Una protesta en contra de los Juegos Olímpicos de Invierno terminó con enfrentamientos este sábado de la policía con un centenar de manifestantes en Milán.
Un grupo de personas con el rostro cubierto comenzó a arrojar piedras y bengalas contra los agentes de policía, que respondieron con cañones de agua y gases lacrimógenos, antes de proceder a varias detenciones.
Este incidente llega un día después de la apertura oficial de los Juegos Olímpicos, que se disputan en siete sedes del norte de Italia, con Milán y Cortina d’Ampezzo, en los Dolomitas, como corazones del evento.
El sol saliendo por el río Sena después de la tormenta, la luz iluminando la Torre Eiffel como un foco y los marchadores brillando, fugaces y esforzados, sobre el puente d'Iéna. Tenía que ser así, con este resplandor, como España celebrara sus siguientes medallas en estos Juegos de París. María Pérez se colgó la plata en los 20 kilómetros marcha tras una carrera de menos a más y Álvaro Martín fue fuego en la categoría masculina y se llevó el bronce. Ambos, campeonísimos del mundo, campeones de Europa, alcanzaron así lo que le faltaba: un podio olímpico.
La dolorosa gesta de Pérez
Antes de este jueves, Pérez venía de unos meses de dolor, mucho dolor, un dolor que sólo ella conoce, pero que se puede imaginar sólo con el diagnóstico: se fracturó el sacro. Con una pequeña lesión en la zona fue dos veces campeona del mundo el pasado verano, pero la dolencia se fue agravando, se fue agravando y finalmente tuvo que pasar por el quirófano. Operación. Rehabilitación. Y una renuncia a los analgésicos en la que empezó la competición: para volver a marchar a toda velocidad tenía que acostumbrarse al dolor, recuperar la sensibilidad en esa zona, aunque fuese una tortura.
Durante un par de semanas, en invierno, casi no podía ni moverse. Pero recibió su recompensa. "¡La madre que te parió, la madre que te parió!", le felicitaba Martín en la meta, después de aplazar su propia celebración para animarla. Pérez lloraba y lloraba, completamente exhausta después del esfuerzo y de tantos y tantos minutos de control. Porque la española, que a lo largo de su carrera cometió errores de estrategia, que en tantas carreras que se lanzó para hundirse después, esta vez fue consciente de sus opciones a la perfección. La china Jiayu Yang demarró con violencia en el kilómetro 5 y Pérez, en lugar de irse con ella, esperó. Al frente del grupo, aguardó porque su momento no era ese. Era mucho más tarde, en el kilómetro 14, cuando rompió con todo para irse a por la plata.
La Reina Letizia felicita a María Pérez y Álvaro Martín tras su plata y bronce en Paris@casareal.es
Pudo ser oro, incluso, pero una tarjeta le frenó en plena remontada y Yang supo mantenerse. A la prueba llegaba Pérez con ciertas dudas sobre su estilo técnico -los jueces llegaron a ponerle cómo ejemplo de lo que no se debía hacer en un congreso-, pero sobre el asfalto no tuvo problemas. Al final, a los 28 años, la plata que redondea su palmarés, que le da sentido a tanto dolor y que relanza a España en el medallero.
El bronce y los "últimos Juegos" de Martín
Porque antes de su éxito, hubo el éxito de Martín. Si hace tres años en los Juegos de Tokio acabó cuarto, la carrera más dolorosa, en estos Juegos de París el marchador también demostró que había aprendido la lección para finalizar tercero sólo por detrás del ecuatoriano Brian Daniel Pintado y el brasileño Caio Bonfim
"Si atacas que sea para no mirar atrás", le repetía su entrenador, José Antonio Carrillo, en los días previos y no hacía falta: lo sabía, Martín lo sabía. En Tokio las ganas, las ansias, los nervios le llevaron a lanzarse cuando no tocaba y, de ahí, su decepción. Este jueves en el escenario más bonito que ha tenido nunca la marcha, el marchador español aguantó y aguantó hasta el toque de campana. "Es ahora, es ahora", le gritaban los suyos y Martín, siempre impertérrito, cambiaba la cara.
