El VAR ciclista

Actualizado Domingo, 16 febrero 2025 - 18:49

Para el aficionado común, e incluso para muchos de los más conspicuos, la temporada ciclista comienza realmente cuando debutan las mayores estrellas. Pues bien, este mismo lunes arrancan Wout van Aert y Tadej Pogacar. El belga, en la Clásica de Jaén. El esloveno, en el Tour de los Emiratos. El miércoles, en el Algarve, se estrenan Jonas Vingegaard y Primoz Roglic.

Los restantes miembros del 'Big 6', o 'Fab 6', Mathieu van der Poel y Remco Evenepoel, aguardarán a algunas de las clásicas de primavera para asomar por la ruta. Unos y otros, repartidos, mezclados, se irán viendo las caras aquí y allá a lo largo del curso. Coincidirán todos en un Tour apasionante. Y probablemente en el Mundial.

La campaña 2025 aporta una novedad. El color amarillo, el más emblemático del ciclismo, asociado generalmente al liderato en las carreras, se ha incorporado al reglamento en forma de tarjetas. Una especie de VAR con el propósito de velar por la seguridad general. Especialmente la del ciclista, el actor principal y el más asomado y próximo al peligro. El más vulnerable. El más castigado.

Bajo el nombre de SafeR, se trata de una iniciativa conjunta de la Unión Ciclista Internacional, la Asociación de Organizadores de Carreras y la de Equipos Profesionales. En 21 supuestos, después de la competición, no como en el VAR, y en virtud de un estudio de lo acontecido, las tarjetas pueden acarrear sanciones de diversa índole, cuantía y duración. Iván Romeo ha tenido el dudoso honor de ser el primer español castigado. Empujar al belga Gianni Vermeersch durante la Vuelta a la Comunidad Valenciana le acarreó una multa de 200 francos suizos y la pérdida de siete puntos en la clasificación.

Vicios del oficio. A fin de tratar de cambiar las malas y arraigadas costumbres que abundan en la caravana por parte de los mismos ciclistas y de toda clase de gente al volante, las tarjetas amarillas son una bienintencionada intrusión en un deporte que ya dispone de suficientes medidas punitivas como para embrollarlo adoptando otras. Un loable procedimiento disuasorio, pero farragoso y prolijo en la detección y procesamiento de los actos y en el dictamen de las culpas.

Un instrumento que se verá a menudo sujeto a las mismas interpretaciones que han hecho del VAR un irritante generador de confusión y polémica. En un terreno de juego delimitado por líneas estrictas, el VAR sólo es aceptable si acata la geometría, no si se interna en la psicología de los cerebros en ebullición o se entromete en la mecánica de los cuerpos en movimiento.

En el ciclismo, en la barahúnda de personas y máquinas, en la mezcolanza de complexiones y colores será muy difícil distinguir las maniobras evasivas de las intrusivas. Las defensivas, de las agresivas. Los roces inevitables, de los empellones arteros. Los bandazos y, en lenguaje aeronáutico, alabeos y guiñadas, de las imprudencias temerarias.

Al final del curso, a tenor del comparativo número de fracturas y erosiones, veremos si el amarillo cuaja como factor de alta protección, o si continúa siendo un cálido color que comparte el brillo del sol y el oro. Metáforas universales de la gloria y el dinero.

Loïc Meillard y Breezy Johnson reinan en el Mundial de Saalbach

Loïc Meillard y Breezy Johnson reinan en el Mundial de Saalbach

A tenor de la cosecha de medallas, la objetiva unidad de medida en cualquier Campeonato, el Mundial de Esquí Alpino de Saalbach coronó, rey y reina, a Loïc Meillard y Breezy Johnson. El suizo reunió tres medallas: dos de oro (eslalon y combinada por equipos) y una de bronce (eslalon gigante). La estadounidense se llevó un par de oros: descenso y combinada por equipos. Las mismas recompensas y en las mismas pruebas que el segundo gran suizo: Franjo von Allmen.

Las máximas figuras del esquí no arrollaron, pero tampoco salieron de vacío. Marc Odermatt aspiraba a más. Se hizo, sin embargo, con el oro en el supergigante. Mikaela Shiffrin, aún en insuficiente forma tras su reaparición, se quedó al borde de las recompensas en el eslalon, pero en la combinada por equipos, en unión de Breezy Johnson, conquistó su medalla número 15, y la octava de oro, en un Mundial.

