Cómo China le arrebató el snooker a los ingleses: "Dentro de veinte años no va a haber nadie con mi aspecto"

Cómo China le arrebató el snooker a los ingleses: “Dentro de veinte años no va a haber nadie con mi aspecto”

Hay deportes que huelen a pub, a cerveza ale, a shepherd’s pie, a moqueta, a madera vieja. Hay deportes puramente ‘british’. Lo son los dardos, las carreras de caballos, el cricket, incluso el rugby, pero sobre todo el snooker. La modalidad estrella del billar nació en las tabernas del Reino Unido, alimentado por una cultura nacional de paño verde, tiza y silencio casi religioso, y cuesta imaginarlo fuera del país. Pero algo está pasando. En el Crucible Teatre de Sheffield, el templo donde cada año se disputa el Mundial, se está dando un fenómeno extraño: los campeones ya no hablan inglés.

En 2025, el chino Zhao Xintong hizo historia al ganar el Mundial y, la semana pasada, su compatriota Wu Yize siguió sus pasos. Dos años seguidos. Un dominio que también se da en categoría femenina, con Bai Yulu, y que empiezan desde las primeras rondas. En el último campeonato participaron 11 de los 32 participantes eran chinos, un récord total. Los británicos están perdiendo su sitio ante una generación de jóvenes asiáticos que está reescribiendo la historia. ¿Qué está pasando?

El pionero que cambió todo

Para entenderlo hay que retroceder al 3 de abril de 2005. Ese día, un adolescente chino de 18 años recién cumplidos llamado Ding Junhui entró como wildcard en la final del Abierto de China y derrotó al mismísimo Stephen Hendry, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Ese mismo año ganó el Campeonato del Reino Unido ante Steve Davis, seis veces campeón del mundo y ese mismo año desató un ‘boom’ inmediato en su país. Más de 200 millones de aficionados chinos siguieron sus partidos. "Ding fue una especie de Yao Ming", explica Sergio Gutiérrez, comentarista de Eurosport y una de las voces de referencia del snooker en España. "No fue el primer profesional chino, pero sí el primero que despuntó y rompió de manera brutal. Y el día que gana ese primer título de ranking, hay un niño de ocho años viendo el partido con su padre. Ese niño se llama Zhao Xingtong, el primer campeón del mundo chino".

La historia tiene un hilo perfecto. Ding abrió la puerta. Zhao la cruzó. Y Wu la ha derribado este año. Pero detrás de esa narrativa hay algo mucho más calculado: una inversión millonaria, una decisión de Estado

El proyecto de un país

"Esto se explica como casi todas las grandes historias en la vida", dice Gutiérrez. "Es un proyecto muy rentable de las autoridades chinas, que llevan formando niños desde los 7 u 8 años en academias desde hace prácticamente 20 años". Con el ‘efecto Ding’, China identificó en el snooker lo que había visto antes en el tenis de mesa, el bádminton o el atletismo: un deporte de precisión, técnica y disciplina mental donde el talento bruto, convenientemente canalizado desde la infancia, podía producir campeones en serie. Y además, una oportunidad de imagen. Cuando Zhao Xingtong ganó el Mundial en 2025, lo primero que hizo fue envolverse en una enorme bandera china que le entregó Victoria Shi, dueña de una de las academias más importantes de Sheffield. Era un triunfo personal, sí. Pero sobre todo un triunfo de país.

DARREN STAPLESAFP

El modelo tiene dos fases. La primera, en China, donde una red de academias públicas selecciona y forma talento precoz con entrenadores frecuentemente británicos. Y la segunda, en Sheffield o Londres, donde los jóvenes talentos se integran en academias como la de Shi y asaltan el circuito profesional. La clave está en que ya no llegan solos: llegan a una comunidad. "Lo que antes les costaba 20 años de adaptación, ahora les cuesta tres. Les ayudan con los pasaporte, con trámites como abrirse una cuenta bancaria y les enseñan cómo funciona en los torneos", señala Gutiérrez.

La biografía del nuevo campeón, Wu Yize, resume precisamente ese camino. Con 11 años, su padre lo llevó desde Lanzhou hasta Yushan, donde está la academia del entrenador anglo-australiano Roger Layton. Con 15 años hizo un máximo de 147 puntos -la puntuación perfecta- en 4 minutos y 32 segundos, más rápido que el récord del mítico Ronnie O'Sullivan en partido oficial, con 18 años se fue a vivir a Reino Unido y, con 22, ya es campeón del mundo.

DARREN STAPLESAFP

David Alcaide, histórico del billar español y colaborador técnico de Eurosport, apunta otro ingrediente: la disciplina. "Siempre que he estado por el Reino Unido y he entrado a alguna academia, están allí horas y horas y horas, viviendo allí. Imagínate, para un chino sin hablar inglés ir al Reino Unido es muy duro. No creo que lo hagan sólo por dinero. Lo hacen por un objetivo".

La respuesta británica: ¿es tarde?

Ronnie O'Sullivan, la mayor leyenda del snooker, lo dijo hace poco con su habitual tendencia al drama: "Dentro de diez o veinte años no va a haber nadie con mi aspecto jugando al snooker". La hipérbole esconde un problema real que se debate con urgencia en el Reino Unido. Los clubs de snooker tradicionales, ese ecosistema de paño verde y poca luz donde se forjaron generaciones de campeones, están desapareciendo. Los jóvenes británicos no entran. El snooker les parece un deporte de sus abuelos.

