El danés se impuso en un agónico final a Philipsen en una etapa que dejó el abandono de Cavendish y la caída de Adam Yates y Mikel Landa, que perdieron 47 segundos.
Pedersen, ganador en Limoges.CHRISTOPHE PETIT TESSONEFE
En el sprint trampa de Limoges, una rampa sólo apta para llegadores poderosos, se impuso Mads Pedersen, un potro danés que protagonizó un agónico mano a mano con Jasper Philipsen, al que poco le faltó para alargar su racha en este Tour en el que domina a los velocistas. Pero la previa del Puy de Dome dejó incidentes que vuelven a poner de manifiesto la tiranía del azar. El adiós de Mark Cavendish y la caída a falta de seis kilómetros de tres de los 15 mejores de la general. [Narración y clasificaciones]
El sprinter británico, empeñado en arrebatarle el récord de victorias parciales al legendario Eddy Merckx (están igualados a 34) -a un suspiro se quedó el viernes en Burdeos-, se fue al suelo en mitad de un pelotón tranquilo, en el kilómetro 140 de carrera, cuando perseguían con calma a los tres escapados del día (DeClerq, De la Place y Turgis). Un incidente de esos ‘tontos’ que te manda para casa: se dañó la clavícula y se fue directo al hospital.
Steff Cras, tras su caída.ANNE-CHRISTINE POUJOULATAFP
Simon Yates, Mikel Landa y Steff Cras cayeron cuando los nervios ya se habían adueñado de todo, cuando a falta de seis kilómetros, pasadas ya las pequeñas tachuelas del día, se encaminaban hacia el sprint de Limoges. El belga del Lotto, que era 13º, fue el peor parado: también tuvo que abandonar. Yates y Landa cedieron 47 segundos en meta. El británico cede su cuarta plaza en la general a Carlos Rodríguez.
Fue el segundo triunfo de etapa en el Tour para el danés del Lidl Trek, campeón del mundo en Harrogate en 2019. La culminación de un trabajo de equipo que, sobre todo, ejecutó el joven Mattias Skjelmose en los últimos kilómetros. Un tipo, Pedersen, que ya ha sido capaz de ganar tres etapas en la pasada Vuelta y una hace unas semanas en el Giro. El año pasado se llevó el triunfo en una escapada en Saint Etienne. Esta vez, a 53,5 por hora en los últimos 500 metros, pudo con Philipsen y también con Van Aert, tercero, que todavía no se ha estrenado.
“El sprint se me hizo muy largo. De hecho, estuve a punto de sentarme en el sillín a 50 metros del final. Da igual hacerlo con mucha ventaja o con poca: ganar una etapa en el Tour siempre es bellísimo”, concedió Pedersen, que tuvo un bonito recuerdo para el caído Cavendish.
"Gracias por no lanzar el ataque desde abajo. Cuando escuché lo de los tres minutos, pensé que no sería suficiente". Thymen Arensman acaba de lograr la victoria de su vida en Superbagnères, un corredor cinco estrellas que nunca cumplió todas las expectativas pero que ahora, sentado a la vera de Tadej Pogacar en el podio, le pide un selfie y le agradece su clemencia.
La suficiencia del esloveno es tal que el Tour de Francia escapa de los Pirineos no cuestionándose quién lo ganará, más bien intentando colocar a Pogacar en la historia, especulando hasta dónde puede llegar, qué no podrá conseguir de lo que se proponga. Tras la enésima exhibición en la cronoescalada de Peyregudes del viernes, cuarto triunfo parcial en 13 etapas disputadas, L'Equipe directamente se preguntaba si el esloveno alcanzaría el récord de ocho en una misma edición logrado por Charles Pélissier en 1930, Freddy Maertens en 1976 y Eddy Merckx en el 70 y el 74.
El tríptico pirenaico, tres de tres (¿quién fue el último que ganó tres etapas seguidas de montaña?), era demasiado goloso, otro alarde más. A por él pudo acudir Pogacar, tan poderoso después cuando Jonas Vingegaard le probó -«esperaba que Tadej atacara en la última subida. Luego me di cuenta de que no era el caso. Así que decidí ir a por todas», admitió el danés-, cuando Arensman, bravísimo ganador después, afrontaba Superbagnères con tres minutos de diferencia y una paliza en sus piernas. Podría haber pedido un punto más a Marc Soler o gas a Jonathan Narváez, como en Hautacam, y haberse lanzado a otra gesta. Pero Pogacar esta vez optó por contradecir su instinto, por «defender el amarillo, por no atacar».
