Atenas tendrá que esperar. Aguardar a un Real Madrid que lo merezca, un Madrid que vuelva a la Final Four por la puerta grande y no con una versión tan mezquina como la mostrada en el tercer round de la serie contra el Hapoel de Tel Aviv, que le pasó por encima en la segunda mitad. La eliminatoria se marcha al cuarto, el jueves de nuevo en Bulgaria. [76-69: Narración y estadísticas]
Y, si no quiere sustos ni quintos partidos (aunque se celebraría en el Palacio), el Madrid deberá olvidarse de sí mismo, de su cara lejos de casa, donde toda la temporada lleva penando. No puede tener el mismo equipo dos versiones tan en las Antípodas. No puede colapsar Campazzo. Ni puede el que se presume como su líder maravillar el domingo y enfangarse el martes; Hezonja, como el Madrid, pasó del cielo al infierno: con 33 puntos en toda la segunda parte cayó con merecimiento ante un Hapoel mucho más fiero y concentrado, que se apoyó en su líder Elijah Bryant y encontró en Kessler Edwards la kriptonita en la pintura.
Va de vaivenes. Del domingo por la mañana al martes por la tarde, viaje a Botevgrad de por medio, el Real Madrid pasó de encajar 63 puntos en el Palacio contra el UCAM Murcia a 34 a domicilio frente al Hapoel. Primeras partes camaleónicas, mentalidades dispares. Parecía un buen indicio. Del desenfreno a la seriedad, porque Europa no permite tantas fiestas. En un escenario impropio de estas alturas de la mejor competición continental, un pabelloncito que ni siquiera estaba repleto, ambiente de torneo de pretemporada, los blancos amanecieron con la determinación de regresar a casa cuanto antes, de sellar a la primera el billete hacia Atenas. Primeras intenciones de empujar al abismo al grupo de talentos sin demasiada personalidad ni espíritu colectivo que maneja Dimitros Itoudis. Por si acaso.
Y sin Tavares, Alex Len quiso reivindicarse temprano, aunque ahí se quedó. Pero sobre todo era cuestión de defensa lo que hacía dominar entonces al Madrid. Cuando encarriló cinco triples consecutivos (los únicos que iba a meter en toda la primera mitad a excepción del postrero de Hezonja), se disparó la distancia (23-33 fue la máxima). Pero tampoco todo era para festejar. Maledon se cargó con tres faltas, Hezonja parecía de resaca emocional tras su histórica exhibición del domingo contra el UCAM Murcia y Usman Garuba, que había dejado momentos de pura reivindicación, se fue al banquillo con un dedo maltrecho. Y el Hapoel, como quien no quiere la cosa, apoyado en las cualidades enorme de Elijah Bryant, acudiendo mucho más al tiro libre (como si alguien hubiera escuchado el lamento de su entrenador tras el primer partido en el Palacio), asestó un 11-0 que le dejó bien cerquita al descanso.
Esa inercia iba a acelerar a la vuelta. Y ahí estuvo la clave. El Madrid se resquebrajó inexplicablemente. Avasallado por el paso adelante rival, energía y agresividad, y contagiado de la frustración de Hezonja, un tipo capaz de atravesar de la excelencia al desastre de un partido a otro. Viéndole fallar tiros mal seleccionados, perder balones y atiborrarse de faltas de ataque se entiende mejor el mensaje sobre el "liderazgo" que le mandó Scariolo el mismo domingo. Así que el Madrid encajó un parcial de 18-1, tirando por tierra todo el esfuerzo anterior. Creció Kessler Edwards, abusando de Len, y sólo Trey Lyles y algo de Feliz y Deck dieron oxígeno a los blancos antes de la hora de la verdad del acto final.
Sin embargo, era demasiado el lastre. Volvieron Hezonja y el tocado Garuba, como un león enjaulado, y Lyles pareció tocar a rebato (65-61 tras un triple del canadiense, a falta de 2:26). ¿Otra loca remontada? En absoluto. Bryant contestó con un triplazo que le quitó las ganas y los fallos en los tiros libres (apenas 7 de 15), por si acaso, fueron el remate a la condena del Real Madrid. Con la sensación de oportunidad perdida, pero con dos balas todavía en la recámara para regresar a la Final Four.
El domingo por la mañana, ni 48 horas después de la segunda batalla de la serie de cuartos de final contra el Hapoel de Tel Aviv y apenas 48 antes de la tercera (hoy, 18.00 h., Movistar), viaje a Botevgrad (Bulgaria) de por medio, Mario Hezonja, contra todo pronóstico, decidió que el duelo liguero contra el UCAM Murcia -el Real Madrid era líder destacado de la ACB, sin muchos apuros para acabar primero como así certificó después- era un escenario propicio para ofrecer la que es ya una de sus mayores exhibiciones individuales. Una actuación histórica... con todo lo que llevó también de despliegue físico.
Son las genialidades del croata, tan irrefrenable en la pista como locuaz en redes sociales. Precisamente en un desafío en X encontró la gasolina para poner patas arriba el Palacio cuando el UCAM de Sito Alonso paladeaba ya el primer triunfo de su historia allí. La semana pasada, Hezonja contestó a una publicación de Dazn con un triple suyo desde casi el medio del campo con el siguiente reto: «¿Si hago una más así lo hacemos 2,99€ para la gente?». Dicho y hecho, en uno de los ocho que logró, cuatro en pleno delirio por la remontada (los blancos, que encajaron 63 puntos al descanso, llegaron a caer por 15), Hezonja, puro carisma, miró a las encendidas tribunas haciendo con sus dedos el gesto del ahorro. Dazn, por supuesto, bajó el precio de su suscripción mensual a 2,99.
Mario Hezonja, contra el Hapoel de Tel Aviv.EFE
El éxtasis de Mario recordó mucho a los dos triples increíbles en la semifinal de la pasada Copa en el Roig Arena, para otra remontada, esta vez contra el Valencia. Ante el UCAM completó una actuación -«casi perfecta», especificó Scariolo, pues su estrella erró el tiro libre que hubiera evitado la prórroga- que le sitúa entre los mitos del Madrid: 40 puntos, 11 rebotes, seis asistencias y 53 de valoración. Cimas que casi nadie había conquistado... en una mañana de domingo que en la que la épica no se presuponía. Nadie en la historia de la Liga Endesa había firmado un partido de 40 puntos, 11 rebotes y seis asistencias, nadie había llegado a los 50 de valoración jugando menos de 30 minutos y desde 2006 (Pete Mickeal con el Río Breogán) nadie había valorado tanto. «Orgullo», dijo, cuando le recordaron que logró la quinta mayor valoración histórica de un jugador del Madrid: las cuatro anteriores pertenecen a Arvydas Sabonis.
