11S, Le Pen, Vox, cambio climático, salvajismo, pérdida de autoridad, despolitización, violencia en los estadios, impunidad de los ultras, ‘procés’, despilfarro político, desinterés por el fútbol, piratería, deuda pública, Mediapro, COVID, la guerra en Yemen… Es simple, al final de cualquier conversación siempre es culpa de los mismos: los periodistas. Ya sea porque hablan mal de un tema del que «no saben nada» o porque no hablan de algo que cl
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Según la RAE, la palabra «grito» tiene tres definiciones principales: «Voz muy esforzada y levantada», «expresión que se profiere levantando mucho la voz» y «manifestación vehemente de un sentimiento». En esta última encontramos la temporada de Thibaut Courtois, dos gritos diferentes para el principio y el final de un curso que nunca olvidará. Dos manifestaciones gigantes de sus sentimientos. El primero en Valdebebas, cuando su rodilla hizo crac; el último en Wembley, coronado de nuevo como muro de Europa y campeón de la Champions League.
10 de agosto de 2023. Durante un partido de entrenamiento, Nico Paz dispara a puerta, a la altura de la cabeza de Courtois, y el belga, con reflejos, despeja el balón pero no lo atrapa. La pelota queda suelta y tanto el portero como Rodrygo van a por ella. Llega antes el brasileño, así que el gigante de Bree se para en seco, clavando su pierna izquierda en el césped. Crac. Rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda.
Para saber más
«Nunca había escuchado un grito así en un entrenamiento», dijo Alaba semanas más tarde. El grito silenció Valdebebas. Un grito de desesperación, de desgarro emocional. El primero en acudir a ayudar a Courtois fue Rüdiger, que levantó los brazos sin saber muy bien qué hacer y sólo pudo poner las manos sobre la espalda del belga mientras éste no paraba de llorar desconsolado. Fue su Día Cero.
La colchoneta de esa sala de Valdebebas...
Anoche, 1 de junio de 2024, en Wembley, fue su Día 296. Nueve meses y 20 días después de aquel grito de dolor y tristeza, Courtois elevó la Copa de Europa al cielo de Londres y le devolvió a su destino un grito de felicidad y rabia. En la grada, su familia, su mujer Mishel Gerzig, sus hijos y su bebé Ellie, nacida el 30 de marzo de este año con el trono continental bajo el brazo. La pareja anunció el embarazo en mitad de la rehabilitación de la lesión del belga y supuso «un punto de inflexión y de motivación extra», según explican en el club.
Valdebebas fue su segunda casa, o incluso su primera, durante la rehabilitación. Y en concreto, la sala de recuperación de lesiones de larga duración. Ahí, sentado en una colchoneta gigante, con la rodilla izquierda todavía cubierta por una aparatosa rodillera articulada, realizó sus primeras paradas tras la lesión. A su lado, Davide Violati, fisio del conjunto blanco que no se separó de él durante todo el proceso, y Luis Llopis, entrenador de porteros que, con algo más de distancia, atendía a algunos ejercicios para ir descubriendo su mejoría.
El Bernabéu festeja la decimoquinta
Las primeras paradas fueron con balones oficiales, para no perder el tacto. Y luego los ejercicios variaron a pelotas de tenis, pero siempre sentado. Con el balón grande 'volaba' hacia un lado en la colchoneta, y las pequeñas simplemente las rechazaba hacia un lado. Ejercicios simples para mantener la forma y los reflejos.
Realidad virtual y "calma mental"
Cuando ya pudo estar de pie sin dolor ni instrumentos extra, Courtois probó una aplicación que mediante unas gafas y dos mandos, uno en cada mano, sirve para potenciar los reflejos y el tiempo de reacción en la portería. Como si fuera la vida real, como si no hubiera cruzado que recuperar. De ahí al césped, con ligeros ejercicios de salto y movilidad, poco a poco y con «calma mental y física», algo en lo que el Madrid insistió durante todo el proceso. No era «necesario» volver este curso e incluso el propio Courtois rechazó acudir a la Euro con Bélgica para centrarse en su recuperación. No quería presiones. El 19 de marzo se rompió el menisco de la rodilla derecha y el tiempo se volvió a detener para él, aunque menos. Ocho semanas.
El día que supo que había vuelto
Acortó plazos y contra el Cádiz, el 4 de mayo, ya fue titular, dejando en el ambiente la sensación de que podría ser titular en Wembley. El 14, ante el Alavés, realizó diez paradas. «Soy el mismo, incluso mejor», declaró esa noche, poniendo su nombre en la alineación del Madrid en la final. Ancelotti ya tenía claro que no le iba a sentar en el banquillo de Londres. Es su segunda Liga de Campeones. Perdió en Lisboa como rojiblanco y después admitió cambiarse al «lado bueno de la historia» para ponerse la capa de héroe en el Madrid. En la final de París contra el Liverpool fue el «cabrón» que evitó que los reds se llevaran el título y así le definió, como elogio y no como insulto, Klopp: «El cabrón de Courtois parecía que tenía doce manos». El belga firmó una actuación histórica. Ningún portero había realizado nueve paradas en una final.
