El Real Madrid sigue rompiendo barreras y explorando terrenos que antes no se presuponían para un club deportivo. Este miércoles, el ‘club blanco’ ha inaugurado en Dubai junto a Dubai Parks and Resorts el primer parque temático de un club de fútbol en el mundo: el Real Madrid World, informa Europa Press.
Con una superficie de seis hectáreas (el equivalente a seis campos de fútbol como el Santiago Bernabéu), el parque temático del Real Madrid cuenta con más de 40 experiencias entre las que destacan la icónica Stars Flyer, las sillas voladoras más altas del mundo, con 140 metros de altura, y Hala Madrid Coaster, la primera y única montaña rusa de madera de Oriente Medio.
Al acto asistieron, entre otros, el director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, Emilio Butragueño; y el embajador del club, Roberto Carlos. Las dos leyendas madridistas recorrieron las instalaciones y participaron en un clínic con más de 100 niños de la Fundación Real Madrid, en el campo de fútbol situado dentro del parque.
“Estamos plenamente convencidos de que quienes visiten este parque temático sentirán de inmediato la emoción y la ilusión que transmiten nuestro escudo y nuestra camiseta. Aquí cobra vida una parte muy importante y querida de nuestra historia, nacida de las emociones y los sueños de los aficionados del Real Madrid. Como dice nuestro presidente, el Real Madrid pertenece al corazón de la gente”, dijo Butragueño.
“Real Madrid World es algo más que un parque temático: es una celebración del fútbol. Esta es una emocionante incorporación al panorama de entretenimiento de Dubái con nuevas experiencias totalmente inclusivas, educativas y divertidas para todos”, afirmó Fernando Eiroa, consejero delegado de Dubai Holding Entertainment.
El eje norte-sur sostiene al Madrid. El norte es Mbappé; el sur es Courtois. El primero marca los goles y el segundo valida el valor de esos goles, al impedir que el contrario los iguale. El la periferia del eje crecen algunos jugadores y decrecen otros. Crece Trent, convertido en lo más parecido a un kicker del fútbol americano, un pateador que siempre encuentra el norte, pero un norte en movimiento. La lesión que se produjo el inglés es un contratiempo en el peor momento, para sí mismo y para el equipo. Veremos. Decrece Güler, suplente en San Mamés en una situación extraña, como extraño fue su cambio en Girona. La diferencia es el resultado, un marcador contundente en un lugar difícil, menos hoy que en otras ocasiones, seamos claros. La victoria es una prueba de vida para Xabi Alonso, escondida todavía en el norte y el sur del Madrid. [Narración y estadísticas (0-3)]
Nada hay que reprochar al técnico, después de un ejercicio de dominio de los suyos, de los que mandan, porque el Madrid fue lo más jerárquico posible. Estaba Valverde, y estaba donde le gusta jugar, salvo por las necesidades del desenlace. Estaba Vinicius y estaba Bellingham, un paso adelante por la inclusión de Camavinga junto a Tchouaméni, y estaba Rüdiger, que ha regresado de su larga lesión sin contar los minutos. Camavinga desplazaba a Güler, uno de los pocos futbolistas que alumbran los espacios frente a defensas en formación, pero el tanto del francés carga el argumentario del técnico. No hay debate que se resista a los goles, aunque la lesión del francés, otra, devolverá protagonismo al turco.
Es posible que Xabi Alonso quisiera más físico frente aún rival que siempre propone duelos a cuerpo, pero la realidad es que esté Athletic no está para proponer muchas cosas, lejos de las mejores versiones que ha ofrecido con Ernesto Valverde. La impresión es que la exigente Champions lo ha desgastado y descolocado, y eso se paga siempre en la Liga.
opacado por el depredador
La debilidad defensiva, con muchas dudas, fue una prueba y quedó de manifiesto en los dos primeros goles del Madrid, con independencia de los méritos de Mbappé, que sorteó rivales como se sortean puertas de esquí para batir a Unai Simón. Trent lo habilitó en el espacio justo, por lo que algunos madridistas se fueron a felicitar al inglés, pero a partir de ahí los movimientos de Mbappé fueron inaccesibles, como si se evaporara, para culminar uno de los mejores tantos desde que está en el Madrid, aunque no el gol en el que haya tenido mayor oposición.
