Pep Barceló, el entrenador que defendió a Luis Rubiales en la Asamblea Extraordinaria de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), y el CE Manacor han alcanzado un acuerdo para que el preparador mallorquín deje de formar parte del cuerpo técnico del club adscrito a la Tercera División de Baleares.
“Lo has explicado, ahora estos gestos tienen otro sentido”, dijo Barceló después de escuchar las alegaciones de Rubiales y de que el presidente del fútbol español, ahora sancionado por la FIFA, se negara a presentar su dimisión.
“Pero con base en eso, que todas las fuerzas externas que están ahora fuera de la Federación, de la Asamblea, hagan ese asesinato como has dicho tú, para mí es una caza, ha habido demasiados francotiradores”, añadió el técnico mallorquín ante la sorpresa de muchos de sus compañeros asambleístas.
Pese a que Barceló pidió luego disculpas por sus palabras, el CE Manacor ha anunciado en un comunicado hecho público este viernes que el entrenador “deja de formar parte del cuerpo técnico del primer equipo y a partir de ahora no dirigirá al primer equipo”.
“Queremos agradecer profundamente a Pep Barceló su gran trabajo, innegable profesionalidad, la predisposición que ha tenido en todo momento y desearle mucha suerte en sus nuevos proyectos que vengan tanto en el ámbito profesional como en el ámbito personal. A partir de hoy empieza una nueva etapa dentro de la temporada con el objetivo de continuar con el crecimiento de estos últimos años gracias al trabajo hecho por todos”, señala el club mallorquín.
Willy Hernangómez, con 23 puntos y 10 rebotes, guio al Barça a una victoria crucial en la pista del París Basketball, que permite al cuadro azulgrana reengancharse a la lucha por el play-off. De esta manera, el equipo azulgrana comienza 2025 con una victoria de prestigio, que sirve para coger confianza ante el exigente calendario de enero, en el que afronta 11 partidos en 27 días, siete de ellos como visitante. [Narración y estadísticas (79-90)]
El equipo de Joan Peñarroya arrancó mejor que un rival incapaz de generar acciones de tiros liberados y negado desde el perímetro (1/15 en triples). Con numerosas interrupciones, el segundo periodo avanzó sin un claro dominador. El Barça buscó conservar su ventaja apoyándose en el trabajo de su juego interior, con Willy castigando la pintura (ocho puntos y cinco rebotes).
Tras el descanso, el Barça, incisivo desde la línea de tres puntos, abrió brecha, con dos triples consecutivos de Jabari Parker y Kevin Punter, que volvieron a establecer una nueva máxima diferencia (38-48, min.22). Los puntos de TJ Shorts al contraataque eran rápidamente contrarrestados por la influencia de Willy bajo el aro, que intimidó y anotó en su actuación más destacada del curso para estirar nuevamente la renta en el ecuador del tercer período (42-54, min. 25).
Reacción desde el perímetro
Aunque la reacción local no tardó en llegar. Tras 25 minutos sin acierto desde el perímetro (3/18 en triples), Bandja Sy y Nadir Hifi dieron alas a los parisinos con dos triples consecutivos que hicieron estallar el Accor Arena (48-56, min. 26).
Con todo por decidir, el último asalto comenzó con el mismo guion. Puntos rápidos, jugadas en transición, y la sensación de que el Barça tenía el partido donde quería, con canastas relativamente sencillas de Chimezie Metu. No obstante, Shorts, máximo anotador local (20 puntos), con tres tiros libres tras una falta antideportiva de Darío Brizuela, hizo bajar la diferencia para un parcial de 9-0 que apretaba aún más el marcador (68-73, min. 33).
Con una mínima ventaja (77-81. min 35), Willy asumió la responsabilidad, y en el momento más delicado ante el empuje local, anotó cuatro puntos vitales que decidieron el partido.
Víctor era uno y trino. La Cultísima Trinidad. Intelectual de nacimiento a partir de su pertenencia a una familia de excelencias literarias (era bisnieto de Concha Espina), pertenecía a un mundo de libros, conversaciones, viajes e idiomas. El paradigma del cosmopolitismo desde su irrenunciable cuna madrileña. Era Víctor de la Serna cuando escribía de cualquier cosa menos de gastronomía y baloncesto. Era Fernando Point cuando escribía de gastronomía. Y era Vicente Salaner cuando escribía de baloncesto.
Memoria y conocimientos técnicos, pocos sabían más que él de baloncesto. Era un chaval deslumbrado cuando, residente en Suiza, en junio de 1962, se presentó al Real Madrid, que iba a disputar en el terreno neutral de Ginebra la final de la Copa de Europa frente al Dinamo de Tiblisi (los equipos españoles no podían viajar a la URSS ni los soviéticos a España). Cayó tan bien al equipo que presenció el partido desde el banquillo, encargado de la planilla. Ese recuerdo estaba entre los más gratos de su vida.