La respuesta ha llegado en dos frentes. El primero, institucional: el Gobierno británico acaba de alcanzar un acuerdo con las autoridades de Sheffield para reformar el Crucible Theatre con una inversión de 45 millones de libras, garantizando que el Mundial se quede en Sheffield hasta 2045. China quería llevarse el torneo. El dinero público lo salvó. El segundo frente es más estructural: cada vez se oyen más voces que reclaman academias públicas para formar talento británico, el mismo modelo que ha aplastado a sus jugadores. Por lo menos en el último Mundial, dos jóvenes ingleses -Stan Moody y Liam Pullen- debutaron en el Crucible. Stan Moody fue el primer adolescente británico en hacerlo desde Jack Trump en 2007. Pero son dos. Los chinos son legión. Y siguen llegando.

Ferran Torres: "Nadie se puede valorar más de lo que me valoro yo"

Ferran Torres: “Nadie se puede valorar más de lo que me valoro yo”

Resuenan las palabras en un enorme nave a las afueras de Sabadell donde Ferran Torres acaba de rodar un anuncio para su patrocinador, Under Armour, antes del clásico ante el Real Madrid que este domingo (21.00 horas, Movistar+) puede finiquitar la Liga. El delantero centro del Barcelona aparece a su cita con EL MUNDO con la tranquilidad de quien ya se ha acostumbrado a estas labores, de quien realmente ya se ha acostumbrado a todo. Desde que llegó hace cuatro años su figura en el equipo no ha parado de crecer, esta temporada suma 20 goles, pero continúa en duda. Siempre en duda. Siempre en duda.

Todavía no ha renovado un contrato que termina el año que viene y no sabe si le espera un futuro aquí o allá. Igualmente ni se inmuta. Él ha hecho lo suyo tanto en Liga como en Champions, con aquel gol ante el Atlético que pudo dar el pase a semifinales, y lo que tenga que venir, vendrá.

Complete la frase. Si el Barça no pierde el clásico y es campeón de Liga, la temporada será...
Muy buena. Al final, ganar dos Ligas consecutivas es algo muy difícil. Demuestra que estamos haciendo un gran trabajo y que el equipo sigue creciendo. Es verdad que uno de los objetivos principales era la Champions, pero la Liga es lo que demuestra el nivel de cada uno.
Es su primer año en el Barça en el que ha jugado más partidos como titular que como suplente.
Siempre quiero más. No me conformo con lo que hice ayer, siempre busco mejorar mañana. Pero bueno, sí, estoy contento con el balance personal de lo que va de temporada. Y quiero acabarla aún mejor.
¿Siente que ahora se le valora más fuera del vestuario? Ya sabe, la afición, la prensa.
Ni lo sé ni me importa, la verdad. No sé si me siento valorado o si no me valora. Quien me tiene que valorar me valora y me quedo con eso. Y lo más importante: me valoro mucho a mí mismo.
¿Más que antes?
Es imposible: siempre me he valorado como el que más. Creo que no cabe espacio para que alguien se valore más de lo que me valoro yo.

David RamirezAraba

Robert Lewandowski parece un tipo realmente duro. Debe ser complicado jugarse el puesto con él.
Tenemos una relación súper sana. Al final él es una leyenda, el tercer máximo goleador de la historia del fútbol. Yo siempre intento coger ejemplos de él, coger cosas. Y creo que yo le puedo aportar esa frescura, esa energía que tengo. Siempre ha habido muy buena convivencia entre él y yo.
¿Cómo ha conseguido la confianza de Hansi Flick?
Creo que desde que Flick llegó siempre me ha tenido mucha confianza y yo también le he demostrado por qué me la merecía. Es un entrenador que ha sacado mucho potencial de mí, que sigue sacándolo y que ojalá que pueda seguir sacándolo más años. Al final, cada año que pasa, me pide más, me exige más, pero eso es una muy buena señal. Quiere decir que me ve con un jugador con talento y con potencial.
¿Qué le pedía este año?
Marcar goles y saber hacer cosas para el equipo, trabajar para el equipo. Cuando haces eso, trabajas para el equipo, las cosas te llegan.
Habla mucho de mentalidad, con la broma del tiburón. Al contrario que otros, el fútbol nunca se ve como un deporte mental.
La mentalidad lo es todo. Obviamente tienes que tener talento, pero se nota mucho cuando alguien está mentalmente fresco, con las ideas frescas, bien y sano en ese sentido. También en el fútbol un gran porcentaje del éxito es mental.
La campaña de Under Armour que protagonista se titula For pressure lovers. ¿Cuándo se ha sentido más presionado en su carrera?
Bueno, ¿Y cuándo no? [Ríe] Para mí cada día es una prueba, un día más bajo presión. Hay que saber convivir con ello. Forma parte del fútbol y de la vida. Creo que sé gestionar muy bien la presión: sé que siempre está ahí y hay que saber convivir con ella.
Torres, Fermín y Casadó, en la campaña de Under Armour.