Todo lo que rodea a Hezonja es indescifrable y eso es algo que Sergio Scariolo tuvo muy en cuenta antes de firmar por el Real Madrid. Sabía que debía domar el carácter de un genio. Un tipo que, un año antes (verano de 2024), por ejemplo, había protagonizado una disparatada renovación en la que llegó a tener un preacuerdo con el Barça (el club en el que se formó) por cuatro años. Y en la que incluyó una cláusula de salida a la NBA que podría ejecutar en unos meses. Mario es, estadísticamente, el mejor jugador blanco en ACB, donde puja por el MVP de la temporada, pero su rendimiento en Euroliga no mantiene la misma constancia (su acierto desde el triple baja, por ejemplo, del 39 al 30%). Desconexiones en la pista en momentos cruciales o incluso algunos desaires camino del banquillo; todo mezclado con sus canastas indefendibles, su versatilidad y un talento físico-técnico que le hacen único.
Mario Hezonja, contra el UCAM Murcia.Sara Gordon / ACB Photo
Un jugador de extremos. El propio Scariolo, tras el recital ante el UCAM, puso en palabras lo que Hezonja supone para el equipo, para el club y para él mismo como entrenador. Y no todo fueron elogios. «Completar su juego de esta manera es lo que le hemos estado pidiendo desde el principio. También estuvo más que sólido en defensa. Si quieres ser el mejor, tienes que actuar como el mejor en cada aspecto del juego», pronunció el ex seleccionador, que siguió con su reflexión sobre Mario y el liderazgo. «Obviamente, en un día en que estás tremendamente inspirado y preciso, el equipo te seguirá. En un día normal, tienes que hacer lo que haces dentro del equipo. Y en un mal día, hay que tener la humildad de ayudar, esforzarse, recuperarse, pasar el balón y defender, porque eso también es grandeza. Él proviene de una mentalidad diferente. El liderazgo no se trata solo de anotar 40 puntos hoy; se trata de crecer. Y valoro más ese crecimiento gradual que está demostrando, especialmente en el aspecto mental de servir al equipo», zanjó.
Paul Seixas, que en septiembre cumplirá 20 años, no puede aguardar más. Tampoco Francia, 41 años sin un ganador del Tour, una maldición que se remonta a Bernard Hinault (1985). El nuevo fenómeno del ciclismo mundial estará el próximo 4 de julio en la Grand Départ de Barcelona, un aliciente como no se recordaba, un desafío al tirano Tadej Pogacar.
"Vengo a deciros que en julio próximo tendré una carrera", les dice el jovencísimo ciclista de Lyon a sus abuelos en su casa de la Alta Saboya. Así, en un emotivo vídeo, ha querido anunciar su equipo, el Decathlon CMA CGM TEAM, la noticia del año ciclista, despejando las incógnitas y especulaciones sobre el debut de Seixas en la Grande Boucle. El ganador de las recientes Vuelta al País Vasco y Flecha Valona podría convertirse en el corredor más joven en tomar la salida de la ronda gala desde 1937.
Pogacar y Seixas, tras la Lieja-Bastoña-Lieja.Geert Vanden WijngaertAP
No sólo fueron esos triunfos, que confirmaban la pujanza de un ciclista completísimo, asombrosamente dominador de todas las circunstancias de carrera (montaña, contrarreloj, bajadas...). Su segundo puesto de la Strade Bianche y, sobre todo, el de la Lieja-Bastona-Lieja, donde aguantó hasta la última colina el poderío del ataque de Pogacar, destaparon un enorme rival para el esloveno. Seixas, por supuesto, nunca ha disputado una competición de más de una semana de duración. Deberá lidiar con la exigencia de la mejor y más dura carrera del mundo además de con la presión mediática sobre su figura.
"Ha firmado un inicio de temporada notable y ya figura entre los mejores corredores del mundo. Y los mejores están llamados a alinearse en la carrera más grande del calendario: el Tour de Francia. Con mucha humildad y con una mentalidad de aprendizaje, Paul tomará la salida en Barcelona con ambiciones reales de lograr el mejor resultado posible en la general", confirmó también Dominique Serieys, director general del Decathlon, quien desveló que la decisión final no se tomó hasta después de las clásicas de las Ardenas, cuando analizaron "todos los datos" y hablaron con Seixas y su entorno.
"Es un sueño de infancia, algo que he imaginado muchas veces, y ahora está muy cerca. Solo tengo 19 años, pero, como ya he dicho, la edad no es ni un freno ni una excusa", dijo el propio corredor, que en junio, como preparación, también disputará el Tour Auvergne-Rhône-Alpes". "Mis resultados desde el inicio de la temporada me han dado mucha confianza; me siento preparado y tendré objetivos ambiciosos. No forma parte de mi mentalidad ni de mi concepción del ciclismo alinearme en el Tour de Francia con un único objetivo de descubrimiento, y apuntaré al mejor resultado posible en la general", desafió, ambicioso, el ganador del pasado Tour del Porvenir.
A un paso de Atenas, de regresar a la Final Four tras la dolorosa ausencia el curso pasado, a ese lugar en el Olimpo de Europa que no deja de ser la razón existencial del Real Madrid. A una victoria de acabar con el Hapoel de Tel Aviv tras un segundo ejercicio, otro, de poderío, incluso de supervivencia sin Tavares. La versión más plena del Madrid de Scariolo a tiempo. Campazzo lideró a un colectivo decidido, sin apenas resquicio, y Andrés Feliz y Usman Garuba resultaron la chispa adecuada, un dúo desestabilizador por puro corazón. Una tremenda paliza finalmente. [102-75: Narración y estadísticas]
Fue un tormento el Facu, 10 triples en dos partidos, porcentajes de francotirador. Fue un ciclón el Madrid, espoleado por dos tipos que no entienden el juego si no es desde el puro frenesí. Este Madrid es ya el del dominicano Feliz, un chico hecho a sí mismo desde las calles de Guachupita. Hasta la elite. Como Garuba, que enloqueció al Hapoel con su capacidad de estar en todos sitios todo el tiempo. De pelear cada rebote, de molestar en cada emparejamiento. Más allá de los números (13 puntos, nueve rebotes y dos robos el pívot, 11 y cinco el combo), estuvieron las sensaciones y lo que contagiaron.
