El diario Marca ha distinguido a Leo Messi con el trofeo Marca América Award por ser el jugador con más títulos colectivos e individuales en la historia del fútbol, en una gala que ha tenido lugar en el Chase Stadium de Miami.
De esta forma, Messi se convierte en el primer deportista en recibir este nuevo galardón por los 102 títulos que ha logrado desde su llegada al profesionalismo, lo que supone todo un récord en la historia del fútbol mundial.
Durante el acto, en el que estuvo acompañado por su esposa, Antonela Rocuzzo, Messi declaró que, tras pasar un difícil año en el que sufrió varias lesiones, se siente “bien físicamente” y listo “para terminar de la mejor manera”, con otro título, la temporada de la MLS con el Inter Miami.
A preguntas del director de Marca, Juan Ignacio Gallardo, Messi señaló que ha alcanzado todos sus sueños. “Gracia a Dios pude cumplir todos mis sueños. Puede lograr mucho más de lo que había soñado cuando era chico. Pude conseguir el sueño más grande de cualquier jugador que es ganar un Mundial, que creo que es el trofeo que todos queremos”, explicó.
“Cuando empezamos tuve la suerte de ganar muchísimos títulos en el club de mi vida, que es el Barcelona. Ganar títulos también en el París (Saint-Germain), llegar acá y ganar títulos. La verdad es que no puedo pedir más pero estamos cerquita de poder conseguir algún otro más y el objetivo es intentarlo como siempre”, añadió.
Messi no quiso comprometerse a participar en el Mundial que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá en 2026. “Ahora vivo el día a día, trato de disfrutar de todo lo que me pasa en cada momento y cuando llegué el momento se verá. Ojalá pueda seguir rindiendo a este nivel para sentirme bien y para estar feliz porque cuando me siento bien y puedo disfrutar de lo que hago, soy feliz”, declaró. “La verdad es que no me pongo como objetivo llegar sino vivir el día a día y estar bien”, concluyó.
Gallardo le recordó que con el Premio Marca America ya tiene 103 títulos colectivos e individuales en su poder a lo que la estrella argentina reconoció que no sabía que esa era la cifra.
“Me encanta jugar al fútbol, disfruto de estar dentro de una cancha. Hace poquito me tocó estar en Argentina y disfrutar de un Monumental repleto, feliz por ver a la selección, coreando mi nombre, el de mis compañeros y eso la verdad que para mí es lo máximo. He luchado muchísimo y he pasado muchas malas en Argentina para que llegue este momento y hoy lo disfruto más que nunca”, comentó.
El niño fascinado con Richard Burns, campeón del mundo de rallies con Subaru en 2001, pudo abrirse camino en el automovilismo gracias a Adam, su padre, un peculiar hombre de negocios cuya fortuna supera los 200 millones de euros. El adolescente que apuntaba en un cuaderno cada bache y cada bordillo de los circuitos por los que pasaba, dio el salto a McLaren con sólo 19 años y se hizo amigo para toda la vida de Carlos Sainz. La gran esperanza de Zak Brown, que le había asegurado cuatro años de contrato en Woking, aguantó con gallardía las críticas y supo esperar su momento. Hasta que el pasado 5 de mayo, Lando Norris ganó en Miami su primera carrera de F1, confirmándose como única alternativa a Max Verstappen, otro de sus íntimos en la parrilla. Este fin de semana, al volante del coche más rápido, el aspirante se presenta en el GP de Singapur sin margen de error. No se admiten más titubeos frente al tricampeón. Es ahora o nunca para Norris.
Desde siempre hubo algo en su naturalidad, en la invariable sonrisa con la que pasea por el paddock, que cautivaba a la gente. Durante sus seis temporadas en el Gran Circo, Norris se ha venido mostrando tal y como es. Un chico que disfruta de lo que hace. Un piloto para quien la F1 no supone un trabajo. Una estrella que mejora su rendimiento cuando llega al circuito con la mente despejada tras unas horas de golf o de Call of Duty. Sin embargo, en las últimas semanas Lando ha perdido las ganas de bromear.
