El central, que estaba hablando con la televisión tras la derrota ante el Athletic (0-2), recriminó a un hincha que le estaba criticando por su actuación.
Sergio Ramos se encara con el aficionado.DAZN
El Sevilla está ahora mismo dos puestos por encima del descenso. Es decimosexto, con 16 puntos, apenas uno más que el Cádiz, que es el equipo que marca el infierno de los lugares que mandan a Segunda División. El ambiente, pues, es muy tenso en el Sánchez Pizjuán, y más este jueves después de la derrota (0-2) ante el Athletic de Bilbao. Eso ha propiciado un feo incidente entre Sergio Ramos y un hincha.
El central, que regresó este verano al equipo que lo vio nacer como profesional, daba explicaciones en DAZN, la televisión que ofrecía el partido, cuando, de repente, interrumpió sus palabras para, señalando a la grada, gritar: “¡Ten un poco de respeto, que estamos hablando, ten un poco de respeto, a la gente y al escudo. Respeta a la gente, estamos hablando. Respeta a la gente y cállate ya, anda!“.
Visiblemente enfadado, Ramos volvía a dirigirse a la periodista: “Hay que aguantar de todo. Entendemos la frustración de la gente, es mucho tiempo sin ganar”, explicaba su salida de tono, que no pasó desapercibida para los dos centenares de aficionados que estaban justo detrás de las cámaras de televisión donde tenía lugar la entrevista.
La llegada de Quique Sánchez Flores no parece haber reactivado a un equipo que fue despedido por su afición con muchos silbidos y con gritos contra el nuevo presidente de la entidad, José María del Nido Carrasco, que apenas lleva unos días en el cargo.
La autodestrucción de Xavi, a patadas con la publicidad en la banda, fue la autodestrucción del Barça, como un Saturno que devora a sus hijos, a una obra inconclusa. Esta eliminación tras un 1-4 en su casa no augura que pueda acabarla, que reconsidere su decisión de marcharse. Cuando lo hizo del banquillo de Montjuïc, expulsado, era como si lo hiciera del Barcelona. [Narración y estadísticas (1-4)]
Lamine Yamal mostró un camino que el propio entrenador cercenó cuando sintió el miedo de una expulsión, la de Araújo, pese a los dos goles de ventaja en ese instante. El pavor llevó entonces al campo a los fantasmas de Liverpool, Roma o Lisboa, como sombras chinescas frente a un PSG que no necesitó a un gran Mbappé, pese a sus dos tantos. Bastó con su versión más terrenal para citarse con el Borussia Dortmund y cerrar las puertas de las semifinales de Champions a un club que vuelve a la casilla de salida, con su ADN, su deuda y sus miedos.
LA DECISIÓN DE YAMAL
Ese Yamal había sido Mbappé un solo instante fugaz, como la carrera de un guepardo, fugaz pero mortal. Hay algo felino en este futbolista que corre sin pisar la hierba. Se desliza. Hay algo también de depredador que aguarda su momento, ausente de lo que sucede durante muchos minutos, porque su minuto es el minuto de oro, el que justifica su presencia en el campo. Al recibir de Araújo, orientó con la cabeza y dejó atrás a Nuno Gomes como se dejan las puertas de esquí en un slalom. El centro del gol fue para Raphinha, que sumaba su hat trick en la eliminatoria después de sus dos goles en París.
Si había un jugador diferencial sobre el campo, acabábamos de verlo en Montjuïc. Si hubo un futbolista al que Xavi eligió para dejar el campo cuando Araújo fue expulsado, fue precisamente Yamal. La mirada baja del futbolista al retirarse era la de la resignación de un joven que todavía no siente como propia la jerarquía que ya tiene en el campo. Había dado al Barcelona la cobertura con la que protegerse, un gol más de ventaja, añadido al que ya trajo en el equipaje de regreso de París. Xavi pensaba en la muralla y por eso llamó a una torre, Íñigo Martínez. En su decisión había cálculo y poco ADN Barça. En su decisión perdía al futbolista que mejor podía correr a la espalda de un PSG desesperado y volcado. Lo lamentaría.
Araujo ve la tarjeta roja.FRANCK FIFEAFP
Había todavía partidos por jugar dentro del mismo partido, pero Luis Enrique era quien más claro tenía el suyo. Lo había empezado con el mando en el juego y los cambios que más le habían dado en el Parque de los Príncipes, como Barcola y Vitinha. El primero se situó en la izquierda, con Dembélé en la derecha, por lo que el lugar del 9 era para Mbappé. Centrado, buscaba saltar de la línea del vértigo, mientras Araújo iba en su busca a todas partes. Era el central del riesgo y era el central por el que empezaron los problemas para el Barcelona cuando había hecho lo más difícil y podía jugar realmente el partido que quisiera. En la ida lo consiguió; en la vuelta, no.
