Madrid parecía Birmingham. Panza de burro, viento y alguna que otra gota. No pudo haber día más perfecto para recordar en el Metropolitano a los Peaky Blinders. Y lo cierto es que en el césped hubo una guerra de bandas. Una lucha por cada palmo de territorio. Lo que pasa es que cuando planeas una estrategia de guerra de trincheras y te derriban con un obús. Poco hay que hacer. [Narración y estadísticas, 1-0]
Lo cierto es que resulta complicado construir con un muro de currantes sin un arquitecto. Faltaban la gorra y los tirantes a la línea de seis con la que el Getafe no ha perdido en seis de sus últimos siete duelos. Djené, la punta de lanza de ese sexteto, puede destruir pero la creatividad no está entre sus virtudes. Si te encuentras con un gol tempranero, no un gol, sino un golazo: un zambombazo de Molina desde fuera del área, necesitas nombres diferentes.
Porque se las prometían felices los de amarillo ante un Atlético que vive entre batallas. Partidos cada tres días durante todo 2026 y ninguno fácil. Las rotaciones están dando aire al equipo, pero otros años la plantilla rojiblanca no tenía tanto arsenal en el banquillo. Son los suplentes que más goles marcan en la liga después del Barcelona. De hecho salió Vargas, primera titularidad del mexicano, y dejó detallitos como una buena conducción y una gran capacidad para encontrar el pase fácil. No es poco.
La fortuna y una nefasta actuación de un portero permitió al Atlético llegar a este sábado entre batallas europeas bastante más relajado. Simeone recuperó su 5-3-2 y destapó las esencias ofensivas de Molina, sin duda, su faceta más destacada. Recuperó a un Nico como carrilero, voluntarioso e incisivo y apostó por el doble mediapunta entre Almada y Baena, que se mantuvieron entre luces y sombras.
Quizás se echó de menos la presencia ofensiva de Sorloth. El noruego estuvo menos participativo que otros duelos. Pero pese a la maraña que le tenía preparada Bordalás, aún tuvo ocasiones de marcar algún gol como un cabezazo que golpeó al poste por la parte exterior tras un buen centro de Baena.
Bordalás quiso mover el árbol a la vuelta del vestuario y metió a Birmancevic por Femenía, que había dejado una pérdida en la primera mitad que habría sido el segundo del Atlético si Almada hubiera culminado mejor una fantástica conducción de Nico González. El resto del equipo entendió el mensaje y se conectó más al encuentro dando un paso adelante y a punto estuvo de encontrar Vázquez el empate en un barullo en el área.
Pero una locura transitoria arbitral, comenzada desde el videoarbitraje, terminó con las esperanzas azulonas. Ortiz Arias expulsó a Abqar por tocar las partes a Sorloth en un encontronazo entre ambos. El noruego se fue con amarilla y casi termina expulsado en la siguiente jugada tras un forcejeo con Zaid Romero, al que le dio un manotazo tras ser agarrado por el defensa del Getafe. Al final, la amarilla fue para el central azulón que acabó sangrando por la nariz. Poco después, el árbitro perdonó la roja a Vargas por una entrada muy fea sobre Milla.
Capítulo arbitral
El partido, claro, afeó. Se ensució bastante y eso benefició a un Getafe que quiso cazar en río revuelto. Casi lo hace Arambarri, tardó el uruguayo en controlar un balón cruzado por el área de Musso, titular por lesión de Oblak, y el disparo posterior se le fue alto. Luego le tocó a Milla, pero respondió bien Musso. Cambió Bordalás al uruguayo justo cuando, pese a estar con diez, ambos estaban consiguiendo hacerse con el mediocampo.
El Atlético tuvo una triple ocasión para sentenciar el duelo pero entre Soria y Duarte consiguieron truncar los disparos de Griezmann y Lookman. Y en el tramo final, ambos equipos fueron a tumba abierta, algo quizás menos inteligente para los rojibancos que tenían la recompensa en el bolsillo. El Getafe lo intentó con centros laterales, y casi encuentra oro con un cabezazo de Liso que atajó Musso, y los de Simeone buscaron las contras. El marcador no se movió más y el Atlético consiguió salvar las entreguerras. Suficiente.







