¿Por qué no hay curling en España? Los intentos "imposibles", una pista en un centro comercial y los amigos que lo intentan en un pantano

¿Por qué no hay curling en España? Los intentos “imposibles”, una pista en un centro comercial y los amigos que lo intentan en un pantano

Cada año decenas de personas se reúnen el último domingo de febrero en el pantano de Vallvidrera, al lado del Tibidabo, en busca del milagro: jugar un partido de curling al aire libre en Barcelona. Se dividen en dos equipos, aparece un árbitro que lanza una piedra al agua y se hace el silencio. ¿Qué pasará? Si suena chof, el partido se cancelará y todos se irán a desayunar fricandó, cap i pota o butifarra. Pero si por casualidad, un día, por primera vez en la historia, el pantano se congela y la piedra aguanta sobre el hielo, el partido será memorable.

«Nunca hemos podido jugar, pero mantenemos la esperanza», comenta Marc de Vicente, miembro del Vallvidrera Curling Club que niega los rumores. Las malas lenguas dicen que la iniciativa, que forma parte de la fiesta mayor de invierno del barrio, es sólo una excusa para un desayuno de los que exigen siesta.

«Pero estamos siguiendo la tradición, siglos atrás se jugaba al curling en el pantano», cuenta con sorna y ningún documento que lo corrobore. «Nos encanta el curling, lo vemos en cada Juegos, pero da para meme, la verdad», añade De Vicente.

Su iniciativa resume a la perfección qué es el curling en España: expectación y bromas. Mientras en países como Suecia, Canadá, Reino Unido e incluso Italia se considera el deporte rey de los Juegos Olímpicos de invierno, con ligas profesionales y estrellas como Niklas Edin o Stefania Constantini, en nuestro país no se pasa de la curiosidad y la comedia entre las piedras y las escobas.

Éxito en televisión

Las audiencias de los partidos en Eurosport suelen ser notables, pero la selección nunca ha estado sobre el hielo. Después de que hubiera representantes en bobsleigh, luge, saltos de trampolín, patinaje artístico, skeleton o patinaje de velocidad, quedan cuatro deportes olímpicos en los que España todavía no ha participado y uno de ellos es el curling. ¿Por qué?

TIZIANA FABIAFP

«Porque es imposible. En España no tenemos pistas preparadas para el curling y eso hace que cualquier proyecto de tener una selección potente sea inviable. En otros deportes puede pasar, que salga un esquiador, un snowboarder o un patinador que se deje la vida para cumplir su sueño. Pero en el curling tienen que salir cuatro o cinco al mismo tiempo y aún así es complicadísimo», analiza José Luis Corral, narrador de curling en Eurosport, la voz del deporte en España.

A principios de siglo la Federación Internacional de Curling cedió los derechos de retransmisión de su Mundial al canal continental y, en 2002, Corral se encontró frente a un micrófono relatando una disciplina de la que nadie conocía las reglas.Los primeros clubes, como el Jaggers de Madrid, el Sporting L'Olla de Lliçà d'Amunt o el Igualada, todavía se estaban formando y hasta 2003 no se celebraría el primer Campeonato de España.

«El curling siempre tuvo buena acogida en España y buenas audiencias, pero falta mucha inversión para tener un equipo que pueda competir con los mejores. Sin instalaciones no hay manera», concluye.

España en el Preolímpico

Hoy en día hay 11 pistas de hielo en España, pero ninguna de ellas tiene una zona dedicada exclusivamente al curling. Para el Campeonato de España, que el pasado fin de semana se celebró en Jaca, se suele habilitar una durante varias semanas, pero eso es todo. Los poco menos de 100 practicantes que se dividen en 10 equipos se tienen que conformar.

«El curling necesita un hielo muy cuidado, con condiciones específicas. No se puede compartir con el hockey o el patinaje artísticos. Nosotros siempre nos vamos fuera a entrenar, a Suiza, Holanda o Dinamarca», explica Eduardo de Paz, campeón con el Txuri Berri de San Sebastián y miembro del equipo masculino español que intentó alcanzar los presentes Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo.

Pese a su histórico ascenso a la División A del curling europeo, no consiguieron plaza para disputar el Preolímpico. Los únicos que lo lograron fueron el dúo mixto formado por Oihane Otaegi y Mikel Unanue, pero acabaron penúltimos en la competición que daba acceso a los Juegos.

«Hace 10 años nos juntamos un grupo en el Txuri Berri con el objetivo de llegar a lo más alto, pero nos cuesta seguir. Ponemos nuestro dinero, nuestros días de vacaciones y cada vez se hace más difícil», reconoce De Paz.

El proyecto en Xanadú

Tienen el apoyo de la Federación Española de Deportes de Hielo (FedHielo) y del Gobierno vasco, pero ni con esas. La única vía para que España crezca en el curling sería que se abriera una pista en una gran ciudad y ahora mismo no hay proyectos. Los CAR de Madrid y Sant Cugat planearon en algún momento la construcción de un recinto de hielo, pero ninguno salió adelante. Hace un tiempo el Centro Comercial Xanadú de Madrid prometió que se podría jugar al curling junto a su zona de esquí indoor, pero nunca más se supo.

«En algún momento hemos estado cerca de sacar una pista de hielo, pero se requiere una gran inversión. Sin una pista propia no hay base y sin base sólo podemos hablar de subsistencia», asegura Víctor Navarro, vocal de curling de la FedHielo y jugador del Barcelona Curling Club, que sueña con un futuro más esperanzador para su deporte en España: «El curling tiene magia, engancha».

Los drones que revolucionan los Juegos Olímpicos de invierno: vértigo en primera persona, un zumbido con polémica y una década de prohibición

Los drones que revolucionan los Juegos Olímpicos de invierno: vértigo en primera persona, un zumbido con polémica y una década de prohibición

Se lanza el trineo por el circuito de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, coge velocidad y, en la curva más salvaje del descenso, vértigo puro a 140 kilómetros por hora, ahí está un dron. Justo detrás del deportista, como si fuera su sombra. Los espectadores de todo el mundo pueden ver cómo gira, cómo desciende, cómo frena y, más allá, casi sentir lo mismo que siente él. Bienvenidos al futuro.

