Una pregunta se repetía en cada rueda de prensa de los últimos meses: “¿Cuándo te retiras, Lewis?”. Con distintas palabras, distintos acentos, siempre el mismo fondo: la duda de si un siete veces campeón del mundo de 41 años, sin victorias, sin celebraciones, tenía todavía algo dentro. “I’m useless”, llegó a declarar la temporada pasada en plena crisis. Inútil, se llamó. Otros le despedían mientras él se machacaba.
Este domingo en Montmeló, Lewis Hamilton respondió a todos, incluido a sí mismo, como siempre había sabido hacerlo. Una exhibición de pilotaje, fría y demoledora, le dio su primer triunfo con Ferrari. E incluso algo más grande que una victoria.
A cuatro vueltas del final, de repente, Kimi Antonelli, el joven italiano que dominaba el Mundial con cinco victorias consecutivas y llegaba pletórico a Barcelona, se quedó parado y todo cambió. El Mercedes del futuro, aparcado en la gravilla. El hombre del pasado, volando hacia el horizonte. Hamilton no ganó por el abandono del italiano, ya mandaba entonces, contaba con doce segundos cuando el Mercedes enmudeció, pero transformó el campeonato con su triunfo y la desdicha de su adversario.
Ahora Ferrari ya puede vencer y, con muchas carreras todavía por delante, los 41 puntos de ventaja de Antonelli sobre Hamilton no parecen tantos. El británico no sólo logró una victoria, la primera de rojo, también descubrió la opción de volver a ser campeón.
La estrategia de Ferrari
“Gracias por creer en mí y traerme a este equipo”, proclamó Hamilton en un emotivo discurso dirigido a sus compañeros en la Scuderia. “El año pasado parecía imposible que volviera a ganar, pero nunca perdieron la esperanza en mí. Me levantaban una y otra vez e hicieron muchísimos cambios para ayudarme. Todas mis victorias han sido especiales, pero esta es algo distinto. Siempre me había preguntado qué sería ganar con Ferrari y ahora ya lo sé”, continuó el británico, que también agradeció la estrategia planteada por el equipo.
Hamilton cruza la meta en Montmeló.AFP
La estrategia que le llevó a la victoria. El brillo lo puso él con su ritmo, pero la táctica de Ferrari fue igual de determinante. Salir desde la segunda posición, con George Russell por delante y Antonelli por detrás, ofrecía dos caminos: el conservador, quedarse donde estaban, o el ambicioso, ir a por la victoria. Y eligieron el segundo. Hamilton haría tres paradas cuando lo habitual en Montmeló es hacer dos, una apuesta arriesgada que convertía cualquier imprevisto en una oportunidad. Exactamente eso ocurrió.
En la vuelta 40, después de una hora de monotonía, las cámaras enfocaron por primera vez a Fernando Alonso, que rodaba último, desquiciado con su Aston Martin, en una situación aún peor a la vivida por Hamilton en los últimos tiempos. Esta vez al español se le había estropeado la batería y por cuarta vez este año se veía obligado a abandonar. Entonces a Hamilton se le abrieron las puertas del cielo.
Gracias al virtual safety car forzado por Alonso, al británico apenas le penalizó su última parada en boxes y con neumáticos nuevos se abalanzó a por el triunfo mientras Russell y Antonelli sólo podían verle marchar, lejos, cada vez más lejos.
La desdicha de Antonelli
La jugada había sido redonda y más que lo fue cuando a seis vueltas para el final los dos Mercedes se enfrascaron en una batalla propia. En el garaje de la escudería alemana no querían ni mirar. Antonelli, mucho más rápido, se lanzó en recta para rebasar a Russell en la primera curva de Montmeló y lo hizo, pero el segundo puesto apenas le duró unos segundos. De golpe su monoplaza empezó a hacer cosas raras, a pararse, no avanzaba y llevarlo hasta meta se convirtió en una quimera. El líder del Mundial, que había disfrutado de mucha fortuna hasta el momento, supo entonces qué era sufrir una avería y no pudo más que retirarse.
Su infortunio devolvió a Russell a la segunda posición y elevó a LandoNorris a la tercera completando así el primer podio plenamente británico desde 1968, cuando Jackie Stewart, Graham Hill y John Surtees lo lograron en Watkins Glen.
Por detrás quedó el cuarto puesto de Max Verstappen, otra vez fuera del podio, una nueva desgracia para Charles Leclerc, decimoquinto por una avería en el gran día de su compañero en Ferrari, y otra jornada de vacío para Carlos Sainz. Como Alonso, el español espera que el verano cambie completamente su situación, pero de nuevo se quedó fuera de los puntos, esta vez sin posibilidades siquiera de pelear por entrar entre los 10 primeros.