Tras la cadena de errores de Norris se intuye el vértigo que atenaza a quien se ve con cartas para ser campeón. Y esa falta de confianza aflora dentro y fuera del asfalto. En los mensajes de radio y en sus declaraciones ante la prensa. Revolotean los demonios en torno al líder de McLaren. Le acusan de falta de instinto asesino ante Verstappen. ¿Cómo puede ser que hace unos días ambos compartiesen avión rumbo a Bakú? ¿Dónde se vio que dos rivales por el título confraternicen de ese modo antes de una carrera?
«Hemos hecho un trabajo increíble»
El pasado marzo, Norris acabó octavo en el GP de Bahrein, a 48 segundos del ganador. Mad Max se impuso en esa cita inaugural, como en tres de las cuatro siguientes. Tras aquel inicio mediocre, a 99 puntos del liderato en el Mundial de Constructores, McLaren supo extraer todo el potencial de su coche y cambió por completo la tendencia. Hoy, el MCL-38 supera a Ferrari, Mercedes y Red Bull en velocidad y consistencia. Simplemente se adapta mejor a cada circuito. Ayer mismo, en Marina Bay, Norris aventajó en más de un segundo a Verstappen durante la segunda sesión libre. Otro logro de Brown y Andrea Stella, su jefe de operaciones, capaces de encaramar a los monoplazas papaya a lo más alto del Mundial por vez primera desde 2014.
El MCL-38 de Norris, durante los primeros libres en Singapur.EFE
«Hemos hecho un trabajo increíble. Superar a Red Bull y ser el mejor equipo es algo de lo que debemos sentirnos muy orgullosos», admitió Norris después de su estresante fin de semana en Bakú, donde tras caer eliminado en la Q1 tuvo que remontar 11 posiciones. Un fallo más en su diabólica espiral. De las malas salidas en Montmeló y Hungaroring, ambas partiendo desde la pole, al enganchón postrero con Verstappen en Austria. Sin olvidar su pasada de frenada durante un pit-stop en Silverstone o el paseo por la grava en la primera vuelta del GP de Bélgica. Para completar los desastres, McLaren abusó de una estrategia demasiado conservadora en Monza, dando lugar a múltiples comentarios sobre la necesidad de dar prioridad a Norris sobre Oscar Piastri.
De este modo, pese a encadenar siete carreras sin victoria, Verstappen aún cuenta con 59 puntos de ventaja. Si Norris quiere ceñirse la corona necesita superar al líder por un promedio de 8,4 puntos en las siete últimas carreras, incluidas tres sprint races. Lo más preocupante para el británico es que sólo logró ese margen en Australia, cuando el piloto de Red Bull tuvo que abandonar por una avería en el motor.
Mejor en 10 de los 12 sectores
Lejos queda ahora aquella primavera para la gente de Christian Horner, porque su RB-20 cada día se muestra más impredecible. Sin ir más lejos, ayer mismo fue el monoplaza más lento de la FP2 en las primeras tres curvas de Marina Bay. Además, según gráfico oficial de la F1, Norris logró imponerse a Verstappen en 10 de los 12 sectores de la pista. Unos datos que habla tanto de la debacle de Red Bull como de la mejoría de McLaren, Ferrari y Mercedes. Por primera vez en 47 años, cuatro escuderías han ganado al menos tres carreras en la misma temporada. Y desde 2012 no se registraban al menos siete pilotos con triunfo.
Bajo estas premisas, McLaren debería perfilarse como principal candidata al título de constructores, un logro fuera de su alcance en las últimas 25 temporadas. Ni siquiera en el Mundial 2007, con Fernando Alonso y Lewis Hamilton, dado que fue descalificada por culpa del Spygate. Ahora, con Piastri haciendo gala de una fabulosa habilidad para los adelantamientos, la gente de Woking sueña de verdad en grande. Eso sí, para completar el círculo, Brown deberá aclarar las jerarquías entre Norris y su compañero australiano.
