Pogacar, con la enésima exhibición en solitario, conquista su cuarta Strade Bianche

Pogacar, con la enésima exhibición en solitario, conquista su cuarta Strade Bianche

Después de cinco meses, desde Lombardía. Después de 147 días, volvió Pogacar a escena. A la Strade Bianche. A las carreteras blancas. Al ciclismo de cualquier color. Y el ciclismo a él, que reúne los del arcoíris. Pogacar es siempre la noticia. Haga lo que haga o deje de hacer. Cuando gana porque gana, que es lo normal. Cuando pierde porque pierde, que es lo raro. Esta vez ocurrió lo normal. Ganó.

Empezar la temporada para él y ganar. Llegar y besar el santo. Llegar, ver y vencer. De Italia a Italia. De Lombardía a Siena. De Siena, salida de la carrera, a Siena, llegada. Del dorsal 1 al dorsal 1. Ganó con el cabello teñido de rubio, un tono que aniña aún más un rostro de querubín sonriente. Ganó porque no podía ser de otro modo. Cuarta victoria en Siena, tercera consecutiva, una más que Fabian Cancellara. Y la número 109 de su historial. Y otra más, ¿y van? Del UAE.

Ganó y lo hizo de esa manera extraordinaria que en él es normal. A 80 kilómetros de la meta, en el séptimo tramo de "sterrato", en Monte Sante Marie, y como en 2024, demarró del grupo que era cabeza de carrera, controlado por UAE, y se acabó la historia sin historia de la carrera. La historia fue la falta de historia, o la única historia posible.

Demarró Pogacar como demarra él, sin auparse sobre los pedales, simplemente aumentando la cadencia y la potencia de la pedalada. Trataron de seguirle Jorgenson, Seixas, Del Toro, Pidcock, Van Aert, Grégoire... No pudieron, y nosotros no podemos saber cuanto hay de inferioridad y de resignación, cuánto de inferioridad y cuánto de actitud, en esa impotencia, en esa renuncia. Cuánto de imposibilidad y cuánto de fatalismo. Todos saben cuándo "Pogi" va a atacar y no pueden remediarlo. Lo saben y no pueden. No pueden y lo saben.

Pogacar, durante la Strade Bianche.

Pogacar, durante la Strade Bianche.MARCO BERTORELLOAFP

Polvo. Cipreses. Iglesias medievales. Cepas. Suaves colinas. La Toscana... Uno tras otro, fueron cayendo los tramos de tierra, cortos, duros, algunos con remates respingones del 15%, del 18%. Uno tras otro, con Pogacar manteniendo una ventaja de alrededor minuto y medio contra todos los notables, que habían acabado juntándose. Hay que mencionarlos, aunque sin pormenorizar, no es necesario, que no nos distraigan, porque la carrera era sólo una, y el corredor uno sólo.

Acostumbrados a las hazañas del esloveno, casi hemos olvidado el inmenso mérito que tiene vencer en solitario contra grupos, o tríos, o dúos, o lo que sea, formados por algunos de los mejores ciclistas del mundo, condenados a verlo partir y a volver a verlo ya en la meta. Pogacar es una bendición individual que vierte una maldición colectiva sobre los demás.

Pedaleaba y pedaleaba con un rictus infantil de esfuerzo y una sonrisa de desmentido a la cámara de la moto. Pedaleaba con el cuadro de la bicicleta cubierto con una capa de polvo y la radiante paleta del "maillot" apagada un tanto por ese mismo polvo pegado al sudor del campeón, del héroe. En los tramos más exigentes del recorrido, la gente, apretada, apelotonada, se volvía loca. No hubieran aclamado más a un italiano.

¿Hemos dicho que no había que pormenorizar con los rivales?... Hagámoslo, sin embargo, con Paul Seixas, ese prodigio francés de 19 años y del equipo Decathlon. En el sector 13, en el segundo paso por Pinzuto, él y Del Toro abandonaron a sus compañeros. El mexicano, también de UAE, como "Pogi", no relevaba. Incluso así, Seixas lo reventó en la durísima subida final a la Piazza del Campo para ser segundo.

Pogacar... El rey ha vuelto. Viva el rey.