Ya en Estados Unidos, estudiante de periodismo en la universidad deColumbia, se convirtió en una especie de puente entre el país y España. Un ojeador, un consultor, un asesor, alguien a quien llamar o de quien recibir una llamada. Un embajador, un intermediario, alguien a quien, con su dominio del inglés, encargar una gestión.
¿Un puente entre Estados Unidos y España? Bueno, en realidad un puente entre Estados Unidos y el Real Madrid. Más de un fichaje madridista, de la frecuente mano de Pedro Ferrándiz, y también de la de Lolo Sainz, lo tuvo a él en la trastienda. Por ejemplo, el de Walter Szczerbiak. "Yo traje a Walter al Madrid", se ufanaba desde su amor al club, no desde la vanidad.
Fue el intérprete y cicerone de George Karl durante la época de entrenador del Madrid del estadounidense. Un interlocutor, un confidente, casi un representante. Se le requirió varias veces para acompañar a los narradores americanos y comentar con ellos, en su perfecto inglés, los partidos jugados en España por equipos de la NBA. Fue el "speaker" oficial del Open McDonalds de 1988 que enfrentó al Real Madrid con los Boston Celtics. Guardaba como una joya el balón firmado por los protagonistas.
Ha muerto al pie del cañón. Al pie de la canasta. El pasado día 14 publicó su último trabajo: "Cuando el jugador español ya es una rareza en España". Si hay un Más Allá, estará ahora hablando de baloncesto con James Naismith y haciéndole de intérprete a Pedro Ferrándiz.
Jasper 'Desastre' le llamaban al que hora todos se rinden, el tipo más rápido del mundo. Al velocista que domina, ganador de cuatro etapas y el maillot verde del último Tour, un belga asombroso. El mismo que siempre daba al palo, que en un Tour anterior se había quedado seis veces entre los tres primeros y también en una etapa con final en Dunkerke alzó los brazos al frente del pelotón sin darse cuenta de que Van Aert había ganado un rato antes. Todo eso tan atrás ya. Porque Philipsen cabalga tan seguro de sí mismo que hasta se apunta Monumentos. Se impuso en la San Remo en un sprint ante 12 fuoriclasse para colar su nombre en la batalla entre Van der Poel y Pogacar y para devolver a los velocistas al trono de la Classicissima.
Desde 2016 (Arnaud Démare), ningún sprinter puro se imponía en la meta de la Vía Roma de San Remo. Siempre el Poggio, para arriba o para abajo, como juez. Pero el del Alpecin se aprovechó de las circunstancias. De la nula selección en la Cipressa y del trabajo impagable de su compañero Van der Poel, quien incluso sacrificó sus propias opciones de hacer historia -repetir victoria en el primer Monumento por segundo año consecutivo (algo que no se logra desde Erik Zabel en 2001)-, para atajar los zarpazos de Pogacar (incluso el de Mohoric en los últimos kilómetros) para poner en bandeja la victoria a Philipsen.
Y aún así, apenas un tubular le separó de Michael Matthews, con Pogacar tercero. Toda la electricidad para los últimos 20 minutos, seis horas donde aparentemente nada sucede, así es la magia de la Classicissima, donde siete veces reinó Eddy Merckx, donde Óscar Freire lo hizo tres (y nueve veces estuvo en el Top 10).
La clave fue que no hubo tiroteo en la Cipressa, donde apuntaba la estrategia del UAE, la esperanza de Pogacar de otro 'solo' (como en la Strade Bianche hace unas semanas), tan utópicos en la Milán-San Remo. Puso ritmo mortal el debutante Isaac del Toro, pero no hubo continuidad por ninguno de sus compañeros, un grupo demasiado compacto que ni agarrar a los valientes del día -entre ellos Sergio Samitier, que se cayó poco después en una curva- pudieron antes de coronar. Acercarse a los nueve minutos y dejar el pelotón tiritando era el objetivo sobre el papel (el récord seguirá siendo de Colombo y Gontchenkov, desde 1996, 9:19). Pero no hubo forma, para desesperación de Tadej, tan ansioso y tan contenido a la vez.
El podio final de la Milán-San Remo, con Philipsen en el centro.MARCO BERTORELLOAFP
Así que a falta de 15 kilómetros y más de seis horas de esfuerzo, vuelta a empezar, con el grupo enorme entrando por detrás, entre ellos los velocistas, con tan solo ya el Poggio como obstáculo. Y ahí la timidez, el acelerón inútil de Wellens (la impresión es que a Pogacar le faltó equipo), el alarde de Gonzalo Serrano (26º en meta a 35 segundos, el mejor español) y los dos ataques sin premio para Pogacar. El primero, contrarrestado por Van der Poel, Bettiol y Ganna. El segundo, en el que sorprendió justo antes de coronar, no lo pudo rematar en el descenso, donde el propio Van der Poel, Pidcock y el resto pronto le dieron caza. "Estuvo cerca, tenía unas piernas increíbles", confesó después el esloveno.
Así que los 12 elegidos se plantaron en Vía Roma, donde Philipsen escribió su nombre para la eternidad, con un gracias enorme a un compañero de los que no tienen precio. La grandeza del nieto de Poulidor.