El organismo que preside Javier Landeta es el primero que se niega a secundar el paripé orquestado por el presidente. El Alavés, el primer club que anuncia que no asistirá
El presidente de la Federación Vasca, Javier Landeta (sentado).EFE
El apoyo incondicional que Luis Rubiales esperaba encontrar en la Asamblea General de la RFEF convocada para este viernes empieza a resquebrajarse. La Federación Vasca de Fútbol ya hecho pública su decisión de no acudir a la reunión “ante la gravedad de lo sucedido en la entrega de trofeos de la final del Campeonato del Mundo y la posterior gestión de los acontecimientos”.
Las 19 federaciones territoriales tienen condición de miembros natos de la Asamblea y siempre respaldan las propuestas de los órganos de gestión, la junta directiva y el presidente. Con ese apoyo contaba Rubiales, a pesar de que en las últimas horas, y sobre todo tras el comunicado de Jennifer Hermoso a través del sindicato FUTPRO, su entorno empezaba a ser consciente de que algunos presidentes no se encontraban cómodos al verse obligados a manifestar su apoyo público a Rubiales.
La Federación Vasca no sólo no acudirá al paripé de cónclave sino que, además, anuncia que “en vista de lo que acontezca en las próximas jornadas”, tomará una decisión “sobre la continuidad de nuestro presidente en la Junta Directiva de la RFEF”. Javier Landeta es vocal desde marzo de 2021.
El camino de la territorial vasca lo ha seguido también el Alavés, el primer club en confirmar en un escueto comunicado que no acudirá a la reunión.
Si durante los últimos días ha habido silencio, ayer fue Ángel Torres el primero en pronunciarse claramente pidiendo la dimisión de Rubiales y el Getafe es uno de los clubes que representa al fútbol profesional en la Asamblea. Osasuna también, y reprobó la actitud del presidente. Ninguno de los dos estará este viernes en Las Rozas. En el aire dejó sus asistencia el FC Barcelona, el club que más jugadoras aportó a la selección campeona del Mundo, aunque parece decidido a no acudir. Lo mismo ocurre con Elche, Cádiz, Sporting, Real Sociedad, Tenerife y Villarreal, pero ninguno hizo público.
El Barça, dominante con balón, contundente en el área de Courtois y afortunado en el gol decisivo, reinó en la calurosa batalla de Yeda ante un Madrid peleón, con más entrega y corazón que fútbol, y se llevó una nueva Supercopa de España en suelo saudí. El caos de la primera parte, con dos goles para cada equipo, dejó paso al frenético final después del tanto de Raphinha, con los blancos perdonando el empate ante 10 futbolistas tras la expulsión de De Jong. [Narración y estadísticas (3-2)]
Xabi Alonso se jugó su destino en el Madrid con una carta inesperada. El técnico vasco asumió las condiciones de su equipo, lastrado físicamente por las lesiones en defensa y la duda de Mbappé, y condicionó su once al Barcelona de una manera tan descarada como por momentos efectiva. Contuvo la constante posesión culé (80% en la primera parte) con un muro de tres centrales, con Tchouaméni entre Asencio y Huijsen, dos carrileros en Valverde y Carreras, un doble pivote clavado delante (Camavinga y Bellingham) y Gonzalo suelto entre líneas para tapar todo lo que pudiera. Sólo Vinicius respiró para los contraataques.
La carta del de Tolosa fue conservadora, pero surtió efecto el tiempo que duró la solidaridad defensiva de los suyos, lo que Bellingham aguantó detrás de Pedri y Gonzalo a la sombra de De Jong. Mientras eso duró, el clásico saudí tuvo más miedo en la portería de Joan García que en la de Courtois a pesar del dominio azulgrana del balón.
Pérdida letal
Vinicius, en su mejor partido de la temporada, lo fue todo en el ataque del Madrid. Su arranque fue el de los blancos, que perdonaron varias ocasiones antes de la media hora en las botas del brasileño y de Gonzalo, flojos en el remate ante el guardameta catalán.