No logró superar al menos por una a Christl Cranz, denominada "la esquiadora de Hitler", que obtuvo 15 (12 de oro) entre 1934 y 1938. Claro, que entonces los Mundiales se celebraban cada año, no cada dos como ahora. También es cierto que la Guerra Mundial cortó la cadencia temporal.

A su vez, Federica Brignone, la tigresa italiana, atrapó con las garras el oro en el gigante y la plata en el descenso. Con 34 años, siete meses y 30 días, batió su propio récord de esquiadora más veterana ganadora de un Mundial, que, con 32 años, seis meses y 23 días, había establecido en la combinada de 2023.

No salió nada contenta Lara Gut-Behrami de Saalbach. Aunque irregular toda la temporada, aspiraba, como su compatriota Odermatt, a varios máximos laureles. No pasó de la plata en la combinada por equipos, junto a Wendy Holdener, también plata en el eslalon. Incluso así, unió su metal a otros de distinto valor, especialmente al oro de Camille Rast, la gran revelación de la campaña, en ese mismo eslalon, para colocar a Suiza en la cabeza del medallero, con 13 medallas (cinco oros, cinco platas y tres bronces). Suiza, que lleva toda la temporada plantando sus reales en la Copa del Mundo, incluso redondeó un triplete en la combinada por equipos con tres de sus cuatro formaciones en liza.

Austria, floja durante la temporada, temía un desastre en su propia casa. Podía caerse el techo encima de la cabeza o abrirse el suelo bajo sus pies. Salvó la papeleta con siete metales (dos, tres y dos). Especialmente con el oro y la plata de Raphael Haaser en, respectivamente, el gigante y el supergigante. También Stephanie Venier, oro en supergigante y bronce, junto a Katharina Truppe, en la combinada por equipos, puso su granito de arena.

España tuvo en el debutante Aleix Aubert a su mejor pieza. Oro en los Juegos Mundiales Universitarios, a sus 19 años (cumplirá 20 en abril), se convirtió en el esquiador español más joven en meterse en la segunda manga de una prueba del Mundial. Acabó en la 23ª posición en el gigante. Curiosamente la misma que Juan del Campo en el eslalon. Pero a Juan, excelente también, le situamos en el segundo puesto del escalafón nacional porque tiene 30 años. En este caso, la veteranía, que siempre es un grado, se inclina ante la juventud.

Terminados los Mundiales, regresa la Copa del Mundo, que se cerrará a finales de marzo en Sun Valley (Idaho, USA). Los hombres estarán el día 22 en Crans Montana, con un descenso. Las mujeres, en Sestriere, con un gigante. Todavía le quedan fechas a Shiffrin, es de pensar que progresivamente más segura en los planos físico y anímico, para alcanzar ya esta temporada las 100 victorias. Cumplirá 30 años el 13 de marzo. También una cifra redonda para la mejor esquiadora de todos los tiempos.

El otro derbi

El otro derbi

Madrid, rompeolas de todas las Españas, en el centro del fútbol y de la política del país. La polisemia del vocablo «partido» permite analogías y metáforas comunes, intercambiables. Se disputa un derbi futbolístico de tarde en tarde y a cielo abierto. Tenemos un derbi político todos los días, con mucho juego subterráneo. Hay más equipos madrileños en Primera que los dos grandes. Pero el derbi por antonomasia y definición es el Madrid-Atleti. Hay más partidos políticos en la Asamblea de Madrid que los dos de mayor peso. Pero el derbi por excelencia y exclusión es el PP-PSOE.

Madrid es doblemente pepero. Sin embargo, el rojiblanco alcalde capitalino no suscita en la bancada opositora la misma obsesiva animadversión que la neutral presidenta autonómica, que también libra a diario, en la arena o las ergástulas, combates de 'voxeo'. Isabel, la reina Sol, disfruta de una mayoría en las urnas que equivale en la cancha a una victoria por goleada. En política no existe el VAR rectificador. Bueno, sí, se llama elecciones anticipadas o moción de censura. Pero este segundo supuesto tendría las mismas posibilidades de prosperar que las encuestas de Tezanos, ese chamán chapucero de la demoscopia-ficción, de acertar.