Como no podía ser de otra forma, todo lo que aconteció en el primer duelo del miércoles iba a condicionar el segundo. La lesión de Tavares -"sin él, somos otro equipo", admitió Scariolo- y el dominio casi abrumador del Madrid entonces; pero también el extraño final, el parón de rendimiento y concentración blanca cuando ya todo lo tenía ganado, el parcial último del Hapoel, que le sirvió más para recuperar confianza que para asustar. Hasta las quejas por el arbitraje en sala de prensa de Itoudis (esta vez fue su equipo el que lanzó más tiros libres). Con todo eso en la coctelera y de nuevo sólo con la presencia de los abonados en las tribunas, amaneció una partida diferente, en la que, por ejemplo, Elijah Bryant, a cero hace dos días y con molestias físicas, empezó con un triple.
Las cartas marcadas y un Hapoel consciente de encontrarse sobre el alambre, de que viajar a Bulgaria con la losa del 2-0 era una condena. Oturu pronto explotó la ausencia de Tavares, con Micic surtiéndole y asestando unas ventajas hasta ahora nunca vistas por los hebreos (13-19). Pero fue la segunda unidad de Scariolo la que espabiló al Madrid. De repente, llegaron unos minutos de sublime defensa, con Garuba y Feliz como capitanes del incordio. Manos, choques, robos e intensidad. Un dolor de cabeza para cualquiera que, en la otra canasta, castigaba un Maledon al fin enchufado.
Feliz, ante Micic, durante el partido.EFE
Fue un 13-3 de parcial que devolvió la iniciativa al Madrid. Aunque, curiosamente, con la vuelta de los titulares, el Hapoel (y su zona defensiva) retomó algo el dominio. Espesó la noche. Aunque la última canasta fue de Campazzo, las sensaciones y la pequeña ventaja eran de los visitantes (40-42).
Pero Scariolo había visto claro quienes sacaban de punto al rival, quienes, con su energía, decantaban la balanza. Feliz y Garuba le hicieron cambiar los planes, titulares tras el descanso. Y fueron, otra vez, la revolución. Desquiciaron a Micic, atacaron cada resquicio, tocaron balones en defensa y, con la astucia de Campazzo, pusieron patas arriba el Palacio. Los tres (un triple de Hezonja y otro de Okeke en ese tramo también) fueron la plenitud, como si de repente el DJ subiera el volumen de la música. Un 25-9 de vuelta y una máxima para empezar a soñar (71-56).
No tiró la toalla el Hapoel, más alegre sin Garuba en pista. Un parcial de 2-9, la cuarta de Maledon... Amenazaba con un desenlace de tensión como el miércoles pero, de repente, todo terminó de saltar por los aires. Micic se cargó con la cuarta y a la jugada siguiente, una técnica por protestar le mandó al banquillo. Contestó el Madrid con dos triples (Campazzo y Lyles), una sentencia. A refrendar el martes en Bulgaria, el destierro del Hapoel. Y con el colchón de tener hasta dos balas más hacia el OAKA.
Dimitrios Itoudis tiene 55 años, hizo un master como asistente junto a Zeljko Obradovic en el Panathinaikos y sabe lo que es ganar dos Euroligas como primer entrenador con el CSKA de Moscú. Sabe lo que cuesta el respeto en Europa y hasta donde se puede llevar el histrionismo en los banquillos. Tampoco está mal rodeado en este nuevo rico que es el Hapoel de Tel Aviv: su millonario presidente, Ofer Yannay, se presentó en el Palacio con una bufanda en la que se veía el escudo del Valencia Basket (¿?).
Itoudis se pasó todo el primer partido de la serie de cuartos de final fuera de sí. Algo habitual en él, por otra parte. Pero esta vez consiguió, puro empeño, que le expulsaran por dos técnicas al comienzo del último cuarto con ya (casi) todo perdido para su equipo ante el avasallador Real Madrid. Consciente de que la primera batalla estaba entregada, estaba preparando la segunda. También en sala de prensa.
Bien estudiado el mensaje, el técnico de Hapoel se ciñó (supuestamente) al dato estadísticos. "En tres partidos esta temporada contra el Madrid, ellos han lanzado 64 tiros libres y nosotros 34", dijo y lo repitió varias veces. "Esto es un hecho, no quiero ser sancionado", avisó. Tirando la piedra y escondiendo la mano. No especificó que en la derrota de un rato antes el Madrid lanzó 20 y su equipo 14. Es decir, casi todo venía desde atrás, de los partidos de temporada regular que también cayeron del lado blanco.
Scariolo, tras la victoria ante el Hapoel.EFE
Scariolo compareció a continuación. Traía cara de agotamiento y de felicidad no plena. La victoria fue estupenda, aunque el final de partido se enredara. Pero, lo que más le preocupaba sin mencionarlo mucho al técnico italiano era la lesión de Tavares. "Sin Edy nuestro equipo es diferente. Todo cambia con o sin él", admitió, para después elogiar la labor de sus sustitutos, Usman Garuba y Alex Len. Y la ayuda que tuvieron en el rebote de otros como Lyles y Okeke. A pesar de todo, Dan Oturu, poderosísimo, firmó 17 capturas en el Palacio.
Al ex seleccionador no le gustaron demasiado los últimos cuatro minutos, aunque la victoria no peligrara. "Estamos contentos por haber empezado la serie con triunfo y por cómo hemos jugado la gran mayoría del partido. Hasta que se ha embarrado con una serie de episodios en la cancha que lo han llevado a un terreno diferente y también por culpa nuestra, por lo que hemos perdido algo de tranquilidad y concentración", admitió. Sin señalar directamente al que, indirectamente, había 'embarrado' el duelo. Eso sí, Scariolo fue tajante en la respuesta al asunto de los tiros libres. Lo hizo con tanta elegancia como contundencia: "Toda la temporada, independientemente del rival, vamos mucho al tiro libre. Tenemos jugadores con peso que atacan el poste bajo y son capaces de penetrar, y es una parte importante de nuestro plan de partido".
