Junko Tabei, la historia olvidada de la primera mujer que subió al Everest: “Ella y su marido eran raros en Japón”
El marido de Junko Tabei trabajaba en la fábrica de coches de Honda, le explicó que la tela de los asientos era impermeable y ella no dudó en pedirle un rollo de varios metros: lo cortó, lo cosió y así hizo la chaqueta y las manoplas con las que se convirtió en 1975 en la primera mujer en subir al Everest. Anécdotas como esa, muchas. Decenas. Pero se conocen muy pocas.
Tabei hizo historia y hoy apenas se la recuerda. Escribió ocho libros explicando todas sus aventuras y durante muchos años solo se publicaron en Japón, con escaso éxito. No fue hasta después de su muerte en 2016 que apareció algo de bibliografía sobre ella en inglés. "Por eso quisimos hacer el documental", explica la directora española Isabel Díaz Novoa, autora de Lady Everest, que reivindica la figura de la alpinista japonesa. El documental se estrenó el pasado 11 de diciembre en el BBK Mendifilm de Bilbao y en los próximos meses recorrerá España de festival en festival.
Nacida en Mihaur, cerca de Fukushima, en 1939, cuenta la leyenda que Tabei se enamoró del alpinismo cuando subió a los 10 años al monte Nasu, aunque es difícil de creer: es una cima de apenas 1.000 metros de altitud, donde hoy hay un parque de atracciones enorme. Sería como enamorarse del montañismo en el Tibidabo. En realidad, su amor por las alturas nació en el Club de Montaña de la Universidad para Mujeres Showa, donde estudió Filología Inglesa, y creció en la reivindicación.
"Le decían que se quedara en casa"
"Las mujeres no estaban admitidas en los clubes masculinos y, si les incluían en alguna expedición, les prohibían abrir vías. Las utilizaban para darse publicidad. Tabei luchó para crear un club femenino y en 1970 organizó un viaje con otras mujeres al Annapurna III, que fue su primera ascensión fuera de Japón. Hizo cumbre, pero hubo muchas tensiones entre las alpinistas", explica Díaz Novoa, quien pudo entrevistar al marido de Tabei, Masanobu Tabei; al pequeño de los dos hijos de ambos, Shinya Tabei; y entre otras personas, a Setsuko Kitamura y Emoto Yoshinobu, miembros de la expedición al Everest de 1975.
- ¿Aquella ascensión al Annapurna III le permitió viajar al Everest?
- En parte, sí, en parte, no. De todos modos le costó muchísimo. Necesitó cuatro años de preparación por los permisos y, sobre todo, por la financiación. En 1975 Tabei ya era madre y cuando se reunía con los empresarios todos le decían que se quedara en casa, que tenía que cuidar de su hija mayor Noriko, que la sociedad japonesa no vería bien su expedición al Everest. En realidad, tenían algo de razón: ella y su marido eran raros. Masanobu Tabei era alpinista, perdió varios dedos de los pies en el Cervino y tuvo que dejar las montañas. Por eso él le apoyaba y se quedaba en casa, aunque socialmente en Japón los dos eran incomprendidos.
Si Tabei consiguió el dinero para asomarse al techo del mundo fue porque la televisión japonesa, Nippon Television, y el periódico más leído, el Yomiuri Shimbun, entendieron el calibre histórico de su aventura y decidieron pagar una parte. A cambio, la alpinista tenía que acompañarse de cuatro periodistas, dos por medio. Una escolta que le trajo algún que otro problema.
La avalancha en el Everest
"En el campo 2, a más de 6.000 metros de altitud, Tabei y sus compañeras sufrieron una avalancha. La nieve que llegaba del Lhotse se llevó las tres tiendas de campaña de las expedicionarias. No sufrieron traumatismos, pero sí muchas contusiones", relata Díaz Novoa. Los únicos que se libraron eran los cuatro periodistas, que dormían en una tienda separada y que bajaron al campo base para avisar de que se anulaba el intento de ascensión. Tuvo que ser Tabei la que dijera que de eso nada, que solo necesitaban unos días extra para curarse las heridas.
Díaz Novoa, autora del documental.
- ¿La entendieron un poco mejor al llegar del Everest?
- En Japón cambió mucho la perspectiva que había sobre ella. La recibieron con todo tipo de homenajes. De hecho, al contrario de lo que le pedían, tardó dos meses en poder ir a casa con la familia porque tuvo que participar en todo tipo de fiestas y festivales por todo el país.Ella dijo todo el tiempo que se consideraba antes ama de casa que alpinista y eso lo utilizó el Gobierno. Fue presentada como un ejemplo de mujer fuerte capaz de cuidar de su familia y de escalar a la cima más alta del mundo.
Después del Everest, Tabei se convirtió en la primera mujer en completar las Siete Cumbres, es decir, la montaña más alta de todos los continentes. Recibió premios como el Leopardo de las Nieves, que se concedía a quienes ascendían a los mayores picos de la Unión Soviética, y ofreció múltiples charlas en empresas con su lema, "paso a paso". En 2012 fue diagnosticada de cáncer de estómago, aunque siguió en las montañas hasta la muerte: tres meses antes de morir visitó por última vez el Monte Fuji.
"Antes de hacer el documental ya sabía que la figura de Tabei no era muy conocida en Europa o Estados Unidos, pero me sorprendió la poca importancia que le dan hoy en día en Japón", finaliza Díaz Novoa, que añade: "Incluso su marido y sus hijos me preguntaron por qué quería explicar su vida. Me parece evidente el gran peso que tiene su trayectoria en la historia del alpinismo".


