Ahora verá desde la televisión la participación de Bélgica en la Eurocopa. Sería su sexta presencia en un gran torneo con su país, pero su relación con Tedesco, el entrenador, no ayuda y la puesta a punto para la próxima temporada madridista pesa más, mucho más. Después de la polémica con el seleccionador en junio de 2023, cuando Courtois dejó la concentración por lesión y el técnico le acusó de egoísta, su feeling está roto. Pero es campeón de Europa otra vez, qué más da.
"Uruguayo, uruguayo". Así terminó el duelo el Metropolitano cantando a su central que un minuto antes del final del encuentro volaba para dar la victoria al Atlético ante un Inter que llegaba invicto al campo rojiblanco. Un fortín. Necesitada y buscada victoria que Simeone peleó con cuatro delanteros en el campo y con Nico de lateral izquierdo. Giménez hizo bueno el primero de Julián para olvidar el empate de Zielinsky. El top-8 pasaba por ganar todo en casa y rascar fuera y este era el duelo marcado en rojo. Un duelo que se afrontó sin complejos y con algunas novedades curiosas. [Narración y estadísticas, 2-1]
Uno piensa que los experimentos siempre mejor con gaseosa y ese fue el temor al ver que en la alineación del Cholo salía Cardoso, un jugador que había jugado 185 minutos en toda la temporada hasta entonces. Lo bueno, para el estadounidense, fue que estuvo arropado por un mediocampo de cemento con Barrios y Gallagher, pero no le hicieron mucha falta porque gobernó su espacio, que fue todo, como si llevara siendo titular 20 partidos con el Atlético. Sólo estuvo Giuliano como punta de lanza para romper líneas al espacio.
La primera internada fue una ocasión de peligro solventada por Di Marco, la segunda acabó con el balón rebotando por el área hasta que lo acunó Baena y lo embocó Julián. En primera instancia el árbitro Letexier decretó mano del español, pero el VAR le corrigió y con el tanto, el Atlético se sacudió un inicio bastante apabullante de un Inter subido a Di Marco, que en el mismo minuto casi emboca una falta directa que terminó salvando Musso y luego tuvo un mano a mano ante el argentino que marró por centímetros.
Otra de las novedades, ésta por necesidad, estuvo bajo palos. Musso salió por Oblak pese a que el esloveno había entrenado en la previa. Y lo cierto es que el argentino fue truncando todos los disparos del Inter, la mayoría desde fuera del área, con una sobriedad impropia de un jugador que debutó esta temporada en el partido anterior, ante el Getafe en Liga. Especialmente meritorio un mano a mano en el que tapó el disparo de Bony a la argentina, rodilla en tierra, aunque finalmente se decretó fuera de juego.
Resultaba increíble que el Atlético se fuera al descanso ganando ante uno de los líderes de esta Champions. El Inter de Chivu llevaba un pleno tras ganar sus cuatro primeros duelos, eso sí, todos ante equipos muy inferiores a este equipo de Simeone cuya dinámica, cinco encuentros seguidos ganando, volvía a oler a la racha que el año pasado terminó por colocarle líder de invierno en LaLiga y top-8 en Champions tras 12 victorias consecutivas.
Julián celebra su tanto en el Metropolitano.Manu FernandezAP
El equipo del Cholo no dominó el partido, pero sí lo controló en sus primeros 45 minutos. Los italianos no sabían cómo meter mano a ese 5-4-1, en fase defensiva, que tanto rédito le da a Simeone desde la vuelta de Giménez, el héroe. El uruguayo ha apuntalado una línea que ha conseguido cuatro porterías a cero desde su vuelta.
El susto previo al final de los 45 minutos lo dio Giuliano, pero en su portería. El argentino cedió atrás sin mirar y su pase lo aprovechó Zielinsky en área contraria para pasar el balón a Di Marco, siempre Di Marco, cuyo disparo se fue fuera con todo a favor. Estuvo incisivo e impreciso a partes iguales desde su vuelta a la titularidad. Su presencia en el once paliaba un poco la orfandad que ha dejado Llorente en el carril. Y es que Molina hacia delante es un gran jugador, pero hacia atrás comete demasiados errores para un defensa.
