El caso de Nico Williams, que cerró sus perfiles tras recibir insultos por sus errores, se multiplica en todas las Ligas. Urge un marco regulatorio específico.
Cuando Alessandro Baricco escribió ‘Los bárbaros’, en octubre de 2006, hacía sólo unos meses que acababa de nacer Twitter y Facebook apenas tenía dos años. Las redes sociales estaban lejos de convertirse en el ágora y el zoco virtual de lo que ya ent
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La Olimpiada del velo ha empezado. Cinco días antes del inicio de los Juegos, la ministra de deportes francesa, Amelie Oudea-Castera, dijo claramente que las deportistas galas musulmanas no podrían competir con el hiyab. La legislación francesa prohíbe cualquier símbolo religioso en espacios públicos, hecho que ha generado mucha controversia, al entender la comunidad musulmana que el velo es un símbolo cultural. Las principales ONGs secundan esta demandan y entienden que se trata de una medida represiva, lo mismo que cuando el velo es impuesto en determinados países, como Irán o Arabia. Las deportistas francesas ya lo intuían, puesto que desde su etapa de formación deportiva y escolar se han visto obligadas a entrenarse y competir sin el hiyab. ¿Eso implica que no veremos a deportistas con velo en los Juegos de París? En absoluto.
El pliego de condiciones que acepta una ciudad olímpica y un Estado implica dejar en suspenso determinadas legislaciones que puedan comprometer los principios de la Carta Olímpica o los derechos de los miembros de la Olympic Family. Resulta, pues, contradictorio que si las atletas de determinados países árabes deciden competir con velo, algunas posiblemente obligadas por las autoridades gubernamentales, no puedan hacerlo las franceses, incluidas por supuesto dentro de la protegida familia olímpica.
No en la pista, sí en la Villa
Amnistía Internacional y Human Rights, junto a una decena de asociaciones francesas, se dirigieron por carta al Comité Olímpico Internacional (COI) para que interviniera ante el país organizador. El organismo que preside Thomas Bach se había pronunciado en septiembre a favor de que las atletas que lo desearan compitieran con velo, pero frente al Estado francés tomó una decisión salomónica que no ha contentado a nadie: respetar la prohibición para sus atletas en las competiciones y permitirles llevar el velo dentro de la Villa Olímpica. «La libertad de religión es interpretada de formas muy distintas por los Estados. Para la Villa Olímpica se aplican las normas del COI», expresó a través de un comunicado.
«Prohibir a las atletas competir con el hiyab deportivo en los Juegos pone en ridículo la pretensión de que París 2024 sean los primeros con igualdad de género y evidencia la discriminación racista y de género que sustenta el acceso al deporte en Francia», afirma Anna Blus, investigadora de Amnistía Internacional.
"Vulnera nuestros derechos"
Blus se entrevistó con numerosas deportistas y colectivos para realizar un duro informe de la ONG, hecho público semanas antes de los Juegos. Una de ellas es Helène Ba, jugadora de baloncesto y fundadora de Basket Pour Toutes (Baloncesto Para Todos). «Es una clara violación de la Carta Olímpica, pero también un atentado contra nuestros derechos y libertades fundamentales. Refuerza los estereotipos raciales y de género, y alimenta el odio antimusulmán que ya impregna a parte de la sociedad francesa», dice la jugadora, en un claro clima de agitación y debate social y político sobre la inmigración, reflejado en las últimas elecciones celebradas en Francia.
De la imposición a la prohibición, el COI ha tenido que abordar reiteradamente la polémica del velo, en especial frente los países árabes más restrictivos y no democráticos. Hasta Londres 2012, existían países que jamás habían seleccionado a mujeres, por lo que el ex presidente Jacques Rogge impuso que todos debían acudir con hombres y mujeres.
Gracias a unas wild cards y a las negociaciones con las autoridades saudíes, el país del Golfo seleccionó a dos deportistas, una de ellas la judoca Wojdan Shaherkani. Debido a que las normas de la Federación Internacional de Judo impedían el velo por razones técnicas, pactaron que compitiera con un gorro de waterpolo negro. Eliminada en apenas un minuto, la judoca abrió un camino en su país, pero fue calumniada por los islamistas radicales en redes sociales con el hashtag #putaolímpica.
Ave, César, los que van a ganar te saludan. El César de la Champions no es el César de Roma, al que ofrecían su muerte delincuentes y gladiadores en el coso del Capitolio. La gente del Madrid no piensa jamás en la muerte, ni siquiera con los dos pies en el cadalso, como volvió a estar ante el Bayern, porque su único 'memento mori' es la victoria, la cumpla la estrella de Vinicius o la buena estrella de Joselu en su 'momento Champions', en su 'momento Mbappé'. [Narración y Estadísticas, 2-1]
Una transformación indescifrable la de este antidivo como indescifrable es este equipo. De Lisboa a Kiev, el rastro de sus conquistas es como el perímetro de un imperio, la Roma del fútbol. El apolíneo templo de Wembley aguarda, pues, al Madrid de los increíbles, al Madrid Imperator.
La vida y la muerte, la victoria y la derrota juegan con nosotros, nos escogen, pero no hay nadie a quien el destino quiera tanto como al Madrid, como prueban sus 14 triunfos en 17 finales, no siempre en partidos dominados, en ocasiones asediado, como en Saint Denis o en el Etihad, y al borde de la eliminación, que es como estaba en el Bernabéu cuando Neuer, dueño de un acto pletórico, fue un niño en el patio del colegio. Joselu, el más pillo de la clase, lanzó el balón a la esperanza, a dos minutos del final, y a Wembley, cuando todos mueren menos el Madrid.
