Caos y desastre del Madrid. Y pierde un partido en casa cuando no había ocurrido nunca. La sensación es que XabiAlonso no puede ser el entrenador del Madrid: todo le viene muy grande y es caprichoso hasta para hacerlo mal.
El final fue como una mediocre comedia bufa. El Madrid y el árbitro hicieron también un ridículo descomunal. Ya se sabía que le gustaba sacar tarjetas, anular goles, hacerse notar… de todo. Llegaba para hacerse famoso en el arrebato del castigo.
Es como un pobre diablo de la lista de Negreira, antimadridista, sin carisma, y como nadie le conoce, decidió armarla en el Bernabéu. Y ahora todo el mundo sabe quién es: el pequeño andaluz sin criterio que quiso ser el actor del partido. Más que Alonso.
Eso no exime a un Madrid que es como un dibujo difuminado por la personalidad de Alonso. Sacó una defensa horrible. ¿Por qué no jugó Rüdiger de inicio? Ya no tiene lo que hay que tener para poner a Valverde de lateral derecho, y eso sólo provocó que jugara de extremo-estorbo.
El Madrid ya se había convertido en el Mr. Hyde, el malo del Doctor Jekyll Ancelotti. Es decir: pases largos a la punta, evitar el toqueteo del balón y ser radicalmente superiores. La escuela Ancelotti y la táctica del contragolpe.
El equilibrio táctico del Madrid
Desde el primer minuto, el Celta se convirtió en el amo del fútbol y del partido. Manejó mucho mejor el balón y con más rapidez. Era el mejor Celta en muchos meses, pero es que jugaba contra este Madrid. Ya veremos cómo resiste las próximas jornadas. Fíjense en el Girona.
Es cierto que el Celta, que se queja de que no marca goles, logró un churro: el del sueco-valenciano Williot. Hasta para un crack es muy difícil meter un gol así. Pero en el Bernabéu lo ve todo el mundo, e incluso cuando el Madrid ya jugaba con nueve, metió también el segundo.
En ningún momento el equilibrio táctico o la estructura del Madrid pudieron con los vigueses. Con Bellingham y Arda Güler —que cada día juega peor—, el equipo de Alonso no puede crear jugadas ni ocasiones de gol. A Vini y Mbappé los encerraron entre una maraña, un enjambre céltico. Xabi nunca tuvo soluciones ni personalidad. Es difícil que recupere la credibilidad ante sus jugadores. Le han convertido en un pelele. Y frente al Manchester puede ser su último partido en el Madrid. Lo escribí: no llegaba ni a Navidad.
El numerito de Quintero González provocó el delirio final, la perversión del sentido. Pero ese pobre hombre quiso hacerse famoso y lo consiguió.
La política ACS del club gira peligrosamente hacia convertir el Santiago Bernabéu en un circo de novedades, como el partido de la NFL. Horroroso, una mierda, porque tras el partido de la puñetera NFL, otra vez el terreno de juego está espantoso, lleno de barro y de baches. Y obligó al equipo a jugar muchos partidos fuera de casa. Creo que provocó la lesión de Militao. El Madrid sale a lesión por partido.
Este fue el partido más horroroso del Madrid en toda la temporada de Xabi Alonso. Lo peor es que no acierta, se equivoca siempre y tiene miedo a sus estrellas. Y eso supone el fin. Porque nadie en la Casa Blanca tuvo respeto por él desde el principio.
Son más sorprendentes los cambios de entrenador en los equipos de baloncesto cuanto más cerca del final de la temporada se producen, porque al técnico recién llegado le queda muy poco tiempo para cambiar cosas de manera efectiva, sobre todo cuando los problemas parecen más relacionados con la calidad de la plantilla que con la tarea del predecesor. Acaban de producirse dos muy sonados en dos clubes históricos de la ACB, el Joventut y el Valencia,
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Cada mañana, Peppino, su padre, se ponía al volante para recorrer los 50 kilómetros que separan Reggiolo de Parma. Un hombre de pocas palabras, pero tifoso enfermizo del Milan, que se hizo enterrar con el uniforme oficial del heptacampeón de Europa. Cada 10 de mayo, fecha de su cumpleños, Carlo Ancelotti acudía puntual a felicitarle. Y la pasada semana, aprovechando un hueco previo a la final de Wembley, el entrenador del Real Madrid tampoco olvidó la visita al cementerio. Junto a él, su hermana Angela, que reside en la cercana Novi di Modena. Por las riberas del Po, el sol aprieta y la vida pasa despacio. Nadie olvida de dónde viene y todos saben que volverán. La gente se remanga a disposición del bien común, como tras el terremoto que devastó la zona, un 29 de mayo de 2012. Carletto, que nació, creció y salió de aquí camino de la eternidad, también regresará. Como uno más.