La defensa del Athletic estuvo contemplativa, tibia, y su portero no hizo un imposible. Antes y después, en cambio, evitó Unai Simón que los males fueran mayores, ante el propio Mbappé o en un mano a mano ganado a Vinicius, activo en el arranque, pero irremediablemente cada vez más opacado por el depredador que tiene a su lado. Es inevitable. El día que toma la iniciativa, como sucedió en Atenas, Mbappé logró cuatro goles. Continúa.
El segundo gol de los blancos, obra de Camavinga, con dos cabezazos en el área ganados por los visitantes, y el tercero, en el que Mbappé tuvo tiempo para mirar, medir y disparar, sin que Vivian pusiera la cabeza donde debía ponerla, ahondaron en la debilidad local.
El cabezazo de Camavinga que valió el 0-2 en San Mamés.EFE
En ataque, asimismo, le faltaron al Athletic tramos de alto ritmo de juego, aunque cazó acciones aisladas, gracias a segundas jugadas, en las que Courtois resultó fundamental, frente a Guruzeta, Berenguer o Jauregizar, en momentos importantes, sin que el marcador tuviera todavía la claridad del desenlace. Nico Williams tampoco consiguió poner en valor su explosión y ganar duelos individuales.
Zurcidos tras las lesiones
Ernesto Valverde intentó poner más agresividad tras el descanso con el recurso de Unai Gómez, pero no le sirvió para cambiar el escenario. Militao, Tchouaméni, Carreras o Camavinga eran ganadores de los duelos individuales, una especialidad habitual del Athletic debido a la intensidad que suele imponer en San Mamés. Ahora no está para eso.
El segundo gol de Mbappé, tercero del Madrid, tranquilizó a Xabi Alonso, que hasta entonces había tenido que zurcir al equipo por las lesiones. Primero al colocar a Asencio en el lateral derecho, por Trent, y a Güler por Camavinga. A partir de ahí, llegó el momento de pensar en lo que viene, el Celta y, especialmente, el City de Pep Guardiola, en el Bernabéu. Entre los que se fueron estaban Vinicius, Mbappé y Militao, jugadores indispensables.
En el caso del brasileño, además, quizás para evitar males mayores, ya que Vini hizo un feo gesto a la grada, al mostrar tres dedos en señal de la goleada. Se retiró de San Mamés al grito de «¡Tonto, tonto!». Tan feo como lo que había hecho. El Madrid lo necesita en su mejor versión, porque lo de San Mamés es sólo una prueba de vida. Si tiene dudas, que pregunte a Mbappé.
A las seis menos cuarto ya no cabía un alfiler en torno a la pantalla gigante. El Parque de Berlín era una grada improvisada, una fiesta sin techo, un pulmón colectivo en rojo y amarillo que latía al ritmo de una ilusión que llevaba años fraguándose. Daba igual el calor pegajoso de los 35 grados, las chanclas, las sillas de playa o el sudor en la frente.
Hoy —y solo hoy— todo eso era secundario. Porque España jugaba la final de la Eurocopa femenina contra Inglaterra. Porque era el día en que los sueños de muchas niñas, que un día chutaron balones en campos de tierra, podían coronarse con el único gran título internacional que faltaba en la vitrina de la selección.
"¡Vamos, España!, ¡A por ellas!", estallaron al unísono las centenares de personas congregadas en el parque. Y con el himno, también las miradas al cielo. Un himno que sonó a decibelios ensordecedores, inundando el aire, retumbando en los árboles, llenando de orgullo el pecho de todos.
No era Basilea, pero poco le faltaba. En Chamartín se vivía con la misma tensión. Las calles aledañas comenzaron a cortarse antes de las cinco de la tarde. Desde la boca del Metro de Concha Espina, emergía una riada de camisetas rojas: el 6 de Aitana, el 11 de Alexia, el 7 de Olga. Era una marea humana con destino claro: el corazón de Madrid palpitaba fútbol femenino.