"El siguiente partido no va a ser igual a este. Hapoel jugará a su nivel", añadió, consciente de que la batalla del viernes (20.45 h., Movistar) nada tendrá que ver y que Atenas está a la vez tan cerca y tan lejos. Tanto tendrá que decir la enfermería. La blanca con Tavares y la roja del Hapoel con Elijah Bryant, su referente, visiblemente mermado toda la noche en el Palacio: fue la primera vez en toda la temporada que se quedó a cero en anotación.
El ruido dejó paso al baloncesto. Regateados los líos políticas y superados todos los cinturones de seguridad en torno al Palacio, el Real Madrid tuvo claro que no podía dejar pasar la ocasión, que dos años sin Final Four son demasiados para quien conquistó tres Euroligas de las últimas 10. Atenas es su Ítaca y el Hapoel de Tel Aviv su mar a atravesar, el último obstáculo. El primer round de la eliminatoria fue un despliegue de determinación y coraje, con Campazzo y sus seis triples a los mandos y apenas un maquillaje final del visitante, a la desesperada. [86-82: Narración y estadísticas]
El Palacio sonó casi como si estuviera lleno. Hubo ambiente de grandes citas, aunque todo estuviera condicionado por las restricciones, por las medidas de seguridad (no había ni 200 manifestantes propalestinos en las afueras) en torno a un equipo de un país en guerra, sólo abonados en las tribunas (6.908 acudieron). Ambiente grande para cita grande, 38 infinitas jornadas de temporada regular y sólo una derrota en casa esperando esta hora de la verdad. No habían transcurrido ni dos minutos cuando la pieza más singular y determinante del Real Madrid se levantó tras la lucha por un rebote sin poder apoyar la rodilla izquierda. Edy Tavares se marchó a los vestuarios y ya no volvió.
Sin su gigante y con las gradas a la mitad, el Madrid pudo haber dudado. Al contrario, devino en ciclón. Con la premisa de Scariolo marcada a fuego, atacar sin complejos, con osadía y colmillo. Castigar la pereza defensiva del Hapoel, más talento que la disciplina que le gustaría a su entrenador Itoudis. A los 15 minutos, los blancos habían sumado 42 puntos. Al poco dominaban por 20 (46-26). Campazzo amaneció con cuatro triples de cinco, alargando su racha de buena puntería y buen juego. Usman Garuba sustituyó a Tavares como si le fuera la vida en que no se notara la diferencia. Y apenas Abalde y Llull se quedaron sin anotar al descanso, 13 asistencias entre todos. La primera parte fue prácticamente perfecta.
Igual daba que el indescifrable Hezonja no tuviera (del todo) su noche. Y que Dan Oturu campara más a sus anchas en la pintura sin Tavares. El Madrid pisaba a fondo su acelerador. Chuma Okeke se multiplicaba, una pesadilla en el rebote ofensivo para el Hapoel. Y cada acercamiento hebreo, con los triples de Blaneney y los intentos de Micic por volver a ser quien fue (sigue siendo, eso sí, el tipo mejor pagado del continente tras su vuelta de la NBA) era contestado sin resquicio de titubeo.
No hubo concesiones. Garuba mantuvo su intensidad y concentración y Alex Len cumplió en el rebote. Trey Lyles metió canastas de las que sólo él es capaz y Deck, a pesar de sus molestias en el hombro, se pareció mucho a la mejor versión de sí mismo. Cada balón dividido fue blanco y ese es casi el mejor resumen de la intensidad mostrada;en eso Andrés Feliz contagia y marca diferencias: borda todo lo que no suele salir en la estadística, enamora entrenadores. La ventaja sólo bajó de la decena ya en los últimos instantes, a la desesperada con más triples de Blakeney. Antes, fuera de sí Itoudis había sido expulsado por dos técnicas después de una noche repleta de sus habituales protestas. A la espera de las pruebas a la rodilla de Tavares (en el Hapoel, su mejor jugador toda la temporada, Elijah Bryant, también sufrió molestias; ni siquiera anotó), el viernes (20.45 h.) , de nuevo en un cercenado Palacio, un segundo asalto para dar otro paso hacia el OAKA.
El Facundo Campazzo actual no reconocería al Facundo Campazzo que aterrizó en Madrid hace 12 años, desde Peñarol de Mar del Plata. Se cruzaría con él en las entrañas del Palacio de los Deportes y le pasaría inadvertido, como a tantos entonces. Un chico bajito y más bien rellenito en un mundo de gigantes. 12 años más, un par de idas y vueltas, y ni uno más de sus 179 centímetros, el Facu transformó su cuerpo, disparó su baloncesto y descubrió su liderazgo. Ganó títulos y acumuló MVP's (Copa, Liga Endesa...). Estuvo presente en dos de las tres Euroligas que el Real Madrid levantó desde 2015 y, sin embargo, eso, la Final Four, sigue siendo su cuenta pendiente, su ballena blanca.
Tampoco tiene mucho que ver el Campazzo de los primeros meses con Sergio Scariolo con el actual. Le costó cinco partidos en Europa superar la decena de puntos, por ejemplo. Incluso se deslizaron supuestos desencuentros. Como adaptándose al exigente libreto táctico del italiano que él tiene que interpretar en la pista e incluso aprendiendo a encajar en la medida repartición de minutos y cargas que el equipo técnico elabora de la mano del área biomédica -una de las claves finalmente de una temporada con tan pocos problemas físicos, apenas Gaby Deck llega con molestias en el hombro a este Rubicón-, el base ha elevado sus prestaciones en este momento de la verdad europeo. En las seis últimas noches (cuatro victorias), donde los blancos se jugaban ser cabezas de serie, se lució, anotando 15 de sus 27 triples (55,5%), promediando 14,5 puntos, seis asistencias y un 18,1 de valoración.