Con él, en ese último kilómetro, Pintado,Bonfim y el italiano Massimo Stano, todos rivales más que conocidos. Con él, en ese último kilómetro, la posibilidad de tocar el cielo. Atacó Pintado primero, violento hacia el oro, se fue con él Bonfim y Martín supo que era el momento: si seguía detrás, era medallista olímpico. En los últimos metros, en el empedrado del Trocadero, Martín miraba para atrás para controlar el ataque de Stano y ya estaba, ya lo tenía. En la meta, derrumbe: no podía más.
"Hoy mi oro era este bronce, lo he dado todo. Pintado era superior al resto y mi esperanza era que Bonfim, que tenía dos tarjetas, se quedara atrás. Al final ha podido atacar y me he quedado con esa medalla, que para mí lo es todo", explicaba Martín, emocionado, en zona mixta, antes de anunciar que "seguramente serán mis últimos Juegos". "Tengo 30 años y creo que la máquina y la cabeza no me darán para más", aseguraba antes de abrazar a Carrillo. Una medalla para España, en una de las dos que hubo en la mañana más brillante, bajo la luz que salía por el río Sena y que iluminaba la Torre Eiffel.
Sin brillantez, pero España también gana. Cuatro de cuatro camino del Mundial 2027, ya clasificada matemáticamente para la segunda fase. Esta vez, de nuevo ante Ucrania, ahora en Oviedo, una selección de pico y pala, sabiendo combatir en el fango. Con personalidad. Hay días más o menos lúcidos, pero Chus Mateo ha conseguido en muy poco tiempo que este equipo tenga tal confianza en sí mismo que supera, de momento, cualquier obstáculo. [78-64: Narración y clasificaciones]
Tantas veces en el deporte las diferencias se marcan en la falta de comodidad. Como si echara de menos la frescura o como si Ucrania, ya dura de por sí, hubiera aprendido la lección. Y, pese a todo, ni un segundo peligró la victoria de una selección que sólo se desmelenó a falta de seis minutos, para deleite del público asturiano y para cargar las pilas todavía más de un grupo que transmite unidad y entusiasmo. La imagen de todo el grupo, cuerpo técnico y staff incluidos, celebrando en el centro del campo un nuevo triunfo, dice mucho de lo que se está cociendo en ese vestuario.
La España que amaneció en Oviedo (esta vez los descartados fueron Isaac Nogués y Alex Reyes; entraron Lluís Costa y Pep Busquets) fue una prolongación del festival de la segunda parte en Riga. Como si en aquel descanso en el Xiaomi Arena, la selección hubiera descubierto la pócima ucraniana. O más bien la propia, la del baloncesto frenético, la defensa agresiva, el contagio de la alegría. Pero, esta vez, los protagonistas del arranque fueron precisamente dos de los que pocos que menos brillaron allí. Fran Guerra metió las dos primeras en la pintura. Y Santi Yusta sus dos primeros triples. Una ventaja que ya jamás abandonaría España en toda la noche.
Sin embargo, ese zarpazo inicial no tuvo continuidad. Fue un espejismo. Funcionaba la defensa (otra vez seco Kovliar), totalmente apagados los ucranianos, pero no el ataque español. Entró en una preocupante parálisis España, apenas 12 puntos en todo el segundo cuarto y porque Jaime Fernández lo zanjó con un triple sobre la bocina. Chus Mateo meneaba el banquillo, pero nadie tenía la clarividencia como para escapar del cúmulo de fallos.
El marcador al descanso era raquítico (28-21), el acierto un drama. La primera noche en la historia de la selección en Oviedo necesitaba un electroshock. De nuevo pareció una España más fresca a la vuelta de vestuarios. Pequeños arreones. Incluso se vio 12 arriba (36-24) con Jaime Fernández como luz en ataque. Pero Ucrania respondía para engancharse, menos maniatada que el viernes.
Hasta que la resistencia rival se dio por vencida, desesperados los ucranianos. Pierre Oriola otra vez decisivo, el paso adelante de Oriol Paulí, los triples de Francis Alonso. No hubo héroes ni nombres propios. Fue un triunfo coral. Uno más, cuatro de cuatro, a redondear en julio contra Dinamarca y en Georgia. Para acudir al siguiente escalón con la hoja de servicios limpia (se arrastran todos los resultados), para vérselas contra Grecia, Portugal y seguramente Montenegro, con un buen colchón hacia Qatar.
Masters de Madrid
JAVIER MARTÍNEZ
@JavierMartnez5
Actualizado Viernes,
5
mayo
2023
-
09:46Ver 2 comentariosEl número 1 más precoz alcanzó también antes que...