Güelfos y gibelinos han enviado contra Ayuso a sus mejores alineaciones. Un equipo inclusivo de viejas glorias retiradas o traspasadas formaría así: Iglesias, Casado, García, Lobato, Gabilondo, Jacinto, Errejón, Aguado, Serra I, Serra II y Monasterio. Un once prometedor en la pizarra. Pero, para empezar, con Iglesias fallando en las salidas, Casado metiéndose goles en propia puerta y todos incapaces de presionar arriba, tirar las líneas o recuperar tras pérdida, sin equilibrio colectivo ni desborde individual, no ganó ni empató partido alguno.

En el mercado de invierno, el PSOE ha fichado como refuerzo (más bien remiendo), cedido con opción de compra por el Ministerio de Transformación Digital y Función Pública (¡qué batiburrillo!), a Óscar López. Un centrocampista de brega, experimentado, con poca clase y muchas mañas adquiridas cuando se fajaba en las categorías inferiores, en el Peugeot FC. Un especialista en el juego sucio, las faltas tácticas y los «saques de inquina». Estampados contra la muralla isabelina, otros antes que él salieron del embarrado terreno de juego con los meniscos hechos puré. Algunos, los más afortunados, aunque cojeando, por su propio pie. A López se le auguran la camilla y la triada. Aficionado a lo truculento, estuvo el viernes en la madrileña Colonia del Pico del Pañuelo, en el rodaje de 'The Walking Dead'. Premonitorio.

En el ambiente político más degradado de la democracia, se disputó uno de los derbis futbolísticos más viciados de la historia a causa de la tormenta blanca desatada contra el arbitraje. Soto Grado, en territorio hostil, soportó impasible e impecable una enorme presión con una actuación serena en un encuentro limpio. Y si un penalti ambiguo de Tchouaméni favoreció al Atleti, un pisotón igual de fronterizo de Ceballos benefició al Madrid.

Fútbol y política. Que ambos obedezcan a los jueces. 'Cedant arma togae'. Que las armas cedan ante las togas.

Odermatt, Noël, Haugan, Shiffrin, Brignone... las estrellas de un Mundial de esquí sin españoles entre los candidatos

Odermatt, Noël, Haugan, Shiffrin, Brignone… las estrellas de un Mundial de esquí sin españoles entre los candidatos

A partir de este martes día 4 y hasta el domingo 16 se celebrarán en la estación austriaca de Saalbach los XLVIII Mundiales de esquí alpino. Desde 1931, cuando nació la competición, en su eterna pugna con Suiza por la supremacía en las nieves, Austria, muy floja esta campaña y en riesgo de fracasar en casa y causar una depresión nacional, es históricamente el país más laureado, con 311 medallas en total (103 de oro, 108 de plata y 100 de bronce), seguida de Suiza con 215 (72-73-70). En el eslalon de St. Moritz, en 1974, Paquito Fernández Ochoa conquistó el bronce, en lo que sería el segundo mayor éxito de su trayectoria.

No sucederá nada parecido en esta ocasión. Adur Etxezarreta, Ander Mintegui, Juan del Campo, Joaquim Salarich, Aingeru Garay, Albert Ortega, Aleix Ubert y Tomás Barata, nuestros ocho representantes, aseguran una actuación digna, pero lejos de cualquier posibilidad de alcanzar algún puesto de honor, superados por un lujoso elenco internacional.

Marco Odermatt

Suiza. 27 años. El mejor y más completo esquiador del circuito desde hace unos años. Siete victorias en la Copa del Mundo esta temporada, amén de tres podios. Oro olímpico en gigante y dos oros en Campeonatos del Mundo: uno en descenso y otro en gigante. Encabeza la general absoluta de la Copa del Mundo y las parciales de descenso, gigante y supergigante. Líder indiscutible de un "team" helvético de ganadores, entre ellos Alexis Monney y Franjo von Allmen.

Clement Noël

Francia. 27 años. Cuatro victorias en eslalon esta temporada. Oro olímpico en, también, eslalon. Un especialista puro en la prueba de máxima habilidad del programa. No encabeza, sin embargo, la general de la modalidad. Un honor que recae en el noruego HenrikKristoffersen merced a su intachable regularidad entre los 10 primeros de las clasificaciones: un primer puesto, dos segundos, un tercero, un cuarto, tres quintos, un octavo y un noveno. Eso son muchos puntos.

Timon Haugan

Noruega. 28 años. Un joven veterano, y viceversa, en la mejor forma de su vida. Dos triunfos, un segundo, un octavo y un noveno puestos en eslalon, su prueba favorita. Un quinto en gigante. Otro de esos especialistas en las pruebas de habilidad. Cabeza, junto a Kristofferson, del potente y ambicioso equipo noruego, que mantiene una brillante tradición apoyada en la pasión nacional por la nieve y cuenta también con Alexander Steen Olsen (dos triunfos), Fredrik Moeller (uno) y Attle Lie McGrath.