«Jonas ha estado realmente bien. En realidad, esperaba que atacara un poco antes», aseguró el esloveno, que amagó con el contraataque, pero se dio cuenta de que sus piernas no estaban esta vez para demasiadas fiestas. «Por eso he optado por controlar la etapa, mantenerme a su rueda y esperar al sprint final. Éste es probablemente el día de Pirineos en que le he visto más fuerte. Estoy seguro de que seguirá atacándome en los Alpes», anticipó.
Quizá también en su mente daban vueltas las reflexiones del día anterior, cuando fue cuestionado por eso de dejar algo a los demás, por la imagen que puede labrarse en un pelotón quien arrasa sin compasión. Y él razonó, como en otras ocasiones, que cómo iba a hacer eso a sus compañeros del UAE Emirates que se dejan la piel por él, que cómo no iba a pelear por un triunfo «si se presenta la oportunidad», y que eso de los amigos y los enemigos, cuando acabe su carrera, «probablemente ya no hable con el 99% del pelotón».
Pero el deporte profesional pocas veces entiende de magnanimidad y tipos como Miguel Indurain quedan pocos. Lo de ayer desde Pau fue cuestión más de precaución. «De mantenerse seguros. Estábamos asustados cuando bajábamos el Tourmalet con la niebla cerrada. Apenas se veía la carretera, 20 metros delante...», confesaba Tadej, que se acercó con honor y cariño a tender la mano al vencedor Arensman cuando el neerlandés estaba tendido en el asfalto completamente exhausto. «No he venido a hacer enemigos...». Y realmente no se percibe en el pelotón ningún síntoma de odio contra quien lo domina.
Pogacar, por delante de Vingegaard en Superbagnères.Thibault CamusAP
Pogacar, pese a la tregua del sábado y la que el domingo camino de Carcassone también se dará, seguirá teniendo oportunidades de ampliar su palmarés de victorias parciales mientras asegura su cuarto Tour (ya aventaja a Vingegaard en 4:13). La próxima, que sería la quinta (el año pasado estableció su récord, con seis, las tres últimas seguidas), será el martes en Mont Ventoux, cima mítica, etapa monopuerto ideal para un ataque definitivo. Allí pusieron su nombre Bobet, Charly Gaul, Poulidor, Julio Jiménez, Merckx, Thevenet, Pantani, Froome... Apetecible. Y todavía con dos de alta montaña por delante en los Alpes (la venganza de La Loze...) y la última en París, que este año introduce la novedad de Montmartre que seguramente eliminará a los sprinters. "Parece que este año el Tour ha querido traerme a los lugares donde peor lo he pasado. Hautacam, el Ventoux, el Col de la Loze, donde exploté en 2022. Son tres puertos que me gustan y estoy impaciente por volver a subirlos", amenaza.
Pogacar amontona ya 21 victorias de etapa en el Tour, algo que a su edad, 26 años, sólo habían logrado Merckxs y el velocista Mark Cavendish, y 30 en grandes vueltas (el Caníbal sumó 64 en toda su carrera). Y se le intuye tanta cuerda que, cuando ayer le preguntaron en la televisión francesa por la candidatura de su país, Eslovenia, de acoger la salida del Tour de 2029, cuando él ya tenga 30, se mostró realmente ilusionado. . "Siempre he tenido un poco de envidia de los ciclistas franceses que pasan por sus pueblos o ciudades de origen. Espero que en 2029 todavía esté en la bicicleta, al inicio de ese Tour. Sería un sueño", expresó.
Hace unos días, apenas unos minutos antes de un viaje, Payton Pritchard, uno de los pesos pesados del vestuario de los Celtics, avisó a Hugo González, el rookie, de que debía llevar un Monopoly al avión. El antojo, pequeña novatada, lo solucionó el alero español con idéntico desparpajo con el que se mueve en la cancha. Ducha rápida, carrera al centro comercial y a tiempo en el aeropuerto de Boston con el juego de mesa... que nunca utilizaron sus compañeros.
