toda la suerte del mundo, con la derecha, se topó con el gol.

Pues no crean que empezó el baile de los cambios. No. Siguió peor el sermón de Arbeloa. El Madrid se protegía del 0-1 como si fuera el oro de El Dorado. Inaudito. Y, por supuesto, el Valencia pudo empatar. Lucas Beltrán, su mejor futbolista, disparó y Courtois tuvo a su palo derecho como amigo. Pero era el empate.

Los cambios no llegaron hasta el minuto 75. Por fin pudimos vera a un Trent que con los ojos cerrados es mejor que todos los que jugaban, a excepción de Mbappé. Y llegó su gol, tras un contragolpe y el pase mortal de Brahim, que durmiendo es mejor que Gonzalo.

Y sonrió el fenómeno francés. Ya tenía el golito de cada partido. En realidad, Mbappé no estuvo a la altura de su categoría. Pero es que con tanto defensa no recibía ni una sola vez en condiciones. Se quejó hasta de Arda Güler, porque no le filtraba el pase mortal. Estuvo hasta desquiciado.

Y quitó a Güler, como siempre, pero esta vez, antes de que el turco se cabreara, Arbeloa se abalanzó para apretarle en un abrazo. Más falso que el beso de Judas.

El resumen es que el Madrid sigue aburriendo. Y hemos descubierto que un defensa está manejando los millones de un equipo enfermo, sin brillo, sin fuste. Incapaz de hacer jugadas de calidad, ni ante un rival medio muerto.

El rescatador Carreras y el eterno Mbappé sostienen al Madrid en la persecución por LaLiga

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Un rescatador inesperado y el héroe de siempre. El Real Madrid no necesitó mucho más para seguir firme en el mano a mano con el Barça por la Liga. Le bastó acelerarse un poco mediada la segunda parte y soltar a Carreras por la única grieta que dejó un Valencia tan serio y voluntarioso como plano. Si el fútbol tiene memoria, en Mestalla solo vive en la grada. Con el marcador en contra y la parroquia encendida contra su entrenador, solo era cuestión de tiempo que Mbappé se encontrara con un buen asistente como Brahim para cerrar un duelo que fue gris pero provechoso. [Narración y estadísticas: 0-2]

Le costó mucho al Real Madrid hallar cómo hincarle el diente a un rival cuya principal preocupación era que la noche se le viniera encima. Corberán no quería una humillación y amuralló a su equipo tras una presión alta y líneas muy ordenadas que nadie en las filas blancas salvo Mbappé tenía claro cómo agrietar. Se movió el francés por todo el frente de ataque buscando las cosquillas en una misión compleja. Unai Núñez, Cömert y Copete le vigilaron y, sin veneno desde los costados y con Güler asfixiado, no era fácil generar peligro.

El Valencia intentaba estirarse buscando a Courtois pero, sobre todo, se esforzó en hacerse espeso y en morder los tobillos, aprovechando cada duda de Camavinga cuando cogía el mando. Aun así, el Madrid soltó dos zarpazos en dos minutos. Güler con un disparo ajustado al palo y otro de Mbappé que salvó Dimitrievski a bocajarro. Al francés lo había encontrado en boca de gol por primera vez Valverde y se asomaba otro partido en el que se presentaba como salvador. Antes tenía que derribar el muro o facilitar, como así hizo, que probara a hacerlo el joven canterano David Jiménez en su única incorporación al ataque.

No era fácil con Danjuma y Gayà amenazando, Beltrán multiplicado castigando cada error y Hugo Duro en perpetuo duelo con Asencio y Huijsen. Mestalla, volcado en empujar las piernas de sus jugadores, sabe lo que les cuesta marcar goles, porque se asoman al área, pero sin letalidad. Por eso sobrevivió el equipo de Arbeloa durante toda la primera parte, sin mostrar chispa, anclado en ataques tan estáticos como estériles. Sin verticalidad, quizá echando de menos a Vinicius.

Si alguien pensaba en sepultar a este Valencia sin que opusiera resistencia, se equivocó. Regresó del vestuario en la segunda parte dispuesto a asustar. Seguía sin juego, pero sí intensidad para que el Madrid no se sintiera cómodo. Encaró dos veces Danjuma, una para que Lucas Beltrán probara con un tímido disparo de espuela, y otra para encadenar dos quiebros más vistosos que efectivos. Fueron diez minutos que obligaron al Real Madrid a espabilar, al menos en la intensidad con que atacaba el castillo construido por Corberán si no querían dejarse media Liga en Mestalla. Lo entendió Carreras, que se escapó por el carril izquierdo que vigilaba Rioja buscando el área. Un quiebro, dos y un tercero a trompicones ante el mar de piernas para armar un disparo que sorprendió a Dimitrievski. Un destello que ponía en ventaja al equipo de Arbeloa. Un goleador inesperado que le tiene tomada la medida a este rival, al que ya golpeó en el Bernabéu.