Para saber más

Los actuales Juegos no solo se recordarán por la superioridad de Johannes Klæbo o la desgracia de Lindsey Vonn; también se recordarán por un ruidito. Un runrún agudo que acompaña en las bajadas de bobsleigh, skeleton y luge, en las curvas del esquí alpino o en los descensos de los saltos de trampolín. Es el sonido de los drones de vista subjetiva (FPV) de alta velocidad que utiliza Olympic Broadcasting Services (OBS), el brazo audiovisual del Comité Olímpico Internacional (COI), para transmitir en HD toda la acción.

«Queremos que el espectador sienta el dinamismo de los deportes», explica Mark Wallace, director de contenidos de OBS. Y el espectador lo siente, vaya si lo siente. «Es lo que espera hoy en día cuando consume un evento deportivo, más aún si son unos Juegos Olímpicos», resume Pierre Ducrey, director deportivo del COI.

En la era de la sobredosis de entretenimiento y la atención dispersa, el deporte necesita sorprender. Para eso están los 25 drones del COI: 10 tradicionales para panorámicas y 15 FPV diseñados a medida para meterse en la acción.

Un campeón del mundo de piloto

Uno de los más destacados es el que se utiliza en las pruebas de trineo, diseñado por la empresa holandesa Dutch Drone Gods. Pesa solo 243 gramos -como un iPhone- frente a los mastodontes de 10 kilos que se utilizaban hace una década. Cuenta con hélices protegidas y baterías capaces de soportar temperaturas bajo cero. Cada unidad es responsabilidad de un equipo formado por tres especialistas -piloto, realizador y técnico- con la experiencia necesaria para operar en condiciones extremas.

ODD ANDERSENAFP

Por ejemplo, detrás de algunos de sus vuelos está Ralph Hogenbirk, fundador de la compañía y campeón del mundo de drones. Conocido como Shaggy, hace unos años llegó a construir el dron más rápido del mundo, capaz de alcanzar los 350 km/h y de perseguir a un monoplaza de Fórmula 1 de Red Bull. Ahora, en cambio, persigue a lugers por pistas estrechas. Lo hace hasta 50 veces al día. «Es el trabajo más difícil que he realizado», admite en The Atlantic. Espacios reducidos, cero margen de error y millones de personas mirando en directo.

Pero toda revolución tiene sus detractores. Algunas televisiones se han quejado del zumbido de los drones en las retransmisiones, aunque desde el COI aseguran que solo han recibido dos quejas formales. En redes sociales como X hay quien ha comparado el ruido con las vuvuzelas del Mundial de Sudáfrica 2010, aunque quizá la parte más peliaguda de estos artilugios sea el posible peligro que suponen para los atletas.

En 2015, en una prueba de la Copa del Mundo celebrada en Madonna di Campiglio, Marcel Hirscher esquivó por milímetros la caída de un dron -que entonces pesaba mucho más que los actuales-. La Federación Internacional de Esquí (FIS) prohibió su uso durante años y no levantó la veda hasta hace dos temporadas, después de múltiples pruebas. Hoy, con dispositivos más avanzados y protocolos estrictos, el COI defiende que la seguridad es total. Los deportistas, en su mayoría, respaldan el avance.

KIRILL KUDRYAVTSEVAFP

El alemán Felix Loch, triple campeón olímpico de luge, es tajante en declaraciones a AFP: «No te fijas en el dron. Dan imágenes claramente diferentes, que están súper bien. Hay que decirlo: es algo realmente bueno lo que han hecho con esto». Su compatriota Emma Aicher, que suma dos medallas de plata en estos Juegos Olímpicos, también opina que los drones no distraen: «Para nosotros, las imágenes que ofrecen son realmente buenas. No me doy cuenta del dron, está muy lejos».

En el futuro todo es posible

El camino hasta aquí ha sido progresivo. En los Juegos Olímpicos de Sochi 2014 vivieron un tímido debut; en Pekín 2022 se pusieron a prueba; y en París 2024 aparecieron en verano en disciplinas como el BMX o el skate. Pero ha sido en Milán-Cortina cuando han alcanzado su madurez.

Ahora el futuro asoma ya en Los Ángeles 2028. Si aquí funcionan, dicen en el COI, allí serán protagonistas absolutos. ¿Puede un dron FPV seguir a un velocista durante los 100 metros lisos? ¿Y girar junto a una gimnasta que ejecuta un triple mortal? ¿Llegarán a meterse en un partido del Dream Team? El olimpismo ha abierto otra puerta que ya no se cerrará.

'Chamba', un ultraman en recuerdo a Miki Roqué: "Cuando le diagnosticaron el cáncer, yo quería ayudarle"

‘Chamba’, un ultraman en recuerdo a Miki Roqué: “Cuando le diagnosticaron el cáncer, yo quería ayudarle”

«Empecé en la ultrarresistencia a través del fútbol», advierte el triatleta Juan Bautista Castilla, 'Chamba', y de entrada no se entiende nada. ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra? 'Chamba' compite en la distancia Ultraman, es decir, en la mayor barbaridad imaginable: nada 10 kilómetros, recorre 421 en bicicleta y luego corre dos maratones seguidas, 84 kilómetros. Un esfuerzo tan increíble está muy lejos de la preparación clásica del futbolista y, a priori, no parece que exista ninguna relación. Pero en la historia de 'Chamba', la conexión entre las largas distancias y el fútbol es muy profunda.

«Cuando acabé mi carrera universitaria, entré como preparador físico de las categorías inferiores del Betis. Llegué al primer equipo, pero justo me pilló el descenso de 2009 y volví al filial. En una pretemporada llegó Miki Roqué, que había estado en el Barcelona y el Liverpool, y el entrenador me encargó que le ayudara en la adaptación. Tenía que ser el líder, pero era muy tímido y eso en Sevilla no encajaba mucho. Al final nos hicimos muy amigos. Y cuando le diagnosticaron un cáncer, yo quería ayudarle», arranca la narración 'Chamba', con un recuerdo todavía muy a flor de piel.