A la sombra de las almenas de la Rocca di Reggiolo, una fortaleza medieval cuyos muros resistieron los embates del seísmo, Fausto Mazza regenta el Ristorante Toscanini. «El jueves [16], a las nueve de la mañana, Carlo estaba sentado conmigo en esta misma mesa», revela, con la misma naturalidad con la que arrastra su corpachón entre los manteles. En su aire socarrón y hospitalario, en el apretón de sus manos callosas, cabe toda la Bassa Emilia. «Ancelotti proviene de una familia campesina muy pobre. Así que, pese a los éxitos, esa herencia siempre va a estar ahí. Dice mucho de él que un personaje de su relevancia entre aquí a saludar y a tomar un café con los amigos».
Junto a un banderín rossonero del Milan, Mazza guarda dos fotos como alhajas. Una, de 1974, el año que compartió junto a Carlo en el Reggiolo Calcio. La otra, de 1995, cuando organizó un torneo al que su camarada, entonces técnico de la Reggiana, quiso apuntarse. «A los 14 años todos queríamos ser profesionales, pero la mayoría no teníamos ni para las botas. Las que nos dejaba al club, a menudo no nos servían, porque ya las habían destrozado los mayores», recuerda Fausto. Y su sonrisa, deshilachada entre la barba entrecana, se despliega al presentar los cappelletti in brodo, especialidad gastronómica de la Bassa. Una pasta rellena sumergida en caldo de carne y aderezada con el toque preferido de Ancelotti: «Un dedo de vino tinto. Sólo un dedo».
«¿De verdad no se marcha?»
Entre las celebridades locales, la popularidad de Mazza rivaliza con la de Giancarlo Simonazzi, párroco de Santa Maria Assunta y guardián de la llave del Oratorio San Giuseppe. Entre sotanas y alzacuellos marcó sus primeros goles, hace casi medio siglo, aquel niño tan glotón. Pero de camino al número 96 de la Via Giacomo Matteotti hay parada preceptiva en la Ferretería Ancelotti. Gaetano y Roberto, remotos parientes por parte de abuelos, regentan el negocio. Son tan gentiles, tan a la vieja usanza, que hasta su duda enternece: «¿De verdad que no va a marcharse a Brasil?» Al fondo, varios militantes de Forza Italia faenan con las pancartas en una calle dedicada al ilustre mártir del socialismo. Los ojos de Don Giancarlo, casi octogenarios, ya parecen haberlo visto todo un par de veces. Pero cuando abre la cancela, también en su voz se derraman unos acentos de nostalgia.
«Todo este vestíbulo tuvo que reconstruirse tras el terremoto, aunque la parte de dentro no ha cambiado», explica el sacerdote, apuntando a un solar donde las matas de hierba crecen desordenadas. Hace tiempo que arrancaron las porterías y hay que forzar demasiado la imaginación. Así que mejor dejar constancia de la última prédica antes de partir. «Nadie podrá objetar nada de Carlo como futbolista y entrenador, pero a nivel personal, hay quien piensa que ha cometido graves errores». No hay forma, divina o humana, de sonsacarle algo más. Simonazzi habla y se mueve como aquel Don Camilo de las novelas de Giovanni Guareschi.
El Stadio Comunale Rinaldi, sede del Reggiolo Calcio.M.A.H.