Lejos de bajar los brazos, el Valencia siguió con su plan y Beltrán mandó un centro de Ugrinic a lamer el poste de la meta de Courtois. Había intención, pero faltaban fuerzas. Arbeloa buscó más colmillo con Brahim, Trent y Mastantuono, mientras Corberán deshizo su defensa y trató de insuflar aire a su equipo cuando toda la grada le pedía la dimisión por mandar a Beltrán y a Ugrinic, la sala de máquinas, al banquillo. El único que la parroquia veía necesario era Sadiq.

Con el partido roto, Mbappé puso la sentencia y al Valencia, plano, ya no le quedaron ni carreras alocadas que encendieran a una afición hastiada que fue perdiendo la fe en la remontada.

El Valencia refuerza la figura de Carlos Corberán en el banquillo pese a la presión del descenso e insiste en que el equipo vive “una transición”

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Hay dos ideas claras que el hombre que más manda en la parcela deportiva del Valencia, el CEO de fútbol, Ron Gourlay, tiene muy claras a pesar de la crisis de resultados que tiene al equipo en la pelea por eludir el descenso y apeado de la Copa del Rey por el Athletic. Son simples y se convirtieron casi en un mantra durante su comparecencia durante una hora para tratar de diagnosticar qué le pasa al equipo.

La primera es la fe ciega que el hombre que propone a la familia Lim los cambios, en el banquillo y en el vestuario, tiene en Carlos Corberán. "Carlos es el entrenador", repitió una y otra vez. Ni la posibilidad de verse en puestos de descenso ni la "presión" de una afición desconectada con el técnico le hacen cambiar de opinión. "Tengo fe en él y en el equipo, y hemos reforzado posiciones en este mercado. Tenemos que buscar estabilidad y eso no se consigue cambiando al entrenador de manera constante. Es el objetivo fácil, pero confío en él y en los 25 jugadores, que nos harán escalar", argumentó, con estas y otras palabras similares.

No está en la mente de Gourlay el relevo de Corberán, como tampoco ha detectado -y dijo que acude cada día a los entrenamientos- que haya un problema de falta de conexión con el vestuario. Para el CEO, este camino de espinas que atraviesa el club es parte de la "transición" que debe hacer para llegar al 2027, al Nou Mestalla, con un equipo con capacidad de volver a Europa. Esa es la segunda idea que intenta transmitir.

"No hay varita mágica en el fútbol y hemos hecho numerosos cambios. El verano pasado fueron 23 transacciones y lo que ocurre forma parte del proceso. Requiere tiempo y puede ser complicado, pero la transición está en marcha. Veo los cambios cada día, pero no voy a mentir y decir que veo la foto final, solo que llevará tiempo. El club necesita estabilidad", advirtió de nuevo. Ese tiempo no quiere imaginarse que se prolongue tanto que el club acabe en Segunda División. Esa es la segunda cosa que tiene clara: no ve al equipo descendiendo.

"La posibilidad de descenso es algo en lo que no pensamos cada día en el club. Miramos hacia arriba, como dijo Guido. La realidad de hoy es que hay batalla entre 12 -14 clubes y tenemos que luchar. Tengo fe en este equipo, pero al mismo tiempo debemos planificar el futuro. Los 25 jugadores tienen que estar a la altura y son los que permitirán que el club siga creciendo", dijo el CEO mirando a la plantilla que ha reforzado con Guido, Sadiq y Unai Núñez. "Hemos invertido 10 millones en esta ventana de enero, que es difícil, y los tres jugadores que han venido van a mejorar al equipo", se mostró convencido.

Gourlay hizo dos anuncios en su rueda de prensa. Fue tajante a la hora de explicar que no necesitará hacer ventas en junio y confirmó que el Valencia ha firmado al central neerlandés Justin De Haas, un "jugador top" que llegará libre en junio, y que "entre 30 y 60 días" incorporará a un director deportivo con dominio del mercado español, un "cargo intermedio" entre el CEO y la secretaría técnica que remodeló en noviembre para "captar talento antes de que sean estrellas, porque no nos podemos gastar millonadas".

Explicó también el CEO por qué Guido Rodríguez solo ha firmado por cinco meses, en la misma línea que apuntó el jugador: "Fue muy complicado y había que hacerlo muy rápido. Sentíamos que no teníamos el tiempo suficiente para negociar. Tendremos que sentarnos con su gente para hablar de un contrato más largo. Sabemos que quiere quedarse. Nosotros queremos que esté por un largo tiempo, pero tendremos que verlo en un par de meses", advirtió.

