Los dos asesinatos que forjaron la estrella de Isiah Pacheco: “Nunca pensé que tuviera este éxito”

Los dos asesinatos que forjaron la estrella de Isiah Pacheco: "Nunca pensé que tuviera este éxito"

Fútbol americano

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Sus hermanos mayores murieron en trágicas circunstancias. Fue escogido en la última ronda del draft. Y pese a todo fue el héroe de la Super Bowl de Kansas City.

Pacheco en la celebración del título.EZRA SHAWGETTY

Entre los héroes de la victoria de Kansas City sobre Philadelphia (38-35) en la Super Bowl había uno que no pintaba nada entre tanta celebrity. Allí estaba, por supuesto, Patrick Mahomes, una leyenda de sólo 27 años que, si decidiera retirarse hoy mismo, ya entraría en cualquier debate sobre los mejores quarterbacks de siempre, igual que su socio Travis Kelce sólo discute con Gronkowski por el trono de los tight ends. Les acompañaba Andy Reid, el genio con aspecto de morsa al que durante años dijeron que jamás ganaría un anillo como entrenador jefe y ya lleva dos. Incluso Rihanna, cuya fabulosa (y larga) actuación dio tiempo a los Chiefs para cambiarlo todo en el descanso, jugó su papel. Y junto a las luminarias, un chico al que hace unos meses casi nadie conocía: Isiah Pacheco, de 23 años, el novato que corre enfadado. Muy enfadado.

En 2016, Travoise, de 29 años, fue asesinado a puñaladas en la urbanización donde vivía. Unos meses más tarde, un ex novio mató a Celeste, de 23, con un disparo en la cabeza. El hermano pequeño de ambos, Isiah, era entonces un adolescente de origen hispano (portorriqueño y dominicano) que destacaba en su instituto de Nueva Jersey. El doble drama marcó su estilo de juego, según él mismo explicó en las horas previas a la Super Bowl de su consagración (76 yardas y un touchdown en 15 carreras): “Pienso en mis hermanos todos los días, me costó mucho superar lo que les pasó. Sin embargo, la tragedia me ayudó a entender que no debo correr para alejarme de mis problemas, sino correr hacia ellos y enfrentarlos. Por ellos no doy una yarda por perdida”.

Su juego es exactamente ese. En una era donde los corredores puros han perdido importancia ante la dictadura del pase, Pacheco parece salido de 1980. No es un gran receptor, aunque se defiende, ni baila alrededor de la línea esperando a que le abran un hueco o a poder salir por el exterior. No. Él embiste, no para de mover las piernas aunque le agarren entre cuatro y, más veces de las que no, acaba por avanzar por donde no se cabía.

Nadie creía en él

Es curioso que ese estilo que ha convertido a los Chiefs en un equipo mucho más peligroso, pues te fulmina por el aire y te agota por tierra, sea el mismo que casi le deja fuera de la NFL. En el último draft, Pacheco fue elegido en la séptima ronda, la última, tras una carrera sin demasiado lustre en la universidad de Rutgers. En un sistema donde los entrenadores universitarios se dedican a vender a todos sus jugadores como si fueran la reencarnación de Joe Montana, Randy Moss o Barry Sanders para subir el estatus de su programa a base de elecciones altas, el suyo, Greg Schiano, ni siquiera finge: “Sinceramente, nunca pensé que tuviera este éxito”. Pero añade: “Sin embargo, invitaba a todo el mundo a venir a verle: es el jugador más duro que he entrenado”.

Andy Reid tuvo menos dudas y ya en pretemporada, cuando no se esperaba ni que entrase en la plantilla definitiva, le situó a la par que su titular hasta entonces, Edwards-Helaire, una primera ronda de 2020: lo devoró en cuestión de semanas y el resto es historia. “Es el conejito de Duracell, tiene una energía infinita, se deja la vida en cada entrenamiento. Ese es Isiah”. “Te quiero, hermano”, le gritó Mahomes nada más acabar el partido, mientras Pacheco reía y bailaba. “Es increíble la alegría que transmite con todo lo que ha pasado”, añadió luego. Ese es Isiah Pacheco: la estrella inesperada que corre enfadado, pero ya vive feliz.

kpd