«No sabía cómo echarle una mano, pero hablando con él le dije que le demostraría que el ser humano es capaz de todo, que no tiene límites. Vi que un tío había hecho una prueba extrema de triatlón que se llama la Fuga de Alcatraz y me apunté. Tiene mucha fama porque es muy dura, porque en las aguas hay tiburones, porque hay que correr sobre la arena... Miki se reía, decía que no saldría vivo, que estaba loco. Pero le entretuve unas cuantas semanas con la preparación. Al final entré por delante de algunos profesionales y en meta sentí una alegría muy grande, el mayor orgasmo de mi vida. Y así empecé en la ultradistancia».

«me cambió la manera de vivir»

'Chamba', que ahora tiene 42 años, cuenta que venía de la natación y que en aquellos inicios lo que más le preocupaba era aprender a montar en bicicleta. Por las mañanas entrenaba a las jóvenes promesas verdiblancas y por las tardes se pegaba palizas de horas y más horas. Todo siempre en comunicación con Roqué, que le animaba en sus desafíos. Hasta que, en junio de 2012, el joven futbolista falleció a los 23 años.

«Lo recuerdo como si fuera ayer. Yo estaba en el Ironman de Niza, en Francia, y al cruzar la meta me llamó Olma, su madre, para decirme que Miki no aguantaba más y que acababa de fallecer. Ahí se me nubló todo. Aquello me cambió la manera de vivir la vida», narra 'Chamba', que entonces dejó de trabajar en el fútbol y se centró en entrenar, entrenar y entrenar. Como terapia le esperaba el desafío más grande, su primer Ultraman, y todas las conquistas que vendrían después. En 2024, en el famoso Ultraman de Hawái, se proclamó campeón del mundo de la distancia extrema en una prueba que completó en 25 horas y seis minutos.

¿No le duelen las piernas?
Mucho. El Ultraman te descubre todos tus límites: mueres y resucitas varias veces. Es una prueba en la que el dolor empieza muy pronto, cuando llevas tres horas nadando y ya no sientes los hombros. Pero tienes que aprender a convivir con él. En eso siempre me acuerdo mucho de Miki, porque yo no sabía lo que era una quimioterapia hasta que lo viví con él. Eso sí que es dolor.

'Chamba' asegura que en los últimos tiempos ha aprendido a equilibrar su vida personal, su vida laboral -da clases en las universidades de Sevilla y Huelva- y su vida deportiva, aunque reconoce que para hacer lo que hace no hay más remedio que sudar durante «más de 30 horas a la semana».

«Aprovecho todo el tiempo que tengo. Si tengo un hueco entre clase y clase, por ejemplo, me pongo a correr alrededor de la facultad. Mis alumnos al principio se extrañaban, pero ahora ya no. No salgo a tomarme una cerveza, no pierdo el tiempo. O estoy con mi familia, o en el trabajo, o entrenando», cuenta 'Chamba', que deja un mensaje final: «Espero que a mis hijos y a la gente que me rodea les quede el ejemplo de la constancia, el trabajo, el esfuerzo y, sobre todo, la pasión. Son los valores más bonitos que hay en la vida. Tenemos que superar las adversidades que se nos presentan y continuar adelante».

Una maniobra ilegal aparta a Lucas Eguibar de la lucha por las medallas en el snowboard cross: "Creo que le he insultado"

Una maniobra ilegal aparta a Lucas Eguibar de la lucha por las medallas en el snowboard cross: “Creo que le he insultado”

Lucas Eguibar estaba llamado a ser medallista olímpico. Iba a serlo. Tenía que serlo. Campeón del mundo de snowboard cross en 2021, en varias ocasiones fue favoritísimo para todo y nunca lo consiguió. Ahora parece que su maldición ya no tiene remedio. Este jueves, en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina, su cuarta oportunidad se convirtió en su cuarta frustración. Esta vez fue un toque mínimo, un desequilibrio, el que acabó con su sueño. A sus 32 años cuesta pensar que la gloria olímpica vaya a llegar en 2030.

El desastre este jueves llegó en cuartos de final después de una clasificación notable. Le esperaban los franceses Jonas Chollet y Loan Bozzolo y el estadounidense Nathan Pare, un cruce de máxima exigencia, pero Eguibar tenía un plan. Para entrar como primero o segundo y clasificarse para semifinales, su idea era dejar que los franceses volaran de salida y confiar en su fuerza en los últimos metros. "Estábamos haciendo la estrategia que queríamos", explicaría después. Aguantar arriba. Atacar abajo.

En el ecuador del circuito, Eguibar tenía como desventaja su posición -cuarto- y como ventaja su experiencia y su perfil. Era el único 'goofy' de la serie, es decir, el único con el pie derecho adelantado y podía beneficiarse. En un giro cerrado a izquierdas exprimió esa diferencia y se colocó segundo, pero entonces tuvo lugar el incidente que resume su historia olímpica.

Eguibar se abrió ligeramente, Pare se metió por dentro con una línea agresiva, poco limpia, y el contacto fue inevitable. La tabla del estadounidense golpeó la del español en pleno apoyo y éste cayó.

"Cuando estaba en el suelo, he gritado. Creo que le he insultado, pero no me acuerdo. Me he cabreado muchísimo porque hemos trabajado muchísimo para llegar aquí", confesó después Eguibar que, pese a lo ocurrido, se levantó y cruzó la meta en último lugar. El estadounidense Pare celebró una victoria que duró poco: los jueces revisaron la acción y lo descalificaron por maniobra ilegal. Una decisión justa, quizá, pero insuficiente. Eguibar, tercero tras la sanción, quedaba igualmente eliminado.

Quiero otro intento

Para Eguibar, que había sido séptimo en los Juegos de Sochi 2014 y Pekín 2022, la medalla olímpica sigue siendo lo que falta en un palmarés brillante. Llegaba a Milán-Cortina 2026 tras años ásperos: rotura del tendón de Aquiles en marzo de 2024, problemas de espalda que marcaron Pekín, una caída reciente en la Copa del Mundo que dejó tocados sus tobillos. Pero prometía competir contra el dolor e intentarlo hasta el final.

Antes de la cita fue claro: "Es lo último que me falta. Mi deporte es muy alocado. Muchas veces, aunque seas el mejor, puede pasar cualquier cosa. Soy consciente de que mi carrera puede acabar sin medalla olímpica, pero no quiero dejar de intentarlo".