También dejó abierta la puerta a la renovación de Dimitrievski -el club tiene la opción de prolongar su contrato una temporada- y Thierry, que acaba su vinculación en junio. "Sin entrar en detalles, estamos hablando con los agentes de los dos jugadores", se limitó a decir Gourlay, dispuesto a mantener al mando a Corberán como capitán de esta travesía por el desierto.

Los hermanos Williams hielan Mestalla para llevar al Athletic a semifinales y Oskarsson rescata a la Real Sociedad en Vitoria

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Dicen que a Nico el pubis le lleva a maltraer, que le merma y condiciona su juego y que a Iñaki le cuesta hacer goles, tanto como que solo había marcado uno. Se dibujaba una temporada gris, con pocos fogonazos de los Williams. Sin embargo, en Mestalla, les bastó un destello para mandar a la lona al Valencia y al Athletic a semifinales. Apenas jugaron media hora, porque Valverde les mandó al campo de la mano, pero fue suficiente. El pequeño centró y el mayor rebañó para marcar el 1-2 en el 90+5 que daba la victoria a los rojiblancos.

Mientras, en Vitoria, a la Real Sociedad también le tocó rehacerse ante un contestón Alavés que le tuvo contra las cuerdas hasta el minuto 88. Fueron los donostiarras siempre a remolque, con Oyarzabal igualando el gol tempranero de Abde, con Remiro parando a Toni Martínez el segundo penalti que le tiraba, porque el primero lo marcó el murciano. Fue Guedes quien empató para darles vida en el 76 y Oskarsson quien heló Mendizorroza con el 2-3 porque se les habían escapado las semifinales.

En Mestalla, la grada se había vestido de gala y no cesó recordarle a su equipo que quería la Copa. Valverde parecía haber renunciado desde el once, sin un titular y con el debut de Iker Monreal junto a Laporte en el centro de la defensa. Para pareja para bailar con Sadiq, un chaval y un veterano recién salido de lesión. La parroquia se relamía esperando, con paciencia, que el Valencia, que no tardó en buscar el primer balón en largo al nigeriano, engrasara su ataque. Mientras veía cómo Luis Rioja se iba convirtiendo en un problema para Lekue en la orilla derecha. Era incapaz el capitán de frenarle y encima el fuerte viento le jugaba malas pasadas. Permitió que el sevillano se le escapara para pisar área y cruzar un disparo que salvó Padilla.

La respuesta del Athletic fue solo una entre los tres palos en toda la primera parte y llegó por la incapacidad de los valencianistas para despejar un balón que el Athletic pudo sobar rondando el área hasta que Nico Serrano soltó un latigazo que obligó a Dimitrievski a sacar los puños.

La sensación era de que el Valencia estaba más cerca de abrir el marcador en cuanto Sadiq se afinara. Y lo hizo, pero en la portería que no tocaba. Una falta que Robert Navarro, desde casi la línea de banda, la cabeceó el delantero, solo en el pico del área, como si fuera el goleador del Athletic. Nadie entendió qué cortocircuito le llevó a perpetrar ese testarazo. Como si se hubiera quedado grogui, poco después falló en el remate de un centro de Rioja a un metro de la meta de Padilla. Sin embargo, se sacudió la culpa y lo enmendó cuando vio que Rioja -siempre Rioja- probó con un tiro desde el carril derecho que al meta del Athletic, en su intento por embolsarlo, se le escapó. Apareció como un rayo el nigeriano para rebañarla y poner el empate.

La igualdad espoleó al equipo de Corberán que se instaló en el área bilbaína, con Danjuma intentando castigar por la izquierda y Rioja siendo una pesadilla en la derecha. El Athletic solo intentaba estirarse para, al menos, llevar con vida al descanso. Esa estrategia le permitió tener el partido en la mano.

Valverde mandó a los Williams, a Nico y a Iñaki, al césped y Corberán respondió sacando a Sadiq, tras enviar alta una asistencia de Pepelu, y recompuso su defensa por la lesión de Copete. Creció y mucho el Athletic, que pudo marcar con un remate de media volea de Nico Serrano que estrelló en el lateral del área. Enlazó otra ocasión el extremo antes de que Foulquier, silbado todo el duelo, estirara al Valencia hasta la línea de fondo para estampar su tiro en el palo. Hasta ahí se mantuvieron los valencianistas en los cuartos de final. Y eso que Dimitrievski paró un penalti a Jauregizar que el VAR vio por mano de Tárrega. Ni Ramazani, ni Diego López, ni Hugo Duro ni Guido Rodríguez sacaron a su equipo del atasco, cada vez más romo y más parecido al que sufre mucho en Liga.

En el añadido, cuando se visualizaba la prórroga, apareció Nico Williams por el carril derecho para, desde el pico del área, regalarle a Iñaki un balón que solo tuvo que rebañar para llevar al Athletic a las semifinales de la Copa.

