Joan Laporta o Víctor Font. O, dicho de otra manera, el presidente saliente, quien encararía de esta manera su cuarto mandato al frente de la entidad, tras acumular dos seguidos entre 2003 y 2010 -y presume de haber resucitado a una institución moribunda en lo económico y golpeada por varios reveses deportivos-, contra un candidato que afronta por segunda vez el asalto a la presidencia convencido de que su propuesta es lo mejor para el futuro de la entidad.
O el uno, o el otro. Algo que no ocurría en el club azulgrana desde hace prácticamente 20 años, cuando Joan Gaspart, vicepresidente de un Josep Lluís Núñez que se apartaba de la cabeza del club tras haberlo dirigido desde 1978, se impuso como opción continuista a un Lluís Bassat que acudía a los comicios como decidida opción rupturista.
A lo largo de esta campaña, arrancada técnicamente con una validación de firmas en la que Marc Ciria acabó quedándose fuera de la recta final de la carrera electoral, por mucho que hasta ese momento unos y otros fueran deslizando sus líneas maestras, Laporta ha podido presumir de haber revitalizado a un club cuyos números habían quedado tocados de muerte en la etapa final de la presidencia de Josep Maria Bartomeu, la construcción de un nuevo Spotify Camp Nou con un final definitivo de las obras que, ahora mismo, apuntaría incluso al verano de 2027 o el arranque de una nueva etapa exitosa en lo deportivo de la mano de Hansi Flick. Obviando, en este último caso, que su apuesta previa por traer a Xavi Hernández al banquillo del primer equipo barcelonista fue de hecho una fugaz montaña rusa teñida de éxitos y fracasos.
El ex capitán y ex técnico barcelonista, precisamente, ha sido quizás la cara más conocida del barcelonismo que ha apostado sin tapujos por Víctor Font. Incluso, rompiendo su silencio mediático de los últimos años para destapar su decepción con Laporta y dejar caer que Leo Messi no volvió al club en 2023 por decisión expresa del abogado. La marcha del argentino y la necesidad de recuperarlo como patrimonio del club, aunque sea lejos del césped, de hecho, ha sido uno de los puntos en los que Font ha querido hacer más hincapié. Incluso, dedicándole un spot televisivo. El argentino, desde Miami, ha preferido en cambio mantener un más que prudente silencio. Laporta, mientras, no ha dudado tampoco a la hora de asegurar que tanto esas declaraciones de Xavi, quien le acusó además de haber dejado el club en manos de su cuñado, Alejandro Echevarría, como la denuncia de irregularidades ante la Audiencia Nacional por parte de un socio que recuperó su condición justo antes de llevarla a cabo han sido, de alguna manera, auspiciadas por el propio entorno de su rival desde las sombras.
En el cuerpo a cuerpo, Laporta se mueve como pez en el agua. Algo, tal vez, inherente a su bagaje como abogado. Font, pese a haber ganado varios enteros en estas lides desde un perfil más apocado, se ha visto demasiado avasallado, incluso, en el último debate, celebrado el pasado jueves en TV3. Una cita en la que Laporta le afeó que buscara un golpe de efecto en los últimos días una opción preferente por Erling Haaland negociando con el City. Algo no muy alejado, de hecho, de lo que hizo su propia candidatura en 2003 con un David Beckham que, de hecho, tenía ya cerrado su aterrizaje en el Real Madrid. El hecho, no obstante, de que la pelea por la presidencia se haya convertido en un cara a cara puede beneficiar a un Font que, en 2021, en unos comicios en los que participó también Toni Freixa, se quedó muy lejos de Laporta. Entonces, logró 16.679 votos por 30.184 de Laporta, mientras que Freixa obtuvo 4.769. El desgaste de los últimos años, unido al estallido del caso Negreira, ha multiplicado aparentemente las voces críticas contra Laporta. Este domingo, veremos si suman o no lo bastante como para apartarlo de un nuevo mandato que el propio abogado prácticamente ha dado por hecho en los últimos días.