En la final que él no disputó, el austriaco Alessandro Hämmerle revalidó el oro de Pekín, Eliot Grondin repitió plata, y Jakob Dusek se colgó el bronce. Podios de altura, rivales habituales del circuito que Eguibar conoce de memoria. En zona mixta, pese a la edad, el español dejó abierta la puerta a un quinto intento: "Si estoy sano, quiero seguir. Los últimos cuatro años han sido muy duros física y mentalmente". Los Juegos Olímpicos de los Alpes 2030 lo encontrarían con 35 años. En un deporte tan complicado parece una eternidad.

Regino Hernández y la vida de un medallista olímpico en snow: "Después del bronce me puse a trabajar de mozo de almacén"

Regino Hernández y la vida de un medallista olímpico en snow: “Después del bronce me puse a trabajar de mozo de almacén”

"No había explicado esto nunca, la verdad. Solo lo sabían los míos", reconoce Regino Hernández al finalizar su conversación con EL MUNDO. Su bronce por sorpresa en el snowboard cross de los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018 fue una puerta a la historia, la primera medalla española en invierno desde 1992, pero lo que vino después no fueron precisamente homenajes. Apenas tres años después, con apenas 30 recién cumplidos, Hernández anunció su retirada, arrastrado por la falta de apoyos, la incomprensión y el hartazgo.

Ahora, mientras rehace su vida lejos de la nieve, es uno de los expertos en Eurosport & HBO Max en la retransmisión íntegra de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina. De hecho, hoy (la final es a las 15.01 horas) comentará su prueba, el snowboard cross, con su excompañero Lucas Eguibar como uno de los candidatos a medalla.

Desde que se retiró apenas se ha subido a una tabla de snow.
Me tiré una buena temporada alejado de la nieve, eso es cierto. Ahora me estoy planteando volver; de hecho, este año he estado en la estación austríaca de Pitsdal con unos excompañeros. Me encantaría ser entrenador, estoy mirando para hacer los cursos. Pero acabé muy quemado en su momento.
¿Por qué?
Nunca me sentí valorado. En Pyeongchang, cuando Lucas [Eguibar] se cayó en octavos de final, el seleccionador del momento dijo: "Ya podemos recoger las cosas e irnos; no vamos a hacer nada en estos Juegos". Luego gané la medalla. Y fue todo así. No se me tenía en cuenta. Durante muchos años pedí que contrataran entrenadores y técnicos con experiencia; no me hicieron caso y, cuando lo hicieron, fue solo y exclusivamente para Lucas. Me sentí muy atacado, como si se estuvieran riendo de mí. Intenté contactar con la Federación Española de Deportes de Invierno; llamaba por teléfono, escribía mensajes de WhatsApp y nadie me contestaba. Me dio un ataque de ansiedad gordo antes de una competición. Y ahí decidí cortar por lo sano. Mi cuerpo me estaba avisando de que no podía seguir así.

¿Nadie intentó que regresara a la competición?
Para mí la medalla fue la mayor felicidad de mi carrera. Fue un logro impresionante. Hacía 26 años que España no conseguía una medalla en los Juegos Olímpicos de invierno. Pero después todos pasaron de mí. Me sentí un cero a la izquierda, nadie contaba conmigo. Tenía la sensación de que no querían que yo estuviese en el equipo nacional. Estuve cerca de dos años trabajando con un psicólogo y fue complicado, muy complicado.
¿La medalla le sostuvo económicamente en esos momentos?
Por la medalla recibí 30.000 euros de premios y, por la beca ADO, siendo medallista olímpico, recibía 45.000 euros anuales. Eso te da para vivir al principio, quizá incluso para plantearte la entrada de un piso, pero no te da para ahorrar, mucho menos para empezar un negocio.
Entonces, ¿cómo lo hizo?
Recuerdo perfectamente el día después de anunciar mi retirada. Me desperté, me fui al sofá y me quedé mirando la tele apagada. ¿Y ahora qué? ¿Qué hago ahora? ¿Qué va a ser de mí? Desde los 11 años me había dedicado a la nieve; a los 16 dejé los estudios porque me era imposible compatibilizarlos con el snowboard. Tengo un amigo que tiene una empresa de catering y eventos en Fuengirola y me puse a trabajar para él. De mozo de almacén, de transportista, de seguridad, de lo que necesitara. Por suerte, en los últimos tiempos se me han ido abriendo algunas puertas. Una es la de Eurosport, por la que estoy eternamente agradecido. No me da para vivir porque se transmiten pocas competiciones de snowboard, pero me ayuda mucho. También estoy estudiando.
¿Qué estudia?
Lola Fernández Ochoa, la hermana de Blanca, hizo un proyecto sobre deportistas y salud mental, me invitaron a dar unas charlas y, a raíz de ello, LaLiga se puso en contacto conmigo. Me becaron para estudiar un MBA de gestión deportiva en LaLiga Business School y estoy intentando abrirme un hueco en ese campo. También el Comité Olímpico Español siempre me ha tenido en cuenta en sus proyectos.

También le ayudó el balonmano.
Totalmente. Mis padres fueron jugadores, mi hermana fue jugadora y yo de pequeño también jugaba. Cuando me retiré del snow tuve que volver a casa de mis padres, en Mijas, a vivir con ellos, y coincidió que mi club había montado un equipo de veteranos. Era de pachanga, pero para mí fue una vía de escape, una salvación. Mi vida había cambiado de forma muy drástica y el balonmano me devolvió la chispa.
Se ha rebajado bastante su recordada barba. ¿Le reconoce la gente por la calle?
Qué va. Y con la barba tampoco me reconocían. Siempre dicen que el esquí o el snow son deportes minoritarios en España, pero no es así. Las estaciones están petadas. Lo que pasa es que la gente lo considera un entretenimiento, no un deporte. Hay mucha gente que practica snow y no ha visto nunca una competición. Alguna vez alguien me ha parado y me ha dicho: "Oye, ¿tú eres Regino?". Pero han sido casos súper puntuales.
¿Qué fue de 'Juanito' Mühlegg, el esquiador nacionalizado que perdió sus medallas por un escándalo de dopaje?

¿Qué fue de ‘Juanito’ Mühlegg, el esquiador nacionalizado que perdió sus medallas por un escándalo de dopaje?

