Era el día previo al pesaje de la pelea ante Max Holloway e Ilia Topuria no podía dormir. No porque el campeón del peso pluma estuviera preocupado por la pelea o por dar los 65,8 kilos pertinentes en la báscula. “Las peleas se ganan en los entrenamientos”, le dice siempre a su equipo y los suyos, esos seis meses intensos de training camp, habían sido espectaculares. Estaba preparado tanto física como mentalmente.
Así que, para volver a conciliar e
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Ya pueden gritar por injusticia. Ya pueden gritar de alegría. Porque lo visto en Balaídos no tiene término medio. Tras un terrible partido rojiblanco, Julián Álvarez, la estrella que reclamaba la parroquia colchonera, apareció para rematar un pase de Griezmann, que no había hecho nada en toda la noche. Verlo para creerlo. Aspas se agarraba la cabeza en el banquillo después de las clarísimas ocasiones que habían tenido y marrado. Quién sabe si iba a tener otra igual para ganar al equipo de su amigo Koke. [Narración y Estadísticas, 0-1]
Uno veía el saludo entre Iago Aspas y Koke y pensaba en que ya no les quedan muchas ocasiones de abrazarse. Hablamos de 1.165 partidos vistiendo la camiseta de su equipo entre ambos, 500 para el capitán celeste y 645, el rojiblanco. Casi nada. Para los nostálgicos será una pérdida irreparable cuando decidan retirarse pero, a sus 37 y 32 años respectivamente, parecía en Balaídos que a ambos les quedaba cuerda para rato.
Aspas ha recuperado su presencia en un ataque vigués que con Giráldez ha recuperado el vigor perdido en la época de Rafa Benítez, de la que pocos jugadores celestes quieren acordarse. Koke lo ha jugado casi todo este año y, cuando partió del banquillo, decidió aportar un gol, suerte poco habitual en su juego.
Y es que los rojiblancos necesitaban ganar para no perder el tren de cabeza, algo que, a juzgar por la historia entre ambos conjuntos, debía de producirse, como finalmente ocurrió. Toda vez que el Atlético no sólo ha ganado los seis últimos encuentros entre ambos, sino que lo ha hecho en cuatro de las cinco últimas visitas a Balaídos.
No obstante, el duelo de anoche fue un encuentro de poder a poder entre dos equipos que, esta temporada, buscan dominar el juego desde la posesión. El Celta lo hace desde la llegada de Giráldez y el Cholo sigue en su evolución de los últimos años apoyada en unos fichajes que son más técnicos que fajadores. Aunque Gallagher tenga un poco de todo para alegría de su entrenador.
Otro nombre propio del duelo de Balaídos fue el de Giuliano Simeone. Hacía casi 20 años que un Simeone no era titular con la rojiblanca. No obstante, la actuación del pequeño no fue la mejor. Defensivamente dejó bastante libre a su espalda a Carreira, que realizó varios centros peligrosos. Uno de ellos, en el minuto 10 de la primera parte, que Swedberg, con todo a favor, disparó a la derecha de la portería de Oblak.
Salvación de Oblak
Estuvo soberbio el cancerbero en un chut de Aspas a la base del poste. El esloveno puso una mano firme que se mereció el halago en el campo del delantero. "Vaya parada, chaval", se le entendió al celeste. Y aún hizo otra milagrosa a un remate a bocajarro de Borja Iglesias tras una gran jugada colectiva del Celta.
Cambió el Cholo a Koke por Julián Álvarez con el derbi en la mirilla y la necesidad de los tres puntos. No era el partido de Griezmann, pero lo mantuvo en el campo. El Atlético no había hecho ni un remate a puerta hasta el minuto 80. Abrió la lata Riquelme, que obligó a Guaita a hacer una gran parada. Y, cuando poco después perdonaba el Celta el gol de la victoria, picó La Araña. Menuda presentación para el derbi.