La segunda mitad comenzó contrario a la primera, en un minuto dos ocasiones. Un larguero de Barella y un mano a mano en el que se durmió Giuliano. Poco después, quién si no, Di Marco a pase de Lautaro se volvió a presentar ante Musso, pero el argentino volvió a responder con maestría. No pudo, sin embargo, atajar la pared con la que se presentó Zielinsky en el área. La puso donde tenía que hacerlo. No lo hizo Giuliano poco después tras un buen centro de Ruggeri. La volea la tiró arriba para desesperación de su padre que se echaba las manos a la cabeza.
Valentía final
El paso del tiempo y el cambio de plantilla ha creado un Cholo más osado, temerario incluso. A falta de media hora agotó los cambios y sacó a Griezmann y Sorloth por Baena y Ruggeri. Quería aprovechar el argentino que el equipo había reaccionado bien al gol en contra, dando un paso adelante. El Metropolitano es mucho Metropolitano y casi se cae abajo cuando Griezmann probó a Sommer tras una jugada rojiblanca de 20 pases.
El guion se mantuvo a contracorriente de lo que solía ser el Atlético. Los italianos se agrupaban atrás a la espera de alguna contra y los rojiblancos achuchaban, mandones, para llevarse el encuentro, pero las líneas se fueron partiendo y el peligro rondaba ambas porterías. Hasta que un avión voló por la meta interista. Cazó un balón y con este certificó la victoria. Giménez nunca dejó de creer, la victoria es suya.
24 minutos duró en el campo Eduardo Camavinga y ocho tardó en ver las dos amarillas que sentenciaron la noche y la temporada del Real Madrid. El futbolista francés vio una amarilla por un agarrón sobre Musiala y la segunda por retener el balón más de la cuenta tras una falta a Harry Kane. Protestó todo el banquillo del conjunto blanco, consciente de que ahí se terminaba el curso, pero no sirvió de nada. Tres minutos después, Luis Diaz anotó el empate a tres y clasificó al Bayern para las semifinales.
"Nadie entiende que puedas expulsar a un jugador por algo así. La eliminatoria se ha acabado en ese momento. Es inexplicable e injusto. Felicito al Bayern por la gran eliminatoria, pero nos hubiese gustado que nos ganaran de manera diferente. Es una expulsión inexplicable, una injusticia", criticó Arbeloa en la sala de prensa. En la misma, el técnico admitió que el vestuario cree que Vincic no sabía que Camavinga ya tenía tarjeta.
"Sí. Creo que le ha sacado la segunda porque han ido los del Bayern a decirlo. A veces parece que los árbitros o no han jugado al futbol o no entienden", insistió el entrenador.
El técnico salmantino apeló a la épica durante toda la semana, al escudo, a la historia... A todos menos al fútbol porque sabía bien que a veces el balón es lo menos importante en este deporte. A los 34 segundos, Múnich encontró la respuesta. Un error de Neuer en salida y un golazo de Güler, el segundo más rápido en la historia del club en la Copa de Europa tras uno de Rial al Amberes en 1957 (31 segundos). Puro Real Madrid.
El Madrid dio el primer puñetazo de una primera parte imparable, sin tiempos muertos. La entrada de Bellingham y Brahim en lugar de Camavinga y Pitarch dejó un centro del campo inédito en el cuadro blanco. Fede Valverde como mediocentro, tres mediaspuntas a su alrededor y Vinicius y Mbappé para meter peligro a la defensa del Bayern.
Atrás, Mendy, que jugó 45 minutos en la ida contra el Manchester City desapareció un mes hasta ser visto de nuevo en el tramo final del duelo contra el Girona. El francés, en una actuación extraordinaria a la par que inexplicable por su supuesta falta de ritmo competitivo, fue el antídoto de Olise, que había pasado por encima de Carreras en la ida. Al lado del francés, Militao, que no salía de inicio en Europa desde la cita de Anfield, allá por noviembre.
Todas esas circunstancias dieron igual porque no hubo ni tiempo para reflexionar sobre ellas. Güler marcó a los 34 segundos, Pavlovic en el minuto seis, Güler de nuevo en el 29 con una falta sensacional, Kane en el 38 y Mbappé en el 42. Cinco goles y tres del Madrid en un rato impredecible. Los blancos, que ya habían metido tres en el Allianz en la primera parte de las semifinales de 2014, repitieron hazaña en tierra hostil. Es el único club que lo ha hecho jamás.
Pero el esfuerzo del Madrid se encontró con la inmadurez de Camavinga y con la rigurosidad del esloveno Slavko Vincic, que no dudó en expulsarle antes de los goles de Diaz y Olise. Los blancos se comieron al árbitro y Güler terminó expulsado por protestar, pero todo lo tenían ya perdido.