El Atlético de Madrid consiguió la segunda Copa de la Reina de su historia tras imponerse en una inolvidable final al Real Madrid, igualando un 2-0 adverso con un tanto de falta en el descuento de Estefanía Banini y logrando tumbar a su rival en una tanda de penaltis en la que se mostró más acertado.
Las jugadoras del Atlético de Madrid celebran su victoria en la Copa de la ReinaJUANJO MARTINEFE
Salió el Atlético valiente, intentando sacar provecho a la presión del rival por estrenar su palmarés. Y a punto estuvo de ponerse por delante en dos oportunidades muy claras. La primera fue haciendo uso de la estrategia, un balón servido desde la esquina que Maitane López prolongó en el segundo palo y Rasheedat Ajibade cabeceó alto en una excelente posición.
A esa oportunidad, que llegó en los mejores compases del Atlético, le siguió otra poco después en las botas de Banini. La argentina controló un buen pase atrás de Bárbara Latorre en el área pero, a la hora definir con todo a favor, se encontró con una intervención decisiva de Misa.
Entró entonces el enfrentamiento en un periodo de calma que permitió a las madridistas asentarse y comenzar a intimidar la portería contraria. No necesitaron mucho más para ponerse por delante pues a la media hora Sandie Toletti, girando el cuello de manera impecable a la altura del punto de penalti, cabeceó un córner y alojó el balón en las redes. La ventaja dio poso al equipo, que no sufrió demasiado hasta el descanso.
A la salida de los vestuarios esperaba a las jugadoras la lluvia, que iría a más con el paso de los minutos. Sin embargo, antes que tornase de chaparrón a cortina de agua y llegasen incluso a retumbar los truenos, ya había aumentado la distancia el Real Madrid.
Pudo hacerlo nada más asomar de los vestuarios, cuando Lola Gallardo le negó con una excelente intervención el gol a Caroline Weir, quien previamente había dejado un control exquisito. El acierto que faltó en esa lo tuvo instantes más tarde Ivana Andrés, cabeceando cruzado en el segundo palo un centro de Linda Caicedo tras un córner en corto.
La diana llegó en el momento oportuno porque, a partir de ahí, la intensidad en la caída del agua comenzó a hacer todo más difícil para las futbolistas. Pese a ello, no le quedó más remedio al Atlético de Madrid que poner al mal tiempo buena cara en busca de un empate que parecía inviable.
Probó primero Eva Navarro a Misa con un tiro raso que blocó la cancerbera, pero fue Lucía Moral quien finalmente acabó marcando. La delantera, que venía de tropezar con el larguero, aprovechó un pase atrás de Banini para rematar a la base del palo y poner algo de emoción.
Remontada y prórroga
La sensación es que con eso no sería suficiente. Sin embargo las jugadoras del cuadro rojiblanco dispusieron de una última bala, una falta muy lejana a todo o nada. Asumió la responsabilidad Banini y la pegó con el alma colocando la pelota en la escuadra para forzar la prórroga.
Dadas las circunstancias, cabía pensar que ese vida extra la afrontarían las de Manolo Cano con más confianza. Pero las madridistas fueron capaces de resetear la mente y mostrarse más enteras físicamente, sin que ello les valiera para marcar de nuevo. Solo Weir, con una vaselina, estuvo cerca de hacerlo.
De esta manera, se llegó a una tanda definitiva en la que el Real Madrid no estuvo acertado. Lola Gallardo detuvo los lanzamientos de Olga Carmona y Teresa Abelleira y Sofie Svava mandó el suyo fuera; dejando el trofeo en manos de un Atlético en el que solo falló Banini.
ABRAHAM P. ROMERO
@AbrahamRomero_
Madrid
Actualizado Miércoles,
27
septiembre
2023
-
22:03El directivo rojiblanco aseguró, según MARCA, que el Madrid "adultera la competición"...
Laura Ester (Barcelona, 1990) se sienta en la escalinata del monumento a Alfonso XII y saca del bolso su oro olímpico recién ganado en París. A su alrededor, turistas y chavalería disfrutan del estanque de El Retiro en una soleada tarde madrileña. La medalla y el fotógrafo despiertan cierta curiosidad en un grupo de adolescentes que flirtean, sin visos de avanzar demasiado, mientras comen cheetos. Dos de ellos se aproximan: "¿Quién es?". Respondo que es la portera histórica del waterpolo español, campeona de todo con la selección y con sus clubes, mejor jugadora de Europa hace unos años... A mitad de explicación ya sólo les interesa volver al tonteo. Ella observa la escena con total normalidad: "En realidad, cuando alguien me reconoce, me sorprende. Pienso que se ha equivocado y fijo que me confunde con otra".
Hace justo dos meses todo el país celebraba su último éxito, el mayor y el único que le faltaba, tras ganar a Australia en la final de París. Hoy paseamos media hora por un parque repleto de gente, nos sentamos en una terraza concurrida y nadie la mira. Es la realidad de la mayoría de héroes olímpicos en este país: dos semanas de atención (y presión) y cuatro años de anonimato. Ester sonríe resignada: "Suena mal decirlo, pero te acabas acostumbrando a que nadie te reconozca. Del waterpolo, como de casi todo lo que no es fútbol, se habla en los Juegos, nos exigen la medalla y luego se olvidan de que existimos. Asumimos que es así, lo injusto es que esa única vez que nos recuerdan nos presionan como si les importara este deporte. ¿No habéis estado en cuatro años y ahora, si somos cuartas, somos unas fracasadas? Eso es un poco fuerte. Desde casa se ve todo muy fácil".