Fanny y Lola estaban sentadas en una toalla de playa con Unai, su hijo de tres años. "Hemos visto toda la Eurocopa. Como no podemos ir a Suiza, ¿qué mejor que vivirlo desde casa?', decía Fanny. "Las inglesas son muy buenas, pero estamos convencidas de que vamos a ver triunfar a las chicas", añadía Lola.
La primera parte fue un nudo en el estómago. Inglaterra salió con todo, obligando a Cata Coll a emplearse a fondo bajo palos. Pero España aguantó el chaparrón y no dejó de mirar hacia delante. Yen el minuto 25, llegó el estallido.
Mariona Caldentey conectó un potente remate de cabeza tras un centro medido desde la derecha, haciendo vibrar el Parque de Europa con un grito seco, eléctrico, que pareció agitar hasta las hojas de los árboles.
En primera fila, a pie de pantalla, también se dejaban llevar por la emoción la alcaldesa en funciones de Madrid, Inma Sanz, y la concejala de Deportes, Sonia Cea Quintana. Aplaudían, saltaban y cantaban como dos aficionadas más.
No hubo que lamentar ningún incidente grave, más allá de algún tirón ocasional que hizo que más de uno se quejara con el aliento contenido al ver la imagen congelada o al escuchar el micrófono del presentador fallar entre chasquidos.
El descanso se hizo eterno, y el gol de la británica Alessia Russo en el 57 dejó un regusto amargo. Hasta los que estaban tumbados en la arena, lejos ya del bullicio, se levantaron con un respingo y se acercaron a la pantalla como si pudieran cambiar el rumbo con la mirada.
La prórroga trajo un nuevo brío para España, un cambio de ritmo que despertó los pulmones del parque. "¡A por ellas!", "¡No os metáis atrás!", "¡Que esta final es nuestra!", se escuchaba entre sudor, nervios y esperanza. Pero los zarpazos de Inglaterra helaban la fiesta: los aficionados se apretaban contra las vallas, inclinados hacia la pantalla como si pudieran entrar en ella para despejar el peligro.
Por suerte, para cualquiera a quien la emoción pudiera jugarle una mala pasada, los operativos policiales y los equipos de emergencias del Samur estuvieron durante todo el partido rodeando a la multitud.
Y el partido se fue hasta los temidos penaltis, esa ruleta cruel que hace contener el aliento y romper corazones. Inglaterra marcó el primero y el golpe fue seco. Pero cuando repitieron y fallaron, volvió la esperanza. Las palmas marcaban el ritmo mientras Patri Guijarro tomaba carrera para clavar el primero de España. Después, todo fue un vaivén: España falló, Inglaterra también. Los errores se encadenaban y la tensión era una losa. Cada lanzamiento era un mundo, una bocanada de nervios y silencio.
Hasta que, al final, Inglaterra se coronó campeona. Y el trago fue amargo.
Entonces solo hubo dos reacciones: quienes se marcharon en silencio, cabizbajos, y quienes se quedaron inmóviles, incrédulos, como si aún esperaran un giro imposible. Pero incluso en la derrota, hubo algo que celebrar.
"No han ganado, pero siguen siendo nuestras campeonas", comentaba una aficionada, aún con los ojos húmedos.
La primera plantilla del Rayo Vallecano, que tenía previsto entrenar en sesión matutina, no ha podido este lunes ejercitarse en la Ciudad Deportiva debido a un robo de material deportivo que se produjo en las instalaciones del club, según informaron a Efe fuentes de la entidad madrileña.
Después de dos días libres tras el último partido frente al Getafe, el Rayo Vallecano tenía previsto regresar este lunes a los entrenamientos para empezar a preparar el partido de la próxima jornada frente a la UD Las Palmas.
El robo de material deportivo en el vestuario de la primera plantilla impidió que el equipo pudiera ejercitarse y, tras una reunión de los capitanes con el cuerpo técnico y David Cobeño, el director deportivo, se tomó la decisión de suspender la sesión.
Raúl Martín Presa, presidente del Rayo, llegó a la Ciudad Deportiva pasadas las 14 horas para gestionar el asunto y ver los siguientes pasos a tomar desde la directiva ante el incidente sufrido.