Torres, Fermín y Casadó, en la campaña de Under Armour.UNDER ARMOUR

¿Y le deja disfrutar del fútbol?
Yo me lo paso genial. Disfruto como el que más dentro del campo. Y al final, cuando disfrutas, la presión no existe. La presión la magnifica más la gente que realmente nosotros, porque jugamos al fútbol porque nos encanta y porque es nuestro sueño desde pequeños. Eso es lo que nos mueve, es lo que nos hace salir de los días malos, como la eliminación de Champions.
¿Cómo se cura de una derrota como aquella ante el Atlético?
Depende. Una derrota así siempre es complicada de llevar, y más cuando tienes la sensación de tener la clasificación tan cerca. Después, además, no tuvimos partido en bastantes días y se me quedó un poco más en la cabeza. Pero al final había que seguir y pensar en cerrar la Liga. Además yo para animarme con mis perros tengo más que suficiente. Llego a casa, los veo y se me pasa todo.
Son las estrellas de su redes sociales.
Paso mucho tiempo con ellos. Sobre todo ahora que hace buen tiempo, si no estoy en el jardín tomando el sol con ellos, estoy dando paseos por la playa. Es mi manera de distraerme. El fútbol es un mundo en el que estás todo el rato metido, como una burbuja, y ellos me sirven para salir de eso y desconectar.
¿Qué más le distrae?
Jugar a la Play me gusta y dentro de lo que se puede salir a cenar o a comer con los amigos. Y si no, rodajes de anuncios como este.
¿Se piensa durante la temporada en el Mundial?
Te diría que sí, pero la verdad es que no te da tiempo. Al final hay tantos partidos, cada tres días, con tanta exigencia, que no te da tiempo casi a pensarlo. Obviamente ahora que se acerca más, sí que lo tienes ahí más cerca, pero no es algo que digas 'voy a aflojar o voy a pensar más en el Mundial'. Al revés: al final el club lo es todo y el club es el que te ayuda a tener el premio de ir al Mundial.
Egloff y Andrews, dos hombres para batir el récord de velocidad en el Everest: "Las colas de turistas serán un problema serio"

Egloff y Andrews, dos hombres para batir el récord de velocidad en el Everest: “Las colas de turistas serán un problema serio”

Ahora mismo hay dos hombres en el campo base del Everest esperando el momento propicio para echar a correr y establecer un nuevo récord de ascenso a la montaña más alta del planeta. Su objetivo es rebajar las 20 horas y 24 minutos que Kaji Sherpa firmó en 1998, aunque quizá sea aún más importante lograrlo antes que el otro. Porque no, no van juntos. Todo lo contrario. El estadounidense Tyler Andrews y el ecuatoriano-suizo Karl Egloff se conocen, se respetan y comparten muchas cosas, pero mantienen las distancias en su asalto al techo del mundo. No intercambian información y, de hecho, incluso es posible que intenten la cima el mismo día. ¿Hoy? ¿Mañana? ¿La próxima semana? La meteorología decidirá. Pero en las próximas horas protagonizarán una carrera por la historia.

Un Coe contra Ovett a 8.848 metros, con plumíferos y piolets, y con un enemigo común: los turistas de las alturas que les obligarán a frenar.

«El tráfico será un problema bastante serio. Para empezar, no podremos jugar con las mejores cartas. Los días de mejor tiempo habrá muchísima gente en la montaña y nos tocará salir en jornadas peores. Y luego, cuando arranquemos, tendremos que coordinarnos con sus sherpas para evitar colas peligrosas», cuenta Egloff a EL MUNDO. Andrews, también contactado por este periódico, prefiere no hablar hasta después de su intento.

Ambos ascenderán por la cara sur, ya que China no ha concedido permisos este año para hacerlo por la cara norte -donde el récord de velocidad pertenece a Kilian Jornet-. Ambos subirán sin oxígeno embotellado . Y ambos lo harán con el mínimo material posible, aunque necesitarán una compleja logística entre campos y, a partir de los 8.000 metros, no tendrán más remedio que enfundarse el traje completo para combatir el frío. En realidad no podrán correr, pero sí caminar muy rápido, lo más rápido posible. ¿Quién alcanzará antes esa cima? Imposible saberlo. Los dos acumulan currículos similares y varios intentos fallidos.

Andrews, el corredor de la montaña

Los dos merecen presentación. Andrews, de 36 años, es probablemente el más conocido. A los seis se sometió a quimioterapia por una enfermedad rara, anemia aplásica, y era un tirillas que tocaba el banjo y la mandolina en la Universidad de Tufts, cerca de Boston, cuando descubrió el atletismo. Corría más kilómetros que nadie, entrenaba en pleno verano con capas de ropa para duplicar el esfuerzo e intentó clasificarse para los Juegos Olímpicos de Río 2016 y Tokio 2020 en maratón, aunque no lo consiguió. Entonces decidió lanzarse del todo a la montaña.

Se instaló en Quito, en Ecuador, porque está casi 3.000 metros de altitud, y empezó a encadenar récords de ascenso. El pasado enero, sin ir más lejos, pulverizó la plusmarca de subida al Cotopaxi establecida en 2022 por... Karl Egloff. Su actual rival en el Everest ya lo había sido antes en otras cumbres, tantas que entre ambos se ha generado una rivalidad muy particular.

Egloff y el peso de lo mental

«Nos conocemos. Él tiene sus objetivos y yo los míos», explica Egloff, de 45 años, sobre Andrews. Aunque comparten un punto en común -Quito-, su relación con la montaña es muy distinta. Si Andrews conquista cumbres de la manera más estadounidense posible, Egloff parece dialogar con ellas. Es más espiritual. Amante de la meditación, hijo de un guía de montaña suizo afincado en Ecuador, se formó allí antes de regresar a vivir a Suiza en los últimos años. También obsesionado con la velocidad, el año pasado ya estuvo en el Himalaya en busca del récord del Everest -igual que Andrews-, pero se quedó lejos de la cima y cayó en una especie de depresión que casi le hizo abandonar las alturas. Ahora, después de un intenso trabajo mental, vuelve a la montaña más alta de la Tierra en busca de la revancha.