Estaba Jon Andoni Pérez Alonso, Bolo, planificando la luna de miel con su mujer por los Estados Unidos tras casarse aquel verano del año 2000 cuando recibió una llamada agridulce. Tenía que cancelar su viaje porque debía incorporarse a la pretemporada del equipo antes de tiempo, al Rayo Vallecano le había ‘tocado la lotería’. "Fue una sorpresa, la verdad, porque habíamos hecho una buena liga, pero terminamos entrando en Europa por el Fair play", explica a EL MUNDO el protagonista.
Hace justo 25 años, el Rayo Vallecano consiguió plaza europea en el sorteo que realizó la UEFA entre equipos con menor número de tarjetas, mayor respeto a árbitro y rivales y mejor comportamiento de aficionados. Hoy juega ante el Shkendija por méritos deportivos y se estrena en la Conference en el mismo estadio de Vallecas que entonces. O parecido.
El tercer equipo de Madrid estaba en Europa, aunque debía jugar la fase previa ante un equipo andorrano, el Constelació. El total fue de 16-0, 10 goles en Andorra, la mayor goleada a domicilio en la historia europea, y 6 en Vallecas para entrar en la segunda competición continental. "Era un torneo importante con equipazos", destaca Sergio Ballesteros, otro de los integrantes de esa plantilla. Pero hubo un borrón: la lesión del capitán, Cota, que se partió la tibia en el partido de vuelta.
Iniciaba entonces el Rayo su andadura en Europa que le llevaría por Noruega, Dinamarca, Rusia y Francia. "Fue una compensación de esa luna de miel no disfrutada porque pude ir con mi mujer a esos destinos, el problema es que en todos hacía mucho frío", recuerda Bolo, el primer goleador europeo de la historia del club vallecano. Un tanto que "tiene grabado" y del que le enorgullece que le recuerden.
Bolo, tras anotar en Molde.EFE
El gol fue precisamente ante el Molde noruego, el equipo con "el estadio más bonito" que han visto los integrantes de aquella plantilla, en el minuto 16 del primer partido del equipo madrileño. "Fue el primer desplazamiento largo y ver ese campo y los fiordos…", cuenta Bolo. Afortunadamente, ocurrió en septiembre. Visitarían luego Dinamarca a principios de noviembre, donde darían cuenta del Viborg bajo una intensa "tromba de agua" hasta la recordada eliminatoria ante el Lokomotiv de Moscú en dieciseisavos. "Son experiencias brutales: el desplazamiento entre semana, ir al extranjero conocer otros países", califica Ballesteros.
La expedición del Rayo por Moscú.AP
El chárter del equipo madrileño en el que la presidenta Teresa Rivero invitó a empleados y familiares del club aterrizó en Moscú con -16 grados a finales de noviembre. A la expedición le sorprendió que las madres moscovitas llevaran a sus hijos recién nacidos "en carritos que parecían trineos". Lo primero que hizo Rivero, como en cada desplazamiento del club, fue ir a rezar a una iglesia. Lo que pediría la mandataria queda entre ella y Dios, pero ese año, curiosamente, el Rayo eliminó al líder de la liga rusa, de la liga danesa y de la francesa.
En Rusia fue una cuestión más de supervivencia, se hicieron hogueras en el descanso en el vestuario para calentar las manos y los pies, que de fútbol. "Éramos muy intensos, defensivamente fuertes atrás y muy verticales, con contras rápidas, Míchel y Mami Quevedo eran muy buenos, pero su calidad era para hacer transiciones rápidas", recuerda Sergio Ballesteros. El defensa no se olvida como en el vuelo de vuelta fueron comiéndose el caviar a cucharadas y lo rico que estaba ese manjar que nunca ha vuelto a comer.
Los rayistas, tras eliminar al Girondins.EFE
Gesta interrumpida
Así, el Rayo fue pasando rondas, en octavos eliminó al Girondins de Burdeos, hasta encontrarse en los cuartos de final con aquel milagroso Alavés. "Los otros, cuando les tocaba el Rayo se imaginaban un equipo más fácil y se daban cuenta que era muy difícil ganarnos", cuenta Bolo, pero Ballesteros secunda que los vitorianos no sólo sabían cómo se las gastaban en Vallecas, sino que ese año "eran un equipo muy fuerte". "Fueron superiores", concluye el defensa sobre una eliminatoria en la que "apenas tuvieron opciones".