Guido Rodríguez, el ‘temporero’ estrella que busca resucitar al Valencia e impulsarlo ante el Athletic en la Copa

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Se ha acostumbrado el Valencia a vivir huyendo del descenso con tanta frustración que su parroquia se agarra a cualquier alegría que le recuerde la grandeza del club. Eso, en los últimos años, y pese a sonoros tropiezos, solo se lo da la Copa del Rey. No se resignan a exigir más, pero la realidad es tozuda, la misma que les ha privado de tener en su plantilla jugadores indiscutibles que llegan a Mestalla a punto de explotar o a reverdecer sus laureles. Sin capacidad para pelear en el mercado, históricamente las leyendas se han forjado creciendo en el club, hayan sido canteranos o no, o llegando como veteranos con mucha capacidad de pelea. Villa, Silva, Mendieta, Albelda o Baraja pueden pertenecer al primer grupo; Ayala, Carboni o Cañizares al segundo. En esta tipología encaja Guido Rodríguez.

El argentino, campeón del Mundo y dos veces de la Copa América, es la 'estrella' que los Lim le han traído a Carlos Corberán en el mercado de invierno. Con el agua al cuello, han rebuscado el CEO de fútbol, Ron Gourlay, y el propio entrenador refuerzos fiables que rescaten al equipo. Y el centrocampista lo es.

Guido es un jugador con peso, capaz de argumentar en su presentación que el Valencia «debe mirar para arriba», sin que eso crea que es escupir al cielo. Ambición y fútbol para un centro del campo que Corberán no ha conseguido evitar que, en algunos momentos, se diluya y donde hoy no hay más alternativa que Pepelu y el suizo Ugrinic, porque el resto no hace ralla. Ni Javi Guerra ni Almeida han convencido en este triángulo donde debe nacer el juego del Valencia y empezar a morir el del rival.

Llega a Mestalla para cinco meses, justo los que faltan para que Lionel Scaloni arme la lista del Mundial, y nadie, ni siquiera él mismo, sabe si se quedará más tiempo o, mejor dicho, si el Valencia se puede permitir que se quede más tiempo al coste que tiene un futbolista de esta talla aunque haya cruzado la treintena. Adaptado a LaLiga -salió del Betis en junio de 2024-, también sabe lo que significa la Copa para el Valencia. No en vano le arrebató con vistiendo de verdiblanco la última final que disputaron los valencianistas. Esta noche, ante el Athletic, podrá vivir cómo Mestalla siente pasión por la competición que le ha llevado a dos finales en la última década. «No son unos cuartos de final, es una final. Tenemos que vivir dándole la mayor de las importancias. Sabemos que es un partido de todo o nada», advertía Corberán, muy cuestionado porque sus números le hubieran condenado al despido en cualquier otro club donde no tuviera el apoyo férreo del máximo accionista, que prefiere traerle futbolistas que le ayuden a evitar el cese.

Las bajas del Athletic

El valencianismo se agarra en este cruce a que el Athletic es el único rival de los posibles al que le ganó en Liga, en Mestalla, una de las cinco únicas victorias en 22 partidos. Saben, además, que llega magullado. Y es que si el Valencia solo tiene dos puntos sobre el descenso, el Athletic tiene tres.

No está siendo una temporada fácil para Valverde, y solo el el milagro de Bérgamo, la victoria ante el Atalanta que le mantuvo vivo hasta la última jornada en Champions, ha dado alegrías a los rojiblancos. No se dan las condiciones para que sea fácil repetirlo en Mestalla, porque el equipo llega sin centrales. Paredes, sanciones, Vivian y Laporte saliendo de sus lesiones, Egiluz y Yeray sin poder viajar... el técnico no tendrá más remedio que tirar de laterales, Yuri o Lekue, o canteranos. En el ataque, la lesión Oihan Sancet y, sobre todo, la de Nico Williams son un varapalo.

Fornals rescata y catapulta al Betis ante un amenazante Valencia

Fornals rescata y catapulta al Betis ante un amenazante Valencia

El Betis se encontró, por primera vez esta temporada, con un Valencia amenazante y peleón que solo cometió dos graves errores en el partido, pero los pagó muy caros. Se tuvieron que arremangar los hombres de Pellegrini y supieron sostenerse mejor en los minutos finales de un duelo igualado en el que Pablo Fornals apareció en el minuto 88 para catapultarles a la quinta plaza, a la pelea por Europa. El Valencia, en cambio, se queda con el regusto amargo de un partido en el que mereció más y salió de vacío, mirando de nuevo hacia abajo porque la distancia con el descenso vuelve a ser escasa. [Narración y estadísticas: 2-1]

Si la pregunta en el vestuario del Valencia es qué más tienen que hacer para ganar partidos, la respuesta es clara: equivocarse menos. En el arranque del partido, hubo valencianistas que se frotaron los ojos viendo cómo su equipo mostraba una personalidad apenas vista esta temporada. Es cierto que la primera ocasión fue un centro tenso de Antony que se paseó sobre la frontal del área pequeña sin que lo acertara a embocar Abde en el segundo palo, con Foulquier de mero espectador. Le pillaron ese despiste al Valencia, pero poco más.