Recordarán a Johann Mühlegg. ¿Quién no recuerda a Johann Mühlegg? Era esquiador de fondo y, antes de los Juegos Olímpicos de invierno de Nagano 1998, se peleó con la Federación de su país, Alemania, para acabar nacionalizado español. Se le hizo licencia de la Federación Murciana de Deportes de Invierno; la apuesta era a lo grande. En un país que solo había conseguido dos medallas olímpicas sobre la nieve -las dos de los hermanos Fernández Ochoa por entonces-, aquel hombre era una bendición caída del cielo. Daba igual que no tuviera vínculos con España, tampoco importaba demasiado que fuera rarísimo: en los Juegos de Salt Lake City 2002 se colgó tres oros como tres soles y durante unas horas fue un ídolo querido, Juanito Mühlegg, olé, olé.

Pero pronto llegó la notificación: positivo en darbepoetina, una variante de la EPO. El Comité Olímpico Internacional (COI) le quitó sus tres oros, en España pasó de estrella a meme y su historia pareció quedarse ahí.

«Hola, sí, soy su madre. No está aquí, hace muchos años que no viene a Alemania; de aquí no guarda buenos recuerdos. Le comentaré a Johann su solicitud de entrevista, pero le advierto de que no quiere saber nada de los periodistas. Lea su libro, Solo contra todos, allí lo explicó todo». Magdalena Eiband habla con EL MUNDO desde el Landhaus Zum Jeremia, el hotel de montaña que la familia Mühlegg regenta en la Werdenfelser Land, al sur de Alemania, en la frontera con Austria. Cuenta que después de los Juegos Olímpicos de 2002 perdió su trabajo como asesora fiscal y que, con el tiempo y muchas penurias -habla incluso de amenazas telefónicas-, han conseguido levantar el negocio.

Justina, la curandera

Quien sí trabaja allí es Martin, el hermano de Johann, que durante muchos años le acompañó. Pero... ¿dónde está Johann? Para entender la vida actual de Mühlegg hay que remontarse a sus orígenes, a varios años antes de nacionalizarse español.

Pese a lo que siempre pensó la opinión pública en España, Mühlegg no era un don nadie en Alemania, ni mucho menos. Durante muchos años fue la mayor promesa de su esquí de fondo, campeón del mundo júnior, y los dirigentes del país germano lo intentaron todo para que brillara. Pero tenía demasiados satélites a su alrededor. En 1993, con apenas 23 años, tuvo la primera bronca con un seleccionador nacional, Georg Zipfel, al que acusó de ser un «brujo» con poderes oscuros, y conoció a una mujer que marcaría su vida: Justina Agostinho. La curandera. La mujer que siempre llevaba consigo litros de agua presuntamente bendita.

Una limpiadora germano-portuguesa convertida en espiritista que empezó entonces a acompañar a Mühlegg y ya no se marcharía de su lado. Así sigue siendo a día de hoy. Junto a Agostinho se presentó en España; junto a Agostinho dominó todas las pruebas de los Juegos de Salt Lake City 2002; junto a Agostinho desapareció después de dar positivo... y junto a Agostinho continúa.

Mühlegg, celebrando sus medallas en Salt Lake City 2002.

Mühlegg, celebrando sus medallas en Salt Lake City 2002.EM

Tras un breve periodo en Portugal, Mühlegg se asentó hace 20 años en Natal, ciudad del norte de Brasil, y fundó, junto a Antonio Miguel Agostinho, el marido de Justina, un negocio inmobiliario llamado Jericons Construção. A través del correo electrónico de la empresa, el ex esquiador responde, pero al saber que al otro lado hay un periodista corta la comunicación de manera súbita. Muchos medios alemanes han intentado entrevistarle en los últimos años y quien más obtuvo fue Sports Bild, en 2022: apenas un triste correo electrónico. "Llevo 20 años sin practicar deportes. No quiero dar una entrevista. Por favor, comprenda mi decisión personal. ¡Que Dios le bendiga, mucha suerte y mucha salud! Johann», escribió.

Paternidad y nacionalización

Según su madre, Magdalena, Mühlegg ha rehecho su vida en Brasil y solo sufre por la inseguridad en la zona de Natal donde vive. El ex esquiador conoció a una mujer brasileña, doctora en Química y profesora del Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología de Pernambuco, y con ella tuvo una hija que ya ha cumplido 13 años. Tanto es su arraigo al país que en 2015 se nacionalizó brasileño.

A sus 55 años no tiene redes sociales ni participa en ninguna actividad pública. Es posible que ni siquiera vaya a ver las pruebas de esquí de fondo de los actuales Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo, con tres españoles en liza -Jaume Pueyo, Bernat Sellés y Marc Colell-, que intentan quitarse de encima la sombra de su figura. Pero en España Johann Mühlegg se sigue recordando. ¿Quién no recuerda a Johann Mühlegg, el ídolo que duró apenas unas horas?

España, por primera vez favorita a un oro en unos Juegos Olímpicos de invierno: "Si pensamos nos puede dar vértigo"

España, por primera vez favorita a un oro en unos Juegos Olímpicos de invierno: “Si pensamos nos puede dar vértigo”

Han pasado cuatro telediarios desde que España se presentara en los Juegos Olímpicos de invierno de Vancouver 2010 sin ninguna opción de medalla y se marchara de la misma manera: de vacío, incluso lejos de los diplomas. Era lo habitual hasta entonces. Un país de sol y playa que no podía competir en ninguna modalidad de hielo y nieve si no era gracias a algún milagro, como los protagonizados por los hermanos Fernández Ochoa, con el oro de Paquito en 1972 y el bronce de Blanca en 1992. Había estaciones de esquí y aventuras divertidas en disciplinas como el bobsleigh, pero no había cantera, tradición ni ayudas: no había casi nada.

Ahora es distinto. España ha creado desde cero una selección de snowboard de prestigio, ha formado a jóvenes en el esquí de fondo que se están quitando de encima el fantasma de Johann Mühlegg, ha nacionalizado talento para mantener el legado de Javier Fernández en el patinaje artístico y domina por completo una nueva disciplina olímpica, el esquí de montaña. En los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo, que empiezan este viernes, un cero en el medallero sería un fracaso.