De Quique Llopis a Marta García, sorpresas y certezas

De Quique Llopis a Marta García, sorpresas y certezas

El aluvión de finales de toda jornada de clausura de un Campeonato de atletismo deparó, en el Nacional Short Track de Valencia, unas cuantas certezas sobreentendidas y otras tantas sorpresas sobrevenidas. Quique Llopis personalizó ambas. Rindió tributo a la certeza ganando los 60 metros vallas. Se plegó ante la sorpresa no batiendo el récord de España.

Quique, que nunca sonríe, atisbaba el récord (7.45) con esa mirada suya de lobo. Completó una carrera impecable. Reaccionó rápido, abordó ya en cabeza el primer obstáculo, no rozó ninguno y venció con holgura. Pero con 7.51 por delante de Asier Martínez, que, con 7.65, protagonizó su propia certeza de que se va asentando y la sorpresa de que no mejoró su marca de la temporada (7.59). Tiempo al tiempo. En Asier hay material de primera calidad en proceso de restauración.

Llopis y Mohamed Attaoui son actualmente nuestros mayores referentes internacionales. Attaoui agarró los 800 con los dientes, los zamarreó y no los soltó, descuajaringados, hasta que cruzó la línea de meta. Cuando corre contra la élite mundial es más cauto. Contra la española, se desmelena. Con esa su zancada corta y su frecuencia trepidante, tiró para adelante desde el primer metro a un ritmo imposible para los demás y terminó en 1:45.62, la gran marca del Campeonato junto a los 8,19 de Eusebio Cáceres en la longitud.

En la prueba femenina, de buen nivel general, Rocío Arroyo (2:01.30) no llegó a verse apurada por Marta Mitjans, que, un cohete de 19 años que cumplirá 20 en diciembre, rebasó por la cuerda a Lorea Ibarzabal y Daniela García. Con 2:01.86 batió el récord de España sub-23. Ya el pasado año nos sorprendió y, a la vez, nos ofreció la certeza de que ha nacido una gran mediofondista. La victoria de Mariano García en los 1.500 no fue una sorpresa. Pero tuvo una cierta oposición en Adrián Ben y Carlos Saez. Con certeza, La Moto se ha adaptado muy bien al kilómetro y medio.

Hay sorpresas que se cuelan en silencio y quiebran sin estrépito la lógica lindando con la certeza de la competición. Eso ocurrió en la final femenina de los 1.500. Cuando Marta García rompió la carrera para animarla por el procedimiento de dejarla resuelta, nadie dudó del resultado. Pendiente el personal de Marta, que iba destrozándolo todo, nadie, o casi, advirtió que Carla Masip no se despegaba de la lideresa. Cuando reparamos en que, a falta de una vuelta, seguía soldada a ella, aguardamos el tirón definitivo de la favorita. Pero lo que ocurrió es que Carla (4:17.12) superó a Marta (4:17.25), sin respuesta, en los metros finales y la dejó sin el histórico doblete que perseguía la leonesa, doctora en Medicina, tras su victoria en los 3.000. Sin la presencia de Esther Guerrero, Marta Pérez y Águeda Marqués, más especialistas que ella, que se encuentra más cómoda en distancias superiores, perdió Marta una ocasión que quizás no se repita.

Bonito Campeonato en conjunto, con gran afluencia de público y muchas pieles oscuras en la pista, reflejo de la actual realidad sociológica española.

Eusebio Cáceres y Marta García dan lustre al campeonato ‘indoor’ de España

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Hacía mucho tiempo que Eusebio Cáceres no saltaba tanto. Se pensaba que ya no podía a causa de la edad y las lesiones, que lo han machacado una y otra vez y, a menudo, a las primeras de cambio en cada competición. Pero, a los 34 años, todavía ha vuelto a ser campeón de España "indoor" con un salto de 8,19. Es su octavo título, desde aquel lejano primero de 2012. En la historia de los Campeonatos, sólo Yago Lamela ha saltado más, y también en Valencia: 8,28 en 2003.

A Cáceres lo escoltaron en el podio Héctor Santos (8,03) y Jaime Guerra (8,01). Nunca, en conjunto, se ha ido tan lejos en un Nacional en pista cubierta. Cáceres no suscitaba muchas expectativas. Es cierto que siempre se puede esperar algo importante de alguien con su clase. Pero la ilusión no imperaba sobre la desconfianza. El de Onil llegaba con una mejor marca en la temporada de 7,66. Los antecedentes no invitaban al optimismo y puede que él sea el primer sorprendido. Estará, por descontado, en el Mundial de marzo en Polonia. Nos encontramos, en cierto modo, ante un nuevo Eusebio Cáceres. O, ante la reproducción del antiguo. Es otro Eusebio sin dejar de ser el mismo.