El Real Madrid acabó meritoriamente tercero y hoy (20.45 h., Movistar) arranca la eliminatoria -marcada por la presencia en las tribunas del Palacio únicamente de los socios abonados, 8.000 si acuden todos- contra el Hapoel de Tel Aviv, un rival que presume del base mejor pagado de Europa (Vasilje Micic), entre otros lujos -Elijah Bryant es el segundo mejor jugador estadísticamente de la competición- de la plantilla que dirige Dimitros Itoudis. «Con el talento anotador que tiene y su capacidad en el uno contra uno y el bloqueo y continuación, probablemente no tengas posibilidades de ganar. La defensa debe ser sobresaliente ante situaciones en las que son extremadamente buenos. Y tienen muchos jugadores que lo son, puedes centrarte en un emparejamiento y hay tres más que son letales. La clave defensiva es no descubrir demasiado la manta para tapar sus fortalezas en el perímetro», admitió ayer el técnico.
Campazzo, contra el Valencia, en un partido de la presente Euroliga.EFE
A pesar de eso, el paso el previo de la temporada regular se antoja enorme hacia Atenas. Desde que se instauraron los playoffs de cuartos, el equipo con ventaja de campo se clasificó en el 81,25% de los casos. El Madrid tendría que perder contra el Hapoel al menos los mismos partidos que ha perdido en casa en todo el curso (histórico el 18-1). Y eso no se le escapa al Facu que, además, es el jugador que más ha utilizado Scariolo, el único por encima de los 24 minutos de promedio. Es decir, es su jugador de confianza, su extensión en la cancha. Quiere estar en el OAKA. Con 35 años recién cumplidos, quizá una de sus últimas oportunidades de acudir en plenitud. Más allá de un posible MVP, una Euroliga de la que presumir al completo.
Porque la primera que luce en su palmarés es la de 2015, su curso inicial en España, el previo a salir cedido al UCAM Murcia, donde también aconteció su asombrosa transformación física de la mano de Paulo Maccari. En la Final Four del Palacio, la de su compatriota Nocioni, la de Carroll y compañía, no disputó ningún minuto. A la de 2018 en Belgrado, llegó justo físicamente. Tuvo que pasar por el quirófano a causa de una lesión condral en su rodilla izquierda, no estuvo en los playoffs contra el Panathinaikos y la Final Four, apenas apareció cinco minutos en semifinales y nueve en la final, la de Doncic, Causeur y Thompkins. Para más regates del destino, cuando el equipo de Chus Mateo alzó la de Kaunas, él estaba ultimando su regreso tras su paso por la NBA y su final de temporada en el Estrella Roja. Y en 2024, la última del Madrid, su empeño no sirvió en la final ante el Panathinaikos del gran Sloukas.
Sobre el sofá, en el hall del Teatro Isabel la Católica de Granada, nueve títulos mundiales, tres medallas olímpicas, dos «privilegiados». Con EL MUNDO como testigo, María Pérez y Javier Gómez Noya, el deporte español en mayúsculas, dos leyendas encantadas con el encuentro mutuo -enmarcado en el Festival de cine, literatura y deporte Play Granada-, tan diferentes y con tanto en común, la marchadora y el triatleta, dos campeones del mundo abiertos en canal. El esfuerzo oculto tras la gloria, la tensión entre la disciplina y la motivación, el motor de la rivalidad y el vértigo entre atleta y persona. Una mirada dual de lo que implica sostener la excelencia. Sólo hay que dejarlos hablar e interrumpir lo menos posible.
Pregunta. De campeón a campeona del mundo. ¿Qué se siente en esas cumbres?
María Pérez. Empieza tú, que lo fuiste antes.
Javier Gómez Noya. Pues a veces fue casi alivio: 'Ha valido la pena, lo he logrado. Es una sensación muy bonita y a la vez, rápido, viene el '¿y ahora qué?'. Porque siempre tendemos a pensar en el futuro, en la siguiente carrera. Recuerdo que a veces, y me lo echo en cara mirando atrás, no he disfrutado de cada momento, de cada victoria. Porque siempre era la siguiente. A veces hay que parar un poquito más. Cuando quieres ser el mejor del mundo en algo, el equilibrio es complicado. La línea con la obsesión es delgada.
M. P. Estoy de acuerdo. El sistema, por las ayudas y demás, está enfocado a que no te de tiempo disfrutar, sólo a mirar a lo siguiente. En mi caso, yo esta segunda vez [doble campeona, 20 y 35 kilómetros marcha, el año pasado en Tokio], sí que lo estoy viviendo más. En 2023 no lo disfruté. Ahora he bajado el pistón de competir y he subido el de disfrutar de lo que se consigue y de la repercusión.
G. N. Disfrútalo. Porque cuando te retires dirás, 'ha sido la leche lo que he conseguido, tenía que haberme parado un poco más...'. No de entrenar, pero sí saborear un poco más.
M. P. Las medallas son efímeras, llegan, se meten en un cajón y se olvidan. Pasas página. Pero los momentos son eternos. No sé si a ti te pasa, que quieres recordar algo y tienes como flash.
G. N. Sí. Te vienen momentos de la carrera, sensaciones... Y a veces momentos que no son la competición. Esa preparación, una concentración, el ambiente que había con tus compañeros, cómo entrenabas... Siempre digo que los resultados te permiten ser profesional y es lo que te da de comer. El subidón de ser campeón del mundo es la leche. Pero a veces valoro mucho de mi carrera esa parte que no se ve, el día a día. Por eso ha sido tan larga. Porque esto es muy duro y como no te guste...
María Pérez y Gómez Noya, en el teatro Isabel la Católica de Granada.LUCIA RIVAS PAGAraba
Pregunta. Porque no todo es lo bonito que se ve en las redes sociales.
G. N. De malos momentos está lleno. Esto es una montaña rusa. Subirte a un podio es sólo la punta del iceberg de todo el trabajo que hay detrás. No hay que perder el Norte en los buenos momentos ni venirte muy abajo en los malos. Porque vives sensaciones fuertes que otra gente, en su vida normal, no las tiene. Y por eso muchas veces los deportistas cuando se retiran lo pasan mal cuando dejan la burbuja. Estás acostumbrado a una adrenalina y a unos subidones que luego te cuesta encontrar en la vida normal.
