El Real Madrid, ofreciendo su mejor versión del curso, no dio opción al Mónaco y cerró con sobresaliente una doble jornada semanal de la Euroliga, que había arrancado con otra convincente victoria en París. El equipo de Chus Mateo recuperó el baloncesto que le había hecho ganar adeptos por todo el contintente, con transiciones rápidas, con defensas pegajosas bajo el aro y con la creatividad de Facundo Campazzo. [Narración y estadísticas (94-72)]
El base argentino comandó las operaciones en los dos primeros cuartos, con un repertorio de fabulosas asistencias, incluida una entre las piernas y sin mirar para Hugo González y otra que acabó en mate de Eli John Ndiaye tras darle continuidad Usman Garuba. El pívot, tras dejar atrás los problemas físicos, fue la otra gran noticia del Madrid. Un claro contraste con la situación de Xavier Rathan-Mayes, vestido de chándal por tercera vez consecutiva y que apunta a estar más fuera que dentro.
De todo ello fue espectador un Mónaco tibio, alumbrado por el brillo parpadeante de Mike James, pero opacado en el rebote. El equipo de Vassilis Spanoulis se pasó sin anotar los cinco primeros minutos del segundo cuarto y no logró arreglar nada con un parcial posterior de 11-3 (53-35, m.20).
Tiempo para las rotaciones
El Real Madrid más disfrutón del curso lo fue también en defensa, dejando a un rival de postín en 47 puntos a la media hora y arreglando con solidez atrás los minutos su menor anotación en el tercer cuarto. Un breve lapso que no le impidió acabar haciendo 24 en ese tramo y encarar el decisivo con 30 de ventaja (77-47, m.30).
Lo que se vio hasta el cierre fueron unas rotaciones que ya habían empezado antes, con Andrés Feliz acumulando los minutos que no necesita Campazzo y Hugo González echando gasolina al tanque de la experiencia en la máxima competición continental. Además pudo seguir creciendo tras su lesión Dzanan Musa, autor de 22 puntos y 26 dígitos de valoración en 23 minutos.
A la espera de lo que suceda el domingo en Valencia ante otro líder, este el de la ACB, los blancos caminan con paso firme en una semana que puede ser de resurrección, con dos exhibiciones ante su público contra el Río Breogán y el Mónaco y un triunfo a domicilio en París.
El entrenamiento de ayer en Valdebebas, abierto un cuarto de hora a la prensa, se inauguró con una conversación entre Álvaro Arbeloa y Vinicius. Un breve diálogo, justo delante de los numerosos micrófonos y cámaras que les apuntaban, donde el capitán y el entrenador del Real Madrid discutían sobre la conveniencia de las multas para acabar con algunos actos de indisciplina en el vestuario. Una hora más tarde, durante su rueda de prensa, Arbeloa quitó toda importancia a lo sucedido. «Ha sido una anécdota graciosa y nada más», zanjó, con una sonrisa, alegando que algunos de sus jugadores habían tardado más de la cuenta en saltar a la sesión preparatoria «porque estaban peinándose o echándose colonia».
Hubiese o no una excesiva dramatización por parte de Arbeloa, que en las horas previas de su debut frente al Levante ya había posado absorto junto a las 15 Champions, no parece buen momento para el excesivo celo en los cuidados faciales. Son días de aguas turbulentas y el Bernabéu sabe del poder de su dedo acusador. Hoy, frente al Mónaco, la afición no sólo volverá a pasar revista a sus futbolistas, sino que calibrará también el grado de responsabilidad de Florentino Pérez. Las escenas de máxima tensión vividas el sábado podrían repetirse en caso de que hoy vengan mal dadas frente al Mónaco. Sin embargo, Arbeloa no quiere saber nada de esa fractura en el madridismo.
«Sé cómo es el público del Bernabéu. Si hay algo que es, es justo y nos toca a nosotros cambiar esos pitos por aplausos. Que vean el esfuerzo, la calidad y el juego que les gusta. Estamos trabajando en ello y sabemos que van a estar de nuestro lado. El público quiere que su equipo transmita la emoción y pasión que siente por el Real Madrid», reveló el ex técnico del Castilla. Poco importa ahora que el Mónaco haya perdido siete de sus últimos ocho partidos en la Ligue 1. La única prioridad son los tres puntos con los que consolidarse en el top-8 y evitar una eliminatoria previa antes de los octavos de final.
"No me van a engañar"
Para alcanzar ese objetivo, Arbeloa tampoco va a renunciar a algunas maniobras de distracción, como las que ya apuntó tras el 2-0 del sábado, a propósito de quienes reclamaban la dimisión de Florentino. «Sé que hay campañas para debilitar al Real Madrid y sé por quién están organizadas. No me van a engañar. El máximo respeto y agradecimiento al Bernabéu, porque conmigo siempre se han portado excepcional y quieren lo mismo que yo, ganar títulos», subrayó ayer, sin hacer mención a las voces contra el presidente. Cuando le reclamaron más detalles sobre esa presuntas maniobras orquestadas optó por una excursión por la tangente: «Los periodistas sois vosotros».