La razón es que, valiente, se volcó en jugar en campo del Betis y en generar ocasiones que amenazaran. Lo hizo Gayà con un centro que cabeceó Hugo Duro en pugna con Diego Llorente. Y lo hizo Danjuma colándose hasta la línea de fondo y retando a Ruibal hasta que el bético, en opinión de Sánchez Martínez, lo trabó con un penalti discutido por la grada. El Valencia tuvo la oportunidad de adelantarse, pero Pepelu no pudo engañar a Álvaro Vallés, que se estiró para repeler su disparo desde los 11 metros. No tiene fortuna el equipo de Corberán: de los cuatro penaltis lanzados, tres los ha fallado, dos Pepelu y uno más Danjuma.

El varapalo no apaciguó al Valencia, que siguió con su plan mientras el Betis estaba en su letargo y no tomaba el mando. Ugrinic, multiplicado en las labores de recuperación, armó un ataque buscando en la orilla izquierda a Danjuma y Gayà, que colgó un centro a la cabeza de de Hugo Duro que acabó en Lucas Beltrán. De espaldas en el área pequeña, el argentino se la cedió a Rioja en la frontal para, de un zurdazo, colocarla pegada al palo para marcar un gol que, por su sentimiento bético, no celebró. En esos 20 minutos, el Valencia tuvo en sus manos el partido. Sin embargo, la ventaja le duró poco.

Creció el Betis, Ruibal apareció en el área y Copete, tras despejar un balón con peligro, le pisó. No tardó Sánchez Martínez en ver penalti, sin que el VAR lo corrigiera. Al contrario que Pepelu, Chimy Ávila fusiló a Dimitrievski para poner el empate. Desde ese momento, los hombres de Pellegrini dieron un paso al frente y comenzaron a hilar jugadas. No amenazaban, pero era un Betis mucho más reconocible. Buscó hacer daño y fue en los últimos minutos antes del descanso cuando llegaron las ocasiones, y no solo béticas. Se complicó Abde buscando colocar, de primera, con el interior del pie y al palo largo un centro de Marc Roca, al igual que Lucas Beltrán intentando un remate de chilena.

Para la segunda mitad, Pellegrini, obligado a repartir esfuerzo ante la plaga de bajas y las tres competiciones en disputa, ya no se guardó más a Fornals, aunque el castellonense tardó en aparecer. El Valencia mantuvo la misma intensidad y, como si fuera un pinball, acumuló disparos a la portería de Vallés. De un centro de Danjuma, una pesadilla toda la tarde, nació un remate de Beltrán que salvó Bartra, como también atajó el rechazo que enganchó Rioja, que cazó Ugrinic para obligar a Vallés a volver a lucirse. No tumbaban la muralla verdiblanca, por más que habían encontrado el camino.

También el Betis empezaba a amenazar, con Abde, poco inspirado, y el Chimy Ávila, por eso el empate era un resultado difícil de sostener y los entrenadores buscaban más músculo y, de paso, repartir esfuerzos para la Copa. Al Betis le espera el Atlético y al Valencia, el Athletic. Corberán optó por cambiar la delantera, con Sadiq, y el centro del campo, sacando a Pepelu y Beltrán. Ni Santamaría ni Almeida, que desplazó a Danjuma al centro, cumplieron con su misión.

Se abrió de nuevo el duelo y, si bien la tuvo Ugrinic rematando un centro de Gayà desde la línea de fondo, también pudo marcar Abde si, tras dos recortes que sentaron a Cömert, no hubiera estrellado el disparo en el lateral del área. Ya ninguno encontraba continuidad, y quien primero se equivocara, perdería el punto. Habría hecho bien el Valencia con intentar contener al Betis y aguantar el resultado, pero quiso más sin protegerse. Se escapó Deossa por la banda perseguido sin intensidad por Santamaría, que no fue capaz de frenarle, y su asistencia al área la remató Fornals dos veces hasta marcar el 2-1 que impulsaba a su Betis.

El Valencia da un giro en el primer mercado de las "cuatro ventanas" de Gourlay: una columna vertebral de veteranos para Corberán

El Valencia da un giro en el primer mercado de las “cuatro ventanas” de Gourlay: una columna vertebral de veteranos para Corberán

Los 26 días del mercado de enero han deparado sorpresas en el Valencia que invitan al análisis sobre la gestión que en los últimos meses ha hecho el club, esos en los que Ron Gourlay está al frente de la parcela deportiva -aunque oficialmente llegara en mayo- y que recuerdan el reto que se marcó en octubre: "Tenemos cuatro ventanas de mercado para hacer el equipo más fuerte".

