Un mural dedicado a Lamine Yamal, futbolista del FC Barcelona, y realizado a mediados de julio por el artista urbano TVBoy ha aparecido cubierto este lunes por una intervención que incorpora a los siete enanitos de Blancanieves.
La obra de TVBoy retrata a Lamine Yamal como un superhéroe, vestido como tal y con una ‘L’ en el pecho a modo de homenaje tanto por su mayoría de edad como por su meteórica carrera. Según parece, la modificación ha sido realizada por Shredder, otro artista urbano que dejó su firma en la obra de TVBoy.
El oro lo albergaban los pies y el amor propio de dos atletas de época. María Pérez y Álvaro Martín, los dioses de la marcha, una pareja que recordará la historia, campeones olímpicos en París en la novedosa prueba del relevo mixto. Completaron una mañana impecable a los pies de la torre Eiffel, un maratón de éxtasis dividido en cuatro en 2:50:31, para la octava medalla de la marcha atlética nacional, el semillero de leyendas.
Fueron un martillo, la perfección. El temple y la calma cuando tocó, el sufrimiento en el momento oportuno. Mientras el resto padecía con la parte técnica, a ellos ninguna sanción en las casi tres horas de prueba. Cuando María cruzó la meta llegó el abrazo emocionante, las lágrimas. Justo asomaba el sol en el Trocadero. Son bicampeones mundiales, plata y bronce olímpicos individualmente y ahora también oro. Oro puro.
Había amanecido París con grisura, algo más fresco y lluvioso, con esta humedad que se va tornando en insoportable. El asfalto mojado, la brisa en un escenario idílico en el que marchar, en el estupendo circuito diseñado en los alrededores de la Torre Eiffel. Álvaro Martín, con su competir matemático y pulcro, cumplió en la primera posta (la más larga de todas, 11,45 kilómetros), sin abandonar la cabeza, sin entrar en pánico con los tempraneros intentos de fuga del japonés Kawano y del canadiense Dunfee.
María Pérez cruza la meta primera en la marcha mixta.Vadim GhirdaAP
El extremeño iba a llegar, limpio de amonestaciones técnicas, en el quinteto de cabeza que dio el relevo tras 43 minutos y 32 segundos, con una pequeña ventaja sobre los chinos que pronto remontó la campeona olímpica Jiayu Yang y su llamativo ombligo tapado, esta vez con el rojo de su bandera. No fue frenético el ritmo femenino, cómoda María Pérez, y el grupo se amplió a ocho con la llegada de la australiana, la mexicana (que, con problemas, hacía la goma una y otra vez) y la peruana.
La alarma saltó en esos últimos metros finales, cuando la granadina cedió con el pelotón de cabeza, menos grave los segundos, siete, que las sensaciones. Quizá sólo era un respiro. Porque Álvaro iba a recuperar enseguida. Y en ese comienzo de su relevo fue cuando todo se empezó a resolver.
Primero, por el tirón del ecuatoriano Daniel Pintado que sólo el español consiguió aguantar. Por atrás, un reguero de víctimas, entre ellos el italiano Stano, pero también el chino Zhang, que, además, iba a arruinar todas sus opciones con hasta dos tarjetas rojas.
Álvaro Martín, en acción en París.MIGUEL GUTIÉRREZEFE
Pintado era cada vez más agresivo pero también navegaba en los límites. Vio la segunda roja, a una ya de la sanción de tres minutos. Sobre aviso hasta los restos. Martín, que paladeaba la gloria, sufría. Perdió unos metros, pero sin venirse abajo. Todo lo contrario, puro coraje, remontó, adelantó al campeón olímpico, se dejó la vida y le dio tres segundos que eran un diamante para María, con 10800 metros hasta la meta.
