Sólo los genios transforman lo cotidiano en extraordinario. Sólo los prodigios rompen la barrera de lo imposible. Tadej Pogacar es una bendición para los sentidos, un héroe de lo ilógico. El esloveno derrotó este sábado a sus fantasmas y se impuso en la Milán-San Remo, el primer Monumento de la temporada, la clásica que siempre le frustó. La carrera que preparó como nunca, la que le obsesiona. ”Prefiero ganar una Milán-San Remo a seis Tour de Francia”, había declarado en la víspera.
Una victoria memorable cimentada en un una extraordinaria labor de desgaste de sus enemigos y también con pincelada épica. A 32 kilómetros de la meta sufrió una caída, lastimándose el costado izquierdo. Una contrariedad que no impdió que ejecutara uno de esas acometidas antológicas que todos los rivales temen y encandilan al público. Atacó el fenómeno en la subida de la Cipressa y sólo le aguantaron Tom Pidcock y Mathieu van der Poel, a los que luego castigó en un final frenético.
La Classicissima, como no podía ser de otra forma, arrancó a toda velocidad, con una escapada suicida generada a 288 kilómetros, en la que se metieron David Lozano (Novo Nordisk), Martin Marcellusi, Manuele Tarozzi (Bardiani CSF 7 Saber), Lorenzo Milesi, Manlio Moro (Movistar), Andrea Peron,Alexy Faure Prost (Picnic PostNL), Dario Igor Belletta y Mirco Maestri (Polti VisitMalta). Nueve aventureros que tuvieron una máxima renta de siete minutos. En ese comienzo vertiginoso, Pogacar perdió a uno de sus escuderos más cualificados, Jan Christen, por una caída.
Caídas y damnificados
Fuegos de artificio hasta que, a falta de 40 kilómetros, el pelotón, comandado por el UAE y el Alpecin, incrementó el ritmo con una intensidad asfixiante. Un nervisionismo que provocó una nueva caída, con Kwiatkowski y Pidcock entre los damnificados, y otra que atrapó a Pogacar a 32 kilómetros de la meta.
Entonces saltaron todas las alarmas, pero Pogacar se recompuso y ordenó a su equipo acelerar para así eliminar a rodadores y velocistas en el tramo final. Ahí apareció la figura de Isaac del Toro abriendo huecos en cabeza y lanzando a Pogi en el ascenso a la Cipressa (5,6 kilómetros al 4,1% de desnivel). Allí el esloveno apretó como lo ha había hecho en los entrenamientos en solitario y tras moto con tres ataques demoledores. Sólo le siguieron Pidcock y Van der Poel. En su ímpetu, Pogacar batió el récord de la subida a la Cipressa, con 8.47 minutos.
En el descenso mantuvo la intensidad, en el llano, camino del Poggio (tres kilómetros al 3,7% de desnivel), dejó descolgado a Van der Poel (último ganador). En la bajada hacia la Via Roma de San Remo no pudo desprenderse de Pidcock. Pero en un sprint de coraje y poderío superó al británico y saldó una deuda con la historia y consigo mismo.
Pogacar rompe esquemas. Ésta era la clásica más complicada para él, porque su perfil no era lo suficientemente duro como para provocar la eliminación de los rivales más veloces.
Involvidable momento
“No es la victoria más bonita de mi carrera porque tengo que curarme las heridas…Estoy muy feliz de estar aquí, de haber ganado. Tengo muchas emociones ahora mismo“, declaró Pogacar tras imponerse en la llegada de Via Roma.
“Nunca sabes qué puede pasar después de una larga carrera. Parecía que Pidcock estaba en gran forma todo el recorrido. No tengo muchas experiencias en esprint y menos contra él, sabía que iba a ser difícil… quiero felicitarle a él y a su equipo… Necesito un momento para darme cuenta de esto“, dijo emocionado.
Una victoria que lleva aparejada una gran carga emotiva e histórica. El triunfo se produce 50 años después de la última exhibición de Eddy Merckx en la clásica italiana, el preludio de la despedida del belga. También se cumplen 80 años del primer éxito de Fausto Coppi en la Classicissima, en 1946, la primera edición tras el paréntesis provocada por la Segunda Guerra Mundial.
Pogacar venció con el maillot arcoiris del campeón del mundo, algo que antes sólo lo habían conseguido Alfredo Binda (1931), Eddy Merckx (1972 y 1975), Felice Gimondi (1974) y Guiseppe Saronni (1983) .
Ya suma 11 Monumentos, es el segundo del ránking histórico, empatado con Roger de Vlaeminck. El líder es Merckx, con 19.
El próximo objetivo es la conquista de la París-Roubaix (12 de abril), el último Monumento que falta en su insigne colección. En el Tour de Flandes ha vencido en dos ocasiones; en la Lieja-Bastoña-Lieja, en tres; y en el Giro de Lombardía, en cinco. Los únicos que se han impuesto en las cinco grandes clásicas han sido Merckx, De Vlaeminck y Rick Van Looy. El mágico trío belga, al que ahora se quiere unir el prodigioso esloveno.