El primero ha sido este que afronta su recta final, un mercado de invierno en el que no ha habido experimentos ni apuestas arriesgadas, hay certezas. Los goles de Sadiq y su incidencia en el juego ofensivo del equipo, decisivo para enderezar el rumbo hace un año. El equilibrio de Guido Rodríguez, un campeón del Mundo que llega para mejorar el balance defensivo de un centro del campo, en muchas ocasiones, transparente, y que tiene el poso de los grandes jugadores que ha visto Mestalla. A ellos se suma Unai Núñez, que aporta experiencia a una defensa magullada por las lesiones. Quizá la de bilbaíno no fuera la primera opción, pero tampoco es un disparo al aire. Los tres jugadores están preparados para aportar a Carlos Corberán justo lo que necesita: rendimiento inmediato que haga al equipo "más fuerte".

Su encaje en el once titular puede ser casi automático. No lo ha hecho el entrenador con Sadiq por respetar una jerarquía de vestuario, en la que pesa el trabajo incansable de Hugo Duro y también de Lucas Beltrán, y porque es una bala en la recámara, algo que antes no tenía. Entre los tres, siempre habrá uno que amenace desde el banquillo.

Menos dificultades debe encontrar Guido, con Pepelu emergiendo como puntal y despertando la competencia con Ugrinic y Javi Guerra. Si es el jugador que todo el mundo vio en el Betis, con hueco en la Argentina de Scaloni, Corberán tiene que encontrar su lugar porque debe ser la pieza que aporte el equilibrio. Y no solo en este final de temporada en el que el Valencia volverá a tener que apretar los dientes en LaLiga y, si cumple, se podrá permitir soñar con la Copa del Rey, donde espera, de momento, el Athletic.

Sadiq y Guido rozan la treintena, lo que rompe con el patrón de Meriton, y llegan con contratos en firme, lo que permite al Valencia ilusionarse con mantener durante algún tiempo una columna vertebral más fuerte, que no se modifique año a año, obligando a empezar a construir casi desde cero. En el caso del argentino, el club tiene seis meses para cerrar un acuerdo que dure más de seis meses.

Al Valencia desde 2020 llegaban o jugadores con capacidad de explosión -aunque fuera a precio desorbitado como Marcos André o Maxi Gómez- , y por tanto de venta, o cedidos, algunos con buen rendimiento como Samu Lino, Justin Kluivert, Enzo Barrenechea y, seguramente, Lucas Beltrán, y otros sin pena ni gloria como Max Aarons, Peter Federico, el ucraniano Yaremchuk e incluso el mancuniano Nico González y Rafa Mir.

Hay otra categoría que también ha explorado el Valencia, que es la de club rehabilitador. Firmó a Cavani, enfilando su ocaso, buscando que aún diera algo en Mestalla. A Samu Castillejo para rescatarlo del olvido, y no duró ni seis meses, y a jugadores con ansia como Sergi Canós, que tampoco encajó. A este grupo casi se podría unir ya Baptiste Santamaría.

El único que encaja en la categoría de este mercado de invierno, de galones, oficio y rendimiento inmediato es Luis Rioja. Está por ver si la inversión de cuatro millones realizada en Ugrinic, que apunta maneras, y Copete, cada vez más eficaz en el eje de la zaga. El suizo y el andaluz son los fichajes del mercado que, aunque de adaptación tardía, están cumpliendo su papel.

El giro en su manual de mercado se produce porque Meriton, Kiat Lim, con la refinanciación en el bolsillo y el estadio en marcha, no puede dejar al equipo caer. Y tiene el agua al cuello. Eso lo sabe bien Ron Gourlay y se encarga de recordárselo Carlos Corberán. La gerencia confía en el entrenador de Cheste y en su capacidad de hacer despertar al equipo, pero ha reconocido que debe darle herramientas, de las buenas, de rendimiento inmediato y, por tanto, la inversión era necesaria.

Entre traspasos, indemnizaciones y coste salarial, el Valencia tendrá que afrontar un gasto de alrededor de diez millones que diferirá en las cuentas en los próximos años, pero que se ve obligado a afrontar en enero, cuando en agosto no quiso. El caso de Sadiq es el mejor ejemplo.

Pero esta línea se refuerza también buscando veteranos sin coste, como el caso del central neerlandés Justin de Haas, de 29 años, a quien el Valencia ha atado libre en junio cuando finalice su contrato con el Fameliçao portugués.