Por estos contornos, los caminos son rectos y los vecinos conocen, terrón a terrón, cada palmo cultivable. En primavera, algunos diques se desbordan y el agua, fangosa, engulle las tierras bajas. Los mosquitos devoran. El sol curte incluso el pellejo de Adone Bertazzoni, labrador a tiempo completo y presidente, en los ratos libres, del Reggiolo Calcio. Como cada sábado a mediodía, Adone acude con su furgoneta al Stadio Comunale Rinaldi. Trajina con unas sillas de plástico y enseña al periodista las instalaciones municipales. «Carlo, como yo, viene de la tierra, de la estructura de la tierra. Por eso es un tipo tan humilde y trabajador». Bertazzoni, con sus ojillos vivaces y su dentadura de niño pobre, representa el testimonio de un mundo que se acaba.
«Tenemos un terreno fértil. Yo cultivo maíz, trigo y soja. Disfruto con mi vida tranquila y con mi casa en el campo», confiesa. Pero desde la construcción de la autopista a Brennero, la arcadia se ha visto azotada por el progreso. Comer Industries, suministradora de Jeep, y la farmacéutica Sarong, abrieron sede en los alrededores. Disminuyó el desempleo, aunque el orgullo de Reggiolo no se mide en datos macro. «En este club contamos con 50 voluntarios. Empezamos con niños de cinco años hasta el equipo senior. Siempre intentamos hacer bien las cosas. Ancelotti empezó aquí en 1974 y mira su trayectoria tan increíble». Bajo la tribuna principal, en un cuartillo carcomido por el polvo, se amontonan trofeos, testigos de aquel tiempo, cuando Carletto partió hacia Parma. Del Ennio Tardini, al Olímpico de Roma y San Siro. Del banquillo de la Reggiana a las puertas de su quinta Champions.
"Durante su primera etapa en la Reggiana tenía dudas sobre si valía para los banquillos"
Han transcurrido casi tres décadas desde aquel debut en los banquillos en la Serie B, quizá la fase menos conocida de su carrera. «En esa época Carlo estaba preocupado, con dudas sobre si valía o no, pero también tenía mucha motivación», apuntan sus conocidos de entonces. Reggio Emilia, capital de la región, no entendía el pésimo momento de un equipo que únicamente sumó cuatro puntos en las siete primeras jornadas. «Él siempre repite que fue uno de sus peores momentos. Incluso se planteó la dimisión, pero le dieron confianza y terminaron ascendiendo».
Adone Bertazzoni y Roberto Angeli.
Su filosofía originaria aún encaja en las horas previas de una séptima final de Champions: «Ninguna noche impide al sol salir por la mañana». No obstante, al éxito con la Reggiana le sucedió una repentina crisis. «Repetía a sus asistentes: "Esto es demasiado estresante". Decía que lo iba a dejar en tres o cuatro años. De hecho se ponía como fecha límite el año 2000».
La electricidad de un banquillo quizá sólo sea equipareble a la de la política. Y de eso va sabiendo lo suyo Roberto Angeli, con tres legislaturas ya a las espaldas. «Le conocí en casa de Angela, durante la fase de reconstrucción del pueblo. Hace tiempo que no nos vemos, porque siempre anda muy ocupado, pero cuando gana algún título hablamos por teléfono», comenta el alcalde de Reggiolo. Aunque comparta una casa en Vancouver con Mariann, su esposa, Carlo guarda otros proyectos para la jubilación. «Todos esperamos con ilusión su regreso a Reggiolo. Ya me han pedido un homenaje de bienvenida, así que lo recibiremos con los brazos abiertos. Organizaremos una gran fiesta en la que participará todo el pueblo», finaliza Angeli.
Entre la brisa mecida por los cerezos llegan ecos lejanos de la Champions. Algo especial habrá en la Emilia-Romagna, tierra de Arrigo Sacchi y Alberto Zaccheroni. O de Simone Inzaghi, natural de Piacenza y Stefano Pioli, de Parma. Sacchi revolucionó el fútbol, pero Ancelotti ha perfeccionado, como ningún otro, la fórmula ganadora.
El Ristorante Toscanini, el favorito de Carlo en Reggiolo.M.A.H.
Sus rutas gastronómicas
M.A.H.