"Debemos centrarnos en el día a día porque, si pensamos en el futuro, nos puede dar vértigo", asegura con cautela a EL MUNDO el entrenador Andrés Arroyo, consciente de que su pupilo Oriol Cardona es una rareza en el deporte español. Nunca en su historia el país se había presentado en unos Juegos Olímpicos de invierno con el máximo favorito al oro. Los cinco medallistas hasta el momento —los Fernández Ochoa décadas atrás, Regino Hernández y Javier Fernández en 2018 y Queralt Castellet en 2022— eran outsiders: no eran candidatos a la victoria, más bien todo lo contrario. Hernández, por ejemplo, no aparecía en ninguna quiniela y ahí está, disfrutando de su feliz jubilación con su bronce.

Dos oportunidades

Cardona, en cambio, puede ganar, debe ganar, va a ganar. Es el vigente campeón del mundo de esquí de montaña y el dominador de la Copa del Mundo con claridad. "Lo gestiono como puedo, sin pensar mucho en ello. Sé que puedo ser el primer campeón olímpico del esquí de montaña, pero intento evadirme de todo lo que se habla", reconoce a este periódico quien, además, tiene dos oportunidades. El jueves 19 competirá en la prueba individual y el sábado 21 lo hará en el relevo mixto junto a Ana Alonso, otra clara opción de medalla.

El año pasado, a estas alturas, Alonso estaba tan cerca de la gloria como su compañero Cardona, pero el pasado septiembre el conductor de un todoterreno decidió no frenar cuando se cruzó con ella en bicicleta cerca de Sierra Nevada y perdió muchas opciones. Por suerte. Porque pudo perder la vida. En el Hospital de Granada comprobaron que, además de otros golpes, se había roto el ligamento cruzado anterior y el ligamento lateral interno de la pierna izquierda, y se le empezó a buscar un reemplazo. Era imposible que en cuatro meses estuviera recuperada. Hasta que fue posible.

Como Cardona, el jueves 19 estará en la lista de salida individual y, llegado a este punto, ya puede conseguir cualquier cosa. "Había que luchar, había que intentarlo. Desde el accidente, Ana puso toda su energía vital en la curación, la cicatrización y la recuperación. Ahora ya ha pasado por todo y es más fuerte que nunca", comenta su entrenador, Javier Argüelles.

Después de todo, en el esquí de montaña debería haber como mínimo una celebración, pero España también cuenta con otros candidatos. Con un equipo de 20 deportistas, viene de lograr una medalla —la plata de Queralt Castellet— y tres diplomas más en los Juegos de Pekín 2022, y esa inercia todavía se nota. La propia Castellet, a sus 36 años, ya no debería optar al podio compitiendo en el halfpipe contra rivales a las que duplica la edad, pero en los últimos X Games se colgó el bronce y otra medalla es posible el jueves 12

También en snowboard y también el jueves 12, Lucas Eguibar volverá a perseguir su momento en el boardercross, muy bien acompañado por el joven Álvaro Romero. Y todavía hay más. En el esquí acrobático, Javier Lliso viene de ser sexto hace cuatro años; en el patinaje artístico, la pareja española formada por la británica Olivia Smart y el alemán Tim Dieck también aspira al diploma; e incluso no habría que descartar a Jaume Pueyo en el esquí de fondo. En definitiva, muchas oportunidades para no irse de vacío de los Juegos de Milán-Cortina d'Ampezzo. Lo que antes era lo normal y ahora sería un fracaso.

Nora Cornell, la snowboarder española que creció en Hawai y el accidente que se complicó: “Sufrí una sobredosis por fentanilo”

Actualizado

Nora Cornell sale disparada de una rampa de 50 metros y da una vuelta, y dos, y tres antes de aterrizar con su snowboard sobre la nieve. Luego vienen los aplausos y la puntuación del jurado. Atrás queda el miedo a lo que pasará allí arriba, en el aire, donde una imperfección te lleva directa al hospital.

«Hay que convivir con ello. Antes de cada salto practico mucho con un airbag, que es una colchoneta enorme donde caigo, y no lo ejecuto hasta que estoy segura de que voy a caer de pie. Pero igualmente sientes miedo, todo el mundo lo hace, es parte de mi deporte», comenta a sus 20 años la especialista española en Big Air y Slopestyle que competirá en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina d'Ampezzo que empiezan el viernes.

A algunos pasos de las mejores en la Copa del Mundo, en principio no peleará por las medallas, pero en su especialidad nunca se sabe porque todo está en manos de los jueces. Todo. «Es totalmente subjetivo, queda todo a su criterio. No es como la gimnasia o el patinaje artístico. Antes se trataba de dar vueltas como una peonza y ahora valoran también otras cosas, como los diferentes ejes. Pero a veces piensas que los has hecho super bien y te dan una puntuación super baja», reconoce Cornell.

Su vida en Maui

¿Cómo empezó en eso de saltar por una rampa gigantesca?
Mi camino es un poco raro. Empecé con el skate cuando era muy pequeña en Girona, me mudé unos años a Estados Unidos con mi familia y llegué a competir. Pero al volver a España, mis padres me llevaban a La Molina los fines de semana y me aficioné al snow. Como se parecía al skate se me dio bien rápido. Y probé varias disciplinas, como el boardercross, pero siempre preferí mucho la adrenalina del Big Air y el Slopestyle.
¿Por qué se mudó con su familia a Estados Unidos?
Estuvimos unos años viviendo en Maui, una isla de Hawai. Mis padres trabajaban en verano, tenían negocios en la Costa Brava, y el resto del año nos íbamos allí. Les gustaba el windsurf y así yo aprendía inglés y la cultura de allí.
¿Al volver a España no quiso competir en skate?
Lo hice durante un tiempo. Tenía unos 10 años y no había chicas; competía con los chicos. Recuerdo que en mi primera competición en España hice podio junto a dos chicos de 20 años. Y yo ahí con mis 1,20 metros. Pero todavía era muy pequeña y no quise seguir. Me gustaba ir al skatepark a patinar, no a entrenar y dejé de disfrutarlo. Además el suelo estaba muy duro al caerme.