Gourlay, con una dirección deportiva renovada a su criterio para peinar los mercados en busca de talento, ha cedido en el primero de los cuatro mercados decisivos que apuntó en octubre a una evidencia del fútbol: la experiencia y los buenos jugadores sostienen a los clubes y permiten crecer el talento que eclosiona. En la justa mezcla está la clave.

El Valencia se sacude la amargura con una victoria ante el Espanyol gracias a un polémico penalti

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Si el fútbol es un estado de ánimo, al Valencia lo ha rescatado la terapia de enero. De ser el equipo frágil y magullado, condenado a vivir en el sótano de LaLiga, ha pasado a encadenar victorias, trabajadas, ajustadas e incluso con penaltis muy discutibles. Al Espanyol se le escapó un empate en Mestalla sudado con una decisión de Hernández Hernández que el VAR no discutió. Vio el colegiado que Rubén obstaculizó a Lucas Beltrán en el 90+1 y señaló los once metros. Con el estadio embravecido, marcó Ramazani para poner un 3-2 en el marcador que al valencianismo le sabe a gloria porque le saca de la amargura del descenso. [Narración y estadísticas: 3-2]

Verse en cuartos de final de la Copa del Rey, con la primera victoria fuera de casa, además frente al Getafe, y doblegando al descarado Espanyol, el Valencia da señales de haber encontrado el remedio para la ansiedad de unos jugadores lastrados que empiezan a deshacer sus nudos. A ello contribuye la grada, más calmada, ante la reacción de los suyos, y del club, cerrando fichajes de invierno como Sadiq, el central Unai Núñez y, sobre todo, el argentino Guido Rodríguez, con un caché que no llegaba al equipo desde hace más de una década.

Esos estímulos ejercieron de bálsamo, pero el Valencia dio mejores síntomas sin que esos rayos de sol llegaran al césped. Lo hizo sin el capitán Gayà, sancionado, sin el general al mando de la zaga, Tárrega, lesionado, y cruzando los dedos para que cumpliera el suizo Cömert, que lo hizo -hasta con un gol- y la parroquia se lo aplaudió. Quisieron apretar los pericos, con una defensa en el centro del campo y Roberto obligando a Dimitrievski a saltar a sus pies para atajar el primer balón en el área a los seis minutos. Si Manolo González quería jugar con los nervios del estadio, se equivocó. En un cuarto de hora el Valencia cobró ventaja.

En una jugada de vértigo, Copete buscó al incombustible Lucas Beltrán, que se giró cómodo ante Pol Lozano y filtró la pelota a Hugo Duro, que ya le ganaba la espalda a Cabrera, regateó a Dmitrovic y marcó su cuarto gol consecutivo en Mestalla. Si alguien no entiende por qué Sadiq no es titular indiscutible en este Valencia, esta jugada lo explica. El trabajo del argentino como segundo punta es incansable y muy provechoso. En el minuto 90+1 del partido volvería a demostrarse.

No pudo reaccionar el Espanyol, muy plano en ataque. Se vio noqueado y no se fue al descanso con un mayor castigo porque el Valencia fue romo. No sufría, pero tampoco intimidaba por sus imprecisiones. Esa vida extra la usaron los catalanes al regreso del vestuario.

Los aspavientos de cabreo de Manolo García en el área técnica durante toda la primera mitad hicieron que sus jugadores salieran encendidos para lograr un empate que no tardó en llegar. Primero, con una falta algo escorada a un metro de la frontal que Pere Milla estrelló a bocajarro en la barrera. Los blanquiazules estaban asediando la meta local y, para reforzar ese empuje, salieron del banquillo Expósito y Kike García. Fue el gigantón quien fabricó el empate. Forzó a Dimitrievski a escupir un centro raso perfecto de Jofre y cazó el rechazo para tocarlo atrás donde aparecía Ramón Terrats.

El partido empezaba de nuevo, pero el Valencia no flaqueó por mas que su rival estuviera poniéndole en problema. Estiró Danjuma al equipo por la orilla izquierda hasta la línea de fondo para colgar un balón en el área pequeña que cabeceó a placer Eray Cömert. Como si fuera invisible, el suizo había llegado desde la defensa al área sin que nadie le detectara.

El marcador estaba de nuevo a favor y el duelo destripado, por eso Corberán tenía que incrementar las amenazas, y fueron Sadiq y Diego López. En la ida y vuelta, el nigeriano probó con un disparo enroscado, pero fue el Espanyol quien tuvo el premio. Tuvo que bajar Beltrán al lateral derecho y su mal despeje lo rescató Dolan para servirle a Urko un tiro lejano que tocó en Pepelu y Copete para despistar a su portero.

