Zeljko Obradovic confirmó el miércoles su dimisión como entrenador del Partizan, con la que pone fin a su segunda etapa en el club de Belgrado. El entrenador más laureado de la historia de la Euroliga deja a su equipo en la antepenúltima posición de la tabla, con cuatro victorias en 13 jornadas, tras la derrota del martes ante el Panathinaikos.
Obradovic, de 65 años y poseedor nueve títulos del máximo torneo continental, no ha conseguido encontrar el rumbo de un equipo que se encuentra a tres victorias de los puestos que aseguran el play in.
Tras su regreso en 2021, Obradovic llevó al Partizan a una inolvidable eliminatoria de cuartos ante el Real Madrid, que sólo pudo superar a aquel equipo liderado por Kevin Punter, Mathias Lessort y Dante Exum en el quinto partido. En las dos últimas campañas, tras idénticos balances de 16-18 en la liga regular, el equipo se quedó fuera del playoff.
El enfado de la afición
Esas frustraciones han pesado más que los títulos de la Liga regional ABA (2023 y 2025) y el campeonato de Serbia (2025). A lo largo de las últimas semanas, los hinchas del Partizan dejaron claro su enfado, abucheando a sus jugadores durante la derrota ante el Fenerbahçe y abandonando el Stark Arena antes de que acabase el partido.
Según la prensa serbia, Andrea Trincheri podría asumir ahora el cargo, regresando a un banquillo que ya ocupó entre 2018 y 2020. El entrenador italiano se encuentra sin trabajo desde el pasado verano, cuando dejó el Zalgiris.
Erling Haland no había demostrado hasta ahora excesiva inquietud por el ajedrez. Incluso había ironizado en alguna entrevista sobre lo que le costaba comprender su popularidad. «Tengo un par de amigos a los que les gusta, pero no puedo entender cómo es posible», afirmaba hace solo cuatro años. El delantero noruego, sin embargo, acaba de dar un paso inédito, algo que no habían hecho ninguno de los futbolistas y entrenadores que sí alardean de su amor por las 64 casillas.
El fútbol y el ajedrez siempre han mantenido una extraña relación, alimentada por los componentes estratégicos que comparten. Mo Salah confiesa que es «un adicto». Simen Adgestein, primer entrenador de Magnus Carlsen, fue delantero de la selección noruega de fútbol, además de siete veces campeón nacional de ajedrez. El gran maestro Julio Granda habla en sus clases del valor del juego dinámico en ambos terrenos de juego. En España, Quique Setién, Juan Francisco Funes y Pep Guardiola tienen en cuenta la estrategia ajedrecística en sus pizarras. A las órdenes de este último en el City sobresale el corpachón de Haaland, quien se ha aliado con el empresario Morten Borge para fundar Total Chess.
Carlsen, gran beneficiado
En su primer gran movimiento, la compañía de Haaland ha comprado el 25% de Norway Chess, organizadora del mejor torneo privado del planeta y, sobre todo, promotora del circuito Total Chess World. El año que viene, además de un campeón del mundo de ajedrez clásico, otro de rápidas y otro relámpago, tendremos a un «supercampeón», que necesitará combinar lo mejor posible las tres modalidades, con una pequeña variante: al ajedrez clásico se cambia por el «fast classic», que dura un poco más de la mitad de lo habitual (serán 45 minutos para toda la partida, más 30 segundos de incremento por jugada).
El compatriota de Halaand se convierte además en vencedor moral de su guerra particular contra la FIDE. El número uno, de hecho, renunció a defender su título de campeón clásico cuando la Federación Internacional se negó a aceptar sus propuestas para reformar el Campeonato del Mundo. Su idea era justo mezclar varias velocidades de juego, en busca de un ganador más completo. Ahora, la duda es saber hasta qué punto puede devaluar este nuevo título el de campeón clásico, en poder del indio Gukesh Dommaraju, quien además no atraviesa su mejor momento y ha caído al número 15 de la clasificación internacional.
A cambio del peligro de minar el prestigio de sus propios campeonatos, la FIDE consigue algo de dinero y no quedarse al margen de las últimas innovaciones, como este «supermundial» combinado y el de ajedrez aleatorio que promueve Freestyle Chess. Haaland y Carlsen, dos de los noruegos más famosos del mundo, verán así estrechados sus lazos de forma irremediable. La popularidad no es fácil de medir, pero al menos en Instagram el futbolista se impone con claridad: 40-2 en millones de seguidores.
Torneo piloto en otoño
La propia FIDE celebra la irrupción del delantero como socio del circuito combinado, que estará formado por cuatro torneos al año, en cuatro ciudades diferentes, y durante un mínimo de 16 temporadas. En otoño tendrá lugar una prueba piloto, casi con seguridad en Noruega, y en 2027 se pondrá en marcha el Total Chess, con una bolsa total de premios de al menos 2,3 millones de euros.