Lucas Pinheiro Braathen

Una exótica figura de importación de 24 años. Nacido noruego, una estrella precoz en las pruebas técnicas y un valor seguro entre los grandes a partir de los 20 años, dejó su país de nacimiento, a causa de disensiones con su Federación, para abrazar la bandera del de su madre. Como los toreros, ha vuelto tras dos años ausente del circuito. Dos podios y tres cuartos puestos esta temporada le devuelven a la condición de aspirante al oro. Metafóricamente, el Amazonas en los Alpes.

ANNA SZILAGYIEFE

Mikaela Shiffhrin

Estados Unidos. 29 años. La reina de las nieves. Al borde de las 100 victorias en la Copa del Mundo. Dos este curso, cortado por una caída y una lesión. Capaz de ganar en todas las modalidades del esquí. Dos oros olímpicos y siete en Mundiales. La acompaña, en su regreso a la competición, a los 40 años y con una rodilla con implante de titanio, la carismática y mediática Lindsey Vonn: 82 victorias en Copa del Mundo y un montón de medallas olímpicas y mundialistas en las pruebas de velocidad.

Federico Brignone

Italia. 34 años. Apodada "La tigresa de Milán". Agresiva y segura, con 32 victorias en la Copa del Mundo (cinco esta temporada). Encabeza la clasificación general de la Copa y la parcial de descenso. Una plata y dos bronces olímpicos. Un oro y dos platas en los Mundiales. Por edad y gobierno, mascarón de proa del formidable equipo femenino italiano, especialmente en velocidad: Sofia Goggia, Marta Bassino, Elena Curtoni, Laura Pirovano...

Zrinka Ljutic

Croacia, 21 años recién cumplidos el 26 de enero. La gran revelación del curso junto a la suiza Camille Rast. Tres triunfos esta campaña en eslalon en la Copa del Mundo. Depositaria de las ilusiones de Croacia de encontrar a la heredera de Janica Kostelic (cuatro oros y dos platas olímpicos, cinco oros mundialistas). Ljutic, como Kostelic, debutó en la Copa del Mundo a los 16 años. Kostelic, minada por las lesiones, se retiró a los 25. Croacia confía en que Ljutic sea más longeva.

Lara Gut-Behrami

Suiza. 33 años. También debutó en la Copa del Mundo a los 16. Una gran dama del esquí. Un oro y dos bronces olímpicos, dos oros, tres platas y dos bronces mundialistas. Quinta mujer con más triunfos (46) en la Copa del Mundo. Muy polivalente. Una "navaja suiza". Líder en la disciplina de supergigante. Coleccionando buenos puestos, tardó en ganar esta temporada, pero lo logró en el supergigante de Garmisch. Parece que ha alcanzado a tiempo la buena forma.

Los colores del arcoíris

Los colores del arcoíris

La carrera empezó y terminó a la vez. Mathieu van der Poel tomó la cabeza desde el primer metro y, al completar el último, lograba su séptimo título mundial de ciclocross. Igualaba así a Eric de Vlaeminck. Recién cumplidos el 19 de enero los 30 años, aún tiene tiempo de superar al belga y añadir algún color más a los siete del arcoíris.

Dominó desde lejos a Wout Van Aert, que salió desde la cuarta fila, y eso, en los estrechos trazados del ciclocross, es una gran desventaja a la hora de remontar. Wout perdió 46 segundos en la primera vuelta. En la tercera de las ocho, ya sólo tenía por delante al neerlandés. Y cruzó la línea 45 segundos más tarde. Todo concluyó, en el apartado cronométrico, igual que comenzó. El plato fuerte fue como los entrantes. Y, aunque sólo había ojos para la pareja estelar, hay que decir, para ser justos con el resto, que el bronce lo agarró el belga Thibau Nys, y que Felipe Orts acabó decimotercero.