La guardameta, presente de principio a fin en la época dorada de la selección, ha completado su palmarés con su tercera medalla olímpica, esta vez sí de oro tras dos platas. Ya era campeona del Mundo y de Europa con España. También de cinco Champions e innumerables títulos nacionales con el Sabadell, club que no le ha dado este verano la salida que merecía. Ahora vuelve al Mediterrani, donde empezó, para la que puede ser su última temporada. "Ahora ya sí soy campeona de todo. Con el oro y esta vuelta a casa, se puede decir que cierro el círculo, pero ya sabes cómo somos los deportistas, luego nos liamos fácil", reflexiona.
"He podido ahorrar algo"
A sus 34 años, la retirada acecha y le toca reinventarse. Lleva años preparándose para ello, es licenciada en Bioquímica y tiene un máster en Dermofarmacia, pero nada de eso ahuyenta al vértigo de quien se dedica desde la adolescencia a un deporte que exige mucho y no da demasiado económicamente. "Una jugadora del máximo nivel gana para vivir día a día como cualquier ciudadano de clase media. Yo he podido ahorrar algo porque, al estar tanto tiempo en la selección, he tenido la beca, pero si me retiro el año que viene más me vale encontrar pronto en qué trabajar porque de los ahorros vivo un año. El día que esto acabe, tienes que espabilarte".
Laura espera aclararse durante esta temporada que le queda (ya veremos si finalmente es sólo una). Se mueve entre dos aguas. Sus estudios le llaman, pero también sabe que la salida más sencilla, esa que acaba seduciendo a tantos atletas, es seguir vinculada al deporte, en su caso en el mundo organizativo y federativo. No esconde el miedo. "Empezar de cero, inevitablemente, asusta. Cualquier deportista que te diga que no tiene miedo a la retirada, al vacío del día después, miente. Puede ser más o menos en función de tu situación, pero siempre está ahí. Es un momento difícil que a muchos deportistas les afecta psicológicamente. Yo me he ido preparando, pero cuando llevas 20 años dedicándote exclusivamente a algo que te apasiona y en lo que eres de las mejores del mundo... De repente, pasas a ser una más y vienen las frustraciones y las dudas. ¿Sabré hacer algo más? Yo creo que sí, pero tengo que volver a demostrarlo todo".
Y añade una denuncia que cualquier ex deportista ratificaría: "Para la sociedad, somos un producto con fecha de caducidad. Por mucho que nos duela, es así. Hoy todo el país te aplaude y en cuanto te retiras, ya no eres nadie. Tienes que ser consciente de ello y prepararte para el golpe de realidad".
"Ganaríamos lo mismo entrenando menos"
Nos sentamos a tomar algo y, aprovechando ese anonimato ya comprobado, Ester bromea con pedirse una cerveza, pero la atleta de élite a punto de volver a la piscina aplasta el conato de rebeldía y acaba bebiendo un agua con gas: "Con la selección entrenamos siete horas diarias. Voy a echar muchas cosas de menos, pero eso te garantizo que no. Ganaríamos lo mismo entrenando menos. Pero los partidos, el vestuario... Eso es la leche".
El vestuario. Como una de las capitanas, corrió a llamar a Paula Leitón, su compañera tanto en la selección como en el Sabadell, cuando fue víctima de una campaña de odio en redes por su físico. "Nosotras tenemos doble hándicap en esta sociedad machista y futbolera: mujeres y en un deporte minoritario, pero hemos ido contra todo y hemos ganado. A veces se hace difícil. Paula es un sol de niña. Todo lo que tiene de grande lo tiene de buena persona y de valiente. Me dijo que estaba bien, que no le afectaba, que era consciente del cuerpo que tiene, se quiere así y al que no le guste, que no me mire. Es una reina, pero esos comentarios a una chica joven le pueden destrozar la vida. Es asqueroso".
Laura Ester, con su oro, junto al estanque.Ángel Navarrete
La conversación nos devuelve al tema inicial, el rápido olvido de los olímpicos, desde un prisma distinto, esa sociedad futbolera de la que habla la waterpolista. Cada cuatro años, España se lleva las manos a la cabeza cuando gana muchas menos medallas de las esperadas (18 en París) y se compara con los países más similares al nuestro: las 39 de Francia, las 33 de Italia... Según el PIB de cada nación, un indicador que falla poco a la hora de aventurar los éxitos, nuestro país debería haber ganado 27. La falta de cultura polideportiva es evidente.
Incluso un boom tan positivo, analizado de modo independiente, como el del fútbol femenino despierta muchas dudas en el resto de disciplinas pues ahonda la brecha. "Se dice que gracias a ellas ahora se habla de deporte femenino y no es cierto: ahora se sigue hablando de fútbol, sólo que aún más. Ellas se lo merecen, pero más que ayudar a visibilizar el deporte femenino quitan aún más espacio a otros deportes que llevamos muchos y muchos años luchando para que se haga un poco de caso a las mujeres. Al final es muy difícil saber si España no tiene cultura polideportiva porque no se habla de ello o no se habla de ello porque no se consume", zanja.
Pedimos la cuenta, nos despedimos y Laura Ester, campeona olímpica hace dos meses, se va dando un paseo hasta el metro. Nadie la mira, pero al menos deberían escucharla: "He logrado todo lo que podía soñar, pero ahora viene la vida de verdad. Con que me salga la mitad de bien, firmo".