«En los próximos años habrá más montañeros persiguiendo récords de velocidad. Muchos atletas procedentes de la ultradistancia están interesados. Kilian fue el pionero y ahora llegan nuevas generaciones», analiza Egloff antes de lanzarse a la carrera. ¿Quién será el hombre más rápido del Everest? Preparados, listos... ya.

Jódar supera la presión y a Borges en un debut desagradable en el Masters 1000 de Roma

Jódar supera la presión y a Borges en un debut desagradable en el Masters 1000 de Roma

Rafa Jódar, 19 años, caminando por Madrid y teniendo que parar cada diez metros porque alguien le pide una foto. Un anuncio con su cara ocupa una fachada entera de Gran Vía. Los medios de medio mundo quieren cinco minutos con él. En Instagram le siguen 160.000 personas que hace unos meses no sabían que existía.

Bienvenido a la otra cara del tenis.

Porque el juego de Jódar -el que le ha catapultado desde el anonimato al puesto 34 del ranking ATP en cuestión de meses- es solo la mitad de la historia. La otra mitad es aprender a vivir con todo lo que viene después: las entradas agotadas cuando juega él, los rivales que ya le han visto suficiente como para plantear un antídoto, la presión del entorno.

Ese aprendizaje llegó antes de lo previsto. Este viernes, en su debut en el Masters 1000 de Roma, Jódar se encontró con un partido desagradable y sin concesiones ante Nuno Borges y, pese a ello, lo ganó por 7-6(4) y 6-4 en una hora y 57 minutos. Las excusas hubieran sido legítimas: el cansancio acumulado en una gira de tierra batida exigente, el cambio de condiciones entre la Caja Mágica y el Foro Itálico, el viento racheado que rompía los ritmos, la arcilla romana irregular con sus botes traicioneros. Cualquiera de esas razones habría valido para justificar una derrota. Jódar no necesitó ninguna.

Hubo momentos de duda -algún gesto de frustración, incluso una discusión con su padre y entrenador, algo inédito hasta ahora en su carrera profesional-, pero los encajó y siguió. Esa es la señal. La ola es grande, pero tiene las herramientas para surfearla.

Un día sin brillo

Ante Borges, de hecho, venció en un mal día: la virtud de los grandes. No estuvo especialmente acertado en el saque -un 57% de primeros-, la derecha le traicionó demasiado hasta llegar a sumar más errores no forzados que golpes ganadores e incluso le costó aprovechar sus bolas de break. Pero igualmente sacó el triunfo adelante gracias a su cabeza. Mientras Borges, tenista 10 años mayor que él, caía en el desespero en el tie-break del primer set, Jódar sacaba entonces su mejor tenis para ponerse por delante.

El segundo set fue más placentero, pese a los obstáculos, pero el primer set estuvo lleno de dificultades. En Barcelona o Madrid, Jódar hubiera empezado con 4-0 a favor porque tuvo bolas para ello, pero esta vez se enredó, cedió un break y se vio obligado a remontar. También fue mérito de Borges, que supo aguantar los intercambios de revés del español y le contestó hasta el final.

"He jugado muchos partidos en los últimos torneos y tengo que aprender a recuperarme y estar más descansado. Ha sido un partido muy, muy duro. Nuno ha jugado a gran nivel y yo no he empezado tan bien, pero he sabido remontar y decidir en el tie-break", resumió Jódar.

Luiz Tonidandel, el mayor coleccionista de pines olímpicos del mundo: "No son una excusa para ligar"

Luiz Tonidandel, el mayor coleccionista de pines olímpicos del mundo: “No son una excusa para ligar”

Los pines. ¿Los pines? Sí, los pines. En los años 90 estuvieron de moda: cosas del grunge. Una chaqueta tejana o una chupa de cuero con sus pines de Nirvana o de Guns N' Roses era lo más, pero desde entonces se ven pocos, por no decir que ya no se ven. Están pasados de moda, perdidos en cajones. Pero en cuanto empiezan unos Juegos Olímpicos hay centenares de aficionados que se vuelven locos por los pines, que viajan miles de kilómetros por los pines, que preguntan a propios y extraños para conseguir más pines.

«¿Tienes un pin?». En todas las sedes siempre hay un coleccionista con ansias de ampliar su muestrario. El Olympic Collectors Club se congratula de tener más de 500 miembros de más de 30 países y, entre ellos, la estrella, el referente, la cabra, es el brasileño Luiz Fernando Tonidandel. Sus más de 4.000 piezas le elevan en la cima del coleccionismo olímpico de pines, un coleccionismo que presume de no haber caído en la vorágine capitalista que rodea otros objetos. Aquí no se vende.

¿Qué valor tiene su colección de pines olímpicos?
No lo sé, nunca he pensado en ponerla a la venta. Para mí cada pin representa algo que he vivido, personas que he conocido, historias que he experimentado. Venderlos sería renunciar a una parte de mi vida. Incluso guardo los pines duplicados para intercambios, nunca los vendo. Así tengo una sensación de continuación. Cada edición de los Juegos Olímpicos guardo pines para la siguiente.

Dueño de su propio modelo

Tonidandel, conocido en Instagram como @LuizOlympicPins -tiene más de 50.000 seguidores-, charla con EL MUNDO desde Curitiba, donde trabaja como asesor de proyectos empresariales. siempre que no haya Juegos. Si hay Juegos lo deja todo, desempolva sus ahorros y se desplaza donde haga falta. «Todo empezó en 2008, en los Juegos Olímpicos de Pekín, un poco por casualidad. Un entrenador brasileño que conocía me dio mi primer pin y no entendí del todo lo que significaba. Pero con el tiempo me di cuenta de que había algo profundo. El pin es una forma de volver a recordar: quién me lo dio, donde estábamos, qué estábamos viviendo juntos», cuenta.