Huesos rotos

Pese a sus inicios tardíos en el snow, Cornell destacó pronto. Con 14 años, en 2020, debutó en una competición de la Federación Internacional de esquí y snow (FIS) y ganó. Al año siguiente ya estaba entre las mejores en el Mundial junior y en 2024 aparecía por primera vez en la Copa del Mundo. Su mejor puesto ha sido decimonovena, pero todo se andará. De momento disfruta, como todas. Como en el skate o el surf, en el snow las competiciones son relajadas: todas se ríen, todas se animan, todas se lo gozan.

«Es un deporte pequeñito, somos pocas, y viajamos por el mundo juntas. Nos perdemos las amistades de instituto o de universidad, pero tenemos a nuestras amigas en las pistas. Además divertirse es clave en el deporte. No lo hacemos obligadas, nos lo pasamos bien», cuenta la española, aunque también hay sus malos momentos.

Su carrera es corta, pero la lista de huesos rotos ya es larga: «El húmero, el radio, el cúbito, dedos...». El año pasado, a final de temporada, Cornell sufrió una caída y acabó ingresada con un neumotórax, la rotura de un pulgar y la sospecha de que podía ser algo todavía más grave.

Los médicos temían que tuviera afectada alguna vértebra así que le pincharon fentanilo para que no se moviera. No funcionó y recibió una segunda dosis. Al final fue peor el remedio que la enfermedad. «Tuve una mala reacción, hubo complicaciones. No lo recuerdo muy bien porque estaba medio inconsciente. Por suerte estaba en el hospital, estaba controlada y se quedó en el susto», recuerda Cornell antes de su debut olímpico.

Los dos abanderados españoles y una polémica: "Decían que yo no debería llevar la bandera"

Los dos abanderados españoles y una polémica: “Decían que yo no debería llevar la bandera”

El Comité Olímpico Español tenía un buen lío a la hora de escoger a los abanderados para los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortinad'Ampezzo, que empiezan hoy. Si seguía su criterio de premiar a los más laureados, Lucas Eguibar tendría que repetir y Queralt Castellet sería la portadora ¡por tercera vez! Nadie lo pondría en duda, pero resultaría extraño. Por eso decidió cambiar la mirada y, en lugar de premiar los éxitos, premiar la longevidad: en su tercera participación olímpica, el esquiador Quim Salarich y la patinadora Olivia Smart serán los encargados de llevar la bandera en una ceremonia de inauguración que se espera italiana, muy italiana.

«Cuando me lo dijeron estaba en el aeropuerto, a punto de embarcar hacia Canadá. Me quedé con la emoción más de siete horas, sin poder hablar con nadie, sola con mis pensamientos. Fue un vuelo muy bonito», asegura Smart, reunida con Salarich en conversación con EL MUNDO.

Pregunta. ¿Creen que España siempre va a los Juegos Olímpicos de invierno con complejo de inferioridad?

Salarich. No hablaría de inferioridad, pero vemos los deportes de invierno como un hobby. No hay mucha cultura competitiva en deportes como el esquí alpino o el snowboard. Es uno de los hándicaps que tenemos. Si un niño se apunta al fútbol, al baloncesto o al tenis sabe que disputará partidos, pero con el esquí solo va a entretenerse.

Smart. En mi deporte, el patinaje, seguramente sí existía esa inferioridad antes de Javier Fernández. Ahora nuestro trabajo es mantener su legado y eso no es fácil. Después de su retirada hubo un bajón en España y ahora Tim [Dieck] y yo [compiten en dúo] intentamos que vuelva a ir hacia arriba.

P. Ninguno de los dos entrena en España.

Salarich. Es parte de lo que hablábamos. Como no hay cultura de competición, cuesta mucho que nos preparen las pistas para nosotros. Necesitamos que sean un espejo, una placa de hielo, y eso a las estaciones no les sale rentable. El esquí, en general, es un deporte muy caro y ahí también hay una barrera, eso está claro.

Smart. En el patinaje pasa lo mismo: no hay muchas instalaciones. Los mejores grupos de entrenamiento del mundo están en Canadá, también Javier Fernández entrenaba allí y por eso vivimos allí nosotros. Cuando salió la noticia de que yo iba a ser la abanderada de España leí a gente que hablaba mal de mí por ello. Decían que yo no debería llevar la bandera: soy inglesa, compito junto a un alemán y entreno en Canadá. Pero estoy muy orgullosa de que me hayan concedido este honor.

P. Olivia, ¿cuál es su relación con España?

Smart. De pequeña, con mis padres, veraneaba mucho en España, especialmente en Tenerife, y cuando hice pareja con Adrián [Díaz, su anterior compañero] empecé a competir por el país. Cuando Adrián lo dejó y me uní a Tim existía la posibilidad de representar a Alemania -también Tim es militar alemán-, pero en mi mente y en mi corazón no quería representar a ningún otro país que no fuera España. La Federación Española nos recibió con los brazos abiertos y estamos muy felices.

P. Olivia hablaba de Javier Fernández. Quim, ¿se mantiene en el esquí el legado de Paquito Fernández Ochoa?

Salarich. Te diría que sí, incluso más fuera de España que dentro. En los Mundiales y en la Copa del Mundo todavía me encuentro a gente que me pregunta si lo conocí. Yo, por edad, no llegué a vivirlo, pero para mí siempre será un referente porque demuestra que un español puede ser campeón olímpico de esquí alpino. Podemos pensar que era otra época o lo que sea, pero hay que recordar que fue campeón olímpico.

P. ¿Con qué resultado acabarían satisfechos estos Juegos Olímpicos?

Smart. Mi sueño es una medalla olímpica y sabemos que en una final puede pasar cualquier cosa. El año pasado, en el Mundial, acabamos terceros en el programa libre, así que no estamos tan lejos. Va a ser muy difícil, pero en el Top 10 estamos todos muy cerca. El primer objetivo es asegurar el diploma olímpico y luego, a soñar.

Salarich. Te diría un poco lo mismo. Ahora sé que puedo ser competitivo. No parto como favorito, pero he estado delante en una Copa del Mundo; hace poco me caí cuando iba tercero... Cualquier cosa puede pasar. Tengo experiencia, ya he vivido la presión y voy con muchas ganas.

