Otro clásico contra la maldición: nunca después levantaron el título

Otro clásico contra la maldición: nunca después levantaron el título

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Barça y Madrid vuelven a colisionar en una semifinal de Euroliga. Los precedentes dice que el ganador sufre después. “Hay que tener más carácter ganador que ellos”, lanza Jasikevicius

Los jugadores del Real Madrid, a su llegada a Kaunas.Enric FontcubertaEFE

La recurrente colisión entre Real Madrid y Barça volverá a hacer cumbre en una Final Four. Esta noche (20.00 h., DAZN), en Kaunas, la eterna revancha entre dos equipos que sólo se entienden desde los extremos: el éxito y el fracaso se repartirán en el Zalgirio Arena, a orillas del río Nemunas. La repetición de la semifinal de hace un año en Belgrado; entonces se impusieron los blancos que, como reza la tradición, dos días despues perdieron la final.

Más allá de afrentas pasadas e infinitas cuentas por saldar, el clásico mide a dos equipos que han llegado con diferentes vaivenes hasta la Final Four. El Barça de Jasikevicius -las tribunas lituanas, sin demasiada presencia de aficionados españoles, estarán de su lado- no levanta un título desde hace año y medio y busca a la tercera la ansiada Euroliga: cayó en la final de 2021 y el curso pasado en semifinales. Quizá el año que menos presión tuvo, los azulgrana han encontrado su mejor rumbo en las últimas semanas. Olvidada ya la Copa, con el primer puesto de la temporada regular asegurado en ACB, barrieron al Zalgiris en cuartos y ahorraron esfuerzos. Su única baja reseñable será la de Cory Higgins y, además de Niko Mirotic, sus amenazas pasan por la experiencia defensiva de Jan Vesely, la genialidad de Laprovittola y la fortaleza de Tomas Satoransky. “No hay vuelta atrás, ni favoritos, ni lesiones ni nada”, proclama Saras en la previa.

Esa calma contrasta con el terremoto que sacudió al Real Madrid en unos cuartos plagados de sobresaltos, pelea en el WiZink incluida, y que pusieron al borde del abismo el año I de Chus Mateo. La asombrosa remontada al Partizan de Obradovic, coronada con el histórico quinto partido, es la ola en la que llegan subido los blancos. “No podemos ir crecidos, pero nos ha dado confianza la forma en que pasamos”, asegura el técnico, con su particular sudoku por las ausencias en la pintura. En Kaunas afrontará el desafío sin los lesionados Deck y Poirier y sin el sancionado Yabusele.

Tavares, Musa y el carácter

Si Mirotic es el desafío blanco, Tavares se antoja el problema para el Barça. También Dzanan Musa, que debuta en una Final Four y que ha sido incluido en el mejor quinteto de la Euroliga, se presenta como amenaza, además de los eternos competidores Llull, Rudy y Sergio Rodríguez, que ya mostraron al Partizan de lo que son capaces a pesar de su edad. “Hay que tener más carácter ganador que ellos”, lanza Jasikevicius, como en casa en Kaunas, y que se las verá por décima vez con un Mateo que, en ausencia de Pablo Laso, ya le derrotó en la pasada final de la ACB. En el presente curso, el Madrid levantó la Supercopa ante los azulgrana, que se apuntaron los choques de Liga Endesa y uno de los dos de Euroliga.

Es la novena Final Four para el Real Madrid, actual subcampeón, en 12 años. Para el Barça, que sólo tiene dos títulos (el último en 2010), es la presencia 17 desde que se instauró el formato en 1988: sólo el CSKA (19) presume de más veces en la Final Four. Y será la cuarta vez que ambos colisionen en una semifinal (1996, 2013, 2014 y 2022): nunca el que ganó logró después conquistar la Euroliga. Una maldición que se extiende a todos los equipos españoles. En 1992, el Joventut perdió la final en Estambul tras eliminar antes al Estudiantes. Lo mismo les ocurrió a Barça y Baskonia en 2006 y a vitorianos y Unicaja en 2007.

Esta vez en la final aguardará el ganador del Olympiacos-Mónaco (17.00 h.). La tradición de los griegos, el mejor equipo de la temporada regular -con Vezenkov nombrado MVP de la temporada-, y la sorpresa de los monegascos. Con Mike James al frente y el sorporte económico del magnate ucraniano Sergey Dyachenko, han pasado en ocho años de ascender a la elite francesa a disputar su primera Final Four.

kpd