En la primera edición, Atenas 1896, ya existía una suerte de pines que ayudaban a reconocer a los atletas, pero el coleccionismo nació en Los Ángeles 1984. Un patrocinador, Coca-Cola, vio que había aficionados interesados y creó el Centro de Intercambio de Pines, hoy en día convertida en una sede más. Para cada edición olímpica se fabrican entre 5.000 y 6.000 pines diferentes con diseños de los diferentes comités nacionales, de los sponsors, de algunos medios de comunicación, de las estrellas e incluso de los voluntarios. El mismo Tonidandel tiene su propio modelo, que regala a quien se lo pide.

¿Cuál es el más raro que tiene?
Es difícil escoger. De los últimos Juegos Olímpicos de París tengo uno de Snoop Dogg, con los cinco aros salió de su boca como si fueran humo de un cigarro. Tengo otro de una sesión del COI en Roma que es extremadamente raro o uno de Corea del Norte, producido en cantidades muy limitadas. La persona debía estar asumiendo un gran riesgo al intercambiarlo.

"Sólo quiero hacer amigos"

Según Tonidandel, el coleccionismo de pines exige una planificación intensa meses antes de cada ceremonia de inauguración. «Mucha gente piensa que es llegar e intercambiar y no es así. Tenemos grupos ya formados y nos organizamos porque algunos pines son extremadamente limitados y desaparecen rápido. Durante los Juegos hay zonas específicas de intercambio, puntos de encuentro, y hay que fijarse en quien va por la calle con la acreditación llena de pines. Esa suele ser una señal de que esa persona está abierta a intercambiar», anota el brasileño que niega el rumor más extendido.

Siempre se ha dicho que el intercambio de pines sólo es una excusa para que los deportistas -o los que no lo son- liguen durante los Juegos. «Los pines son un rompehielos universal, he intercambiado sin decir ni una sola palabra. Pero para mí no son una excusa, mi objetivo es hacer amigos, no otra cosa», finaliza Tonidandel a la espera de la próxima cita, Los Ángeles 2028, para ampliar su ya amplísima colección.

Sinner se suma a la amenaza de huelga de los tenistas en Roland Garros: "Sin nosotros el torneo no existe"

Sinner se suma a la amenaza de huelga de los tenistas en Roland Garros: “Sin nosotros el torneo no existe”

Jannik Sinner ya no sólo gana partidos. También empieza a ganar peso político en el tenis. El número uno del mundo se sumó este jueves en Roma a la creciente rebelión de los jugadores contra los Grand Slam, un pulso soterrado desde hace años y que ahora amenaza con hacerse público justo antes de Roland Garros. Incluso hay una amenaza de huelga sobre la mesa

«Quizás estamos recibiendo demasiado poco», dijo Sinner, con esa mezcla de calma y contundencia que le ha convertido en el jugador más dominante del circuito. No habló únicamente de dinero. O, al menos, no quiso que pareciera sólo dinero. «Lo importante es el respeto», insistió. Pero el mensaje era inequívoco: las grandes estrellas generan mucho más de lo que reciben.

Durante décadas, los Grand Slam han sido el gran negocio del tenis. Wimbledon, Roland Garros, el US Open y el Open de Australia concentran la atención mundial, disparan audiencias y multiplican ingresos por televisión, patrocinio y entradas. Sin embargo, los jugadores llevan tiempo denunciando que el reparto económico sigue lejos de otros deportes donde los protagonistas tienen una porción mucho más alta del pastel. Si en el fútbol los jugadores se llevan alrededor de un 70% de los ingresos y en la NBA el dinero se reparte 50/50, en el tenis la situación es muy distinta. Las estrellas no alcanzan a cobrar ni el 15% de lo que generan.

"Sin nosotros el torneo no existe", resumió Sinner. Y ahí está el corazón del conflicto.

Un comunicado conjunto

El italiano forma parte del grupo de jugadores y jugadoras -entre ellos Coco Gauff y Aryna Sabalenka- que, según adelantó The Guardian, firmó un comunicado mostrando su malestar por los premios previstos para Roland Garros. Serán 61.7 millones de euros, pero lo ven insuficiente. La protesta tiene un componente simbólico importante: por primera vez hombres y mujeres aparecen alineados públicamente en esta cuestión.

No es casualidad que sea Sinner quien dé el paso. El tenis masculino atraviesa un cambio de era acelerado. Con Novak Djokovic entrando en la recta final de su carrera y Carlos Alcaraz con problemas físicos, el italiano se ha convertido en la referencia más estable del circuito. Y eso le otorga una autoridad distinta. Cuando habla el número uno, el circuito escucha. También los torneos.

TIZIANA FABIAFP

Detrás de esta discusión hay una batalla mucho más profunda: quién controla el negocio del tenis. Los Grand Slam son entidades independientes, poderosísimas, acostumbradas a imponer condiciones. Los jugadores, en cambio, han vivido históricamente fragmentados entre ATP, WTA y calendarios imposibles. La sensación en el vestuario es que esa desunión les ha hecho perder fuerza durante años.

«Hemos estado callados demasiado tiempo», dijo Sinner. La frase sonó menos a queja y más a advertencia.