En el cómputo de las finales A y B de los 400 metros, esa final partida que no acaba de convencernos porque queremos a los mejores juntos y no separados, Markel Fernández (46.69) se llevó el título. Y Blanca Hervás, majestuosa como siempre, el suyo con 51.49, mínima para el Mundial, con Paula Sevilla en 51.69. Con ellas dos, más Ana Prieto, Carmen Avilés, Daniela Fra y compañía, disponemos de unos formidables relevos 4x400. Martín Segurola se llevó los 3.000 masculinos; y Marta García, los femeninos en su camino para ganar también los 1.500 en la jornada dominical de clausura. Sería un hito.

El atletismo saborea la plata de Tilena Martínez, hija del inolvidable Manolo, en el lanzamiento de peso. La muchacha tiene 19 años y duda entre el atletismo y la halterofilia. Con 15,84, sólo cedió, lógicamente, ante Belén Toimil y sus 16,89. Lloraba de alegría y su padre sonreía de orgullo.

La mujer más rápida, como no podía ser de otro modo, fue Jaël Bestué. Renunció a correr los 200, su mejor prueba porque no figura en el programa internacional. Careció de oposición y, especialmente relampagueante en la segunda mitad de la prueba, terminó en 7.19. El rayo masculino fue Guillem Crespí con 6.66.

En el camino a las finales, una víctima ilustre en los 800. Elvin Josué Canales, el plusmarquista nacional, no accedió a ese momento supremo que, salvo catástrofe, espera a Mohamed Attaoui para coronarlo campeón. Otro ilustre, Mario García Romo, que no acaba de recuperarse de sus problemas físicos, no entró en la final de unos 1.500 muy abiertos con Mariano García, Ignacio Fontes y Adrián Ben.

Quique Llopis está espléndido y gozando del apoyo entusiasta de sus paisanos, a los que, en justa correspondencia, se esfuerza por complacer. Dominó las series de 60 vallas con unos 7.67 de mínimo esfuerzo y máximo provecho. Casi sorprendería que, a pesar de la falta de competencia -Asier Martínez todavía no se halla en disposición de hacerle frente- en la final no batiera el récord de España. Esos 7.45 que ya ha establecido dos veces esta temporada.

Fátima Diamé, campeona de longitud en su último intento en un día en el que se confirmó la baja de Jordan Díaz

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Escribíamos ayer acerca de Jordan Díaz: "¿Saltará? ¿No saltará? ¿Lo intentará siquiera?"... Pues no saltará. Ni lo intentará en la final directa del triple salto del sábado de este Nacional "indoor" que se disputa en Valencia. Sigue lastrado por diversas lesiones que se confabulan para mantenerlo en el dique seco. Cuando no es una, es otra, y todas en comandita. Desde la final olímpica en París, el 9 de agosto de 2024, sólo ha realizado un brinco, el 3 de agosto de 2025, para ganar en Tarragona el título nacional. Ya no saltan las alarmas: simplemente están instaladas en el atletismo español. Jordan acaba de cumplir 25 años. No es un caso desesperado, pero sí inquietante.

Emocionante, aunque floja, resultó la final del salto femenino de longitud. Irati Mitxelena, en su último intento, se puso por delante de Fátima Diame por un centímetro: 6,54 contra 6,53. Le quedaba una oportunidad postrera a Fátima para acceder a su octavo título nacional. La aprovechó con 6,62. Continúa siendo muy irregular y propensa a los nulos. Al menos hizo marca de la temporada, pero se quedó lejos de la personal: 6,84. Evelyn Yankey fue bronce con 6,35. La mayor parte de los participantes tienen en este Nacional la última oportunidad para hacer la mínima mundialista. Fátima lo intentará la semana que viene en Berlín.

No necesitaron esforzarse mucho, en sus respectivas semifinales, las chicas importantes de los 400: Paula Sevilla, Blanca Hervás, Carmen Avilés y Daniela Fra. En el apartado masculino, causó muy buena impresión Markel Fernández, el líder del año. Óscar Husillos se quedó fuera con 47.40. No se acercó, no ya a su récord nacional (45.58), sino a su mejor registro de la temporada (46.14).