Hugo escucha, analiza y ejecuta; siempre anticipándose a la jugada. Cuando le dijeron que él era el encargado de llevar la baraja de cartas, siempre a estrenar, también fue a comprar unas cuantas. Vive los primeros episodios de un sueño en la NBA, pero no se deja impresionar. Ni por los elogios ni por verse sentado en ese mismo avión al lado de Jayson Tatum, la estrella ahora lesionada. Han pasado ya dos meses de su debut y su impacto en la mejor liga del mundo, apenas con 19 años, crece como lo hacen las victorias de unos Celtics a los que pocos auguraban con tantos triunfos a estas alturas.
Españoles en la NBA ha habido ya un buen puñado y cada uno manejó sus circunstancias. Los hubo pioneros como Fernando Martín, elegidos desde las cumbres del draft como Pau Gasol o acudiendo ya con sus carreras enhebradas, como Jorge Garbajosa o Juan Carlos Navarro. Santi Aldama, el único que acompaña a Hugo ahora (a la espera de Aday Mara y tantas otras promesas que destacan en la NCAA), llegó desde las expectativas de una pequeña universidad, esquivando en su juventud las canteras de los grandes españoles. El caso de Hugo apenas se asemeja al de Usman Garuba, desde un Real Madrid en el que apenas habían comenzado a desperezar. Elecciones medias del draft, casi apuestas. El de Azuqueca tuvo que hacer las maletas de vuelta tras dos años. No parece que vaya a ser el caso del alero.
Hugo González, defendiendo a James Harden.Mark J. TerrillAP
Porque los Celtics en Hugo vieron algo más que sus escasas apariciones con Chus Mateo el curso pasado. Era una joya a pulir. Una joya que se dejaba pulir. Desde que acudió en verano a Boston, una esponja. La exigencia máxima de Joe Mazzulla -«te exige, te lleva al límite físico y mental», contaba el madrileño hace unos días en 'Drafteados'- y cada oportunidad como si le fuera la vida. Hugo habla desde la defensa, lo que le hace diferente. Sus highlights en el esfuerzo ante las estrellas rivales se hacen virales, como los elogios de los gurús. Stan Van Gundy pronunció hace unos días en la televisión nacional: «Me estoy enamorando de él. Es un grandísimo defensor. Creo que Brad (Stevens, General Manager de los Celtics) ha vuelto a hacer una extraordinaria elección en el draft».
El de San Agustín de Guadalix ya es uno más en la rotación de los Celtics. Sus números, aún discretos, hablan, sin embargo, de un impacto. Promedia 4,2 puntos y 3,2 rebotes, pero su media de minutos no llega a 15. Sus porcentajes (menos el de tiros libres, a mejorar ese 54,5%, seis de apenas 11 intentos) son brillantes, teniendo en cuentas además las pocas oportunidades de lanzar en un equipo con referentes ofensivos claros: 52,1% en tiros de campo y 39,5% en triples. Sólo un rookie, el bahameño de los Sixers VJ Edgecombe, le supera en un dato bien apreciado, el de más/menos en cancha: con Hugo, los Celtics suman un más 158. En otro apartado de estadística avanzada conocido como net rating (mide la diferencia de puntos con un jugador por cada 100 posesiones), el español brilla con una cifra de 20,6: sólo Alex Caruso (Thunder) en toda la NBA le supera.
Hugo crece (ha participado en los últimos 15 partidos de forma consecutiva y cuatro veces ha superado ya la decena de puntos) y sin Tatum, lesionado gravemente el pasado mes de mayo, los Celtics asombran cuando tantos apostaban por un año en barbecho -traspasaron a Al Horford, Kristaps Porzingis y Jrue Holiday- a la espera de su referente. Con un Jaylen Brown desatado, son el mejor ataque de toda la NBA y han ganado 22 partidos para ser terceros del Este. Y apuestan por algo diferente, por mezcla de quintetos, a veces un small ball en el que incluso Mazzulla ha utilizado a su rookie español para defender al cinco rival. Sin complejos.