En Roma, mientras persigue el único Masters 1000 que falta en su colección, el italiano llega como gran favorito. Juega en casa, evita a Djokovic hasta una hipotética final y aterriza con el aura del campeón inevitable. Pero esta vez el foco no está sólo en su derecha o en su revés. También en su capacidad para liderar una reivindicación que empieza a crecer en el circuito.

Y que amenaza con convertir Roland Garros en algo más que un torneo de tenis.

Yomif Kejelcha, el hombre que bajó de las dos horas y perdió el maratón: "Estamos lejos del límite del ser humano"

Yomif Kejelcha, el hombre que bajó de las dos horas y perdió el maratón: “Estamos lejos del límite del ser humano”

Yomif Kejelcha sonríe. Para muchos, lo suyo sería una tragedia: el pasado domingo 26 de abril, en Londres, rompió una de las barreras históricas del deporte, bajó de las dos horas en maratón, y, pese a ello, no ganó. En su debut en la distancia el etíope completó los 42,2 kilómetros en una hora, 59 minutos y 41 segundos, pero el keniano Sabastian Sawe lo hizo 11 segundos antes para arrebatarle la gloria.

Pese a ello, Kejelcha sonríe. Durante su conversación con EL MUNDO, sonríe todo el tiempo porque sabe que esto no ha acabado aquí. Más bien acaba de empezar. Ya era un referente del tartán, doble subcampeón del mundo de los 10.000 metros, pero ahora, a sus 28 años, tiene por delante una década de oportunidades sobre el asfalto. ¿Será récord mundial de maratón? Lo intentará, sin duda, muchas veces; quizá incluso este mismo año. Ya se le espera en otoño en los maratones de Berlín o Chicago. Su derrota, en realidad, fue una victoria.

Bajar de dos horas en maratón y no ganar la carrera. ¿Cómo se digiere eso?
Yo estoy muy feliz, de verdad. Para mí no hubo decepción alguna. No estoy frustrado, no estoy enfadado. Pude correr en 1:59 mi primer maratón y compartí un momento muy especial con Sabastian. Especial para mí, para nosotros, para el atletismo, para todo el mundo. Quiero ganar siempre, pero pude demostrar mi nivel. Estoy muy orgulloso de lo que hice y tengo muchas ganas de lo que viene.
¿Se ve batiendo el récord del mundo este mismo año?
Este mismo año no lo sé. Necesito tomarme un tiempo de descanso, recuperarme plenamente y decidir qué hacer junto a mi equipo. Pero creo que puedo mejorar mi marca y el récord. Me quedé a sólo 11 segundos, así que no estoy lejos. Quizá pueda incluso correr en 1:58. Lo más importante ahora es seguir construyendo, paso a paso.
¿Cree que hay un límite humano en el maratón?
Puede que lo haya, pero creo que no estamos cerca de él. Todavía estamos descubriendo de lo que somos capaces. Cuando los corredores nos motivamos mutuamente, como hicimos Sabastian y yo, no paramos de mejorar. Tenemos que seguir empujando y, en unos años, ya veremos qué habrá pasado.
¿Podría haber bajado de dos horas sin la competencia con Sawe?
No lo sé, pero habría sido muchísimo más difícil sin él. Correr juntos nos ayudó a mantener el ritmo y, sobre todo, a creer que era posible. Sabastian ha admitido que le ayudé.

Alex Davidson/Getty

Y eso que el día antes de la carrera usted proclamó que bajar de dos horas era «imposible».
Mi entrenador ya me había dicho que estaba preparado. Pero, sinceramente, hasta los últimos metros yo no me lo podía creer. Miré el reloj, vi que estaba muy por debajo de las dos horas y ahí entendí que era posible. Hasta el kilómetro 41 me encontré muy bien, muy fresco, pero ahí, de repente, las piernas se frenaron, no respondían igual. Aun así, necesité cruzar la meta para entender lo que había conseguido.
¿Qué importancia tuvo la nutrición?
Fue esencial. El plan de nutrición y de los geles funcionaron muy bien. Intento seguir las pautas de mi equipo e introducir pocos cambios en mis rutinas de comidas. Eso es muy importante para un corredor, igual que el descanso.
Y las zapatillas. ¿Qué papel jugó la tecnología de sus mágicas Adidas Adizero Adios Pro Evo 3?
A este nivel, y en 42 kilómetros, las pequeñas diferencias importan mucho. Las zapatillas jugaron un papel importante porque son ligeras y eficientes. No sé si lo habría conseguido con otras, es difícil de decir. Pero lo que marca la diferencia, lo que marca el rendimiento, es la disciplina y el trabajo duro.

EFE

¿Cree que después de bajar de dos horas en maratón le cambiará la vida?
Cambiarán algunas cosas, sí. A partir de ahora Londres siempre será un maratón especial para mí, aunque corra otros 50. Pero por dentro sigo siendo el mismo. Sólo veo Londres como el comienzo de mi camino en el maratón. Puedo mejorar y lograr objetivos más grandes.
¿Por qué corre?
Un vecino me inspiró a hacerlo cuando era niño. Con el tiempo comprendí que tenía talento y, poco a poco, se convirtió en algo serio. Entendí que podía ser mi vida [dejó el colegio contra el criterio de su padre]. Después, cuando terminé mi etapa en la pista, pedí pasarme al asfalto a mi entrenador.
¿Quiénes eran sus ídolos de infancia?
Admiraba a muchos atletas etíopes que lograron grandes cosas. Ver su disciplina y su éxito me hizo creer que era posible, y eso me inspiró a seguir ese camino. Haile Gebrselassie siempre me ha ayudado mucho. Estoy seguro de que mucha gente en Etiopía estará muy orgullosa de mí ahora y creerá en mi capacidad para correr aún más rápido.
Alonso en Miami, un adelantamiento mágico, una riña con su equipo y otro mal resultado: "Hay que gestionar la frustración"

Alonso en Miami, un adelantamiento mágico, una riña con su equipo y otro mal resultado: “Hay que gestionar la frustración”

El Gran Premio de Miami dejó para Fernando Alonso una mezcla de sensaciones que define perfectamente el momento que atraviesa: algún destello de su magia, pero mucha, mucha resignación.