De hecho, el Alavés llegaría ese año a la final ante el Liverpool en aquel mágico partido de Javi Moreno que no sirvió para conquistar el trofeo. De aquella época, se guardó en la grada de Vallecas el famoso cántico de: "El año que viene Rayo - Liverpool". "Éramos una familia y gracias a ello conseguimos todo eso", razona Bolo y Ballesteros habla de "piña".
Siguen teniendo un grupo de Whastapp de aquella época, "la mejor de mi vida personal y deportiva", se casó y tuvo a su primer hijo, cuenta Bolo y por la que sigue siendo "del Rayo a muerte". Ballesteros también la recuerda con mucho cariño, aunque terminara dejando el fútbol porque ya "tiraba más la familia que la pasión por el fútbol".
No está el Atlético para sustos y le permite el calendario, además, no arriesgarse a tenerlos pese a lo apretado del marcador final. Salía Simeone, sin Supercopa a la vista, con un equipo titularísimo para doblegar a un Marbella peleón, pero claramente inferior al, hasta el viernes, líder de Primera División. Griezmann abrió la lata pronto y el resto del partido fue mantener la ventaja con una sobriedad propia de este nuevo y serio Atlético. [Narración y estadísticas, 0-1]
Los colchoneros fueron con todo desde el inicio, buscando presionar y combinar como el sistema engrasado que son desde hace 12 partidos, ahora 13. Tras varios amagos de ataques sin finalización, llegó el primer picotazo de Griezmann después de un disparo de Giuliano. Los malagueños lejos de arredrarse adelantaron líneas y subieron la presión.
La primera parte no dio mucho más de sí. El Marbella solo hizo un remate a portería, y blando, aunque Ohemeng fue un dolor de cabeza para Javi Galán. Respondía también ofensivamente la banda derecha rojiblanca, con Molina y Giuliano intercambiando posiciones y revoloteando el área andaluza. Con algo más de precisión podrían haberse ido con más renta a la caseta. En las filas andaluzas, lo más peligroso eran los balones parados sacados por el ex madridista Callejón. Pero ninguno encontró rematador.
Otros años, otras épocas, otras plantillas, habrían vuelto con dudas ante un equipo de Primera Federación. Ya no hay Albacetes, Cornellás o Recreativos de Huelva para sacar los colores a un equipo que, si bien le costó tanto en Vic como en Cáceres, es fiable como un reloj suizo. Un conjunto, el colchonero, que ya no tiembla en las alturas ni tampoco en empresas menores, como terminó demostrando en La Rosaleda.
A los cinco minutos ya había puesto el segundo en el marcador, pero fue un espejismo ya que De Paul se ayudó con la mano izquierda para controlar el balón antes de alojarlo en la red. Casi lo logra el argentino diez minutos después con una preciosa volea que detuvo con complicaciones Martín, el balón le rebotó a Griezmann, pero no pudo orientarla a puerta.
El partido no fue bueno por parte del Atlético, pero sí serio. Algo que se le pide siempre a los equipos de superior categoría. Con pocas oportunidades claras, salvo la que tuvo Gallagher que se la escupió el palo. Las estrellas atléticas no brillaron, resultaron efectivas nada más. Que, insistimos, en otros tiempos, con eso no les bastaba. El que estuvo más fallón, con dos pases claros para ampliar la ventaja fue Giuliano. Sorloth, que había salido por Julián, se desesperaba porque era un destino fácil y lógico para esos balones.
Duelo trabado
El partido se fue trabando aún más y desde el banquillo se quisieron buscar soluciones ofensivas, sobre todo para evitar sustos finales que puedan provocar nervios e introducir desazón en una dinámica positiva histórica. Hablamos de 13 victorias consecutivas, igualadas a las ya conseguidas por Simeone en 2013, aunque el sábado estuviera en la banda Nelson Vivas por la expulsión del argentino ante el Cacereño.
Correa y Sorloth quisieron seguir dando emoción al partido tras fallar dos ocasiones clarísimas tras asistirse recíprocamente. Afortunadamente, no les hicieron falta. Sigue la racha. Sigue el Atlético en Copa.