Pero a partir de la media hora, el Madrid tembló y el Barça lo aprovechó. Una pérdida de Rodrygo en salida pilló a sus compañeros lejos de su marca y Fermín encontró a Raphinha, que había perdonado tras una pérdida de Valverde un minuto antes, al espacio, amagó el brasileño y definió cruzado ante Courtois para el 1-0.
El Madrid se tambaleó durante unos minutos y el belga tuvo que aparecer ante Fermín y Lamine para evitar el segundo mientras su equipo se mareaba. Con el físico al límite, no buscaba, esperaba demasiado, y el Barça, con el viento a favor, terminaba encontrando un espacio.
Vinicius conduce el balón ante Koundé y Pedri.AFP
Hasta que una contra madridista descubrió a Vinicius en la izquierda y el brasileño volvió a mayo de 2024. Encaró a Koundé hasta el área, le tiró un caño extraordinario cuando venía la ayuda de un compañero, evitó la llegada de Cubarsí y empató el duelo ante Joan. Era el minuto 47 de un final de primer tiempo que entró en caos.
En la jugada siguiente, Lewandowski aprovechó las dudas de Tchouaméni y Huijsen en el marcaje, recibió de Pedri, siempre atento, dentro del área y picó la pelota ante la salida de Courtois. Era un posible golpe anímico al que el Madrid respondió de inmediato en un córner, ya en el 50. Huijsen cabeceó al palo y Gonzalo aprovechó el rechace para mandar el clásico a vestuarios con empate.
El descanso construyó las ideas del Barça, consciente de su superioridad física en Arabia ante un Madrid limitado que creyó en el título todo lo que confió Vinicius. El brasileño dio sus últimos suspiros en el inicio del segundo tiempo, fabricando las opciones blancas y perdonando el tercero ante Joan García. Tampoco estuvo fino Rodrygo, definiendo flojo ante el portero tras otra buena jugada de Vini.
Dos ocasiones clarísimas
Con los minutos, el Madrid desfalleció. Valverde, lesionado, pidió el cambio, Courtois salvó una mano clara ante Lamine y la suerte se alió con el Barça cuando Asencio desvió un disparo de Raphinha mientras el belga ya se vencía hacia un lado. Era el minuto 72 la orilla parecía lejos para el Madrid de Alonso, que recurrió a Mbappé e incluso a Alaba, único central disponible para sustituir a un Huijsen que tampoco pudo seguir.
Mastantuono y Ceballos fueron soluciones de emergencia ante el evidente cansancio de Vinicius y Camavinga, y el Madrid murió como pudo. Compitió, que era lo que la zona noble pedía en estas condiciones al equipo, pero le faltaron piernas y fútbol para aprovechar la superioridad numérica tras la expulsión de De Jong por una entrada con los tacos a Mbappé. Aun así, Carreras y Asencio tuvieron dos ocasiones clarísimas dentro del área para provocar los penaltis decisivos, pero remataron flojo, casi sin fuerza, a las manos de Joan García.
El Barça volvió a conquistar Yeda y la entrega del Madrid en cuanto a las sensaciones y lo apretado del marcador otorgan a Alonso su continuidad en el banquillo del Bernabéu.
El Mantra 100 de Melbourne es uno de esos hoteles sin recepción en los que si ocurre algo —como que la tarjeta no funcione— hay que llamar a un número y esperar a que alguien aparezca. Lejos del lujoso Crown Towers donde se alojan Carlos Alcaraz o Jannik Sinner, sin piscinas, sin tiendas de lujo y, por supuesto, sin helipuerto, Martín de la Puente atiende a EL MUNDO en el vestíbulo del modesto establecimiento en el que descansa estos días. Es la realidad del tenis en silla de ruedas. En los Grand Slam juegan en las mismas pistas que las estrellas de su deporte, pero su vida es muy distinta.