Lo más vistoso de su carrera, mucho más allá de su decimoquinto puesto, llegó en últimos minutos, tras un larguísimo stint inicial de 41 vueltas, cuando se marcó un adelantamiento limpio sobre Checo Pérez. Un movimiento clásico, de los suyos, que arrancó alguna que otra sonrisa en el box de Aston Martin. Por un momento, fue el Alonso de siempre. Y el propio Checo, lejos de molestarse, salió encantado de haber compartido pista con él. "Fernando tiene un gran racecraft y es muy limpio. Pelear con él siempre es muy divertido porque es superagresivo y superinteligente", reconoció el mexicano tras la carrera. "Sabes que cuando se aleja, algo está planeando. Y cuando se acerca, igual. Siempre planifica sus movimientos". Pérez hasta bromeó con que espera que Aston Martin no mejore demasiado rápido para poder seguir disfrutando de esos duelos.

No tiene nada que temer. El monoplaza de Alonso continúa siendo el más lento de la parrilla aunque las vibraciones, al menos, parecen haber quedado atrás. Tanto él como Lance Stroll pudieron completar la carrera sin dramas en ese sentido, y el español confirmó la mejora: "La fiabilidad es mejor. No tuvimos problemas, las vibraciones van mejor." Además, por primera vez en lo que va de temporada, los dos coches llegaron a meta. "Esta es la primera vez que conseguimos terminar con los dos coches. La fiabilidad ha mejorado y hay que quedarse con lo positivo en Miami. Pero las prestaciones son similares a las de Japón", aseguró antes de cerrar con una conclusión demoledora: "El coche de delante está a un segundo."

El mensaje a su ingeniero

De hecho Miami trajo un problema nuevo -o al menos recién identificado- al equipo que puede marcar las próximas pruebas. Alonso notó algo extraño con la transmisión durante todo el fin de semana: "Había algo muy raro con la caja de cambios o el motor, todo el fin de semana. No sé si es la electrónica". Una anomalía que, de cara al calendario inmediato, no tiene solución fácil. "Es lo que tenemos que arreglar para Canadá, porque allí con frenadas fuertes hay que mejorar esta situación con la caja de cambios", señaló el bicampeón, que no pudo recuperar la sonrisa.

Porque a todo se le sumó la tensión vivida en pista durante la lucha con Valtteri Bottas. En plena pelea por la posición, su ingeniero de pista le interrumpió para pedirle comprobaciones de radio en un momento poco oportuno. La respuesta de Alonso fue una declaración de principios: "Me cambiáis el despliegue de batería cada vuelta. Lo que estaba pensando hacer ya no lo puedo hacer".

Por ahora Alonso sólo puede intentar ayudar a los ingenieros, poco más. "Daremos pasos con esta capacidad de pilotaje pero no de prestaciones. Así que vendrán carreras duras", advirtió. "Sonaremos repetitivos, porque no vamos a tener mejoras hasta el verano. Habrá que gestionar este nivel de frustración por parte de todos en el equipo, pero creo que estamos relajados y comprometidos. Comprendo la situación. Si traemos dos o tres décimas en cada carrera no cambiará nuestra posición", finalizó el español.

Antonelli aplaca la rebelión de McLaren en Miami y es aún más líder del Mundial

Antonelli aplaca la rebelión de McLaren en Miami y es aún más líder del Mundial

Esa cara de niño esconde a un competidor como pocos, a un futuro campeón del mundo de la Fórmula 1, incluso a un posible dominador de una época. KimiAntonelli tiene 19 años y ya es líder del Mundial. Ya acumula tres victorias en su palmarés. Ya es dueño del futuro. Este domingo en Miami encadenó su tercer triunfo del año con una mezcla de virtud y fortuna. Tiene el talento de los elegidos y disfruta de la suerte de los ganadores, ese don invisible que separa a los grandes de los que solo los contemplan de cerca.

Como le ocurrió el día anterior en la carrera sprint, como le sucedió en todas las pruebas previas al parón, la salida le obligó a la remontada, y supo imponerse para acabar por delante de Lando Norris, segundo, y Oscar Piastri, tercero. Su compañero, George Russell, que arrancó la temporada como gran favorito al título, finalizó cuarto, desconcertado ante la maestría de quien debía ser su escudero.

Queda una eternidad para que acabe el campeonato -todavía deben celebrarse 16 carreras-, pero Antonelli ya es el rival a batir. No hay otro. Si algún piloto quiere el título, deberá quitárselo de las manos.

Acierto táctico de Mercedes

En la carrera alrededor del Hard Rock Stadium, adelantada tres horas por la amenaza de una tormenta eléctrica que en Miami puede descargarse sin previo aviso, Antonelli volvió a sufrir en los primeros metros y, pese a ello, mantuvo la compostura. Quizá le falte aún experiencia en las salidas. Lo que es seguro es que su Mercedes tiene el peor sistema de arranque de entre los mejores monoplazas del campeonato. En cada prueba, en cuanto los semáforos se apagan, el coche se queda clavado y pierde posiciones como si estuviera anclado al asfalto: esta vez, pese a salir desde la pole, tuvo que ceder el primer puesto a Charles Leclerc. Luego, a sufrir.