Hoy, el preparador blanco no podrá contar con Rodrygo, aún renqueante de sus molestias musculares, Brahim Díaz, tras su derrota en la final de la Copa de África, el sancionado Álvaro Carreras, y los lesionados Trent Alexander-Arnold, Eder Militao, Antonio Rüdiger y Ferland Mendy.
Hubo que esperar a la séptima jornada para disfrutar del primer gol de Vinicius en la presente Champions. Sus dos asistencias frente al Mónaco le allanaron el camino para el MVP de una noche donde redondeó sus números en el gran torneo continental: 30 goles y 30 asistencias en 72 partidos. Tras el caluroso abrazo con Álvaro Arbeloa, la amplia sonrisa frente a los micrófonos, donde admitió haber pasado "unos días muy complicados por los pitos".
"No quiero que me abucheen en mi casa, donde me siento muy cómodo. En los últimos partidos no me sentí cómodo porque cada vez que hacía algo mal me abucheaban", reveló Vinicius ante las cámaras de Movistar. "No siempre estaré en mi mejor nivel técnico, pero siempre lo he dado todo. Si a otros les falta gol, intento asistir; si tengo que defender, intento defender", agregó, en referencia tanto a sus pases a Kylian Mbappé y Franco Mastantuono para el 2-0 y el 3-0 como a sus cinco recuperaciones.
No obstante, para calibrar la influencia del brasileño resulta siempre más pertinente revisar otra estadística. La que Arbeloa ya había mencionado en la previa. Y esta vez fueron cinco regates, cuatro de ellos resueltos con éxito. "Siempre estoy en el centro de todo y no quiero estarlo por cosas fuera del campo. Quiero estarlo por lo que he hecho por este club", zanjó el '7' blanco.
"a todo el madridismo"
"Cuando está feliz es el más desequilibrante", reiteró, por su parte, Arbeloa, desbordante de felicidad en la sala de prensa. "Ese abrazo que me ha dado, no era tanto al entrenador, sino a todo el madridismo", refrendó el ex técnico del Castilla. Cuando le mencionaron que hace ahora una década, Zinedine Zidane tomó las riendas para terminar alzando tres Champions consecutivas, extremó la prudencia. Primero recordando el complicado compromiso del sábado en Villarreal y después la visita de la última jornada a Da Luz, donde debería cerrarse el pase al top-8.
Tras el ridículo en Copa del Rey ante el Albacete y la mala primera parte contra el Levante, el Madrid recuperó algunas de esas señas de identidad que tanto había buscado Xabi Alonso. De hecho, Mbappé cautivó al Bernabéu con una carrera de 60 metros hacia atrás que evitó el gol del rival. Aunque ni siquiera así Arbeloa parece dispuesto a cambiar sus prioridades. Ninguna tan decisiva como tener felices a sus estrellas. "Kylian y Vini están haciendo un gran esfuerzo, aunque tampoco te voy a engañar. Quiero que hagan un buen trabajo, ver un equipo que corra junto, pero que luego puedan estar frescos para marcar las diferencias", subrayó.
Esa capacidad para el desequilibrio resulta aterradora en el caso de Mbappé, quien con sus 11 goles en seis partidos igualó un récord de Cristiano Ronaldo. El portugués ya había anotado esa cifra en la primera fase de la temporada 2015-16. Su sucesor aún puede desbancarle el próximo miércoles si marca al Benfica de José Mourinho. De momento, el Mónaco se ha confirmado como una de sus víctimas favoritas, ya que acumula 16 intervenciones de gol ante su ex equipo, sólo por detrás de sus datos contra el Lille (17) y el Montpellier (21).
La celebración de Bellingham, tras el 6-1.AP
En cualquier caso, el Madrid aún cuenta con mucho margen para confirmar su mejoría. De hecho, en una noche tan plácida recibió 20 disparos y Thibaut Courtois tuvo que realizar seis paradas, las mismas que hace un par de meses frente al Manchester City. Por no mencionar que los locales, pese a su mayor intensidad, cubrieron menos campo: 111,2 km frente a 113,5 del equipo dirigido por Sébastien Pocognoli.
Quien no suele economizar esfuerzos es Jude Bellingham, protagonista por su extraña celebración del 6-1. "Mucha gente dice muchas cosas. Puedes llorar o disfrutarlo. Les devolví la broma a los aficionados. Yo sé la verdad", explicó el internacional inglés, a propósito de su gesto, a modo de brindis. Apenas 72 horas después de ser obsequiado con varias broncas, el ex centrocampista del Dortmund pudo redimirse con el Bernabéu. "Siempre he dicho que los aficionados trabajan toda la semana, pagan para venir aquí y tienen derecho a hacer lo que quieran", finalizó.