EXPULSIÓN FATAL
Barcola ganó en la carrera un balón al espacio y Araújo lo derribó al borde del área. La falta fue fuera del rectángulo, pero el colegiado le mostró la roja por tratarse Barcola del último hombre. El VAR no corrigió su decisión pese a las protestas azulgrana y al no estar el francés exactamente en perpendicular a Ter Stegen. Restaba una hora de partido, la hora de la autodestrucción.
El gol del PSG no llegó en la jugada inmediata, una falta mal lanzada por Nuno Gomes, pero el gol estaba ya en la dinámica del partido. Un centro de Barcola, en otra de sus llegadas por la izquierda, no fue interceptado por Cubarsí ni por Cancelo y Dembélé marcó a placer. Lo mejor para el Barça fue el descanso; lo peor, el regreso.
Lo hizo el equipo azulgrana con las mismas dudas con las que se había ido a la caseta, con el mismo miedo. El acoso metió en su área a un equipo que no está para levantar murallas, y menos un Íñigo Martínez fuera de la dinámica del equipo. En pocos minutos, había visto una amarilla en una disputa con Mbappé. También el francés, pero las amonestaciones pesan menos en un delantero.
UN TÉCNICO HISTÉRICO
Fabián pudo adelantar al PSG a los pocos minutos, pero lo hizo a continuación Vitinha en un paseo por la frontal en el que nadie salió a su encuentro, blando De Jong y en un papel que no es el suyo Lewandowski. El hábitat del polaco es el área contraria, no la suya. Mal asunto. La igualada en inferioridad enmudeció a un Montjuïc convencido de lo contrario y sacó de sus casillas a Xavi. Por una falta sin trascendencia, le dijo de todo al árbitro y pateó una valla de publicidad. Su expulsión era su fracaso, que no pudo corregir su hermano Óscar con las entradas de Ferran Torres, Fermín o Joao Félix, al que siguió el de un Barça desnortado y desamparado.
Cancelo cometió un penalti sin sentido sobre Dembélé cuando el francés iba hacia fuera del área. Ter Stegen se movió como un muñeco de feria y entonces Mbappé, un Mbappé de blanco, no falló para firmar con otro gol más una sentencia en la que poco tuvo que ver. Casi todo, lo bueno y lo malo, fue cosa de Xavi.
Cada vez que se le ve por una sala de prensa parece que se pudiera acabar el mundo (futbolístico y mediático), pero todo sigue rodando y nada ha cambiado después de una nueva comparecencia de Kylian Mbappé. El delantero francés, que mañana será parte del encuentro amistoso ante la selección alemana, fue el protagonista de la previa desde Clairefontaine, el cuartel general de la Federación gala. Y no, no dijo nada sobre el Real Madrid. ¿O sí?
Sin anuncio oficial sobre su futuro, el atacante del PSG obliga a los presentes a leer sus palabras entre líneas. "No he anunciado nada porque no tenía nada que anunciar", empezó. Una frase en la que no hay mucho que rasgar, para lamento de los periodistas. Pero a raíz de ahí, el futbolista de Bondy fue soltando pinceladas sobre los próximos meses.
"Me concentraré en la selección francesa cuando llegue la Eurocopa. Para entonces todo estará resuelto", dijo sobre las fechas del anuncio de su próximo equipo. Recordemos que en febrero el jugador aseguró a Al-Khelaifi que iba a abandonar este verano el PSG. Su intención ya la saben: vestir de blanco.
Esa cronología, una presentación oficial antes de concentrarse con la selección gala para la Euro, es la deseada por el propio Madrid, que no ve otra fecha adecuada en el calendario. El torneo continental termina el 14 de julio, ya con el Madrid en plena pretemporada, unos días después comienza la gira madridista por Estados Unidos y a finales de julio dan inicio los Juegos Olímpicos, el otro tema de debate alrededor de Mbappé.
El futbolista, capitán de su selección, quiere jugar los Juegos de su país, que se celebran desde el 26 de julio al 11 de agosto, una semana antes del inicio de la Liga. El Madrid ya ha dejado claro que los internacionales que disputen la Eurocopa o la Copa América no estarán en los Juegos, pero Mbappé, que ya parece hablar como madridista, admite que es su "sueño".
"No sé nada sobre eso (si puede estar en los Juegos o no), pero siempre he dicho que es un sueño, son especiales. Tengo la misma ambición, pero no depende de mí. La decisión final es de una persona", reconoció. Sabiendo que el Madrid es el que se opone a su presencia, podemos adivinar que esa persona es el máximo responsable del conjunto blanco, Florentino Pérez. "No puedo opinar más. Si no pudiera jugar, lo aceptaría y haría lo que me dijeran", añadió, insistiendo en que como "nunca he enlazado Euro y Juegos no sé si supone un riesgo".
Además, admitió no estar "afectado" por la presión sobre su futuro. "¿Me has visto afectado? Yo siempre estoy centrado en lo que pasa en el campo. Mi objetivo siempre es rendir en los partidos. No soy responsable de lo que se hable fuera", declaró.