Durante su niñez de posguerra y privaciones, la dieta semanal se limitaba a una sopa con tocino, unos huevos con cebolla y un trago de vino. Para los días de fiesta, alguna perdiz o gallina frita. El pequeño Carletto siempre tuvo buen apetito y el dinero del fútbol simplemente hizo aflorar su lado más gourmet. Apasionado del jamón ibérico y los caldos gran reserva, el técnico blanco no pierde ocasión, cuando viaja a su tierra, para el buen yantar. Entre sus rincones favoritos, el Ristorante La Pinta, en San Bernardino di Novellara. Regentado por Jeris Folloni, en sus paredes aún cuelga una foto del entonces centrocampista del Milan. De sus tiempos en el Parma queda registro en cada visita a la Hostaria da Ivan, situada en la pequeña localidad de Fontanelle di Roccabianca. Sobre estas líneas, el Ristorante Toscanini, su favorito de Reggiolo.
El inesperado fallecimiento del doctor Carles Miñarro, uno de los responsables médicos del primer equipo del Barça, sigue marcando el presente del conjunto que dirige Hansi Flick. Los futbolistas aún están muy tocados por tan terrible acontecimiento y, con permiso expreso de la UEFA, únicamente el técnico azulgrana atendió a los medios de comunicación en la rueda de prensa previa al encuentro, al inicio de la cual se guardó también un minuto de silencio en recuerdo del médico. La intención de todos, tras la suspensión del duelo frente a Osasuna del pasado sábado, es homenajearlo dedicándole un partido de vuelta de los octavos de final de la Champions ante el Benfica en el que quieren sellar su pase a la siguiente ronda con una nueva victoria tras el triunfo logrado la semana pasada en Da Luz por 0-1.
«Ha sido una pérdida muy sensible para el equipo, porque ha sido una parte importante del rompecabezas con el que queremos lograr el éxito esta temporada. Era una gran persona y un gran médico. Carles era una pieza muy importante, lo extrañaremos y queremos ganar por él. Todos quieren dedicarle el partido, es un momento trascendental para el club y para la afición, el equipo está centrado, tenemos que seguir adelante y es muy importante conseguir este triunfo», señaló el técnico azulgrana en la sala de prensa de la ciudad deportiva Joan Gamper. En principio, con respecto al partido de ida en Lisboa la única baja será la de Cubarsí, expulsado con roja directa en Da Luz. Robert Lewandowski, quien fue baja por una contractura en la convocatoria con vistas al partido frente a Osasuna, no tendrá problemas para estar sobre el césped.
«Está en plena forma. En la activación previa al encuentro contra Osasuna sintió alguna molestia, pero ahora está bien», señaló el técnico alemán acerca del delantero polaco. En Lisboa, su compatriota Wojciech Szczesny fue del todo decisivo con sus paradas. Por eso, no es nada raro que Flick elogiara la figura de un arquero que, ahora mismo, es titular absolutamente indiscutible. «Siempre lo digo, es un portero maduro, experimentado, tranquilo. Su personalidad nos ayuda mucho y está haciendo un gran trabajo», señaló el entrenador azulgrana acerca del guardameta. Y, si Szczesny fue decisivo bajo los palos, también lo fue de nuevo un Raphinha que se encargó de marcar el gol de la victoria en Da Luz y que, desde el punto de vista de Flick, está siendo una de las claves del gran rendimiento del equipo.
«Si lo hace bien, y lo está haciendo muy bien, también nos ayuda mucho. Es dinámico, marca muchos goles, tiene hambre, se desmarca continuamente... Está muy centrado y estoy muy contento de que esté con nosotros y de que esté rindiendo a un gran nivel», recalcó el entrenador del Barça, quien es muy consciente de que el duelo de este martes y la visita al Metropolitano del próximo domingo hacen que esta semana tenga un sabor especial. Aunque, desde su punto de vista, el nivel de exigencia debe ser constante. «Siempre es así. También fue importante la semana en que nos medimos al Bayern y, luego, al Real Madrid. Todas lo son. Estamos en un gran momento de forma, tenemos mucha confianza y debemos seguir así», abundó. Pese al buen resultado de la ida, además, procura huir del papel de favorito. «Nadie piensa que esto está hecho. Eso es lo importante», sentenció.