Arkady Dvorkovich, presidente de la FIDE, asegura que ajedrez y futbol «siempre han sido un lenguaje global de estrategia y creatividad». La llegada de un deportista de clase mundial la ve como una prueba de «la atención global y la relevancia cultural que disfruta el ajedrez hoy en día». Su ambición, asegura, siempre fue «convertir el ajedrez en un deporte global sostenible y atractivo».
Haaland comparte esta visión y asegura que ha invertido en ajedrez porque cree que el nuevo circuito «puede convertirlo en un deporte aún más grande para los espectadores de todo el mundo». «El equipo detrás de Norway Chess ya ha hecho un trabajo impresionante haciendo crecer el evento y unirme al proyecto fue demasiado emocionante como para dejar pasar la oportunidad», dice el futbolista.
La primera victoria a domicilio de lo que va de Euroliga tuvo que ser en el Palau, lugar de resurgir para el Real Madrid, de encontrarse consigo mismo en esta temporada de vaivenes, dudas y derrotas. En una batalla agónica, insoportablemente igualada, que se resolvió en la segunda prórroga, Campazzo y Tavares lideraron la resistencia blanca para un triunfo que pretender ser resorte. [90-97: Narración y estadísticas]
Pudo el Madrid con toda la pujanza del Barça, con Jan Vesely y Kevin Punter, con el agotamiento y con su propias incógnitas. Sobrevivió a un encuentro que le parecía esquivo, con un triple de Campazzo (18 puntos, 10 asistencias) que forzó el primer tiempo extra. Y en el trance, tirando de orgullo y de esos dos jugadores sobre los que construir un imperio, acabaron traspasando la crisis a lo de Joan Peñarroya, que ahora enlazan tres tropiezos seguidos en Europa.
Hubieran sido siete derrotas ya para el Madrid, las mismas que durante toda la temporada pasada en Euroliga. Pero supo pelear sin brillantez y sin alegría, avanzar en el fango que propuso con su energía defensiva y su querencia por el rebote ofensivo el Barça y, al cabo, tomar un poco de aire. Hace 20 años que la Final Four no se queda sin al menos un equipo español y la sensación, hoy por hoy, es que eso puede volver a suceder este curso. Porque, pese a lo intenso del segundo clásico del curso, ninguno anda para fiestas. Lo demostraron en el Palau, una noche de miedos, de equipos que buscaban el resorte del que escapar de su grisura.
Desde bien pronto parecieron dos equipos maniatados, las defensas por encima de las osadías. El Madrid amaneció centrado, con Rathan-Mayes con las pilas puestas ante Punter y dos triples para una primera ventaja que fue un espejismo (8-17). Porque la segunda unidad del Barça abusó de un Andrés Feliz que no está para nada y la noche se dio la vuelta enseguida (31-25), justo en el momento en que Raulzinho Neto debutó de azulgrana: el primer balón que tocó fue un triple desde la esquina.
Justin Anderson
Cuando el panorama lo definen los recelos y la igualdad, nadie como Vesely, con su sabiduría y agresividad infinita, dueño de la escena. Es capaz de mirar a los ojos a Tavares y eso pocos lo consiguen. Firmó una primera parte estupenda.
Barça y Madrid siguieron cabalgando de la mano, con pequeños arreones que no iban a ningún sitio. Hezonja anotó los 12 primeros puntos blancos tras el descanso (15 en total en el cuarto), pero la segunda unidad de Peñarroya, eminentemente española (Núñez, Brizuela, Parra...), funcionaba con solvencia.
Tavares lucha por un rebote en el Palau, ante el Barça.Enric FontcubertaEFE
Cuando ambos se plantaron en la recta de meta, como dos ciclistas que se tantean, al Madrid de repente se le aparecieron todos sus fantasmas. Y Punter, agazapado y bien defendido hasta esa hora de la verdad. Ocho puntos en tres minutos del ex de Partizan encarrilaron lo que parecía el triunfo, aunque Campazzo, en sus tejemanejes mutuos con Justin Anderson, empujón incluido, le silenció con un triple para llevar el partido a la prórroga (Jabari falló después). Ahí siguió la simetría, insoportable, ahora un Punter contra Campazzo-Tavares, muchos nervios y situaciones inverosímiles, incluso arbitrales, que desembocaron en el segundo tiempo extra.
Y ahí, como dos púgiles en el round 15, valió la conexión Campazzo-Tavares, partido monstruoso -el pívot acabó con 24 puntos y 18 rebotes- de ambos para una victoria que quizá valga más de lo que parece.
Los ensayos tienen cosas traicioneras. Inesperadas. Como las balas de fogueo antes de meter los cartuchos en la escopeta. Suenan mucho, pero uno nunca sabe cómo va a salir. El Barça, claro, venía con la media sonrisa de la derrota del Real Madrid tras el almuerzo. Se le atragantaron los postres a los blancos y los culés lo aprovecharon con un atropello arbitral al Atlético. Se terminó la Liga. Lewandowski la acercó para el Barça, que remontó el tanto inicial de Giuliano. [Narración y estadísticas, 1-2]
El público dentro y fuera en el Metropolitano no sabía qué esperar en su feudo después del último vendaval con el que arrastraron al equipo culé. La motivación, claro, no es la misma en un torneo del ko que en uno en el que estás lejos de la meta, pero oye, siempre da gusto meter presión para batallas venideras y la del miércoles, se antoja dura. Así son los sueños. No se alcanzan sólo cerrando los ojos.