Sol y frío en Liévin, al norte de Francia. Poco y duro barro. Los corredores terminaron más salpicados que rebozados. Wout van Aert, que cumplió esos mismos 30 años en septiembre, campeón en 2016, 2017 y 2018, se inclinó ante Van der Poel por tercera vez esta temporada en la, también, tercera coincidencia de ambos. Estaba en desventaja. Reapareció en diciembre tras un descanso forzoso desde que, el 3 de septiembre de 2024, camino de los Lagos de Covadonga, se cayese en la Vuelta, en la que ya había ganado tres etapas, y se dañase severamente la rodilla derecha. Y, aunque sin Van der Poel en liza, se apuntó un par de victorias en enero, no ha estado realmente en disposición de mirarle a los ojos al neerlandés a la hora de pelear por el título mundial.

Der Poel contra Van Aert

Pero el contencioso no ha caducado. Desde la edad juvenil, el dúo, casi una pareja en sus paralelismos y en la estrechez de su relación, ha protagonizado una de las mayores rivalidades en la historia del ciclismo. Quizás la mayor, dado que, en su compartida superioridad, y a diferencia de otras modalidades más repartidas jerárquicamente, han hecho del ciclocross un territorio propio y excluyente.

Cuando ambos están en liza, en forma y en plazo, los demás no existen, meras figuras de atrezzo. El de Liévin ha sido su enfrentamiento número 188, con ventaja estadística para Van der Poel. En la desigual, pero profusa colección común de victorias, semejante rivalidad ha desembocado en una forma de fraternidad y mutua dependencia. Los dos se miran en la única cara de un mismo común.

Su condición de estrellas absolutas del ciclismo en carretera ha ensanchado, después de romperlos, los horizontes del ciclocross y atraído a las frías campas nuevos y entusiastas feligreses. Aficionados a la bicicleta tradicional que, de otro modo, alejados de los circuitos belgas y neerlandeses, y de sus desconocidos especialistas puros, le hubieran dedicado a la "cabra" invernal muy poca o ninguna atención. En Liévin, el circuito, al que se accedía previo pago, estaba a reventar.

Terminados el barro, la hierba y la arena, Mathieu y Wout se reincorporan al asfalto. Les esperan, piafando, Pogacar, Vingegaard, Evenepoel y compañía. Aguardamos impacientes a todos.

Pérez, Trump y la invasión de la plutocracia

Pérez, Trump y la invasión de la plutocracia

Hace una semana, dos hombres tomaron posesión presidencial de, en sus distintos ámbitos, un par de primeras potencias mundiales con rango de imperios. Donald Trump y Florentino Pérez gobiernan hoy, cada uno la suya, la Casa Blanca.

Aunque distintos, no les faltan similitudes. Son de la misma generación. Pérez cumplirá 78 años el 8 de marzo. Trump, 79 el 14 de junio. Durante unos meses compartirán los 78. Sus mandatos expirarán en 2029, cuando cuenten más de 80, una edad que proyecta incertidumbres en todos los órdenes de la vida. Para empezar, en el sucesorio.

Vienen de mandatos entrecortados, en dos tandas. Hegemónicos, carecen de rivales que puedan discutirles. A Trump, en el Partido Republicano. A Pérez, en el madridismo sociológico. Aunque claro vencedor, Trump ha vuelto al Despacho Oval con un 50% de popularidad. El mismo que, "grosso modo", recibe Florentino. Sin dejar de sentir los colores locales, la mitad de España es madridista por vocación, juegue quien juegue. La otra mitad, antimadridista por principio, mande quien mande. Trump tiene de su parte doctrinal las dos Cámaras del Congreso (el Senado y la Cámara de Representantes). Florentino, los compromisarios y las Peñas. En toda autoridad sin oposición anida una pulsión autoritaria.

Uno y otro son multimillonarios, sobre todo Donald ("Dolard"). Representan una concepción empresarial de la política y el fútbol. Eso no es nuevo. Una nación no deja de constituir una gran empresa. En cuanto al fútbol, hace tiempo que, en manos de países (los famosos "clubes-Estado"), magnates y oligarcas, supone un negocio tanto o más que una pasión. Que se lo digan al Madrid, que, según las cuentas de 2023-24, se ha convertido en la primera entidad futbolística que supera los 1.000 millones de euros de ingresos (1.045,5). Pertenece a los socios. Pero ya veremos en qué desemboca esa idea accionarial, aún sin definir, que aventura Pérez. Como en la granja de Orwell, algunos socios podrían llegar a ser más iguales que otros.