El lunes, jornada de descanso en el Giro, en mitad de la conferencia ante los medios, Juan Ayuso, que a su lado tiene a Josean Fernández Matxin y un poco más allá a Isaac del Toro -y en su rodilla derecha tres puntos de sutura tras el corte sufrido en la caída en el 'sterrato'-, lanza un avioncito de papel que provoca las risas de su director y su, a priori, gregario en el UAE Emirates. La sensación que pretende transmitir el mejor equipo del mundo en el Giro es de normalidad, hasta de felicidad (justificada, tiene a cuatro de sus corredores entre los 10 primeros). El problema es que el supuesto gregario viste, desde su exhibición por los caminos blancos hacia Siena, de rosa.
El Torito tiene 21 años y ha llegado su hora. Es tímido y no alza la voz ni proclama su derecho a nada. Pero tampoco renuncia: «Mi estrategia es dar lo máximo de mí». Y Matxin, que encontró otra de sus perlas en el insospechada México (un país sin tradición ciclista y con el único referente del pasado de Raúl Alcalá) juega a la ambigüedad. «La situación no cambia. Tenemos dos jefes de filas, Juan y Adam (Yates). Pero el líder merece respeto. La pregunta es para los rivales: ¿cómo nos van a atacar?», desafía, sin despejar la gran pregunta que hoy se hace todo el pelotón.
«Si me llegan a decir que a estas alturas llevó más de un minuto a Roglic y voy segundo de la general, lo firmo», pronuncia Ayuso. Que deja otra frase interesante: «Quiero ganar el Giro. Pero si lo tengo que perder, que el disgusto sea porque lo ha ganado mi compañero».
Isaac del Toro, a su llegada a Siena.LUCA ZENNAROEFE
Juan e Isaac son amigos. Comparten juventud, carácter latino y hacen grupeta dentro del equipo con Igor Arrieta. El asunto es que son dos talentos irrefrenables y el boom del mexicano de Ensenada parece haber llegado en su segunda gran vuelta. "Estoy en una buena posición, pero no creo ser el líder. Para mí, en mi cabeza, ellos son los líderes», dijo tras acabar segundo en Siena por detrás de Van Aert y convertirse en el primer azteca en la historia en vestir la maglia rosa.
La pasión por la bicicleta le viene a Del Toro de su padre y sus tíos. Y de su madre, que siempre quiso que él y su hermano Ángel hicieran deporte. Se enamoró del Tour mientras veía las etapas desayunando antes de ir a clase, especialmente los duelos entre Nairo Quintana y Froome. Pero Isaac no dejaba de ser una rareza. En 2019, con 15 años, tuvo que abandonar el hogar para viajar a Europa, a San Marino, con la oportunidad que le brindaba el AR Monex.
Destacó en mountain bike y ciclocross y pronto Matxin le echó el ojo. También el Caja Rural y el Movistar, que estaban dispuestos a firmarle cuando en 2023 todo se precipitó. Ese verano, a las órdenes de Piotr Ugrumov, Isaac estalla en el Tour del Porvenir, una victoria inolvidable en el Col de la Loze, destrozando a Riccitello, Piganzoli y Pellizzari. Lo que precipita su fichaje por el UAE. En su primera carrera como profesional, al comienzo del 2024, gana la etapa del Tour Down Under y acaba tercero en la general final. La confirmación.
La temporada pasada, con 20 años, debutó en su primera grande, la Vuelta a España. Todo eran lecciones para el mexicano, quien fue intimando con Tadej Pogacar, recibiendo "tips". Ayer mismo confesaba que el esloveno, a quien precisamente ayudó a conquistar la última edición de la Strade Bianche, le había enviado un mensaje instándole a aprovechar su oportunidad, a confiar en sí mismo.
El problema para Ayuso o la bendición para el UAE (y para Matxin) es que todo es tan nuevo para Del Toro que nadie es realmente consciente de lo que es capaz. En el podcast Bajo el maillot confesaba su predilección por la montaña, sin renunciar al resto. «Quiero poder atacar como Alaphilippe y subir con un ritmo impresionante como Froome. Pero también ser polivalente, ir bien en contrarreloj, Ni siquiera sé en lo que soy mejor. Si tienes piernas vas y si no, no». Este martes, en Pisa, se enfrenta a la crono más larga de su corta carrera. Con 1:13 de ventaja sobre Ayuso. «Son buenas personas», despeja Matxin, en medio de los dos, siempre con las mejores cartas en su baraja.