Los dos estaban asegurando la medalla, casi 40 segundos con el italiano. Y todo iba a quedar en manos de María y Glenda Morejón. La ecuatoriana fue sexta en la plata de la española el pasado jueves. Esa era la esperanza de oro. Y pronto voló María, con su marchar rítmico, espoleada por las banderas españolas que poblaban el corazón de París. En su mente todos los peajes del éxito, la operación de este invierno, los kilómetros y kilómetros en la altitud de Sierra Nevada. Ese cuarto puesto de Tokio. Los problemas pretéritos con la técnica. Hasta el cielo se llega por caminos insospechados. Pero María tuvo tiempo para saborear todo eso, clavando parciales como un metrónomo, sonriendo ya al otear la meta, porque su ventaja con la ecuatoriana se fue ampliando sin prisa pero sin pausa.
La dupla ecuatoriana se quedó con la plata, a 51 segundos de los españoles. El bronce fue para Australia, con Jemima Montag y Rhydian Cowley. La otra pareja española - Miguel Ángel López y Cristina Montesinos- terminó en novena posición.
Es la octava medalla de la historia olímpica de la marcha española -que se había estacado desde Atenas 2004 y esa plata de Paquillo Fernández-, la punta de lanza del atletismo nacional desde el pionero Jordi Llopart. Es el segundo oro también, después del único de Daniel Plaza en los 20 kilómetros de Barcelona 92.
Para muchos aficionados, el descenso olímpico dejó de tener interés e importancia cuando Lindsey Vonn y sus sueños rodaron por la nieve. Pero la vida seguía, aunque no igual. Estábamos en los Juegos Olímpicos, en la cúspide del esquí. La competición perdía su mayor atractivo personal, es cierto, pero no un ápice de su trascendencia suprema, que siempre está por encima de las individualidades, aunque éstas le proporcionen su leyenda a través del tiempo.
En el momento del holocausto de Vonn, su compatriota Breezy Johnson, la segunda estadounidense en la jerarquía de la velocidad, marcaba el mejor tiempo de las participantes: 1:36.10. Ya no lo abandonaría. Y la alemana Emma Aicher, el segundo, a sólo cuatro centésimas, un pestañeo. Tampoco lo dejaría. La prueba se reanudaría muchos, interminables y angustiosos minutos después del drama que contribuirá a recordar los Juegos. Le dio cuerda de nuevo la austriaca Mirjam Puchner. Y, sobre todo, la estrella italiana, una de las grandes damas históricas del descenso: Sofia Goggia.
Fiel a su estilo, Goggia esquió a lo bestia, alternando pequeños errores con instantes inigualables. Pudieron más los errores de cara al oro y la plata, y la de Bérgamo, de 33 años, se quedó en el bronce, a 59 centésimas de la vencedora. Campeona en Pyeongchang'2018 y subcampeona en Pekín2022, no era del todo profeta en su tierra, pero una medalla siempre sabe dulce y nadie se la va a recriminar. Al contrario. Era mitad esperada y mitad no. Aunque Goggia ha ganado en esta campaña el supergigante de Val dIsère, su temporada está careciendo de la brillantez habitual. Pero, en dos días, Italia tiene su tercera medalla y primera femenina.
Expresión rara
Breezy (Breanna Noble Johnson), nacida en Wyoming, posee el sentido de la oportunidad. Aunque ha coleccionado ocho podios, no ha ganado todavía ninguna prueba de la Copa del Mundo a los 30 años recién cumplidos. Pero es la vigente campeona mundial y ahora la olímpica. Tenía una expresión rara. No sabía si dar rienda suelta a su alegría o controlarla pudorosamente por respeto y cariño a Vonn.
En cualquier caso, le ha rendido homenaje con su triunfo y le ha proporcionado al país de ambas un oro precioso. Se perdió los Juegos de Pekín a causa de una lesión de rodilla (¡las rodillas de las esquiadoras!). Y tiene un borroncillo es su trayectoria. En 2024 aceptó una sanción de 14 meses por no estar localizable en tres controles antidopaje en los últimos 12 meses.
El apellido Johnson es muy afortunado en los descensos olímpicos. Bill Johnson se coronó sorprendente campeón en 1984, en Sarajevo. Fue un deportista con buena suerte y un hombre con mala. Falleció con 55 años a causa de un derrame cerebral.