Al Bayern le quedan las quejas, y seguramente con razón, por un polémico final en el que se hizo un lío incomprensible el colegiado Marciniak, al pitar antes una acción que debería haber dejado continuar y en la que el balón acabó en la red de Lunin. Para eso está el VAR. Pero la realidad es que el equipo bávaro perdió el partido por sus errores en los momentos de temblor del Bernabéu que nadie sabe explicar. Ni Tuchel ni Guardiola. Nadie.
EL MIEDO A LOS ERRORES
Al Bayern le gustan las mismas cosas que al Madrid. Le gusta correr. Si algo le importaba, sin embargo, es que no lo hiciera el rival, porque cuando eso sucede, el Bernabéu es como un desfiladero por el que no se desboca simplemente un equipo de fútbol. Es un alud, un alud blanco. Las precauciones mandaban, pues, sobre los atrevimientos, con dos futbolistas más capaces de estar en su sitio frente a un ataque posicional que los que lo hicieron en la ida. Se trataba de De Ligt y Pavlovic. Tuchel no tenía prisa ni obligaciones por el resultado, y tenía miedo.
También Ancelotti, que no tuvo reparo en reconocerlo, pese a las bromas de Carvajal. Ningún inteligente esconde el miedo. Lo siente, lo observa, lo analiza y lo combate. Ancelotti no podía hacerlo como Tuchel en el Bernabéu, por lo que lo hizo mediante la seguridad en los pases.
Una pérdida era un apretón del rosario, y en esto es mejor mirar a la pelota que al cielo. Cuando eso ocurre, mal asunto. El Madrid sabía que debería llevar el peso del juego y la instrucción es que siempre empezara en Kroos, un tipo con aspecto de no perder nunca las llaves de casa. Asegurar las transiciones y arriesgar solo cuando el balón llegara a Vinicus y Rodrygo.
El show de Vinicius
Vinicius, en un lance del juego.MariscalEFE
Lo hizo Vinicius nada más sonar el silbato y perder la primera pelota el Bayern. Levantó los brazos y se dirigió a la grada en busca de la acústica que provoca el techo cerrado del Bernabéu. Estaba inyectado, quizá demasiado, pero era lo que el momento pedía. Vini, centrado o en la banda, iba a demostrar quién es, y quién es en la Champions, lo que no ha podido hacer Mbappé, ya eliminado.
Empezó por un lanzamiento al palo que Rodrygo remachó al cuerpo de Neuer. Nada más empezar la segunda parte buscó el uno a uno en la izquierda. Ni Laimer ni Kimmich, dos jugadores excepcionales, pudieron, ni por separado ni juntos, frente al brasileño. Otra vez Rodrygo desperdició el regalo de su compatriota, pero Vini no paró hasta provocar lo mejor de Neuer y, finalmente, lo peor, su error fatal.
La segunda consigna de Ancelotti era cerrar las bandas a Sané y Gnabry, en las que Carvajal y Mendy empezaron por no ceder ni un palmo. Gnabry encontró un aclarado gracias a Musiala en el arranque, aunque mal solucionado. Poco después fue al banquillo, lesionado, para dejar su lugar a Davies. Diablo por diablo, era más diablo en segundo, como demostraría con el 'zigzag' y el latigazo que cambiaba el decorado.
Musiala y el diablo Davis
Que se equivoque el contrario, pensaba Tuchel, al que no le importaba un partido largo, larguísimo, mientras estuviera en la eliminatoria. Renunció a cualquier tipo de presión alta y esperó a que aparecieran los espacios. No llegarían para el Bayern hasta la segunda parte y cuando eso ocurrió aparecieron Musiala y Harry Kane.
Pocos se mueven igual en ese territorio. Tuchel cambió la posición de Musiala, de la banda, donde jugó en Múnich, a la mediapunta. Lo poco que el Bayern podía filtrar con intenciones partía de sus botas, muy poco durante el primer tiempo. Apenas una volea de Kane pudo encontrar el equipo alemán en ese tramo, un pobre balance ofensivo.
La estirada del Madrid en el segundo y el desgaste acumulado los permitieron y fue Musiala el primero que provocó lo mejor de Lunin en un disparo a quemarropa. Estaba claro que el Bayern había encontrado caminos hasta enconces cerrados. Kane se unió a su compañero para encontrarlos. En el caso del inglés hablamos de un delantero centro que es mucho más, con movimientos y cambios de juego propios de un centrocampista cuando se retrasa unos metros. Cumple ese rol en el equipo bávaro como en la selección inglesa. La acción en la que cedió para la carrera de Davies fue un ejemplo.
Ancelotti buscó entonces en el banquillo soluciones, con Joselu y Brahim, como soldados de reemplazo que siempre están en su sitio, dispuestos para la misión. El cazagoles que llegó sin jerarquía para llevar el 9 las encontró en el miedo ajeno, por dos veces, para citarse con el sorprendente Borussia Dortmund en la final del 1 de junio y llevar más allá los límites de este imperio que pocos comprenden y tantos aman.
Xavi Hernández no había podido estabilizar al Barça en el terreno de juego, y el propio entrenador lo sabía, superado, además, emocionalmente por el puesto. La dimisión en diferido fue una explosión en busca de una salida después de meses de implosión. El error fue reconsiderarla. Por parte del entrenador y, sobre todo, por parte del presidente. Joan Laporta lloró después de la 'paz del sushi', donde sellaron su continuidad, y días después estall
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