El Palco del Bernabéu

Trump y Pérez personalizan la completa invasión de la plutocracia en dos escenarios que nunca le han sido ajenos. En el Gabinete de Trump abundan los ricachones. En el adinerado ecosistema de Pérez, el equivalente gubernamental sería la Junta Directiva. Pero es el Palco del Bernabéu. Un escaparate. Un catálogo. Para el orgulloso mantenimiento de sus destinos históricos, Estados Unidos ha buscado en Trump a "un hombre fuerte". El Madrid, en Pérez, a "un hombre inteligente".

Donald, en las colosales dimensiones de todo cuanto contiene y significa su país en el Globo, y Florentino, en la hipérbole de lo que importa el Madrid en el fútbol internacional, practican un populismo triunfalista y complacido. Tosco en uno, elegante en otro. Trump pretende anexionarse Groenlandia. Pérez, tragarse a la UEFA.

Trump ha adoptado como himno propio una canción del 79, su edad en junio: "Y.M.C.A" (Village People). Florentino debería agenciarse una del 73, cuando tenía la edad actual de Mbappé, y dedicada a Kylian: "Eres tú" (Mocedades).

"Toda mi esperanza eres tú, eres tú. Todo mi horizonte eres tú, eres tú. Así, así, eres tú."

Los ricos quejicas

Los ricos quejicas

El Real Madrid ya lleva disputados, entre la Liga Endesa, la Euroliga y la Supercopa, 41 partidos oficiales esta temporada. Podría acabar jugando 90. Del equipo de fútbol, del fútbol en general, huelga hablar. Todos conocemos sus calendarios y apreturas, que, incluso, producen episodios de ciencia-ficción. Cuando el Madrid se desplazó de Cartagena a Yeda, de la copita murciana a la Supercopa saudí, de la modestia huertana a la opulencia petrolera

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Muere Denis Law, el último de la Santísima Trinidad del Machester United

Muere Denis Law, el último de la Santísima Trinidad del Machester United

Los Tres Mosqueteros, una literaria referencia humana, eran cuatro. Pero la "Santísima Trinidad", un futbolístico recordatorio divino, eran, efectivamente, tres en el Manchester United: Bobby Charlton, George Best y Denis Law. Tres Balones de Oro. Ya fallecidos los dos primeros, acaba de desaparecer físicamente el tercero. Fueron perecederos en el mundo real, pero inmortales en el mitológico del fútbol. La "Holy Trinity" tiene una estatua en los exteriores de OId Trafford.

Denis Law era escocés, nacido en Aberdeen, donde ha muerto a los 84 años. Vino al mundo en el seno de una familia humilde y numerosa de pescadores. Sus primeras botas, regalo de un vecino, las tuvo a los 15 años. En los últimos tiempos había perdido las facultades cognitivas y, según el comunicado de su familia, "ahora está en paz". Formó con Charlton y Best un trío icónico, uno de los más grandes de todos los tiempos en cualquier equipo de cualquier país.

Rápido, regateador, técnico y valiente en una época de defensas 'terroríficos', era un 10 goleador, el tercer máximo en la historia del siempre prolífico United (237 dianas), tras Wayne Rooney (253) y el propio Charlton (249). Con Escocia, con la 'Tartan Army' anotó 30 goles, los mismos que Kenny Dalglish, en 55 partidos. Asociado a la mejor historia del United y sir Matt Busby, fue campeón de Europa en 1968, dos veces de Liga (1965 y 1967), una de la FA Cup (1963) y dos de la Supercopa (1965 y 1967).

La estatua de los grandes del Manchester United: George Best,  Denis Law y Sir Bobby Charlton antes del encuentro de la Liga de Campeones ante el Copenhague.

La estatua de los grandes del Manchester United: George Best, Denis Law y Sir Bobby Charlton antes del encuentro de la Liga de Campeones ante el Copenhague.Dave ThompsonAP

Ganó el Balón de Oro en 1964, por delante de Luis Suárez y Amancio. El único escocés en lograrlo. Había empezado su carrera en el modesto Huddersfield Town. Larguirucho, desgarbado, lejos del fortachón arquetipo del futbolista británico de los 50, no llamó la atención. Lo salvó el instinto de Bill Shankly, mánager entonces del club. Pero no pasó al Liverpool, sino, efímeramente, al Manchester City, en el que marcó 21 goles en 44 partidos. Y de allí al Torino por 110.000 libras, un récord para los traspasos de la Premier al calcio.

