Poco se jugaba la selección española después de haber caído en los cuartos de final ante Croacia. Sólo quedaba luchar por el quinto puesto en la última jornada de estos Juegos Olímpicos ante Grecia, pero España se volvió a quedar en la orilla (15-13).
Los helenos, que también quedaron líderes de su grupo y que cayeron en la misma ronda ante Serbia, se han impuesto a la selección en un partido con poca tensión, pero con mucho intercambio de golpes.
Después de un primer cuarto de tanteo, que finalizó con empate a dos y un gol de Álvaro Granados al inicio del segundo, España se olvidó prácticamente de la faceta defensiva y terminó cediendo ante los ataques de su rival.
Sin reacción
Los griegos, liderados por Konstantinos Genidounias, impusieron poco a poco su juego y lograron marcharse al descanso con dos goles de ventaja después de que Bustos igualara el marcador a seis pocos minutos antes.
En el tercer parcial, el equipo de David Martín no reaccionó y aprovechando una superioridad numérica, los griegos aumentaron su ventaja con un tanto de Gkillas y un penalti transformado por Fontoulis. Solo un gol de Bernat Sanahuja recortó tímidamente la distancia después de másseis minutos sin encontrar portería (10-7).
Dos goles más de los helenos ahondaron todavía más en la herida de una selección sin juego interior, sin acierto y con pocas esperanzas. A pesar de ello, el intercambio de golpes favoreció a España, que llegó a creer por un momento en la remontada al verse solo dos goles abajo (13-11) en la recta final, pero un tanto de Kakaris, en una acción que precisó de VAR, terminó por sentenciar el encuentro.
Felipe Perrone
A sus 38 años, el capitán de la selección Felipe Perrone y su compañero Martín Famera pudieron haber disputado su último partido como internacionales en este último día de competición.
En junio de 2011, un chaval de la cantera del Valencia publicaba en su cuenta de, entonces, Twitter: «Portero menos goleado barrio del Cristo». Nadie imaginaba que aquel juvenil que salió de la Ciudad Deportiva de Paterna para trotar por el mundo sería un muro de LaLiga en 14 años después. No es el menos goleado —su equipo es el segundo que más encaja—, pero sí el guardameta con más paradas de las cinco grandes Ligas. A Aarón Escandell (Carcaixent, 1995) los focos le han llegado a los 30 años, cuando sus números han empezado a deslumbrar en el Oviedo, el recién ascendido al que le han marcado 14 goles, pero él ha evitado que fueran muchos más. En ocho partidos, ha parado el 74,1% de los tiros entre los tres palos que ha concedido el equipo de Paunovic, 40 de 54, y ha atajado un penalti, a Danjuma en Mestalla. Su promedio refleja que evita 5,13 goles por partido. Como carbayón, renovado hasta 2027 hace apenas unas semanas, ha encontrado su lugar en el mundo en Asturias.
Aarón se había quedado muchas veces con la miel en los labios. Empezó a dar pasos valientes cuando se marchó a Málaga, aquel equipo de Champions con Bernd Schuster en al frente. Jugaba en el filial en tercera, «pero entrenaba con Kameni y Willy Caballero, y en los partidos con el Milan o el Borussia Dortmund hacía de recogepelotas detrás de la portería», reconocía en una entrevista tras el ascenso.
Sin posibilidad de instalarse en el primer equipo, se marchó a Granada. Allí tuvo de cal y de arena. Con Rui Silva creció, tanto que Diego Martínez le dio la titularidad en la Copa del Rey de 2020... y en semifinales se la quitó. «No jugué contra el Athletic y, a cambio, me hizo debutar frente al Atlético en el Metropolitano y el Granada ganó 0-1», recordaba. En Los Cármenes debutó también en la Europa League contra el PAOK, pero la llegada de Robert Moreno le fue relegando al banquillo. Un error ante el Barça que les eliminó de la Copa pesó en su ánimo y le costó la titularidad para un técnico con el que nunca se entendió.
Un paso atrás para impulsarse... con Carrión
«Los porteros nos hacemos no solo entrenando, sino jugando, con la presión de los campos», recuerda el guardameta, que, con el descenso del equipo nazarí, decidió entonces dar un paso, esta vez hacia atrás. Se enroló en el Cartagena de Luis Carrión, en Segunda, donde fue una pieza imprescindible para un equipo que llegó a pelear por colarse en las plazas del ascenso. Eso llamó la atención de la UD Las Palmas, pero la experiencia en Canarias tampoco salió como esperaba. Solo jugó tres partidos. Fue entonces cuando apareció el Oviedo, que se había quedado a las puertas del ascenso. El primero que le empujó a firmar fue Luis Carrión, justo quien hace pocos días vuelve a ser su entrenador. No coincidieron antes porque el técnico catalán acababa de dejar el Tartiere justo para hacer el camino inverso hacia Las Palmas, aunque allí estaría poco tiempo. El relevo en el banquillo fue Javi Calleja, que le aportó toda la confianza para acabar disputando 45 partidos en los que acabó promediando casi tres paradas por partido y atajó dos de los nueve penaltis que le chutaron.
El aterrizaje en Primera no está siendo fácil para el Oviedo, que vive en la parte baja de la tabla con solo dos victorias en ocho jornadas. La estadística le deja como equipo que menos goles ha marcado, solo cuatro, y como segundo máximo goleado con 14, solo superado por los 17 que ha encajado Gazzaniga en el Girona. Eso supone que recibe una media de 1,75 tantos por partido, lo que le hunde hasta la duodécima plaza en el Trofeo Zamora.