El empate, como en el partido de ida, servía de poco a los valencianistas, que buscaron a fuerza de latigazos a la contra llevarse el partido, aunque también respiraron cuando Dimitrievski sacó el pie para tapar un remate de Kike García desde la línea de fondo ajustadísimo al primer palo. Toda la mala fortuna que ha acumulado el Valencia se le giró a favor en el tiempo añadido, cuando Lucas Beltrán no dio por perdido un remate de Ramazani escupido por la defensa y cayó en su pugna con Rubén. El estadio, sin imágenes, no dudó. El colegiado, tampoco. Y el VAR, que pudo revisar toda la jugada de principio a fin- incluso un agarrón al inicio de la jugada-, tampoco apreció que fue el argentino quien pudo acabar arrollando al lateral diestro. Un golpe de suerte que puede cambiar una temporada.

De líder en la Liga Europa a la lucha por sobrevivir en la Liga de Campeones: el desplome del peor Athletic de la era Valverde

De líder en la Liga Europa a la lucha por sobrevivir en la Liga de Campeones: el desplome del peor Athletic de la era Valverde

Hace un año a estas alturas del curso el Athletic lideraba la clasificación de la Liga Europa, era tercero en la Liga EA Sports, igualado con 41 puntos con el Barcelona, entonces segundo, había marcado 33 goles y encajado 20, perdió 2-0 con el Barcelona en las semifinales de la Supercopa de Europa y acababa de ser eliminado en los octavos por Osasuna en octavos de final de la Copa del Rey. El equipo de Ernesto Valverde viajaba a velocidad de crucero por el continente, con el estímulo agregado de vislumbrar la final del torneo en San Mamés, y se posicionaba firme en el torneo doméstico. Más allá del inesperado tropiezo en Copa, que hasta pudo venir bien para acometer objetivos prioritarios, la temporada respondía plenamente a las expectativas.

Este miércoles (21.00 h. Movistar) el Athletic apura en su visita al Atalanta de Bérgamo las escasas opciones de clasificarse entre los 24 primeros en la Liga de Campeones. Es trigésimo, a dos puntos del Qarabag, que marca la frontera para seguir adelante. Ha ganado un partido, ha empatado dos y ha perdido tres. El peor Athletic de la era Valverde es décimo en la Liga EA Sports, con 24 puntos, a 17 del Atlético de Madrid, que señala la última plaza para el máximo torneo continental. Ha marcado 19 goles y soporta 28. Cayó 5-0 ante el Barcelona en semifinales de la Supercopa. Algo ha mejorado con respecto al ejercicio precedente: el 4 de febrero visitará al Valencia en los cuartos de final de la Copa.

Nico Williams, Berenguer y Yuri no viajaron a Bérgamo por problemas físicos, una rémora que figura como principal atenuante para el bajo rendimiento del Athletic, que sufrió el pasado sábado ante el Mallorca (3-2), cierto es que en un partido condicionado por dos discutibles penaltis en contra, su décima derrota en la Liga española. El carrusel de damnificados no ha cesado, con bajas significativas también en defensa, pues a la sanción de diez meses a Yeray Álvarez por dar positivo en un control antidopaje, se unió en diciembre la de Aymeric Laporte, llamado a un papel central en su regreso al club. Egiluz, Prados y Sannadi son otros de los perseguidos por la mala fortuna.

La pubalgia de Nico Williams

Frustrada su marcha al Barcelona, Nico Williams, la gran estrella del equipo, sólo ha tenido una presencia intermitente y atenuada, víctima de una pubalgia a la que ahora se suma una sobrecarga muscular. Oihan Sancet, que en este trance del pasado curso sumaba 15 goles, presenta sólo uno, golpeado también por sucesivas lesiones. En su décima temporada al frente de equipo, la cuarta de su tercera etapa, Valverde trata de levantar a un grupo que emite sensaciones de agotamiento.

En estos momentos parece difícil que el técnico, entre cuyos notables méritos se encuentra volver a llevar al equipo al título de Copa 40 años después, renueve su contrato y ya circulan hipotéticos relevos. Andoni Iraola, que está haciendo un buen trabajo en el Bournemouth y cuenta con el pedigrí de sus 12 brillantes temporadas en el Athletic, sería el mejor situado para un hipotético relevo. Más arriesgada se intuye la opción de Eder Sarabia, que ascendió con el Elche y circula con garbo al frente del conjunto alicantino en la máxima categoría.

El Atalanta es quinto en la Liga de Campeones, con 13 puntos. En caso de conseguir un resultado positivo, y siempre dependiendo de los equipos que le preceden, el Athletic mantendría sus opciones ante el último encuentro de esta fase regular, este 28 de enero, en San Mamés, contra el Sporting de Portugal. En el curso 2024/2025, el Athletic perdió ante el Manchester United en semifinales de la Liga Europa y certificó el tercer puesto en la Liga EA Sports. La mejor noticia para los vizcaínos es que aún queda mucho por jugar.