El sábado, antes de la final del domingo, viviremos emociones fuertes con las semifinales masculinas y femeninas de los 800 y los 1.500, dos de esas distancias que tantas satisfacciones nos han proporcionado históricamente. Quique Llopis, el ídolo local y uno de los españoles más relevantes en el plano internacional, se estrena el sábado en las eliminatorias de los 60 metros vallas. Las semifinales y la final, el domingo.

El misterio Jordan Díaz: el campeonato de España espera al atleta, que no salta desde agosto

El misterio Jordan Díaz: el campeonato de España espera al atleta, que no salta desde agosto

Está inscrito. Pero... ¿Saltará? ¿No saltará? ¿Lo intentará siquiera? Hay informaciones contradictorias y opiniones opuestas. Quizás no lo sabremos hasta el último momento. La incógnita Jordan Díaz tratará de despejarse, al menos de entrada. La incertidumbre Jordan Díaz intentará aclararse, al menos momentáneamente. El misterio Jordan Díaz buscará resolverse, al menos en parte.

Será este sábado en Valencia, en la final directa del triple salto en la 69º edición del Campeonato de España "Short Track" (pista cubierta, para entendernos), que se extenderá desde el viernes hasta el domingo. Tres días de buen atletismo nacional en el tradicional Palacio-Velódromo Luis Puig, donde se han batido 37 récords nacionales. Los atletas tienen este fin de semana la última oportunidad para lograr las marcas mínimas que conducen al Mundial, del 20 al 22 de marzo en Polonia.

Con Díaz, campeón olímpico, nunca se sabe en los últimos tiempos. Está prácticamente inédito desde aquella final parisina, el 9 de agosto de 2024. Un año después, el 3 de agosto de 2025, realizó un único salto, en Tarragona, de 17,16, para ganar de sobra el Campeonato de España. No necesitó más. Y desde entonces, nada. En el Mundial de Tokio, el pasado septiembre, en la calificación, echó a correr por el pasillo de saltos. A mitad de camino, se detuvo llevándose la mano al cuádriceps derecho.

Esta vez no era el tendón rotuliano de la misma pierna. Iba a reaparecer, el pasado día 12 en Liévin. No compareció, aquejado de molestias en los isquios. El estado de Díaz, que cumplió 25 años justamente el 23-F, alarma y no es asunto baladí. Aunque nacido en Cuba, es el mejor atleta español. Veremos qué ocurre el sábado... si ocurre algo. Bueno, algo ocurrirá en algún sentido.

Faltan, por unas u otras razones, varias de nuestras figuras: Abel Jordán, Maribel Pérez, Ana Peleteiro, María Vicente, Marta Pérez, Esther Guerrero... Pero están Mohamed Attaoui, Adrián Ben, Mariano García, Quique Llopis, Asier Martínez, Jaël Bestué, Paula Sevilla, Marta García, Fátima Diame...

Parece ser que Adrián Ben, inscrito en 800 y 1.500, se ha decidido por el kilómetro y medio, a causa de un calendario "mortal" y unos adversarios duros. Mohamed Attaoui, que también acarició la idea de doblar, ha optado por el 800. Marta García, en cambio, se atreverá con los 1.500 y los 3.000. El programa también es agotador. Semifinales de 3.000 el viernes por la tarde. De 1.500, el sábado por la mañana. Final de 3.000, el sábado por la tarde. De 1.500, el domingo por la mañana.

Es arriesgado, pero no tanto como parece, si nos fijamos bien. Marta, que viene de batir la plusmarca española de 3.000 (8:34.28), se encuentra en magnífica forma, y las rivales la ven de lejos. Puede reservar energías en las semifinales. En la historia de los nacionales "indoor", sólo Adel Mechaal, y en cuatro ocasiones, ha repetido oro en ambas pruebas en la misma edición del Campeonato.

Klaebo y Brignone, los reyes de unos Juegos en los que claudicaron Lindsey Voon y Malinin

Klaebo y Brignone, los reyes de unos Juegos en los que claudicaron Lindsey Voon y Malinin

Tres medallas logradas por dos personas en una sola modalidad, el esquí de montaña, resumen la mejor participación española en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Oriol Cardona, oro, y Ana Alonso, bronce en sprint, y bronce ambos en relevos mixtos, hicieron que en Milán-Cortina se elevase a ocho el número total de nuestras recompensas invernales.