P. Te retiraste hace poco. ¿Qué consejo le darías a María en este tramo final?
G. N. Disfrutar, saborear bien y seguir trabajando. Todavía tienes mucho que ofrecer, aunque te hayas puesto esa meta de Los Ángeles. Es importante encontrar cuál es tu lugar en el mundo y qué es lo que te apetece hacer.
M. P. También estamos muy limitados en el mercado laboral por la edad. Si nos retiramos muy mayores... Aunque se ha demostrado que los deportistas saben trabajar mejor en equipo.
G. N. Te falta experiencia, pero puedes aportar cosas que muy poca gente puede. La capacidad de sacrificio, de organizarte, de cumplir con tus tareas. Pero entiendo que a muchos deportistas les de vértigo aterrizar en un mundo incierto. Cuando te retiras te das cuenta de que no era nada normal lo que hacías. Una vida extraordinaria. Y el equilibrio es difícil.
M. P. Es una realidad diferente y difícil. Pocos se pueden adaptar. Cuando te vas haciendo mayor y llevas mucho tiempo en el deporte de élite, ves cosas que dices 'esto no me gusta mantenerlo mucho tiempo'.
G. N. El deporte te absorbe demasiado. A mí me hacía incluso cuestionar un poco mi identidad, separar quién eres del personaje, del triatleta. Escuchas tanto a la gente que opina de ti, de cómo eres. Casi te hacen dudar. A veces te cuesta verte fuera.
María Pérez y Gómez Noya.LUCIA RIVAS PAGAraba
M. P. Yo he intentado separarlo desde el principio y cuando vuelvo a casa, no se habla de deporte. Es necesario. Cuando mis amigos sacan el tema de María Pérez les digo: 'Yo a esa persona no la conozco. Es muy pesada, está en todos lados'. Mis vecinos pequeños me llaman María Pérez y no, soy María. Porque el deporte no lo es todo. Tengo unas pretensiones en la vida, quiero ser madre. Y no me gustaría que mi hijo estuviese 180 días viajando. Tú fuiste padre hace poco...
G. N. Cuesta mucho. Mis últimos dos años ya tenía a Olivia y se hace mucho más difícil viajar, estar fuera de casa... Te sientes mal por llevar la vida egoísta de 'como-entreno-duermo'...
Pregunta. ¿Sentís que os habéis perdido muchas cosas?
G. N. Sí. Pero ganas otras. Experiencias por todo el mundo, gente que si no fuera por el deporte, jamás habría conocido. Es lo que tienes que valora, poner en una balanza. ¿Te pierdes una boda, salir por la noche...? No se puede tener todo.
M. P. Es el precio que se paga. Los que te apoyan estarán contigo.
P. ¿Cómo se vence a esos días en los que no apetece ir a entrenar?
G. N. La clave es la disciplina. En las redes sociales se ve mucha gente motivada. Pero cuando llevas 15 años entrenando tres veces al día, hombre, hay días que la motivación... pues no. Pero ese compromiso que adquieres contigo mismo para esforzarte en conseguir un objetivo y luchar por él... Asumes que va a haber muchos días malos, que te duele todo, que no te salen los tiempos y esos son los días que tienes que seguir adelante. La disciplina, la capacidad de sacrificio. Es imposible ir feliz a todos los entrenamientos.
M. P. Y el compromiso con tu entrenador. Hacemos deportes muy solitarios, damos muchas vueltas a la cabeza y manda mucho más que el cuerpo. A veces recurro a pensar en personas que están enfermas, que luchan por su día a día, por sobrevivir. Y pienso que yo soy una privilegiada.
Pregunta. ¿En algún momento tuvisteis que recurrir a un psicólogo?
G. N. Yo en mi caso no, pero me parece estupendo que se pida ayuda. Te puede ayudar a gestionar mejor tus emociones.
M. P. Yo tampoco. En 2018, cuando gané mi primera medalla, intenté con Patricia Ramírez. Pero me dijo que no me hacía falta. Creo que en esto sí que se ha dado un avance importante. Somos personas que estamos sometidas a mucha presión en días concretos y es difícil gestionarlo. Hay que dar gracias a lo que hizo Simon Biles en los Juegos de Tokio, a gente como Ricky Rubio... Vivíamos en una sociedad en la que ir al psicólogo era ir al loquero, estaba mal visto. Afortunadamente eso está cambiando.
P. Habladme de vuestros rivales. Los Bronwlee y en tu caso, María, Antonella Palmisano, que, contrariamente, es tu mejor amiga.
M. P. Nos hacen mejorar, como deportistas y como personas. Cuando apareció Antonella, ella había ganado miles de medallas internacionales y yo era esa niña que soñaba con ser como como ella. Cuando te veía competir con los hermanos Brownlee...
G. N. Ha habido momentos de tensión, pero esa rivalidad fue muy buena para mí. Dominaba mundialmente y de repente aparece Alistair , con un nivel... Y luego un hermano pequeño. Eso ayudó a mi deporte a crecer en España. Y ellos me han dicho que también en Inglaterra. Estuve con Alistair hace unos meses y me decía que todavía le preguntaban por el español ese... Eso atrajo público al triatlón. Y todos mejoramos. ¿Habría ganado más competiciones? A lo mejor sí, pero no lo cambiaría porque fueron momentos muy intensos que me hicieron dar lo mejor de mí mismo. He tenido otros rivales y, como en tu caso, amigos. Mario Mola en mis últimos años. Los dos estamos muy orgullosos de cómo lo llevamos, porque siempre nos querían enfrentar. Y con Mario es imposible llevarse mal. Recuerdo cuando gané el quinto mundial, que me la jugaba con él. Un periodista que estaba con nosotros se sorprendió porque el día antes radomos juntos media hora. Mañana, pues claro, cada uno a muerte.
M. P. Yo voy a preparar el Europeo con ella. Me hace la coña todos los días: 'No te puedes relajar porque si no viene alguien por atrás y te mete un peperoncino por el culo'. Tenemos ese cachondeo que es lo más bonito del deporte. Si eres el mejor y nadie te aprieta las tuercas... Si no hubiesen estado los hermanos no hubieses llegado a tu límite. La droga que nos engancha es adrenalina. Nos ponemos al límite y queremos más.