El catenaccio imperante en Italia le impidió brillar. Regresó en 1962 a Inglaterra, pero no al City, sino al United, que trataba de rehacerse de la tragedia aérea de 1958. Con los Busby Boys alcanzó la cima. Tras 11 años con los Red Devils, cruzó la frontera local para regresar al City en su último año como profesional. El United, el club de su vida, rozaba el descenso a la First Division, la segunda categoría del fútbol de las Islas.

Y por esas cosas del destino, a Law le correspondió enviarlo a las catacumbas. Un gol suyo de tacón lo condenó. Cabizbajo, no lo celebró y tras ese partido colgó las botas. Nunca hubo mejor ni, también, más triste momento.

El hecho diferencial

El hecho diferencial

De un extremista a un liberal, de un energúmeno a un moderado, Joan podría dirigirse a Florentino en versos de Neruda: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente". Pérez, aliado de Laporta, su único socio, en la Superliga europea, calla y otorga en la Supercopa española. Hay silencios atronadores.

Alguna que otra vez, al franquismo le convino que el Athletic de Bilbao (el Bilbao, se decía entonces, como se decía el Gijón, el Santander, el

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Muere Hugo Sotil, compañero de Cruyff en el Barça de los 70

Actualizado Lunes, 30 diciembre 2024 - 18:55

Antes de Diego Pablo Simeone hubo un "Cholo" en el fútbol español: Hugo Alejandro Sotil recordado en el FC Barcelona por razones deportivas e incluso, en la interpretación azulgrana de la Historia, políticas. Sotil, que ha fallecido después de asistir a los actos del 125º aniversario de la fundación del Barça, llegó de rebote al club cuando Rinus Mitchell y Josep María Minguella viajaron a Perú para fichar a Teófilo Cubillas, la gran figura nacional. Vieron en el Municipal, un club limeño, a un futbolista aindiado, bajo, fornido tirando a regordete, hábil, astuto. Y se lo trajeron al Camp Nou.

Formó con Johan Cruyff una pareja disimilar, pero complementaria en el físico y el estilo: lo blanco y lo mestizo, la elegancia y la ratonería, lo vaporoso y lo pegado al terreno. Los dos representaron la máxima expresión de aquel 0-5 en el Bernabéu (Sotil marcó el quinto gol), el 17 de febrero de 1974, que contribuyó de modo estruendoso en la forma y el fondo a interrumpir un ciclo madridista y devolvió la Liga al Barça después de 14 años de travesía del desierto. La llamada de Sotil a su madre, "¡Mamita, campeonamos!", tras el encuentro en El Molinón que confirmaba el Campeonato, forma parte del extenso capítulo de frases legendarias del fútbol y, en especial, del mejor archivo sonoro "blaugrana".

No pocos sectores del barcelonismo y el catalanismo relacionaron el acontecimiento -fue, en la mitología interna y externa del club y la sociedad, mucho más que un partido de fútbol- con la agonía del franquismo. Y le atribuyeron una trascendencia simbólica, en la mejor tradición del victimismo y el revanchismo locales.

En tiempos de sólo dos extranjeros en las plantillas, el fichaje de Johan Neeskens, una fuerza de la naturaleza en el centro del campo, unida a una técnica nada desdeñable, marginó a Sotil, que esperó en vano, y el club con él, una rápida nacionalización para conformar un trío imponente. Todavía en la historia o la mitología de los agravios del centralismo, hay quienes siguen pensando que Madrid retrasó adrede la naturalización del peruano para evitar que el Barça conformase un equipo, en el que también estaban Rexach, Marcial Pina, Asensi, etc., poco menos que imbatible. Hoy ni Cruyff, ni Neeskens ni él siguen entre nosotros, en un recordatorio, en fechas especiales, de la invencible maldición del paso del tiempo. "El Cholo" ha fallecido a los 75 años.

Cuando a Sotil le llegó la nacionalización, en la temporada 75-76, el momento mágico había pasado. Abandonó el Barcelona en 1977 y regresó a Perú para, tras militar en algunos otros equipos, terminar su carrera en 1983 en el mismo Municipal de entonces. No estuvo en el Barça mucho tiempo, pero dejó un recuerdo imborrable, asociado para siempre a hitos inolvidables.

Lo mismo que en la Selección de su país. Contribuyó decisivamente al único título de Perú de la Copa América, en 1975. Fue 62 veces internacional, anotó 18 goles y jugó los Mundiales de 1970 y 1978. Con Teófilo Cubillas y Héctor Chumpitaz abanderó la gran generación peruana en los años 70.