Sin embargo, es la labor de Aarón la que hace que la cifra no sea más escandalosa por su porcentaje de paradas, que ha superado al de Courtois, Oblak o al propio Joan Garcia, antes de la lesión, en este arranque de campeonato. De hecho, está a mucha distancia de sus perseguidores en LaLiga que son Herrera (Osasuna), Agirrezabala (Valencia) y Dmitrovic (Espanyol).
La volea de Satriano fue una volea a la Liga. Tan brutal como inesperada, pero en mitad de un acto que era la radiografía del devenir del Madrid en la competición, errático frente a defensas cerradas y desquiciado en el desenlace. Pocas como la del Getafe, que hace de su muralla un lienzo. Un Madrid ya a cuatro puntos del Barça lanzado por Lamine Yamal, y un Madrid sin Mbappé, quebrado, y en el que no bastan ni la magia ni la ira de Vinicius. Hay Liga, dice la clasificación, aunque la pregunta que muchos se hacen en un Bernabéu entre la incomprensión y los pitos es si hay más tormento. [Narración y estadísticas (0-1)]
El desentendimiento entre Duarte y Boselli fue la única grieta que dejó el Getafe en el Bernabéu. Un error sacrílego para un tipo como Bordalás, al que critican y critican quienes no saben derrotarlo. No es el caso de Arbeloa. Desde luego, la forma no es la pelota al pie, porque siempre tiene un centurión de frente. Es la pelota al espacio, a los blancos que no existen en la defensa del Geta y que sólo los elegidos encuentran. Ese espacio lo regaló una vez el equipo de Bordalás, una sola vez, para que Vinicius, inyectado, cabalgara. El gol se cantaba en el Bernabéu, pero el único que cantó fue Soria, y no en el sentido peyorativo. Lo suyo fue el solo de un gran solista de la portería.
En todo el primer tiempo no volvió a encontrar Vini pradera. Tenía que correr en un bosque. Juan Iglesias, eficaz, lo llevó al límite, siempre con las ayudas que en el Getafe son puro catecismo. Arambarri o hasta Luis Milla las ofrecían, dos tipos con mucho oficio y fútbol de forja.
abundancia de centrocampistas
Vinicius lo intentó como el líder que se ha redescubierto en esta ausencia de Mbappé convertida en un misterio. Nadie sabe hasta cuándo ni dónde regresará. El francés hace cuentas, como otros, porque el Mundial se acerca y nadie se lo quiere perder. Vienen tiempos de jugar y administrarse, y no sólo para Mbappé. Al tiempo.
El brasileño tenía en el ataque la compañía de Gonzalo, pero el canterano no entendió muy bien cómo moverse entre los defensas del Getafe. La falta de balón le hacía retrasarse para conectar, cuando lo que el partido pedía para el Madrid era tirar desmarques para varear la defensa de Bordalás y provocar que aparecieran los espacios. La abundancia de centrocampistas restó profundidad por la derecha, donde Trent progresó menos de lo que el Madrid necesitaba. Arbeloa rectificó para dar entrada a Rodrygo en la segunda mitad.
Con una línea de cinco hombres y otra de cuatro, el Getafe se sintió cómodo en el Bernabéu, pese a la posesión casi permanente del Madrid. Eso complicaba su salida, es cierto, pero no le importaba. Cuando era capaz de conectar en el despliegue, llegaba con gente al área del Madrid. Sucedió en el gol, con Arambarri como ganador de un duelo aéreo con Tchouaméni y la siguiente volea de Satriano. Tremenda. Nada se le puede pedir a Courtois, el portero de los imposibles, ante el remate, durísimo, con el exterior, lo que le hizo, además, tomar un efecto mortal, como si la bota del uruguayo hubiera rociado la pelota con arsénico.
Vinicius protesta una acción.Manu FernandezAP
El gol fue mortificante para un Madrid que no encontraba los caminos, con poca movilidad de sus futbolistas y no siempre ganadores de los duelos, una de las especialidades del Getafe. Al margen de la ocasión de Vinicius, nacida del único fallo de su rival, únicamente había encontrado otra con la aparición de la magia de Güler. El turco realizó una 'ruleta' en el área y a su salida disparó para provocar la segunda buena parada de Soria.
El Madrid necesitaba acelerar y necesitaba otras cosas. De eso debió hablarles Arbeloa a los suyos en el vestuario y a eso se empleó también con los cambios. Carvajal, Huijsen y Rodrygo debían darle visión, empuje y conducciones. A continuación, se sumaría Mastantuono por la desesperación, finalmente expulsado, y Brahim. Huijsen acabó por ver una amarilla que le impedirá jugar en Vigo, otra vez con la defensa bajo mínimos. Mal asunto.
Uno de los sacrificados en los cambios fue Thiago Pitarch, el canterano que había sido titular por primera vez. Estuvo correcto sin más en un día espeso de los suyos, la continuidad de la derrota en Pamplona. Dos seguidas en la Liga. Demasiado.
El aumento de la intensidad y movilidad en el Madrid no le llevó a atacar mejor, sino a hacerlo desesperadamente, con ocasiones de Rüdiger y Rodrygo que tampoco replicaron Huijsen y Carvajal, mientras los pitos volvían a un estadio que no quiere más tormento.