En la merecida cumbre de su poder omnímodo, Florentino dominó bajo palio una Asamblea orbitante alrededor de su figura. Absolutista coronado a fuer de demócrata electo, revolucionario para continuar siendo conservador, es el presidente histórico de un club eterno.
Carismático a su manera, nimbado por su talla empresarial, es un autócrata convencido, legitimado por su eficacia como gestor convincente. Un “conducator” de ramalazos populistas y aura
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Fueron 11 años de lasismo, más tres de prolongación con el que fuera su asistente principal desde 2014, Chus Mateo. 15 en total desde que Juan Carlos Sánchez se hiciera cargo de una sección completamente a la deriva entonces (hasta la amenaza del cierre) y la reconstruyera para lograr lo impensable: 28 títulos, entre ellos tres Euroligas, en un trayecto ya inolvidable. Estos días acaba una era en el Real Madrid de baloncesto, tanto en los despachos como en el banquillo, con el abrupto adiós de los que han sido sus protagonistas. El reto recae ahora en las manos de Sergio Rodríguez y de Sergio Scariolo.
Una revolución con el listón alto, fraguada a fuego lento y ejecutada radicalmente, apenas unos días después de conquistar la ACB de forma arrolladora. En la misma pista de La Fonteta, después de ganar ocho partidos de nueve en los playoffs, a Mateo, «más alivio que felicidad», le rondaba una sentencia que no era nueva para él. Fue en diciembre cuando estuvo más fuera que dentro del club. Ese fue el comienzo.
El espíritu navideño apaciguó los deseos de Florentino Pérez de echar a Mateo, enredado su equipo en un comienzo de temporada impropio (especialmente en la Euroliga), fruto también de un verano en el que los fichajes no fueron capaces de paliar las enormes pérdidas que supusieron las salidas de Poirier, Yabusele, Causeur, Rudy Fernández y el Chacho. La derrota en la final de Copa y la no clasificación para la Final Four terminaron de convencer del cambio al presidente, independientemente ya de lo que ocurriera en la ACB, donde se evitó acabar la temporada en blanco, algo que no sucedía desde 2012.
«No será la primera vez»
En esos momentos en los que Mateo confesaba sus sufrimientos, reivindicaba su labor y se postulaba sin duda a cumplir el año de contrato que le restaba, ya estaba sentenciado. Scariolo, con el que comparte representante, siempre fue el único candidato y llegar a un acuerdo con él no ha resultado difícil. Fue el lunes por la noche cuando todo se cerró y el italiano -que vuelve al club blanco 23 años después- comunicó a Elisa Aguilar su decisión de dejar la selección tras el Eurobasket (tenía contrato hasta Los Ángeles 2028). Si España llegara a la final, apenas tendría 12 días para preparar la Supercopa. «Durante un tiempo, relativamente corto, tendré que compatibilizar con el club. No será la primera vez, lo he hecho durante toda mi carrera», explicó ayer tras ofrecer la lista de convocados para el torneo continental.
Paralelamente al cambio de entrenador (Scariolo llevará su propio equipo de asistentes, previsiblemente con Luis Guil como segundo, aunque aún tiene contrato con el Palencia), se fraguó el de la dirección deportiva. Mucho más inesperada y llamativa ha sido la salida de Juan Carlos Sánchez, el hombre de máxima confianza de Florentino. Que tuvo sus luces y sombras: especialmente desagradable fue la gestión de la salida de Pablo Laso, con el que llevaba tiempo enfrentado. A Sánchez le ha acabado sentenciando un conflicto de intereses, pues su propio hijo trabaja en una conocida agencia de representación de jugadores; algunos como Hugo González o hace unos años Juan Núñez, captados en la propia cantera blanca.
Su sustituto será Sergio Rodríguez, quien desde hace meses se prepara para el cargo: completa un máster de Dirección General en el IESE Business School. A sus 39 años, uno después de retirarse precisamente en el Madrid en el que recorrió dos etapas, aplicará toda su sabiduría baloncestística y experiencia en Europa (jugó en Rusia, Italia y, por supuesto, España) y NBA (clave en esto para la nueva etapa del baloncesto continental). Y estará acompañado por Felipe Reyes en la dirección deportiva (en sustitución de Alberto Herreros).
