El fútbol sentimental

El fútbol sentimental

Actualizado

Antaño los sentimientos en el fútbol se basaban en una identidad común, mayoritariamente geográfica (nacional y local), que unía a todos los estamentos en una afinidad de orígenes y objetivos. Eso ya no existe más que de modo minoritario y obligado por la necesidad. El fútbol es hoy una actividad empresarial dirigida desde la lejanía física y la ajenidad sentimental.

La vorágine electoral ha envuelto en la bruma, aunque sin llegar a ocultarlo, el insólito hecho de que ningún jugador del Madrid forme parte del plantel español en el Mundial. Incluso en un fútbol globalizado, que el más importante club del país no aporte, por fas o por nefas, ningún elemento al equipo nacional ayuda a pintar el retrato del Madrid de los últimos tiempos. Empezando por su vivero.

El peso de “la mejor cantera de Europa” en el vestuario blanco tiende a la ingravidez a causa de una mezcla de insuficiencia deportiva y política de fichajes. “La Fábrica” es exactamente eso: una instalación dedicada a la producción industrial en cadena de futbolistas destinados a la exportación con fines lucrativos. Carne de venta o de trueque.

En la camiseta se depositan la esencia y la historia del club. Quien la viste, venga de donde venga, queda automáticamente adoptado por la afición y pasa a formar parte de su catálogo de emociones primarias. Pero esa misma afición agradece la presencia de producto propio, carne de la carne y sangre de la sangre del club de sus amores, que acentúe y estreche el recíproco vínculo. Si el fútbol nació como sentimentalidad en estado puro, conviene no perder de vista el factor identitario ni relegarlo a un plano secundario en beneficio del mercantil. Deberían ser compatibles el cosmopolitismo y el arraigo.

No se está tocando ese punto en una campaña electoral caracterizada por el halago y las promesas al socio soberano. Le correspondería a Riquelme dar el paso y hacer hincapié en otorgar mayor confianza a la cantera y agotar sus posibilidades a fin de fomentar la consanguinidad vertebradora. Y ya que las elecciones coinciden con la visita de León XIV, digamos en latín que “nihil difficile volenti”. Nada es difícil si hay voluntad.

En el fondo, en ese y otros asuntos, en el Vaticano madridista, la pugna entre el viejo Papa y el joven monaguillo se resume en un mismo número: los 37 títulos de Florentino contra los 37 años de Riquelme.

kpd