En el plano internacional destacó Johannes Klaebo. Aspiraba a seis oros en el esquí de fondo, el deporte rey en Noruega, y con seis oros se volvió a casa, contribuyendo más que nadie al rotundo liderato noruego en el medallero. A los 29 años, suma 11 oros y una plata y un bronce en tres Juegos. Sus actuaciones han superado en su país el 90% de audiencias televisivas.

El esquí alpino, la joya de la corona nevada, que se recordará por el accidente de Lindsey Vonn en el descenso, entronizó al suizo Franjo von Allmen, oro en descenso, en supergigante y en la combinada por equipos. Su compatriota Marco Odermatt, la máxima estrella masculina, con dos platas y un bronce, mostró cómo, paradójicamente, se puede triunfar y fracasar a la vez. Según las personas, sus aspiraciones y sus posibilidades, el éxito y el fracaso son relativos. Mikaela Shiffrin rompió su maleficio de Pekín2022, y se llevó el eslalon. Pero, mucho más que profeta en su tierra, Federica Brignone, oro en gigante y en supergigante después de las gravísimas lesiones sufridas en abril de 2025, formó con Von Allmen la pareja ideal alpina.

La gran sorpresa de los Juegos la constituyó el descalabro de IIia Malinin (USA) en el patinaje artístico. No podía ser más favorito. Pero, aplastado por semejante presión, se despeñó hasta el octavo puesto. Por contraste, la pareja japonesa formada por Riku Miura y Ryuichi Kihara, quinta en el programa corto, protagonizó, en el libre la exhibición más perfecta que se haya contemplado jamás. Tanto, que catapultó al binomio al oro con un total de 231.24 puntos, récord del mundo.

Un guiño al ámbito del espectáculo y un homenaje al deportivo. El día que cumplía 35 años, Francesca Lollobrigida, sobrina nieta de la célebre actriz Gina Lollobrigida, uno de los emblemas cinematográficos de Italia y "sex symbol" universal en los 50 y comienzos de los 60, se impuso en los 3.000 metros del patinaje de velocidad. Y contribuyendo aún más al formidable papel de la anfitriona Italia, conquistó un segundo oro al vencer en los 5.000. Arianna Fontana, también italiana y también de 35 años, oro en relevos mixtos en patinaje de velocidad, conquistó su decimocuarta medalla (tres de oro) en seis Juegos consecutivos.

El esloveno Domen Prvec, la figura cimera en los saltos de trampolín, no pasó del sexto lugar en el trampolín normal, pero ganó en el largo y en equipos mixtos en el normal. En el cuarteto figuraba su hermana pequeña Nika, plata, a su vez, en el normal individual y bronce en el largo.

Nika tiene 20 años. Le dobla la edad el austriaco Benjamin Karl. En una disciplina, el snowboard, en la que la media de edad de los practicantes es, precisamente, 20 años, revalidó su título en el gigante paralelo.

Sin rusos, y 12 años después de la última aparición olímpica de los jugadores de la NHL (National Hockey League), Estados Unidos se llevó el oro ante Canadá, en uno de esos duelos que se suceden y prolongan históricamente. El "partido de los partidos" cerró la competición de unos magníficos Juegos.

De Paquito Fernández Ochoa a Oriol Cardona: 54 años de diferencia entre dos pioneros

De Paquito Fernández Ochoa a Oriol Cardona: 54 años de diferencia entre dos pioneros

Le hubiera encantado abrazar a Oriol Cardona. La foto no tendría precio. Paquito Fernández Ochoa cumpliría el próximo miércoles 76 años. Han tenido que transcurrir 54 para que otro español sea campeón olímpico en unos Juegos de Invierno. Mucho tiempo, demasiado, y, además, contar con la cooperación de una modalidad nueva en el programa. Si no, imposible. Oriol Cardona ya es otro de nuestros insignes pioneros. Y lo es por partida doble: por terminar primero en una disciplina novedosa entre nosotros y porque esta disciplina es, como él, debutante en unos Juegos. Oriol también se ha convertido en un pionero internacional.

Ha partido de cero. O de un mundo desconocido para el gran público. Con toda probabilidad, para el público, a secas. Antes de Paquito, la gente no era ajena, o no completamente, a la presencia del esquí en el panorama deportivo nacional. Los interesados sabían de su existencia. También los indiferentes, porque no eran del todo ignorantes ante el hecho de que el esquí ocupaba un espacio en las informaciones periodísticas.