En la primera curva, Antonelli ya peleaba por recuperar el liderazgo y fue entonces cuando llegó el golpe de suerte que necesitaba. Los nervios del arranque le hicieron frenar más tarde de lo debido, se salió de la pista y al regresar a ella pudo haberse perdido en el pelotón, pero la fortuna bajó a verlo. A su lado, Max Verstappen sufría un trompo que bloqueó al resto de rivales y le permitió mantenerse segundo. El desastre no fue para tanto.

RUDY CAREZZEVOLIGetty Images via AFP

A partir de ese momento era su turno. En las primeras vueltas, Antonelli se vio inmerso en una intensa lucha con Leclerc y Norris, con los tres separados por décimas y el público del Hard Rock Stadium entregado al espectáculo. Pero pronto quedó en evidencia que la carrera se decidiría en los boxes. Si la lluvia no aparecía y la prueba se disputaba con normalidad, la estrategia de todos los competidores pasaría por hacer solo una parada para cambiar neumáticos, y escoger el momento adecuado sería decisivo. ¿Era mejor hacerlo pronto, con el tráfico todavía en pista? ¿O era mejor esperar y alargar la vida del compuesto?

Con el radar meteorológico en una mano y las telemetrías en la otra, Mercedes apostó por llamar a Antonelli antes de lo previsto, y la jugada funcionó. Cuando Norris siguió sus pasos y salió del pit lane, el italiano ya estaba por delante. Solo quedaba que Antonelli abriera hueco, y lo hizo, vaya si lo hizo. Vuelta a vuelta fue estirando la ventaja con la frialdad de quien lleva años haciéndolo, no meses.

La mala suerte de Ferrari

Al final, otro éxito para él, con los dos pilotos de McLaren por detrás y un desastre mayúsculo para Ferrari. A falta de tres vueltas para la meta, Leclerc se quedó sin neumáticos y se desplomó del tercer al sexto puesto, mientras Lewis Hamilton, que no terminó de encontrar el ritmo en toda la tarde, cruzaba la línea de meta séptimo, justo detrás de su compañero. Para la Scudería, el Gran Premio de Miami se convirtió en otra tarde para olvidar en una temporada de infortunios.

La sonrisa en Florida acabó en el rostro de los españoles, pese a las precauciones. Carlos Sainz finalizó en los puntos por segunda vez esta temporada gracias a un noveno puesto de mérito, por delante de su compañero Alex Albon. Williams ha mejorado el coche sin lugar a dudas y se ha instalado por fin en la zona media, su lugar. Fernando Alonso, por su parte, acabó la prueba e incluso se divirtió un rato. No se jugaban nada -el decimoquinto puesto-, pero peleó con Checo Pérez durante muchos minutos y le dedicó un brillante adelantamiento final.

Norris recupera el dominio para McLaren en una sprint de Miami en la que no pasa nada

Norris recupera el dominio para McLaren en una sprint de Miami en la que no pasa nada

Un Mundial distinto, un Mundial nuevo. La Fórmula 1 cambió su reglamento durante el parón por la guerra de Irán, restó importancia al motor eléctrico, devolvió el protagonismo a las aerodinámicas y ahora todo es distinto. En la primera carrera, este sábado, una sprint en Miami, los reyes ya son otros. No domina Mercedes; ahora domina McLaren.

Lando Norris y Oscar Piatri completaron un doblete perfecto que apenas les requirió esfuerzo. Iban delante en la primera curva y delante llegaron a meta. Chimpún. Detrás Charles Leclerc completó el podio, también sin necesidad de adelantamientos, y aún más detrás, fuera de los puestos de honor, terminaron los Mercedes.

Kimi Antonelli y George Russell disfrutaron de las tres primeras carreras, pero ya está claro que la temporada no será un paseo triunfal para ellos. Las nuevas normas les han restado ventaja y, además, tienen un problema cada vez más grave: la salida. El líder del campeonato, que partía desde la segunda posición, perdió dos posiciones de entrada y ahí se quedó, cuarto, con tantos nervios en el cuerpo que al final fue sancionado. Los comisarios consideraron que había superado los límites de la pista demasiadas veces y añadieron cinco segundos a su tiempo por lo que finalizó sexto. Se aprovechó su compañero, Russell, que había sido quinto sin hacer ruido, y Max Verstappen, que había terminado sexto.

Fue una carrera sprint sin nada, una carrera sin más, una carrera para la decepción. El paso adelante de McLaren frente a Mercedes fue interesante, pero ya está. Después ras la salida, no pasó absolutamente nada. Ni un adelantamiento, ni un toque, ni un mensaje comprometedor por radio . Los coches circularon en perfecta procesión durante los 20 y pico minutos que duró la competición. La emoción de las pruebas sprint muchas veces es inversamente proporcional a la frecuencia con que se promete que serán emocionantes.

Y luego están los españoles. Carlos Sainz, decimocuarto. Fernando Alonso terminó decimoséptimo. Ni los ingenieros de Williams ni los de Aston Martin aprovecharon el parón para resucitar proyectos que ya huelen a caducados. Los dos continúan en el pelotón trasero, pasando las mismas penas que en marzo y con pocas perspectivas de mejorar. Lo intentarán en la carrera de este domingo (22.00 horas, DAZN), donde debería volver el espectáculo.