«El tenis en silla está creciendo, pero si no llegas a las rondas finales de un Grand Slam y no tienes patrocinadores es muy difícil vivir de ello», cuenta quien busca convertirse en el primer español que gane un ‘grande’ en silla de ruedas. Hace dos años llegó a la final de Wimbledon, pero perdió. Esta semana en Melbourne —donde ya fue semifinalista la temporada pasada— buscará otra oportunidad.
¿Entonces usted no vive de ello?
Tengo la suerte de poder hacerlo porque tengo sponsors y ayudas públicas y porque me está yendo bien. El campeón de un Grand Slam cobra unos 60.000 euros, que es un buen dinero. En los torneos que compartimos con los profesionales —los cuatro 'grandes' y algún ATP— los premios están muy bien. Pero el resto del año perdemos dinero. La temporada pasada gané lo que sería un ATP 500 tanto en individual como en dobles y no pude ni cubrir los gastos del viaje. No quiero hacerme millonario, pero es difícil seguir el circuito.
¿Siempre ha jugado al tenis?
De pequeño quería ser futbolista del Celta, pero nunca pude jugar mucho. Me costaba caminar bien. Después de que me amputaran el pie izquierdo con ocho años, iba a ver a mi hermano jugar al tenis en el Real Atlántico de Vigo y me ofrecieron probar. Para mí el tenis fue un refugio. Con la raqueta podía jugar a un deporte con mi hermano, de tú a tú, aunque yo fuera en silla y él estuviera de pie. Aquello me dio muchísimo, me ayudó a entenderme, a integrarme, a normalizarme.
Le diagnosticaron el síndrome de Proteus. ¿En qué le afecta?
Es una enfermedad que hace que los huesos, los músculos o la piel crezcan de manera descontrolada. Nací con un dedo de la mano izquierda un poco más grande y a los tres años me diagnosticaron. Me pasé la infancia en el hospital. Cuando me amputaron recuerdo que me desperté y seguía sintiendo el pie. Pensaba que habían tenido que anular la operación, pero levanté la sábana, vi que ya no había nada y empecé a llorar. Siendo tan niño se me vino el mundo encima. Pensaba en muchas cosas, como en qué pensaría la gente de mí. Pero aprendí a afrontar los problemas, a ver la vida de otra manera. Además, tuve mucha suerte de vivir en una casa familiar muy grande, donde todos me esperaban para hacer una fiesta después de cada operación. Y piensa que hubo un año, cuando yo tenía 15, en el que me operaron 16 veces.
¿Por qué tantas veces?
En la adolescencia mis huesos crecían de más y se me doblaban, me hacían formas raras en el cuerpo. Había que frenar ese crecimiento y entonces cortaban, enderezaban, limpiaban, ponían placas. Siempre había algo que hacer: en la cadera, en una pierna... Tengo muchas cicatrices, pero es la vida que me tocó vivir. Podría estar lamentándome, pero prefiero ver el lado positivo de las cosas. También pienso en lo mucho que me ayudaron mis amigos. Para ellos siempre he sido el patapalo; con ellos me he reído de todo lo ocurrido y eso es esencial, que te traten sin distinciones.
En su deporte, ¿qué es más importante: saber jugar al tenis o saber llevar la silla?
Para mí, aprender a manejar la silla fue lo más complicado al principio y ahora ya estoy más centrado en el tenis. Con la silla siempre he tenido una relación de amor-odio: me permite moverme, pero también me da muchos problemas. Recuerdo que tuve que trabajar mucho la fuerza del tren superior para ir más rápido con ella.
¿Hay jugadores que ganan porque tienen mejor silla?
No tanto. Hay jugadores que tienen una silla más ligera y eso les da una ventaja limitada. Al final hay que saber moverla. El tenis en silla es un deporte muy bonito e interesante porque es justo, no diferencia por discapacidades, y eso genera más competencia.