Ricky Rubio volvió a jugar a baloncesto con la selección española sus dos primeros partidos del clasificatorio para el Eurobasket del año que viene. Su debut con el Barça, por ahora, aún no ha llegado, y las molestias en la rodilla que afloraron durante el duelo ante Bélgica puede hacer que tarde aún un poco. No obstante, prefiere centrarse en el ahora.
Esa es la gran lección que ha aprendido tras dar un paso al costado para cuidar de su salud mental. Así lo recalcó en su presentación oficial como jugador azulgrana, en este caso por segunda vez en su carrera. Por ahora, eso sí, sólo hasta el final del presente curso, aunque "comprometido al 100%". Lo más importante para él es ir paso a paso. "Si en algún momento esto vuelve, tendré que parar", confiesa.
"Hasta el domingo, pensaba en las ventanas FIBA. Hoy empieza mi etapa en el Barça y cuando acabe, pensaré en lo que venga", asegura el de El Masnou, quien se ha sentido plenamente arropado por el vestuario azulgrana. "He tenido sensaciones muy raras. Automatizamos mucho como jugadores y no nos damos cuenta de muchas cosas. Nos perdemos, el hoy, el ahora. Sientes que no has estado presente y que no has disfrutado. El vestuario me ha ayudado mucho a sentirme como uno más. Acerté de pleno al venir", reitera el base, quien considera que su historia puede servir de ayuda a otros que puedan verse en sus mismas circunstancias.
"Al principio pensé 'finge una lesión y así no tendrás que dar explicaciones', pero creo que puedo ayudar a otros que pasen por lo mismo. Que se hable de la salud mental es una victoria para la sociedad. En la NBA también está pasando. Aquí, con Álex. Cuando nos vemos reflejados en alguien, no nos sentimos solos. Por desgracia, todos necesitamos ayuda en algún momento y pedirla es de valientes", recalca.
"Me siento algo distinto, pero no dejo de ser Ricky. Seré transparente con mi proceso, porque creo que puede ayudar a otros. Siempre he tenido contacto con Navarro y eso ha facilitado mucho las cosas. Les expliqué mi idea y les agradezco mucho que se salieran de la línea", apunta un Ricky Rubio para quien volver a tocar un balón de baloncesto fue algo difícil de describir.
"Fue como subir al Dragon-Khan. Por suerte, tenía unas directrices, y lo afronté como un juego. El baloncesto es un juego. Nos lo tomamos a vida o muerte, y no es así. Es un proceso de subidas y bajadas, pero uno está seguro cuando las cosas se hacen bien y se tiene una base sólida", destaca el base azulgrana, quien confiesa que la opción de colgar definitivamente las zapatillas estuvo realmente muy presente.
"Desde el pasado 1 de agosto, cada día que me levantaba el baloncesto se había acabado, porque la persona desapareció. Hay cosas que van juntas, pero tengo que separarlas. Me construí de fuera hacia dentro y ahora lo he hecho al revés", señala. La situación que atravesó fue realmente complicada y le ha tenido apartado del baloncesto casi 8 meses.
"Me sentí un cobarde por no tener fuerzas. Por primera vez me prioricé, pensé en mí primero y creo que fue la decisión correcta", asevera. "He estado en la oscuridad, pero trabajando y con la ayuda de los profesionales necesarios, se puede salir. Una palabra, un abrazo, un 'estoy aquí', todo ayuda. Ahora, vuelvo a estar aquí", reitera el base, quien asume que, en estos momentos, sigue en pleno proceso de reconstrucción personal. "Ahora el Ricky actual está construyéndose y estoy muy orgulloso del proceso. La esencia está ahí, pero me siento raro. Cambiaré mecanismos que antes tenía", sentencia.
