Ni una sola gota de agua, muchos gnomos y un campeón aclamado por las masas. Rory McIlroy lo ha vuelto a hacer. Llegó y se irá vestido de verde. Tuvo que esperar casi 15 años para ponerse la chaqueta en 2025 y, de paso, completar los cuatro grandes. Ni doce meses han pasado desde aquella hazaña y Rory lo celebra repitiendo victoria e igualando a Nick Faldo como el mejor europeo en majors con seis triunfos. Además, se convierte en el cuarto jugador en defender con éxito la victoria en el primer major; antes lo hicieron Jack Nicklaus (1965-66), Nick Faldo (1989, 90) y Tiger Woods (2001-02).
El desenlace fue un domingo made in Augusta National. Hace ya algunos años, el Masters dio con la fórmula para que los domingos en Augusta sean aún más festivos. Una combinación de banderas accesibles con una preparación del campo en su justa medida daba el resultado de una jornada final repleta de sobresaltos, donde el público no dio abasto para celebrar los tiros a las banderas o las bolas cogiendo caídas, rodando generosamente hacia el hoyo; en definitiva, un festín siempre con el respeto debido al Amen Corner.
Rory, que partía en la jornada empatado en -11 con Cameron Young, sufrió como siempre, quizás lo que tocaba. Ya en el hoyo cuatro, un doble bogey con un tripateo desde apenas tres metros le hizo perder el liderato. A partir de entonces, el Masters fue una preciosa locura, con Justin Rose, Russell Henley, Tyrrell Hatton o Scottie Scheffler apurando sus opciones. Rose, Young y el propio McIlroy llegaron a liderar el torneo en el transcurso de la última jornada. Hatton protagonizó, con 66 golpes, la ronda más baja del día, que le sirvió para terminar con -10, empatar en la tercera posición y defender el honor del LIV Golf como único representante entre los 10 mejores. El Amen Corner hizo añicos las ilusiones de Haotong Li, que durante un tramo del día soñó con ser el primer chino vestido de verde. Triple bogey en el 12 y quíntuple bogey (10 golpes) en el 13. Justin Rose, segundo tres veces, tendría que conformarse con la tercera plaza.
La contienda pareció quedar para el número uno, dos y tres del mundo. Scheffler, segundo en solitario con -11, se dio una oportunidad final con un birdie antológico en el 15: mala salida a los árboles, segundo golpe que impacta en una rama, tercero desde el rough a 160 metros de la bandera y un putt de nueve metros. Atacó con un nuevo birdie en el 16 y se le escapó por milímetros en el 17. Rory, en el mismo Amen Corner que el año pasado lo torturó con saña, sacó dos birdies en el 12 y 13 y aguantó el sufrimiento con muy buenos pares, especialmente en el 17 y el 18, con una última espantada de salida que tensó más de la cuenta el final. El bogey en el 18 le sirvió para volver a emocionarse, cayó de rodillas como lo hiciera hace un año pero ya como doble campeón del Masters de Augusta.
El golf español, sin opciones La jornada fue completamente insulsa para los nuestros, que se citaron a las 9:30 horas para compartir partido con un resultado de partida de +5. Jon Rahm consiguió mejorar el sabor amargo del primer major con un -4, aunque su balance sigue siendo negativo en una semana de dudas con su juego. Un puesto 38 que no ayuda a mejorar su confianza en las grandes citas. Mucho más complicado fue el día de Sergio García, y no solo por el +3 de su resultado. En el hoyo dos, el ganador de 2017, víctima de la frustración y la ira, golpeó, tras un mal driver, una de las marcas de salida de Augusta National, que destrozó, para segundos después ensañarse con una nevera y partir su palo, que ya no pudo utilizar el resto de la ronda. Un par de hoyos más tarde, el español fue amonestado por uno de los árbitros del torneo. “Obviamente no estoy muy orgulloso de ello, pero a veces sucede”. No se disculpó García por el incidente y su trato con la prensa volvió a ser desafiante. No es la primera vez que Sergio protagoniza un incidente en un campo de golf y veremos si, en un torneo tan especial como el Masters, la salida de tono del jugador no tiene consecuencias en el futuro.