G. N. Hay carreras que no gané y de las que estoy muy orgulloso porque sé que hice lo mejor para lo que estaba capacitado. Y otras las gané cometiendo errores. En Londres, que creo que fue la carrera de unos Juegos Olímpicos con más nivel de siempre, quedé segundo, sin errores, Alistair fue ocho segundos más rápido. No haría nada diferente. En los últimos dos kilómetros, los dos a muerte y no pude. Ya está.
Pregunta. Si no fuera por el deporte, ¿dónde os imagináis que estaríais?
M. P. Mira, yo me voy a mojar. Creo que, como muchos españoles, tendría un trabajo en el que no sería feliz. A mí no me cuesta levantarme a las tres de la mañana cuando tengo que competir, cuando está todo el mundo de fiesta. Soy una privilegiada.
G. N. A mí me cuesta mucho imaginarme fuera del deporte porque he tenido esa pasión desde pequeño. Y si no hubiera tenido las condiciones o el talento, lo habría hecho como complemento de mi trabajo, el que fuera.
M. P. Pero creo que no hubiéramos sido tan felices.
G. N. No, creo que no. Todos los momentos malos y todo lo que te pueda decir un deportista, poder dedicarte a lo que te ha gustado...
M. P. Esos momentos malos que hemos hablado antes merecen la pena. El deporte nos ha hecho mejores personas, nos ha llevado al límite en todos los sentidos. No todo en la élite es bonito, pero es que merece la pena pagar todo ese peaje. No lo cambiaría.
María Pérez y Gómez Noya, durante la entrevista.LUCIA RIVAS PAGAraba
Pregunta. Cuándo viajáis por el mundo, ¿cómo se percibe al deporte español?
G. N. La sensación desde fuera es que el deporte español tiene mucho prestigio, sobre todo en los últimos años. A mí me hace sentir orgulloso ver que no somos la mayor potencia mundial, pero sí una potencia, respetados y reconocidos.
M. P. Pienso lo mismo. La manera en la que se trabaja en España, con muchos menos recursos que otros países, el nivel de medallas es muy alto. Hay más medallas que recursos. Lo que se invierte en Oceanía, Estados Unidos...
P. La última, ¿qué os preguntaríais el uno al otro?
G. N. Yo soy bastante friki del entrenamiento y me gustaría saber un poco tu forma de entrenar María.
M. P. Pues soy de las que menos kilómetros hago... Macrociclos, microciclos... Llego a 130 a la semana como máximo.
G. N. ¿Todas tus rivales entrenan bastantes más kilómetros que tú?
M. P. Sí, sí. Yo te preguntaría por tu transición a la retirada. Pero ya me has aclarado bastantes cosas.
"Ojalá nunca se te pasen esos nervios, hija. Esos nervios son maravillosos", le desea David a Sara mientras ella, el gran diamante del baloncesto español, intenta dibujar con palabras los saltos inmensos de una carrera proyectada a la cima. De Colmenar Viejo al Estudiantes, de la selección española (MVP del pasado Eurobasket sub 18) a Daytona Beach, en Florida, campeona de EEUU de High School con la prestigiosa Academia DMA y, lo siguiente, apenas en unas semanas, más asombroso todavía, la Universidad de South California, paso previo a la WNBA. Sara es Sara Okeke (Alcorcón, 2007), 1,95 metros, un prodigio.
"La verdad es... Como que no me lo creo mucho. Porque todo ha pasado muy rápido. Hace tres años no tenía muy claro si realmente me quería dedicar al basket. Me gustaba, se me daba bien, pero ni me podía imaginar que iba a estar aquí habiendo ganado un campeonato nacional ni que iba a acabar en California. No, no me lo creo todavía", cuenta a EL MUNDO Sara, un break entre clases, apurando los últimos días de estudios en Florida antes de la graduación.
Sara no se lo cree, pero su impacto en EEUU desborda expectativas: la sitúan entre los tres proyectos más esperanzadores de su generación. Y observa el último draft de la WNBA, tres españolas entre las 12 primeras y se imagina pronto ahí. Como Awa Fam (número 3), su espejo, un día compartiendo la mejor liga del mundo con ellas. O la selección española. "Son una referencia y una motivación". Sara es a la vez ambición e incredulidad. Y es también una inspiradora historia de superación que su padre reivindica con orgullo, como una "bendición, un regalo de Dios a una familia muy creyente". Porque Sara se encontró casi de casualidad con un balón de baloncesto a los nueve años en Colmenar y aquello resultó "una vía de escape" en su día a día en la residencia de acogida de la Comunidad de Madrid en la que habitó hasta que fue adoptaba por David y María.
"El foco debe estar en lo deportivo. Sara no es la niña pobrecita que quisieron hacer ver", pide David. Porque ni a ella ni a la familia le hicieron bien algunos titulares pasados. "Nos encontramos a una niña con muchas necesidades, de amor. Pero también a una valiente, dispuesta a aprovechar las oportunidades y los talentos que le ha dado la vida. Y todo fue absolutamente rodado, aunque empezamos con un programa temporal, mi mujer y yo sabíamos que esto sería para toda la vida. Lo que ha enseñado a mis otros hijos, a sus hermanos... Es la generosidad máxima".
Sara Okeke, durante un partido con la DME Academy.EM
La habilidad y el físico de Sara, nacida en Alcorcón, padre biológico de Senegal y madre de Trinidad y Tobago, la llevó a una irrefrenable progresión. De la selección madrileña a la española U12 a los 11 años. Su carrera la derivó a jugar en Torrelodones, en Zentro Basket y en Estudiantes... "Hasta me ponían a entrenar con chicos", recuerda. El pasado verano, 23 puntos y siete rebotes en la final, condujo a España al oro continental sub 18 en La Palma. MVP del torneo, su camino estaba al otro lado del charco. ¿Vértigo? "Sí, un poco. Es verdad que creo que cada vez lo gestiono mejor, pero al final es un salto...", relata sobre un intensísimo curso en el que ha sentido cómo su baloncesto evolucionaba enfrentándose a "físicos más parecidos al mío", preparándose para la NCAA.
Pregunta.- ¿En qué sientes que has mejorado?