Aprendidos los errores, los blaugrana no vinieron de vacaciones al feudo rojiblanco. Y es que cuando el general de tu ejército es Pedri, la vida se ve de otra manera. Te faltaba el coronel, Raphinha, lesionado con Brasil, pero el que marca el tempo es el canario que ya avisó en el primer minuto con un pase a Rashford para que Musso oliera ya sudor azulgrana cerca de su marco. Lamine terminó la jugada estrellando el balón en la espalda de Nico.
Estuvo activo el inglés por banda izquierda. La espalda de Nahuel es un espacio muy jugoso para cualquier rival de los rojiblancos. Aunque la primera gran oportunidad de los azulgrana fue la de Fermín que desbarató Musso después de que el barcelonista dejara a sus espaldas a un Nico González que el Cholo quiso meterle de lateral para dar descanso a Ruggeri para la Champions. Tres minutos después, Lamine volvió a habilitar al interior barcelonista, pero esta vez fue Molina el que le cerró el espacio y provocó que su disparo se fuera.
Sorprendió Flick sin un nueve en el Metropolitano y hubo pasillos para que varios jugadores llegaran en segunda línea sorprendiendo a la pareja de Le Normand y Lenglet. Fermín fue el que más apareció por esos lares. Ya lo hace cuando están Ferran o Lewandowski, con más razón si no hay nadie fijo que cargue el área defendida por el arquero argentino, con un Oblak apurando los últimos días de du recuperación.
El partido esperaba al mago del bando contrario. Tardó en aparecer, pero lo hizo en el diez con un caño y un amago que terminó en las manos de Joan García. Es un jugador que "baila", según le concedió Hansi Flick, que va de puntillas, se suele decir. La segunda terminó en el limbo, un cuarto de hora después. El Atlético necesita más apariciones de su estrella, aunque esté en el ocaso de su etapa.
Se tiró a por la puerta de Joan García el equipo de Simeone a la media hora de juego. Quizás el periodo de mayor dominio claro de uno de los dos contendientes, con hasta tres acercamientos peligrosos casi consecutivos. Si tenía que haber liga, no sería por el Atlético. Pero siempre estará Lamine, que con una picadita tras una pared en el borde del área pegó con su balón en el palo y silenció el Metropolitano. Pero cinco minutos después, el estadio rojiblanco rugiría tras el tanto de Giuliano con un pase medido de Lenglet. El control orientado del argentino fue maravilloso y la definición certera. Lástima que la alegría apenas durara tres minutos, porque una pared entre Olmo y Rashford terminaría con el empate del británico.
Giuliano, tras el primer tanto.EFE
Disparidad del VAR
Justo antes del descanso se dio una jugada que cambiaría el encuentro. Nico, con amarilla por intentar coger un balón en la mano de manera infantil, entró a Lamine por detrás y Busquets Ferrer expulsó al argentino. Entró el VAR, pero no fue para salvar al jugador, sino para expulsarlo por roja directa, un doble castigo absurdo y arbitrario. Los errores se pagan y nadie se quiere imaginar la charla del Cholo en el vestuario. Con la Champions el miércoles, esta tontería cuesta minutos y sobreesfuerzo a los compañeros. Pero al rojiblanco le pudo salvar un rival. Fue Gerard Martín el que se jugó la roja con una entrada criminal a la tibia de Almada. El videoarbitraje, en cambio, entendió que con hueso intacto se puede seguir jugando al fútbol.
El partido se endureció con ese impasse, aunque el Barça intentó alejarse de eso por sus intereses y por su integridad. Tenían que ganar y para eso sacó Flick a Ferran al descanso, para buscar el gol que sentenciara la liga. Simeone respondería con la entrada de Sorloth. El poco balón rojiblanco, debía ganarlo el noruego en largo viniera por alto o por bajo. Junto a él salió también Morcillo, inédito con el primer equipo. Una marcianada de Simeone o un mensaje contra el agravio sufrido desde Las Rozas.
Con 10, y medio equipo suplente, era tiempo de Musso. El argentino sacó unas manos monumentales a disparo de Ferran tras una pared con Olmo. No parece un segundo portero el argentino. Serio, sobrio y con grandes actuaciones en momentos clave. Volvió a responder ante Ferran poco después. Resulta increíble que el Atlético cuente con estos dos porteros.
Nada pudo hacer el argentino al hombro circunstancial de Lewandowski. A veces, saber estar en el lugar es suficiente. La jugada y el disparo fueron de Cancelo, pero lo que cuenta es quien la mete en la red. Esas cosas tiene el polaco y tiene el Barça. La Liga está casi hecha. La Champions espera.