Hay una situación que da un poco de miedo en la ciudad deportiva de Valdebebas: el futuro del Real Madrid sin Florentino Pérez. Un momento que, a los 77 años del reelegido presidente del conjunto blanco, está cada vez más cerca. La pregunta se repite alrededor del máximo responsable del club de Chamartín: «¿Quién será su sustituto?». La respuesta, en nombre y tiempos, sólo la sabe él. Mientras, afronta su séptimo mandato, quizás el más importante. El que abre el camino del legado más allá de los 65 títulos, 37 de fútbol y 28 de baloncesto. El mandato del negocio del nuevoBernabéu, de la creación de la Superliga y del cambio de la estructura societaria del club.
Esos son sus grandes retos después de unas elecciones que le han encontrado, otra vez, como único candidato. Un resultado que se repite desde 2009. Florentino, que había ganado a Lorenzo Sanz en el año 2000 y 2004, no ha tenido rivales en toda su segunda etapa, 2009, 2013, 2017, 2021 y 2024.
Nadie ha podido cumplir los requisitos para ser presidente, entre los que figuran tener 20 años como socio y presentar un aval bancario del 15% de presupuesto del club respaldado con patrimonio personal, es decir, más de 100 millones. Los condicionantes han dejado a Florentino listo para asumir el timón del Madrid durante otros cuatro años más. En 2029, con 82 años a sus espaldas, cumplirá 26 como presidente. Empezó en 2000 y sólo paró entre 2006 y 2009.
Conflictos externos
La reelección le llega en un momento de trincheras, quizás uno de los más conflictivos hacia el exterior de toda su carrera presidencial. Enfrentado a la UEFA y a la FIFA por la Superliga, a LaLiga y a Tebas por los derechos audivisuales y las guerrillas del fútbol español, a los vecinos de la Castellana por el ruido en los conciertos del Bernabéu... Y con la idea de transformar la estructura del club.
«Vamos a traer una propuesta que nos proteja, que asegure prosperidad y que garantice que los socios seamos propietarios del club, y la someteremos a referéndum. Me mataré para que el dinero y el patrimonio del Madrid sean del Madrid», anunció en la última asamblea. A la espera de más detalles, ese cambio se centraría en el control del 51% del club por parte de la Fundación Real Madrid y del 49% por parte de una sociedad mercantil. Es decir, convertir al club en SAD. Un cambio histórico.
La transformación societaria llegará, según admiten en el conjunto blanco, para hacer frente a los cambios que se producirán a corto plazo en el modelo de negocio del club y para aspirar a competir de tú a tú contra los clubes estado, protagonistas del mercado de fichajes durante los últimos años.
El videomarcador 360º del Bernabéu, el pasado abril.REAL MADRID
El Madrid está transformando su interior (un estadio activo los 365 días del año) y las competiciones en las que participa (Superliga), por lo que es necesario, insisten, adaptarse a los nuevos tiempos. Los conciertos y grandes eventos del Bernabéu están parados a la espera de la decisión judicial. De cómo el Madrid sea capaz de solucionar la insonorización, y por tanto la rabia de los vecinos, dependerá una parte de sus ingresos en el corto plazo y la conversión definitiva del estadio en centro neurálgico del ocio de la capital.
Puerta grande o enfermería
La Superliga planea saltar a la mesa del fútbol europeo en 2026, aunque se desconocen de momento los aliados del Madrid más allá del Barça. Puerta grande o enfermería ahí para el conjunto blanco y para Florentino, líder del proyecto y de la guerra contra Gianni Infantino y Aleksander Ceferin.
En la cabeza de Pérez estará también el próximo entrenador del equipo, el heredero de ese binomio Ancelotti-Zidane que ha dado seis Copas de Europa al Madrid. Palabras mayores para cualquier entrenador. Xabi Alonso parece destinado para ello, pero la presión y la responsabilidad serán extremas para una plantilla que debería mantener a Bellingham, Vinicius y Mbappé.
Y para acabar, su sustituto presidencial. José Ángel Sánchez, mano derecha y director general, ha entrado en la directiva y será el hombre fuerte en la sucesión, pero no aspira a presidente. En la lista de rumores, figuran directivos, empresarios... Y Rafael Nadal.