Cuando vio el balón en la escuadra, Vinicius se giró como si nada, dio media vuelta y se abrazó con Aurelien Tchouaméni. A su lado, Kylian Mbappé reclamaba unidad en la piña, en el festejo del equipo. Una vez bien apretados todos, el autor del 5-0 acudió a la zona técnica para reunirse en el abrazo con Álvaro Arbeloa, que le recibió no como a un amigo, sino como al hijo pródigo. De la recuperación de Vinicius depende el futuro del técnico. Bien lo sabe el Bernabéu, que seguirá exigiendo cada noche lo suyo al astro brasileño.
Fue un martes feliz de Champions, que falta hacía por Chamartín. Una goleada vital para acceder al top-8, culminada por el clamoroso reconocimiento a Jude Bellingham, autor del 6-1. Quién lo iba a imaginar en la previa, cuando sólo cundía el desencanto. Desde las siete y media, mientras el autobús del equipo descendía por Concha Espina, se sentía ya el frío de este enero poco propicio para el gran torneo. El gélido ambiente derivó en la indiferencia cuando el equipo de Arbeloa inició el calentamiento. Entre el escaso público que ya se había acomodado apenas pudieron distinguirse los aislados silbidos de los tímidos aplausos.
Llegado el turno de las alineaciones, el atronador volumen de la megafonía dejó escaso margen para emitir un veredicto. Desde la grada de animación, situada en el Fondo Sur, se desplegó una pancarta en recuerdo de las víctimas del accidente de Adamuz, por las que además se guardó un minuto de silencio. No de los altavoces, por supuesto, que ni siquiera conocen el descanso en un instante tan sagrado.
Arbeloa, impávido
La resolución definitiva quedaba pospuesta, pues, a cuando echase a rodar el balón. Y desde ese minuto uno quedó en el olvido aquel ambiente hostil del sábado frente al Levante. Nada de broncas cada vez que recibían Fede Valverde o Bellingham. Apenas unos pitos para Vinicius, atenuados por el madrugador 1-0, por el que Mbappé pidió disculpas a la afición del Mónaco, que colmaba sus butacas en un rincón del Fondo Norte.
Desde una esquina de la zona técnica, las manos en el bolsillo del pantalón, Arbeloa asistía impávido a la victoria. En la misma actitud contemplativa de sus dos primeros partidos, economizando cada gesto, cada una de esas órdenes que dice guardarse porque no alcanzan en la lejanía a sus futbolistas. El más apartado de su zona era Vinicius, tan habituado últimamente a que le regalen los oídos.
El brasileño, para lo bueno y para lo malo, juega ajeno a todo. A su ritmo, sin importarle el qué dirán. Ni le pesó errar una buena ocasión en el minuto 8, ni se le vio eufórico tras servir el 2-0, ni pareció arrepentido tras su disparatado error que casi aprovecha Folarin Balogun. Quedaba poco para el descanso y el madridismo tuvo que dividirse entre la protesta y el aliento.
Bellingham, ante Caio Henrique, el martes en el Bernabéu.AFP
Por mucho que se empeñe el club, desde todos sus estamentos, la gente sigue sin comprender la falta de actitud de Vinicius en tareas defensivas. Sobre todo en comparación con Mbappé, a quien ahora se le ve en la obligación de dar ejemplo, como buen capitán in pectore. En más de una ocasión quiso animar el francés a sus compañeros de ataque a acompañarle en el esfuerzo. Sin ningún éxito, por otra parte.
La tibia de Asencio
Aunque en realidad sí hubo un instante, nada más sacarse de centro tras el 2-0, en que el Madrid se volcó en campo rival con esas ganas que le exige su gente. Un episodio aislado, anecdótico y que, por tanto, resulta aún más significativo. En la actual dinámica tanto da que sea Antonio Pintus quien active a los muchachos en el calentamiento. No hay piernas frescas, por mucho que sean jóvenes. De hecho, el once inicial de Arbeloa, con 24 años y 152 días de promedio, fue el más tierno del Madrid en Champions desde diciembre de 2018.
Esa edad media se elevó tras el descanso, por culpa de la sustitución de Raúl Asencio, víctima de un fuerte golpe en la tibia derecha. El rol de Dani Ceballos como mediocentro pasó más desapercibido que el primer gol de Mastantuono en Chamartín, saludado por el inevitable: "Franco, Franco". No hubo más coros cuando retiraron al argentino, sólo el inevitable runrún contra Ceballos por la absurda pérdida que facilitó el gol de Jordan Teze.
El estadio aún tuvo tiempo de lamentar el excesivo egoísmo de Vinicius, sólo él capaz de desperdiciar una clamorosa ocasión para el 7-1. Muchos desfilaron satisfechos camino al hogar cuando el '7' recogía el galardón de MVP. Mbappé, siempre atento a cada detalle, le premió con un formidable empujón para celebrarlo.