Respuesta.- El tiro no ha sido mi punto fuerte, pero desde que he llegado aquí he mejorado un poco, sobre todo en los libres. Me han cambiado la mentalidad. De vez en cuando ya incluso tiro de tres y me gustaría abrir un poco más mi juego, no estar todo el rato en el poste.
P.- ¿Cómo te definirías como jugadora?
R.- Diría que corro bien la pista, me gusta rebotear, me siento bastante más cómoda en el poste, pero cuando me enfrento a alguien más grande y lenta, también me gusta jugar por fuera. Aquí el juego es bastante más individual y creo que me ayuda la formación europea en eso. Defiendo bien también. Aunque tengo mucho que mejorar.
P.- ¿Quién es tu referente?
R.- Me gusta mucho A'ja Wilson. Creo que me parezco un poco.
Sara lleva en EEUU desde agosto. Echa de menos la comida -"he tenido algunos problemas de estómago"- y a su familia. A sus hermanos, Gabriela, Nacho (también en EEUU, jugando al fútbol becado en Indianápolis) y Mario, "estar en casa, cosas que antes no valoraba tanto. Y a mis amigas". Vuelve en unos días y también quiere estar con España en el Europeo sub 18.
"Recuerdo que cuando Sara llegó a casa [a los 14 años se instaló con su nueva familia], le dijimos que aquí básicamente se hace deporte, que eligiera. Con la altura que tenía, apuntaba al baloncesto", presume David. "Poco a poco me fui dando cuenta de que se me daba bien. Y como no tenía nada que hacer y necesitaba despejarme un poco, empecé a jugar más", rememora ella de eso que era "vía de escape". "En la residencia de acogida hay gente muy diferente y no me identificaba del todo con lo que había ahí. Necesitaba algo para despejarme y salir adelante. Cambiar el chip, decir qué puedo hacer para que a partir de ahora mi vida sea mejor. El baloncesto fue mi oportunidad", explica sobre esas canastas que fueron el vehículo para cambiar su mentalidad. Y ejemplo a tantas vidas.
De todas las cábalas posibles de la última jornada de la temporada regular de la Euroliga, la que definiría los cruces de cuartos de final después de 38 partidos, la más inquietante para el Real Madrid -que se ganó su tercer puesto y el factor cancha a favor especialmente con su buen rendimiento en el Palacio: 18 victorias y una derrota-, era un posible enfrentamiento con el Hapoel de Tel Aviv... Como así resultó.
Y no sólo por lo deportivo, aunque los hebreos, debutantes en la máxima competición continental, cuenten con figuras como Vasilje Micic o Elijah Bryant, entre otros. Era la posibilidad de que los encuentros iniciales en el Movistar Arena (miércoles 29 y viernes 1 de mayo) se jugaran sin público en las gradas, como así ha sucedido previamente tanto con el Hapoel como con el Maccabi, a causa de la guerra en Oriente Medio y de las protestas que cada vez que los equipos de Israel viajan a España se producen. Un lío político por descorchar y que ahora disputa entre despachos sus negociaciones clave.
La decisión depende de la Delegación del Gobierno en Madrid. La misma que ya optó por que los duelos anteriores se disputaran a puerta cerrada (8 de enero y 24 de marzo). A pesar de la ausencia de incidentes y de la decreciente presión de las manifestaciones: apenas 200 personas se concentraron en Goya en medio de un gran despliegue de seguridad. Y de que en la mayoría de partidos a domicilio tanto de Maccabi como de Hapoel en otros países de Europa hubiera público en las tribunas. Incluso en el Roig Arena de Valencia, el pasado 29 de enero, se permitió la entrada sólo de abonados taronjas y el partido los presenciaron 8.000 espectadores.
Este jueves tendrá lugar una reunión clave entre la Delegación de Gobierno, el Real Madrid y la Policía. La entidad que dirige Francisco Martín podría calificar dichos partidos como de alto riesgo y se recomendaría así que se disputaran a puerta cerrada. Al no ser una imposición, sería el Real Madrid el que tomaría la decisión final. Y cada vez parece más probable que se active la opción Roig Arena: sólo los abonados del club blanco podrían presenciar los dos partidos que abren la serie. Los dos siguientes de celebrarión, con público, en el Arena Sofia de Bulgaria, donde los de Dimitris Itoudis juegan en su 'exilio'.
Sin embargo, la postura del Ayuntamiento de la capital es clara: "Ese partido se debería jugar en abierto". Lo expresó ayer Inma Sanz, vicealcaldesa y responsable de Seguridad y Emergencias. "En Madrid no debería haber partidos cerrados porque no se pueda garantizar la seguridad. Tienen todo el derecho, como cualquier otro equipo, a venir a esta ciudad y que ese partido se pueda desarrollar en abierto. Y entiendo también el malestar que pueda haber en la afición local por no poder ir a ver ese partido. Pero insisto, algunos (Delegación del Gobierno) están más en señalar a aficiones y a determinadas personas que en cumplir con su obligación, que es garantizar la seguridad en cualquier evento que se pueda producir en la ciudad", añadió a preguntas de este periódico. El choque por las protestas propalestinas entre el Ayuntamiento y la Delegación viene de lejos y tuvo su momento más tenso durante la última Vuelta a España, en septiembre.
El pasado domingo, tras el partido liguero contra el Tenerife, Sergio Scariolo puso de manifiesto la tensión con la que el vestuario blanco vive esta situación que consideran injusta. "El equipo ha conseguido en la cancha su derecho de jugar con la afición tres partidos de cinco. Es algo que la afición también se ha ganado animando al equipo. No es una decisión que puedo tomar yo, sería ridículo decir qué preferiría. El equipo y la afición han hecho su trabajo. Ahora todos los que tienen que tomar esta decisión lo valorarán y deseo que puedan tomar la mejor decisión", aseguró. En ese duelo ya se pudieron escuchar las protestas preventivas de los seguidores del Madrid. "¡Queremos animar, en cuartos de final!", cantaron varias veces. También emitieron un comunicado: "No puede ser que en los partidos más esperados del año los abonados y el resto de madridistas no podamos animar a nuestro equipo. El club tiene que velar por sus intereses y el de sus aficionados y forzar a que se juegue a puerta abierta". Dentro del club se ha pasado del pesimismo inicial a cierto optimismo. "Estamos trabajando en ellos, sería algo muy injusto", trasladan.