Paquito tuvo en España algunos precursores que abrieron un camino que nuestro campeón en 1972 completó para superarlos y hacer historia. Antes de Paquito y con Paquito, que se estrenó olímpicamente en Grenoble68 antes de ganar en Sapporo72, todos estos nombres representaron a España en los Juegos de Invierno, desde los celebrados en Saint Moritz en 1948: José y Luis Arias, Thomas Moravitz, José Vila, Juan Armiñán, Juan Poll, Ramón Blanco, Francisco Viladomat, Luis Moliné, Jaime Talens, Manuel García Morán, Luis Sánchez, Luis Viu, Juan Garriga, Javier Masana, Jorge Rodríguez, Francisco Prat, Aurelio García, Luciano del Cacho, Antonio Campaña y Carlos Adsera.

Oriol Cardona, durante la final de este jueves.

Oriol Cardona, durante la final de este jueves.AFP

Oriol no ha tenido a nadie en quién mirarse en tales alturas, aunque en Cataluña existe una cierta tradición en este deporte. A diferencia de Paquito, era favorito desde su condición de campeón del mundo. Paquito fue una sorpresa. La sorpresa, en el caso de Oriol, habría sido que no hubiese ganado. Si existen milagros en el deporte español, éste es uno de ellos. Y no porque Oriol sea fruto de una inopinada y favorable concatenación de circunstancias gozosamente imprevistas, sino por todo lo contrario: porque no ha necesitado de «ayudas divinas», de factores inexplicables o ilógicos para alcanzar la cima. Su oro no es el producto de la alquimia, el de la manipulación de elementos dispares. Es el de la naturaleza. No hay química falsificadora en los quilates. Hay física pura, sin procesos mixtificadores de probetas y alambiques.

Su medalla, de máximo valor, debe ser unida, junto a la también suprema de Paquito, a la plateada de Queralt Castellet en halfpipe, en Pekín2022. Y a las broncíneas de Blanca Fernández Ochoa, en la misma prueba que su hermano, en eslalon, en Albertville1992, Javier Fernández en patinaje artístico y Regino Hernández en snowboard, ambas en Pyeongchang2018. Y ahora, Ana Alonso en, también, esquí de montaña.

Después de Paquito, el esquí alpino español no se quedó huérfano de nombres en, aparte de los Juegos, la Copa del Mundo. Todos femeninos. Blanca ganó cuatro pruebas (tres eslalons y un gigante). María José Rienda, seis gigantes. Y Carolina Ruiz, un descenso. Fueron buenos tiempos.

No sabemos qué ocurrirá entre nosotros a partir de ahora con el esquí de montaña y, por afinidad, con otras modalidades invernales. Es de desear que toda esta popularidad promocional nacida del oro produzca un interés entre los jóvenes que desemboque en un aumento de practicantes. Ojalá este oro sea sólido y no se derrita, como la nieve, al llegar el verano.

Puerta grande para Mikaela Shiffrin en el eslalon

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Puerta grande o enfermería, metáfora taurina del eslalon femenino para Mikaela Shiffrin. La puerta grande era el oro. La enfermería, la ausencia de medallas, una forma de accidente para ella. También, incluso, la obtención de la plata o el bronce, quincalla para la mejor esquiadora de todos los tiempos.

Fue puerta grande, con la suiza Camille Rast, lejos, a 1.50 y la sueca Anna Swenn-Larsson a 1.71. Oro de máximos quilates para quien ha ganado 71 eslalons en la Copa del Mundo, más que nadie nunca. Oro para quien ha vencido en siete de los ocho disputados esta temporada (y en el otro fue segunda detrás de Camille Rast). Oro para quien ya hizo suyo el precioso metal en esta misma prueba en Sochi 2014.

La estadounidense había instalado sus reales desde la primera manga, precediendo a la alemana Lena Duerr y a la sorprendente joven sueca (20 años) Cornelia Oehlund. Cuando, en el segundo asalto, ésta se salió del trazado casi al final y Duerr hizo el "caballito" en la mismísima primera puerta, se despejaron varias dudas.