Entre el éxtasis por su victoria el martes en primera ronda de Wimbledon ante la vigente campeona, Marketa Vondrousova, la española Jessica Bouzas recordó que viéndola por televisión estaba su ídolo, Garbiñe Muguruza, y se emocionó todavía más. "Precisamente hoy he visto un comentario suyo en una entrada mía de Instagram. Ha sido pura casualidad. Estaba comiendo y he pensado: 'No debe ser ella, es una cuenta falsa'. Pero no, no, lo comprobé y era ella", comentaba la joven de 21 años, de repente la sensación del Grand Slam londinense.
Este jueves, en segunda ronda, se enfrentará a la también española Cristina Bucsa y, al revés que hace sólo 48 horas, muchos aficionados ya estarán observando sus golpes. Porque Vondrousova, sexta del ranking mundial, no llegaba al All England Club en su mejor forma, demasiados altibajos -pese a sus recientes cuartos de final de Roland Garros-, demasiado dudas, pero igualmente el triunfo de Bouzas supuso un terremoto para el torneo. Sólo una campeona el año anterior había caído tan pronto, Steffi Graf en 1994; tanta es la importancia de la gesta.
"Cinco cosas que no sabías de Jessica Bouzas", titulaba este miércoles la web del circuito WTA y entre esas cosas varias curiosidades. Por ejemplo, los siete tatuajes que luce en su cuerpo, uno de ellos, un 'Shhhh' en un dedo como reivindicación adolescente: silencio, a callar. Por ejemplo, su pasión por los caballos, una obsesión infantil que ha acabado transformando en hobbie en su vida adulta. O por ejemplo, las ganas que tiene de vivir las Festas de San Roque de su pueblo, Vilagarcía de Arousa, que se celebran a mediados de agosto y siempre le pillan en plena gira americana de cemento.
Este año es su año
Más allá de eso, Bouzas ejemplifica que entre la crisis generacional del tenis español sigue sobrando talento y que el trabajo de las escuelas del país volverá a florecer en algún momento. Futbolista de niña, su padre le animó a probar el tenis en el Club de Tenis O Rial y se enganchó tanto que a los 13 años ya estaba haciendo las maletas para instalarse en la Academia David Ferrer de La Nucía. Allí, lejos de la lluvia de Galicia y plenamente profesionalizada, destacó como junior y empezó a visitar torneos Futures. En poco menos de dos años, entre 2021 y 2023, ganó en 11.
Pero le faltaba el salto entre las mejores del mundo que llegó esta primavera. En cuestión de semanas ganó su primer torneo WTA 125 en Antalya (Turquía), entró por primera vez en el Top 100 del ranking mundial y eliminó a Paula Badosa en primera ronda del Mutua Madrid Open. Su triunfo ante Vondrousova, su primer triunfo en un Grand Slam, en realidad sólo era un paso más en una progresión que debería llevarla a cimas más altas.
"Sabía que ella sentiría mucha presión como defensora del título y soy consciente de que las primeras rondas siempre son complicadas para las favoritas. Yo intenté no pensar en ello cuando estaba en pista, procuré centrarme en mí misma y jugar muy suelta, sabiendo que no tenía nada que perder", analizó la española que ahora debería afianzarse en el ranking y en la élite. Con un juego agresivo, asimilable al estilo de Muguruza pese a la diferencia de altura, Bouzas promete un porvenir esperanzador.
Después de la retirada de Muguruza y entre los problemas de Badosa por culpa de la espalda es lo que necesita el tenis español. A los cercanos Juegos Olímpicos de París, por ejemplo, sólo acudirán dos representantes, Sara Sorribes y Bucsa, con más opciones en el cuadro de dobles que en el torneo individual. Bouzas ejemplifica que entre la crisis generacional del tenis español sigue sobrando talento y que el trabajo de las escuelas del país volverá a florecer en algún momento