¿Quién ha visto y quién ve al Cholo? Aquel entrenador que construyó no un muro sino un alcázar en torno a Oblak en sus primeros años y hoy es Atila conquistando territorios con ofensivas totales. Pero tuvo que cambiar su estrategia a mitad de batalla tras perder a Lenglet y a poco no le vale el haberse adelantado en el marcador. Salvó un punto y gracias. [Narración y estadísticas, 1-1]
No habían pasado 10 minutos de juego y el Atlético ya ganaba por uno y había tenido otra gran ocasión anterior para llevar dos de ventaja. Pero, por eso de la manta que no da para pies y cabeza, los rojiblancos también concedieron una oportunidad a Borja Iglesias que sorprende que un jugador que llegaba con seis goles en los últimos seis encuentros pudiera fallar.
Si hablamos de defensas débiles, la del Celta se mostró de papel en el primer tanto de Barrios. La línea, mal colocada, dejó vía libre para el centrocampista madrileño al que había encontrado Griezmann de manera magistral. En la carrera en solitario, dos delanteros rojiblancos adelantaron a los defensas vigueses, pero, en el último momento, el pase de la muerte del ocho rojiblanco lo introdujo Starfelt en su portería.
Es maravilloso observar el eje Griezmann- Koke tantos años después. Sin velocidad, pero con inteligencia, gobiernan la fase ofensiva y la defensiva del equipo. Lógico que Simeone les halague en cada rueda de prensa. Ni una mala cara jueguen 5, 45 o 90 minutos. El máximo goleador en la historia del Atlético y el jugador con más partidos. Otros deberían aprender. Los pases a Hancko y Nico, uno de cada uno, fueron magistrales.
Pero hay factores incontrolables para los entrenadores y sus cerebros en el campo y uno, cuando se le cruzan los cables, es Clement Lenglet. El francés se fue antes del descanso por doble amarilla con Ferran Jutglá como objeto de ambas. La primera era complicada de evitar, con el catalán, lejos, pero bastante sólo enfilando la portería. La segunda, en el medio campo, era, para un profesional, absurda. Habrá quien diga que no era ataque prometedor y que el agarrón no fue ni mucho menos muy prolongado, pero hacer malabares con dos bidones de gasolina y una antorcha es lo que tiene.
Jugar 45 minutos con 10 es complicado y especialmente contra un Celta que es un equipo al que le gusta el balón, que lo mueve de lado a lado y que tiene paciencia para llegar. Termina siendo un duelo contra el agua, que te va poco a poco horadando la moral y la resistencia. El antiguo Atlético, el del alcázar, los aguantaba, a pie quieto y riéndose ante el destino. Éste es propenso a despistes, aunque muchos se hayan corregido en esta racha de cuatro victorias consecutivas, especialmente brillantes las dos últimas. Con 11, eso sí.
Asedio y aguante
Los primeros 20 minutos fueron un éxito rojiblanco. Desactivaron todo ataque celeste y obligaron a Giráldez a cambiar a sus mediapuntas para intentar generar más ocasiones para Borja. Salieron un agitador y un chaval de 38 años que ayer igualaba la cifra de más partidos vestido con la camiseta celeste, 533 partidos. Aspas generó peligro desde su salida hasta que él mismo decidió empatar el partido llegando desde segunda línea.
Quiso responder Simeone con la salida de su 10, al que le está dando más cuartelillo tras su lesión del que la grada desearía. Lo hizo por Galán, que salió con cara de circunstancias, tras haber salido al descanso por Griezmann. Pero el Atlético, cansado de la tropelía de calendario al que se enfrenta, parecido al vigués, no salía con peligro ante el acoso celeste. Se quedaron sin tiempo unos y otros y se mantuvo en ambos paladares ese sabor agridulce de oportunidad perdida y situación solventada. Ahora parón y a restañar heridas.