Mikaela, cuarta en la combinada por equipos después de arruinar en el eslalon la soberbia actuación de su compañera Breezy Johnson en el descenso, y undécima en el gigante, se reivindicó. Y rectificó su triste papel en Pekín 2022, donde no acabó el eslalon, el gigante y la combinada. Y se precipitó hasta el noveno lugar en el supergigante y hasta el decimoctavo en el descenso. Aunque ha ganado supergigantes y descensos en su carrera, no son las pruebas de velocidad aquellas en las que mejor se desenvuelve. De hecho, ya no las frecuenta. Quiso abarcar entonces demasiado porque necesitaba reencontrarse consigo misma. Tenía que actuar, no que pensar.

Y es que, todo hay que decirlo, corrían malos tiempos para ella fuera de las pistas. La muerte de su padre en 2020 la afectó psicológicamente de un modo demoledor. A la desgracia se unió la pandemia con la cancelación de la Copa del Mundo y su propio positivo por el virus. Reanudada la competición, ganó algunas pruebas. Pero, según sus palabras, "llegué a los Juegos (sus cuartos) con un sentimiento de derrota en mi interior".

Ahora en ese mismo interior sólo hay sitio para la alegría en todos sus significados.

Loïc Meillard aprovecha la desgracia de McGrath y se lleva el oro en el eslalon

Loïc Meillard aprovecha la desgracia de McGrath y se lleva el oro en el eslalon

Ésta es una historia de triunfo, esperanza, derrota y dolor en una sola pieza. Vayamos con el planteamiento, el nudo y el desenlace. Nevaba copiosamente en Bormio, empañando y encogiendo el paisaje, envolviéndolo en una claridad lechosa y plana, cuando el noruego Atle Lie McGrath tomó el primero la salida en la primera manga del eslalon olímpico.

Obviamente, y aprovechando al máximo la calidad virginal de la nieve, estableció el primer mejor tiempo. Noventa y cinco esquiadores después, demasiados para una competición como los Juegos Olímpicos, que debe evitar el relleno, seguía siendo el mejor por delante del suizo Loïc Meillard, a 59 centésimas, y el austriaco Fabio Gstrein, a 96.

Cuando, en calidad de líder, salió en último lugar en una segunda manga sin ventisca e incluso con rodales azules en el cielo... hizo el temido "caballito" a los pocos segundos. El drama, como el de Lindsey Vonn en el descenso, más bien tragedia en el caso de la estadounidense, no se hizo esperar. McGrath enredó las tablas con el palo de la puerta y se le hundió todo de golpe. Iracundo hasta perder el control de sí mismo, arrojó los bastones, convertidos en herramientas enemigas a las que repudiar y castigar, todo lo lejos que pudo. Se quitó los esquíes, cuyo ominoso contacto no podía soportar, y, solo y "desnudo", atravesó la pista en dirección al bosque.

Y allí, junto a las protecciones que lo delimitaban, se arrojó boca arriba sobre la nieve, probablemente odiándose y sintiendo lástima de sí mismo, rumiando quién sabe qué pensamientos atropellados. En sumo contraste, allá abajo, Loïc Meillard celebraba el oro. Fabio Gstrein, a 35 centésimas, la plata. Y Henrik Kristoffersen, el otro gran noruego, a 1.13, el bronce. Quim Salarich, 22º en la primera manga, terminó en la decimonovena posición. Objetivo cumplido. Felicidades. En su tercera presencia olímpica le ha ido mejor que en las otras dos. En Pyeongchang 2018 no terminó la segunda manga. En Pekín 2022, la primera.

Las condiciones ambientales, a las que Salarich sobrevivió, condujeron a una enorme "mortandad" entre los participantes en el primer sector. No lo acabaron 52. Entre ellos Lucas Pinheiro-Braathen, el ganador del gigante, una de las estrellas carismáticas de los Juegos y con una victoria esta temporada en eslalon, en Levi. También se quedó en el camino el francés Paco Rassat, la revelación de la especialidad, con una victoria en Gurgl y otra en Adelboden. Y no respondió a las expectativas el francés Clément Noël, campeón en Pekín'22, que, además, no concluiría la segunda manga.

La prueba se presentaba bastante abierta. A diferencia del eslalon femenino, que no ha conocido en sus siete citas de la temporada más triunfadora que Mikaela Shiffrin, los nueve masculinos han saludado a siete vencedores distintos, incluyendo al propio McGrath, ganador en Alta Badia y en Wengen. La colérica desesperación del noruego estaba, a sus ojos, justificada. Nadie reunía tantas buenas cartas como él. Se había impuesto, como queda dicho, en dos eslalons este curso, lidera la clasificación de la especialidad en la Copa del Mundo y había realizado el mejor tiempo en el primer tramo. Disponía de muchos argumentos a su favor. Todos se fueron por la borda.