P. Una última cuestión. Antes de que les presentaran como abanderados no se conocían. ¿Cómo es posible?

Salarich. Los deportes de nieve y los deportes de hielo siempre van por separado. Durante la temporada cada uno tiene sus competiciones, pero es que en los Juegos Olímpicos suele haber dos villas olímpicas, en los actos casi nunca coincidimos... En los Juegos Olímpicos de verano coinciden mucho los deportistas de diferentes disciplinas, pero nosotros no tanto.

Carlos Alcaraz: “Las cosas negativas que leí me afectaron, incluso me entraron dudas”

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Una hora antes de que llegue Carlos Alcaraz, los fotógrafos ya están haciendo pruebas en los jardines del Royal Exhibition Building de Melbourne. "Ponte aquí", le piden al periodista más madrugador, y él se pone. Más tarde, cuando el campeón del Open de Australia aparece con cara de sueño, todo sucede a una velocidad de vértigo. Ya acostumbrado a estas artes, Alcaraz posa, posa, posa y vuelve a posar con su traje de Louis Vuitton, saluda a los aficionados que le esperan y se entrega a sus últimos compromisos antes de volar de vuelta a casa, por fin.

"Ya me gustaría haber tenido fuerzas para ir de fiesta. Después de la final llegué a mi habitación a las dos de la madrugada y no podía hacer nada. Estaba muerto. Estuve jugando a unos juegos con mi hermano y ésa fue toda mi celebración. No daba para más", confiesa a EL MUNDO en una entrevista realizada en el coche que le lleva a toda velocidad del posado oficial a su hotel para recoger las maletas antes de ir al aeropuerto. "Tengo ganas de llegar ya a Murcia para descansar", añade, con la amabilidad con la que siempre habla a los demás y con la que en los últimos meses también se dirige a sí mismo.

En este Open de Australia, como en el pasado US Open, no ha parado de animarse durante los partidos. "Vamos, Charly", se decía. Todo empieza por uno mismo.
Totalmente. Es muy importante para mí. Me he dado cuenta de la importancia que tiene hablarse en positivo. Cuando las cosas se complican es cuando hay que sacar esos ánimos. Lo pueden cambiar todo, te cambian la mentalidad. No es raro que mis dos mejores Grand Slam -en referencia al US Open y a este Open de Australia- hayan llegado cuando me he hablado bien y cuando me he tratado bien de manera exagerada, con intención de hacerlo desde el principio.
¿Con quién habla si ese positivismo no acaba de salir, si algo le preocupa?
Fuera de la pista está mi familia. Mi padre, mi tío, mi hermano... todos viajan conmigo y para mí es una gran suerte. Pero en la pista, durante los torneos, tengo a Samu [López]. Samu es una persona que no solo me ayuda a nivel profesional, a mejorar mi revés o mi derecha, a señalarme cambios tácticos; también me tranquiliza cuando me inquieta algo. Eso es muy importante para dar lo mejor en pista.
Cuando de niño soñaba con tener esta vida, ¿se la imaginaba así?
De niño soñaba con ganar los mejores títulos, con tener varios Grand Slam, pero no sabía qué sentiría ni qué iba a pasar en mi vida. De la idea que tenía de niño, las sensaciones son un poco diferentes.
¿En qué sentido?
Cuando tenía 12 años quizá pensaba que todo llegaba de la nada. Como un regalo, algo que aparece. Pero conforme vas avanzando te das cuenta de que eso no es así. Que te tienes que preparar mucho para ese momento que soñabas, que tienes que trabajarlo mucho, que empiezas en los primeros torneos ATP 250, luego los 500, los Masters 1000, y vas llegando. Ahora, obviamente, me siento increíble, me siento especial, pero no viene de la nada. Hay mucho detrás.

WILLIAM WESTAFP

En su discurso de campeón habló de las críticas recibidas por haberse separado de su entrenador, Juan Carlos Ferrero. ¿Le afectaron?
Conforme pasa el tiempo me he ido dando más cuenta del poder de las palabras. Tanto una palabra buena como una palabra mala puede cambiar el ánimo de una persona. Por eso yo siempre intento llevar mucho cuidado con lo que digo y cómo lo digo. Algunas de las cosas negativas que leí o escuché me afectaron, incluso me entraron un poquito de dudas. Pero también quiero decir que las cosas positivas me llenaron de orgullo y me hicieron feliz. Gracias a Dios hubo más cosas buenas que malas.
Ese cambio en su equipo, ¿qué motivos tenía?
La temporada de un tenista es de enero a noviembre y cuando acaba hay que tomar decisiones. La vida se basa en eso: en tomar caminos. A veces esos caminos son correctos, a veces son erróneos, y hay que ir aprendiendo. Veíamos que necesitábamos un cambio, lo decidimos así y se dio de esa manera.
Son siete Grand Slam con 22 años, el pleno en todos los 'grandes'. ¿Le preocupa despegar los pies de la tierra?
La verdad es que no. Tengo claro cuál es mi base, de dónde soy, de dónde vengo, cuál es mi gente, y eso nadie me lo va a cambiar. Si alguna vez, en algún momento, por lo que sea, puedo llegar a equivocarme, ahí tengo a mi familia y a mi gente. Si me tienen que pegar una colleja para bajarme a la tierra, lo harán. Son los que siempre me han acompañado desde chico y los que me conocen realmente.

Dita AlangkaraAP

Cuando habla con sus amigos, ¿ve una vida muy distinta a la suya?
Obviamente sí. Eso es innegable. Pero cuando estoy con ellos me olvido de todo eso. Me olvido de lo que vivo, de todo lo que implica ser tenista. Cuando nos reunimos somos todos iguales y vuelvo a la infancia, cuando tenía 12, 13 o 14 años y podía estar más tiempo con ellos. Yo les agradezco que me traten así, me encanta, pero obviamente vivimos situaciones diferentes en nuestro día a día.
Su palmarés dice que ya lo ha conseguido casi todo.
Antes veía que el año que viene aquí, en Australia, puedo completar los cuatro Grand Slam dos veces y también ser el más joven en hacerlo. Siempre hay algo. Siempre salen cosas que te mantienen con ambición. Los torneos grandes siempre me motivan y hay varios Masters 1000 que me gustaría ganar al menos alguna vez. También están las ATP Finals y, sobre todo, la Copa Davis. La Davis es un torneo que me encanta, me gusta mucho jugar con España y me encantaría tenerla en mi palmarés.