Carlos Alcaraz sigue en plan apisonadora en 2026. No solo no pierde: desprende un aura de imbatibilidad que es notoria para cualquiera que se pone delante de él en una pista de tenis. Grigor Dimitrov, un jugador que en circunstancias normales es un hueso, resultó una perita en dulce para el murciano. Lo despachó en una hora y seis minutos (6-2 y 6-3) para meterse en la tercera ronda de Indian Wells, considerado el ‘quinto’ grande de la temporada, en una reedición de la paliza del año pasado en octavos de final.
Poco le afectó al murciano el viento que soplaba en la central de Indian Wells. “Sabía que iba a ser un partido difícil dadas las condiciones”, dijo el número uno de la ATP al final del encuentro. “Su estilo es realmente peligroso, pero creo que me adapté un poco más a las condiciones que él y por eso me llevé el partido al final”.
Dimitrov, lejos del nivel que le llevó al número 3 del ránking mundial, fue muy consciente de la situación desde el principio. Dio la sensación de estar a merced de Alcaraz durante todo el encuentro, como si la idea de pasar a la siguiente ronda resultara una quimera. Quizá el objetivo era evitar que se repitiera el paseo militar del año pasado, cuando Alcaraz le endosó un doble 6-1. Logró, al menos, maquillar el resultado, aunque duró ocho minutos menos en pista que el año pasado.
El campeón en Australia aprovechó el primer punto de ruptura en el cuarto juego y puso la directa hacia la primera manga, sin brillantez excesiva ni demasiado desgaste, pero siempre con una marcha más que su rival y aprovechando los fallos del búlgaro, que firmó 10 errores no forzados en los 32 minutos que duró el primer parcial.
Butler y el golf
El 88% de puntos ganados con el segundo servicio y los cinco golpes ganadores fueron suficientes para subrayar el abismo que separa a ambos jugadores en este momento. Baste, también, el dato del vil metal. Con 22 años, Alcaraz lleva el doble de dinero ingresado en torneos que el búlgaro con 34: 63,3 millones de dólares frente a los 31,2 de su oponente, según la ATP.
Jimmy Butler, jugador de los Golden State Warriors y amigo del español, contemplaba plácidamente el espectáculo en la grada, con un cóctel en la mano y disfrutando de otro día espléndido en el que presume de ser el paraíso del tenis, en el valle de Coachella, con su clima privilegiado, sus campos de golf y el sobrecogedor paisaje desértico que rodea las pistas. Es un sitio único que Alcaraz adora. Siempre lo dice. “Es un privilegio volver a estar aquí”, jugando al golf cada vez que el torneo le da un respiro.
Subió enteros el juego del búlgaro en la segunda manga. Se movía mejor por la pista y facilitó un partido muy vistoso por momentos, aunque siempre con la sensación de que acabaría por morder el polvo. Su sonrisa de camino a su banco, tras un misil de derecha con el que Alcaraz se anotó el 4-3, lo decía todo. No pudo evitar aplaudir. Unos minutos más tarde, se estaban dando la mano y deseándose la mejor de las suertes para el futuro.
A Alcaraz le espera el francés Rinderknech en tercera ronda, el mismo que le preguntó hace unos días en Doha, con cierta sorna, si pensaba dejarse ganar alguna vez. No tiene pinta.