El miércoles termina el esquí alpino con la disputa del eslalon femenino. Mikaela Shiffrin, que no obtuvo recompensa alguna en la combinada por equipos ni en el gigante, se enfrenta a la última oportunidad, y la mejor, a tenor de los antecedentes descritos, de salir de estos Juegos con un oro. Seguramente, después de lo visto en la prueba masculina, estará reflexionando más de lo habitual acerca de la delgada frontera que separa la ilusión de la decepción, lo probable de lo imposible y, en definitiva, el éxito del fracaso.

Lucas Pinheiro-Braathen gana el eslalon gigante y hace historia: primera medalla en unos Juegos de Invierno para Brasil

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"Los últimos serán los primeros" es una frase con la que Jesús cierra la parábola de los obreros de la viña. Significa más o menos que los humildes y marginados en la tierra alcanzarán el cielo por delante de los potentados. Pero, en el deporte, una actividad muy humana, los primeros suelen ser... los primeros. Así ha ocurrido con Lucas Pinheiro-Braathen en el eslalon gigante de estos Juegos Olímpicos. Salió con el dorsal 1 en la manga inicial y, aunque realizó el undécimo tiempo en la segunda, supo resistir la presión y acabó ganando el primer oro olímpico invernal para Brasil. Su crono en la primera manga había sido tan bueno, que con ese primer tiro ya había ganado la guerra. No le alcanzaron los dos mejores suizos: Marco Odermatt (plata) y Loïc Meillard (bronce).

Para saber más

¿Brasil?... ¿Palmeras en la nieve?... Sí. Lucas Pinheiro es brasileño. Bueno, un mestizo de vikingo y carnavalero, mitad noruego (por parte de padre) y mitad brasileño (por parte de madre). Nació en Oslo hace 25 años. Cuando tenía tres, sus padres se separaron. Se fue a Brasil con su madre. Regresó a Noruega, la meca de los deportes de invierno, cuando su padre consiguió la custodia, y allí empezó a esquiar, camino de su brillante trayectoria en el circo blanco. Repartía, no obstante, la vida entre la capital noruega, donde vivía con su progenitor, y Sao Paulo y Campinas, una localidad a unos 100 kms. de Sao Paulo, donde pasaba las vacaciones con la familia materna.

Desavenencias con su Federación por un asunto de patrocinadores y derechos de imagen, lo llevaron a retirarse en octubre de 2023. Como tiene un lado neohippie, anduvo visitando las capitales europeas y recorriendo en bicicleta los viñedos de la zona de Burdeos. También las carreteritas ibicencas. Es un tipo alegre. Por carácter, más brasileño que escandinavo.

Saciada su sed de aventuras, reapareció en el circuito en marzo de 2024, pero ya con el apellido de su madre por delante y envuelto en la bandera sudamericana. Especialista en las pruebas técnicas, de habilidad, regresó a gran nivel. Esta temporada había ganado el eslalon de Levi, el primero del curso, y hecho podios o puestos entre los 10 primeros, en eslalon o en gigante, en Wengen, Madonna di Campiglio, Adelboden, Kitzbühel, Schladming, Val Gardena, Beaver Creek y Val dIsère. Su triunfo no ha sido precisamente una sorpresa, aunque cuando está en liza Marco Odermatt, él es el favorito por principio.

Odermatt es el mejor y más completo esquiador de la actualidad. Y uno de los mejores y más completos de siempre. Lidera la Copa del Mundo de Descenso, y en Cortina ha sido cuarto. Lidera la Copa del Mundo de Supergigante, y en Cortina ha sido tercero. Incluso, en la combinada, en compañía de Loïc Meillard, formando el mejor equipo posible suizo, que es tanto como decir el mejor posible a secas, no pudo pasar de la plata. Lidera la Copa del Mundo de Gigante, es el campeón olímpico vigente, y en Cortina ha sido segundo. Odermatt, que no practica el eslalon se va, pues, de los Juegos sin un oro. Con tres medallas, dos platas y un bronce, pero sin un oro, que es el metal que mejor le cuadra y le sienta. Con toda seguridad, no estará contento.

Este domingo, el gigante femenino (Mikaela Shiffrin?). Y en el eslalon masculino del lunes, con Lucas en escena, aparece un español: Quim Salarich.