Yago Rojo, probablemente el más pujante de los maratonianos españoles, 41º en los Juegos de París, oteaba el horizonte del reciente Maratón de Valencia y se relamía. Un estado de forma como no recordaba. “A mí no me gusta decir ‘estaba para esto’, porque siempre defiendo que la marca que haces es la que vales (2:07:47 es la suya). Pero estaba para reventar el crono. Los entrenamientos que estábamos haciendo, sobre todo las sensaciones… Recuerdo una tirada con Carlos Mayo, acabando el último 10.000 en 29:30 y le decía a Luismi (Martín Berlanas, su entrenador), ‘si quieres sigo'”, cuenta a EL MUNDO desde la más pura “frustración”, desde “noches sin dormir”. Porque, a las puertas del “gran día”, le acudió el dolor y “no sé si este estado de forma va a volver alguna vez en mi vida”.
Yago, el chico de Aluche que soñaba con ser Fernando Alonso, pura alegría y desparpajo, vivió días “horrorosos”. Descubrieron una pubalgia, con afectación en la zona del sacro ilíaca. Tocaba parar, redefinir objetivos, una pesadilla para quien acostumbra a acumular 200 kilómetros a la semana. Aunque la oportunidad de Valencia y su recorrido siempre propicio para batir una marca que le resituaría entre las mejores nacionales de siempre, el madrileño pronto encontró la motivación de vuelta, siempre pensando en Los Ángeles como objetivo de fondo. Sólo había que regresar a la infancia.
“Yo de niño quería ser ciclista”, comenta quien encontró en la bici a su mejor aliado para la recuperación. Diversión, exigencia y buena compañía. Nada menos que a rueda de Juanpe López, toda una maglia rosa del Giro.
Pero no sólo es la experiencia. El entrenamiento cruzado también es científicamente provechoso para los atletas de elite. “Es una barbaridad. Además, en mi caso, no sé por qué, me sube el pulso muchísimo en la bicicleta. Es bastante curioso, hasta me compré otro pulsómetro porque pensé que el que tenía estaba mal”, explica Yago, que en esfuerzos sostenidos de unos 12 minutos, supera las 180 pulsaciones. Algo que, corriendo, en su caso sería ir a 2:50 el kilómetro, aproximadamente.
Juanpe López y Yago Rojo, en una imagen reciente.
Rojo encontró en el nuevo refuerzo del Movistar un estupendo compañero. Se conocieron el año pasado y, aprovechando la estancia del sevillano en la capital con su pareja, la marchadora Lidia Sánchez-Puebla, acordaron unos entrenamientos en los que también se unen otros como el también ciclista Gonzalo Serrano o el duatleta Javi Martín. Tiradas de hasta cinco horas en las que el maratoniano comparte en paralelo los calentamientos y a rueda las series de los ciclistas. “Yo le dije que no quería interrumpirle sus entrenamientos. En las series largas, me cuesta seguirle. Pero lo disfruto una barbaridad, me lo estoy pasando como un enano, ir ahí detrás viendo su culo con el loguito de Movistar, su Canyon”, bromea Yago, alucinado del reconocimiento que reciben por las carretas de Madrid y con la potencia de los profesionales en las subidas. “El otro día fuimos para el Alto del León y luego subimos Navacerrada. Cuando Juanpe y Gonzalo empezaron, dije: “¿Pero va a aguantar así 20 minutos?”. Arrancó como si me pasase una moto. Cuando la carretera se pone para arriba no hay un punto de comparación. Ellos están tres ligas por encima”.
Rojo se lleva la experiencia (“es una excelente persona y te va enseñando cosas técnicas”) y sus músculos, protegidos del impacto hasta que pueda volver a correr (cree que será en unos días) la inyección fisiológica que acelerará su puesta a punto. “Ponerme en forma me va a costar bastante menos. El cansancio después de una salida es diferente al de correr, más orgánico, menos muscular. Un reventón sobrehumano, pero sin la sensación de no poder moverte que provoca la carrera”, explica.
Si todo va bien y con la precaución debida, las miradas de Yago están en el Europeo de Birmingham del próximo verano, aunque para ello deberá acreditar la mínima en alguna maratón previa, posiblemente en Hamburgo o Praga. Y, llegado el momento, recordará esas salidas invernales en bicicleta, a 50 kilómetros por hora por Chinchón a rueda de Juanpe López.






