Nico Paz celebra su gol al Napolés.OSCAR DEL POZOAFP
El gol de Nico Paz en la pírrica victoria del Real Madrid ante un desordenado y obtuso Nápoles, salvó los desprecios de Ancelotti. El caduco técnico italiano sólo cuando se ve con la soga del ahorcado utiliza a una cantera blanca que está repleta de
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Era su ilusión, despedirse del fútbol europeo llevando al Atlético a la fiesta de Budapest para pelear por el sueño de ser campeones de Europa. Antoine Griezmann quería marcharse así, como Koke, que aunque no diga adiós sabe que caen los días del calendario de su carrera y no habrá muchas más posibilidades. Para los dos, fue un adiós amargo en el que dieron todo lo que tenían sin que fuera suficiente para igualar el gol de Saka al filo del descanso.
Eran los jugadores con más galones en el once de Atlético y no dudaron en cargarse el equipo a la espalda desde que comenzó el partido. Hacía falta su pulmón y su talento pero, sobre todo, su inteligencia para colocarse en el campo y aparecer cada vez que hiciera falta. Cada uno tenía sus motivos. Los dos el mismo objetivo: ser campeones de la primera Champions de la historia del Atlético.
El capitán se hubiera pellizcado si alguien le hubiera dicho a principio de temporada que iba a ser titular e indiscutible en la semifinal ante el Arsenal. Frente Lewis-Skelly, Eze y Declan Rice, Koke aportó equilibrio durante buena parte de la primera mitad, atajando la intención de los gunners de hilvanar jugadas. En la segunda, la cuesta se empinó. "Estamos muy dolidos, pero estoy orgulloso del equipo. Lo hemos dado todo. Hemos tenido ocasiones pero no ha querido entrar la pelota. El fútbol es contundencia, y han sido más contundentes que nosotros, en las dos áreas", explicó el capitán, que puso en valor la temporada del equipo. "Ha sido emocionante en Copa y Champions, aunque en Liga no hemos sido regulares y nos hemos dejado muchos puntos. Pero este equipo está creciendo un montón, es gente muy joven que va a pelear por cosas importantes. ¿Yo con ganas de ayudar? Hablaremos cuando haya que hablar", dejó sobre la mesa Koke.
Koke y Llorente persiguen a Eze.EFE
Al trabajo oscuro del centrocampista se unió la omnipresencia de Griezmann. Es cierto que no apareció su genio en ataque, aunque le dio para robar y armar peligro con un par de asistencias que asustaron a Raya. Pero donde se notó fue en defensa. Apareció en el punto de penalti para salvar un tiro de Trossard y arrancó en la segunda parte obligando a Raya a salvar un derechazo mientras Calafiori le pisaba el tobillo en una jugada que hubiera sido penalti de no haber pitado el colegiado alemán una falta previa de Pubill. Simeone, sin querer hablar del arbitraje, habló sobre esa polémica: "Se ve y es muy evidente, pero no nos quedemos con un detalle".
Si la vieja guardia apareció para incomodar al Arsenal, no lograron hacer lo mismo ni Lookman ni Julián Álvarez. La Araña no pudo desquiciar una pareja sólida como Saliba y Gabriel Magalhães. No les ganó ningún duelo por más que lo intentó, quizá porque el tobillo no estaba recuperado.
El londinense apenas retó a Ben White, poco ayudado por Saka en esa orilla derecha, y todas las decisiones que tomó fueron confusas. En el otro costado, a Giuliano tuvo algo más de lucidez, pero el mismo acierto. Suya fue la mejor ocasión para el empate pero, cuando encaraba solo a Raya, apareció Gabriel para incomodarle lo justo.
Sabía el Cholo que ninguno le había encontrado el pulso al partido, en el que aún seguían vivos. Por eso buscó en el banquillo el control de Cardoso, el fútbol de Baena, el remate de Sorloth y el disparo de Nahuel Molina. Había mucho que ganar tomando algún riesgo, aunque ya tuviera que ser sin Griezmann. No se dio la temporada y arranca la vida sin él.
"¿Ganas de volver? Ahora, no"
¿Arrancará sin el Cholo? El técnico argentino dejó una frase de dolor que tendrá que explicar en las próximas semanas, mientras muere una Liga en la que ya no tienen nada que hacer. "Hemos hecho una Champions muy buena, hemos dado el máximo y hemos llegado más lejos de lo normalmente esperado. Una pena, porque habíamos hecho méritos para permitir una prórroga que nos daba alguna opción más. Los detalles no estaban a nuestro favor", analizó.
A la pregunta de si tenía ganas de volver a intentarlo el próximo año, fue tajante: "Ahora no, seguro que no".
Raphinha se convirtió en el gran héroe para el Barça en París. El brasileño no pudo tener un mejor estreno anotador en la Champions. El primer tanto de su carrera en la máxima competición europea, el 0-1, fue en gran parte, liberador para un futbolista que lleva bajo la lupa desde su llegada a la entidad azulgrana. En las últimas semanas, han vuelto a sonar con fuerza los cantos de sirena que lo colocan fuera del Barça con vistas a la temporada que viene.
La necesidad de la entidad de cerrar traspasos importantes para conseguir restablecer de una vez por todas su fair play financiero y el buen cartel que tiene el jugador lo ponen en el escaparate, pero no hay muchos equipos que estén ahora mismo por la labor de poner sobre la mesa los 80 millones de euros que reclamarían por él los barcelonistas.
Y si el 0-1 fue liberador, el momentáneo 2-2, anotado también por Raphinha tras un gran pase de un Pedri felizmente retornado al césped tras su última lesión, acabó por ponerle el broche particular a una noche en la que Christensen dio la de cal y la de arena. El danés marcó el 2-3, pero vio también una amarilla que impedirá que pueda estar sobre el césped la semana que viene en Montjuïc. Algo que, a su vez, le sucedió también al capitán Sergi Roberto.
"Sabíamos lo que teníamos que hacer"
«Para mí es una noche especial, buscaba este primer gol desde hace ya tiempo y en un partido como este conseguí el primero y el segundo», apuntó Raphinha tras el duelo. «El equipo no ha mejorado porque el míster dijera que se va a marchar. Como jugadores, somos conscientes de que teníamos que dar mucho más, tuvimos una conversación interna y sabíamos lo que teníamos que hacer para pelear por la liga y llegar lejos en Europa», insistió el brasileño, quien fue además contundente. «Aún hay algunos que tienen dudas sobre este equipo, pero nosotros damos la respuesta en el campo», sentenció.
El ex jugador del Leeds, conjuró, además, con sus dos tantos la sombra de la maldición del ex que Ousmane Dembélé puso brevemente sobre la mesa. El francés justificó sobradamente los elogios de un Xavi que lo puso por las nubes en la previa haciendo subir un 1-1 a un marcador al que Vitinha, apenas tres minutos después, mandaría por su parte un también momentáneo 2-1.
El técnico barcelonista se la jugó por él en su primera temporada en el banquillo azulgrana, cuando le invitaron a apartarlo del equipo por su negativa a ampliar su contrato y acabó por forzar su refichaje cuando nadie quiso apostar por él hace dos veranos. Y el Mosquito, a buen seguro, también provocó que a su ex entrenador se le hiciera un nudo en la garganta con un remate que a punto estuvo de poner otra vez la igualada en el luminoso.